Alonso Riquelme de Guzmán Ponce de León, Conquistador español

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Alonso Riquelme de Guzmán Ponce de León, Conquistador español

Birthdate:
Birthplace: Jerez de la Frontera, Andalucía, España
Death: Died in Ciudad Real, Paraguay
Immediate Family:

Son of Ruy Díaz de Guzmán (ii) Riquelme, "el Viejo" and Violante Ponce de León de Vera Zurita
Husband of Úrsula de Irala, (mestiza)
Father of Catalina de Vera y Guzmán (e Irala); Ruy (ii) Díaz de Guzmán e Irala; Diego Ponce de León e Irala; Fray Gabriel Riquelme e Irala; Brianda de Guzmán (e Irala) and 1 other

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Last Updated:

About Alonso Riquelme de Guzmán Ponce de León, Conquistador español

ALONSO RIQUELME DE GUZMAN Y PONCE DE LEON - nació en Jerez de la Frontera por 1519. Ruy Díaz de Guzmán - su padre - le declaró hijo suyo y de Violante Ponce de León, el 13-VIII-1528, en una escritura de poder general a favor de Juan de Xerez, procurador de Sevilla, a fin de que éste lo representara en ciertos pleitos motivados por la herencia de aquella señora difunta. Desde su infancia y hasta su primera juventud, el muchacho sirvió de paje y luego como secretario de sus presuntos deudos los Duques de Medina Sidonia, Juan Alonso de Guzmán, y su relevante pareja Ana de Aragón. Tenía más o menos el mozo 21 años de edad, cuando dejando los bienes que poseía en Jerez (entre ellos unas casas que le donó su abuela Brianda de Guzmán, el 8-VI-1534) se alistó en la armada de su pariente Alvar Núñez Cabeza de Vaca (tío carnal de su madrastra y del mismo linaje de su abuela Catalina de Zurita), dispuesto a correr la aventura de la conquista en el Río de la Plata.

Y la historia comienza de esta manera

La expedición - alrededor de 400 hombres embarcados en dos navíos y una carabela, además del personal marinante - zarpó de Cádiz el 2-XII-1540. Después de recalar en las islas Canarias - conquistadas antaño por Pedro de Vera y Mendoza, tatarabuelo del bisoño aventurero - y en el Cabo Verde - donde se repusieron bastimientos y repararon averías - las naves de Cabeza de Vaca internáronse a impulsos de vientos favorables en el océano, para arribar, con relativa felicidad, a las costas brasileñas, al "punto que se llama Cananea". De ahí la flotilla navegó hasta la isla de Santa Catalina donde fondeó el 29-III-1541. En ese lugar, Cabeza de Vaca divide en dos a su facción: una parte de ella seguiría al Paraguay navegando en los barcos, de cuya guía se hace cargo Pero Estopiñán, primo del Jefe supremo; en tanto la gente desembarcada en tierra firme, emprende la marcha hacia el mismo destino paraguayo con Alvar Núñez al frente de 250 arcabuceros y ballesteros "muy diestros en las armas"; y de un selecto grupo de Capitanes - entre estos Riquelme de Guzmán -, jinetes en los 26 caballos sobrevivientes de los 46 que se cargaron en España.

Esa hueste atravesó entonces selvas, esteros y serranías, "haciendo grandes talas y cortes en los montes y bosques" - se lee en los Comentarios de Alvar Núñez -, "abriendo caminos por donde la gente y caballos pudieran pasar, por que toda la tierra era despoblada". Más tarde dieron los trajinantes con pueblos de indios "que se llamaban guaraníes", y el Gobernador tomó posesión de la comarca que intituló "Provincia de Vera", en honor de su linaje paterno; ello mediante acta que labró el Escribano Juan de Araoz.

