Padre José Aguerre

Started by Private User on Friday, July 2, 2010

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7/2/2010 at 9:46 AM

Editorial
Padre José Aguerre

Sebastián Da Silva

A los grandes hombres los podemos definir como aquellos que dejan en su paso por la vida un verdadero legado, son aquellos que son referencia ineludible para el grupo que los rodea y son aquellos que serán recordados con el paso de los años. De estos grandes hombres, están los que más abundan dentro de esta exclusiva categoría que son los que defienden sus ideas sin importar las consecuencias y aquellos a los que sus detractores tienen temor de confrontar.

Nuestro querido Coqui, fue uno de ellos, verdadero seguidor de la excelencia Ignaciana en las 24 horas de sus casi 80 años de vida, tanto en la coherencia de sus ideales como en su obsesión por la creación del libre pensamiento. Políticamente incorrecto, rebelde con las injusticias, exigente con sus alumnos, franco en la transmisión de los valores, y sensible con las vicisitudes de su alumnado.

Me toco en carne propia una llamada a su oficina en mis épocas de Preparatorios, me perdí el recreo largo, sorprendido y temeroso. El último adjetivo que habíamos recibido en su clase de Formación Cristiana era que éramos una especie de pingüinos porque habíamos elegido la orientación humanística. Cuando ingrese a su despacho, comencé ese proceso de admiración que tenemos todos los ex alumnos del Seminario. Me hablo al corazón, y como si fuera una especie de "Gran Hermano" que todo lo observa, estaba informado al detalle de algunas salidas de todo adolescente típicas de la edad. Lejos de increparme lo único que me pidió es que no le fallara. Años después tuvo con mi esposa el mismo encantamiento. Yo lo elegí para que nos casara, obteniendo de parte de mi señora la normal desconfianza de alguien que no fue alumna del Colegio. 10 años después sus reflexiones nos siguen marcando a fuego y no precisamente por lo teórico, sino por esa capacidad inmensa de sintetizar los vaivenes que tiene la vida.

Un sacerdote jesuita debe, como lo obliga la Compañía de Jesús, tener una preparación exigente. San Ignacio les marco la obligación de ser la vanguardia intelectual de la Iglesia, algo que Coqui demostraba en todos sus actos, desde una homilía brillante, como en su defensa acérrima en la autónoma posibilidad de educar en valores. Se plantó duro tanto frente al Proceso Militar que pidió su destitución, como a las teorías de moda que pretendían contrarrestar a las dictaduras de derecha en Latinoamérica. No se calló la boca cuando el Vaticano formulaba declaraciones propias de siglos anteriores; hizo del Ut Servian su pan de cada día, sirviendo para darles a miles de egresados un plus de formación intelectual a la hora de ingresar a la Universidad; encarnó todo el significado del Magis, en solidaridad, en promover las acciones misioneras del Padre Novoa, de apoyar tanto la obra de El Dorado como la Huella y de alegrarse con el avance del movimiento de Castores. Este próximo 31 de julio, cuando el órgano del Seminario entone la Marcha de San Ignacio, probablemente tocará desafinado, No estará el Coqui haciéndolo latir, estará alguno de sus alumnos siguiendo su máxima enseñanza que es vivir y servir "A la mayor gloria de Dios".

El País Digital

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