Camino andando, el 1 de diciembre, se alcanza el río Iguazú - "que quiere decir agua grande" -, y tras de unos recodos del trayecto, aparece las imponentes cataratas que, dentro del marco de una vegetación lujuriante, precipitan con estrépito el torrente de su acuático caudal. "Da el río un salto por unas peñas abajo muy altas - relatan los Comentarios -, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe, que de muy lejos se oye, y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza sube en alto dos lanzas y más, de manera que fue necesario de salir de las canoas y sacallas del agua y llevallas por tierra hasta pasar el salto". El 11-III-1542, al cabo de muchas peripecias y trabajos, llegaron los expedicionarios a la Asunción. El viaje había sido muy penoso; varias veces faltaron víveres y el hambre obligó a los conquistadores a alimentarse con gusanos.

Quiméricas ilusiones y la realidad circundante

Ya instalado en el reducto paraguayo, el joven Riquelme hizo su estreno militar en esos contornos a las órdenes inmediatas de Irala, cuando este Capitán - con los elementos que tenía dispuestos - salió comisionado por Cabeza de Vaca a explorar los ignotos terrenos del norte,como anticipo de una futura "gran entrada" hacia aquella quimérica "Sierra de la Plata" que, en la imaginación de ese puñado de aventureros, resplandecía cual espejismo maravilloso.

Noventa y tres españoles y un nutrido cortejo de indios amigos partieron de la incipiente base operativa asuncena, el 20-X-1542, a bordo de una flotilla de tres navíos; uno bajo el comando de Riquelme de Guzmán. Otra columna, a poco andar, se internó para descubrir "el camino del los mayáes". La encabezaban los Capitanes Rodrigo Gómez, Juan Fustes y Alvaro Chaves y, en plena selva, dicho destacamento descubridor fue abandonado por los indios auxiliares que lo guiaban. Sabedor Alvar Núñez de esta artería - que dejó a aquellos europeos en muy crítica situación - le remitió sus instrucciones a Irala para que el cacique Aracaré, considerado responsable de la deserción, fuese ajusticiado sin más trámite; e Irala, puntualmente, puso en práctica la sentencia.

Esa ejecución de Aracaré provocó el levantamiento general de las tribus lugareñas; y refiere en La Argentina Ruy Díaz de Guzmán como su padre en tal ocasión derrochó valentía. "Sabido por el Adelantado este atrevimiento y libertad de aquellos indios - dice el cronista -, despachó al castigo de ellos a su sobrino Alonso Riquelme con trescientos soldados y más de mil (guaraníes) amigos". Trabados en batalla contra una "manga" de 8.000 infieles, los cristianos y sus aliados fueron conducidos a la pelea por el Capitán Riquelme de Guzmán, quien "con cota y celada, espada y rodela, iba delante rodeado de soldados, matando a cuantos encontraba". Corridos y acorralados los enemigos por el empuje castellano, trataron de resistir en un gran fuerte de maderas, pero los atacantes resueltos al arrasamiento del reducto, se ingeniaron en armar "dos castilletes sobre ruedas, de modo que excediera en alto a la palizada; estaban tejidos de varas y cañas con sus troneras, por donde pudiesen disparar los arcabuces" - leemos en la crónica citada. Así, merced a estos verdaderos tanques de guerra primitivos, se tomó aquella fortificación con gran mortandad de salvajes y sometimiento a los que sobrevivieron de la carnicería.

En 1543-44 Alonso tomó parte en la expedición que Cabeza de Vaca llevó personalmente al norte, hasta el asiento llamado de los Reyes. Y a la vuelta de tan infructuosa como desmoralizadora jornada, fue cuando los Oficiales Reales y los conquistadores viejos realizaron el motín que dió por tierra el poder del Adelantado.

El primer golpe insurreccional en esta región sureña

A propósito de la conspiración previa a aquella revuelta política, el historiador jesuita Pedro Lozano, en su Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, escribe lo siguiente; "El principal motor de todo era el Contador Felipe de Cáceres, hombre altivo y bullicioso y amigo de novedades, quien principalmente se hallaba más sentido de Alvar Núñez por que en cierta consulta por ponerle en razón, le trató mal de palabra, y aún su sobrino Alonso Riquelme viendo que dicho Cáceres se desmandaba contra su tío, le dió una puñalada".

El incidente aludido por Lozano - en el que no corrió sangre - se produjo cierta tarde, luego de un violento altercado entre Alvar Núñez y el contador Cáceres. Cabeza de Vaca como toro enfurecido trató de embestirlo al Contador que casi no cuenta el cuento; pero al Adelantado lo sujetaron a tiempo mi lejano abuelo Francisco de Mendoza y Hernán Arias Mansilla. En ese instante apareció Alonso Riquelme de Guzmán con la mano crispada en el mango del puñal, y retó al oponente de su tío con estas palabras; "mal criado sois señor Contador con su Señoría"; a lo que Cáceres respondió; "Acá nos entendemos señor Alonso Riquelme, no os metais entre nosotros". Y se hubieran acuchillado los dos, si Arias Mansilla no se interpone apartando a ambos antagonistas.

El día de la asonada que derrocó a su pariente, protector y jefe, Riquelme - según le escribió a su padre a Jerez de la Frontera - se encontraba indispuesto en su vivienda, y al sentir el alboroto intentó salir a la calle con Pedro Méndez, empuñando una ballesta. Al trasponer la puerta del alojamiento, sin embargo, 10 hombres armados le cerraron el paso; "y viendome solo que más no podía, me torné a mi casa". Ese viernes, "a las dos horas de la noche, día del señor San Marcos" - prosigo con la transcripción de la carta de Riquelme, aunque con ortografía moderna -, "fueron los cuatro Oficiales del Rey llevando espadas seguras, y consigo amigos y engañados; y en fin, con mano armada de arcabuces y ballestas así entraron y lo prendieron (a Alvar Núñez), que estaba echado malo (enfermo en cama) con una mujer que lo curaba, que todos sus criados estaban malos, salvo uno que lo vendió ... Lo sacaron de su casa a rempuxones y lo llevaron y metieron en la de uno de ellos, que fue el Tesorero (Garci Venegas); y así lo han tenido preso con sus prisiones diez meses, sin que nadie lo haya visto ni oído sino sus enemigos".

Y las conjuras y represiones cobran cuerpo día tras día

Como acontece siempre en la historia, después de una revolución triunfante los partidarios del régimen depuesto - en este caso los amigos de Alvar Núñez - son vijilados, perseguidos y hostilizados por sus ocasionales vencedores; ya que, generalmente, aquellos vencidos, en seguida de su caída se dedican a conspirar, empeñosos en reinstalarse en el poder mediante otro golpe de mano. Por eso, no sin razón, Diego de Abreu, Ruy Díaz Melgarejo, Alonso Riquelme de Guzmán y Juan Pavón fueron sospechados de contrarevolucionarios. Y cuando la noche del 1-V-1544 ardió la vivienda de Luis Ramírez, Irala y los Oficiales Reales que detentaban el gobierno de "facto", atribuyeron el siniestro a los "alvaristas" desalojados; los cuales pretendían, con actos terroríficos, crear un clima de espanto que les permitiera liberar al Adelantado cautivo, validos del desconcierto consiguiente.

A raíz, pues, del incendio de la casa de Ramírez, ordenóse por las autoridades una investigación en la que depusieron muchas personas, al tiempo que se tomaron medidas de seguridad para reprimir cualquier conato subversivo. El nombre de Riquelme de Guzmán, como es de suponer, aparece citado en el proceso aludido. Y el testigo Hernando de Castañeda declaró que al salir de misa en el templo de Guadalupe, había encontrado a Riquelme quien le dijo en secreto; "Dígale al señor Diego de Abrego que yo le enviaré una firma o anillo del Gobernador" (credencial del recluso Cabeza de Vaca); a lo que Castañeda asustado contestó "que fuese con Dios ... que no quería meterse en esas cosas". Tal equívoco testimonio bastó para que los Alguaciles, Bartolomé de la Marilla y Sancho de Salinas, prendieran a Riquelme en su propia casa, cargándolo de grillos. A poco fue soltado, mas sería bien corta su libertad: los corchetes no tardaron en buscarle en casa de García de Villalobos, donde le echaron cadenas nuevamente. Se lo acusaba de urdir, con otros conspicuos "alvaristas", un traslado importante de vecinos opositores a la costa del Brasil, a fin de poblar allí otra ciudad a nombre de Cabeza de Vaca, desconociendo al gobierno de la Asunción.

Ante los jueces, Riquelme de Guzmán negó todas esas imputaciones. Declaró frisar en los 21 año, "más o menos", por lo que en su calidad de menor hubo de nombrársele un curador ad litem para seguir el juicio; curador que, a pedido suyo, resultó Silvestre de Sandoval. Cuatro meses después, el Alcalde que entendía en la causa autorizó salir al reo en libertad bajo fianza - que dió Pedro Méndez Guerrero -, con la condición de no comunicarse, ni pública ni privadamente, bajo pena de 2.000 maravedíes de multa, con los cabecillas partidarios del Gobernador depuesto.

Pese a las enérgicas precauciones que tomaba Irala contra los "alvaristas", estos no perdían la esperanza de retomar el mando. Despachado Cabeza de Vaca mas o menos subrepticiamente a España, pudo saberse en la Asunción que el ex gobernante había otorgado, a escondidas, un poder a favor de Juan de Salazar de Espinosa, al cual dejaba por sustituto suyo. Irala, entonces, ordenó la captura del clandestino apoderado - que cuando lo prendieron estaba en compañía de Riquelme de Guzmán y de Díaz Melgarejo -, y el sorprendido Salazar, puesto sobre un batel, salió desterrado al encuentro de la carabela en que viajaba su infeliz amigo Alvar Núñez, con quien prosiguió el forzado derrotero hasta la madre patria.

Tiempo después, en los sucesos que tuvieron lugar en la Asunción provocados por los leales de Cabeza de Vaca a fin de derrocar a Francisco de Mendoza, so pretexto de que Irala, cuando marchó al Perú, carecía de facultades para delegar el mando en dicho caballero, nuestro biografiado tomó parte muy activa. Fueron precisamente el clérigo Luis de Miranda y los Capitanes Hernando de Rivera y Alonso Riquelme de Guzmán, quienes presionaron sobre el ánimo vacilante de don Francisco, impugnando su tenientazgo, y exigiéndole la convocatoria de esas elecciones que epilogaron con su decapitación. Y luego cuando Abreu resolvió enviar a España emisarios para que en la corte abogaran por su reconocimiento como Gobernador del Paraguay, entre aquellos delegados despachó a Riquelme de Guzmán. Pero estaba de Dios que mi antepasado no volvería a sus lares: la carabela en que viajaba naufragó al salir del Río de la Plata - en el hoy llamado "Banco Inglés", salvándose tripulantes y pasaje en la costa oriental, donde fueron recogidos por otra nave piloteada por Hernando de Rivera, quien tornó a la Asunción con los frustrados mensajeros de Abreu.

Entretanto Irala había vuelto de su incursión altoperuana; y una vez en la ciudad paraguaya, puso preso a Abreu, a Melgarejo y a otros cabecillas "alvaristas" responsables de la muerte de Mendoza; los cuales - parece que ayudados por Riquelme de Guzmán -, en junio de 1549, consiguieron limar sus cadenas y huir del encierro para ocultarse en las espesuras del monte aledaño.

Irala, sin embargo, estaba resuelto a imponer la paz a todo trance entre los conquistadores insumisos y someter el bando rebelde a su autoridad. Y si en los momentos necesarios sabía actuar con mano dura, también era capaz de mostrarse conciliador si las circunstancias lo aconsejaban. Por eso, en 1552, a raíz de los buenos oficios de un cura Andrada, que hizo de intermediario, el gran Caudillo aceptó pactar con dos de sus más enconados enemigos: Alonso Riquelme de Guzmán y Francisco Ortiz de Vergara, quienes estando presos y condenados a muerte, se avinieron - sino, la horca! - a casarse cada cual con dos de las hijas de Irala: Ursula y Marina, respectivamente. De suerte que ligados así por la sangre, convertidos en yernos de Irala, ambos capitanes de peligroso arrastre entre los opositores de aquel, hubieron de pasarse a su partido, o, por lo menos, acallar la antigua solidaridad política con sus compañeros insurgentes de la víspera.

Ulterior trayectoria pública del antepasado que me ocupa

A partir de su enlace con Ursula, los arrebatos subversivos de Riquelme de Guzmán cesan por completo: no le iba a hacer una revolución al padre de su mujer, al abuelo de sus hijos! En consecuencia, en 1553, muy juiciosamente, ocupó el cargo de Regidor en el Cabildo asunceno, bajo la mirada benévola del suegro poderoso. También en 1556 se desempeñó como Alguacil Mayor hasta después del fallecimiento de Irala (ocurrido el 3-X-1556), ya que su concuñado Ortiz de Vergara, que sucedió en el mando al gran Caudillo, le confirmó en dicho puesto el 2-XI-1557.

De la actividad militar de nuestro Capitán, diré que en 1557 combate a los indios agaces en compañía de Díaz Melgarejo; y que, al año siguiente, con su concuñado el Teniente de Gobernador Ortiz de Vergara, fue a pacificar la comarca llamada Carayba, donde libró sangrientas guaçavaras contra las tribus levantiscas. Posteriormente Ortiz de Vergara lo envió a Ciudad Real en el Guayrá, a fin de que socorriese a Ruy Díaz Melgarejo, que cercado por una multitud de indios enardecidos estaba a punto de sucumbir. Riquelme cumplió con éxito su cometido, y logró liberar a aquel conquistador en apuros. Poco después, el hombre fue nombrado Lugarteniente General del Guayrá, en reemplazo de Melgarejo, que se aprestaba a viajar a España.

Durante su lugartenientazgo, en 1567, cerca de Ciudad Real, descubriéronse unas piedras colorinches que los pobladores tomaron por preciosas. Para apoderarse del supuesto tesoro y huir al Brasil se sublevó esa gente contra Riquelme. Vista la desairada situación en que este se hallaba a causa de tal motín, el Gobernador interino Juan de Ortega dispuso su cesantía. A ese efecto envió a Ruy Díaz Melgarejo con el encargo de tomar aquel gobierno: por lo que el 7-XI-1567 Riquelme entregó la vara de justicia a su reemplazante. Mas tarde, sin embargo, el yerno de Irala volvió a Guayrá repuesto en el mando de esa provincia. Empero Melgarejo - antiguo camarada de Alvar Núñez y de Abreu, que no le perdonaba a Alonso el haberse casado con la hija de su mayor enemigo - lo desconoció como jefe, y lo metió preso en una mazmorra de Ciudad Real. Catorce mese permaneció el cautivo en dicho encierro; para ser luego confinado a un fortín próximo - Guaracyberá, futuro Villa Rica - donde hubo de pasarse dos años más; hasta que el rencoroso Melgarejo fuera llamado por las autoridades de la Asunción. Liberado entonces Riquelme de Guzmán por los vecinos de Ciudad Real, reasumió el cargo de Teniente de Gobernador de esa localidad; cargo que llegó a ejercer hasta el día de su muerte, en 1573, a los 54 años de edad.

por Carlos F. Ibarguren Aguirre


 

Sources Los Antepasados, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito), Tomo X, Los Riquelme (Reliability: 3) -------------------- ALONSO RIQUELME DE GUZMAN Y PONCE DE LEON - undécimo abuelo mío - nació en Jerez de la Frontera por 1519. Ruy Díaz de Guzmán - su padre - le declaró hijo suyo y de Violante Ponce de León, el 13-VIII-1528, en una escritura de poder general a favor de Juan de Xerez, procurador de Sevilla, a fin de que éste lo representara en ciertos pleitos motivados por la herencia de aquella señora difunta. Desde su infancia y hasta su primera juventud, el muchacho sirvió de paje y luego como secretario de sus presuntos deudos los Duques de Medina Sidonia, Juan Alonso de Guzmán, y su relevante pareja Ana de Aragón. Tenía más o menos el mozo 21 años de edad, cuando dejando los bienes que poseía en Jerez (entre ellos unas casas que le donó su abuela Brianda de Guzmán, el 8-VI-1534) se alistó en la armada de su pariente Alvar Núñez Cabeza de Vaca (tío carnal de su madrastra y del mismo linaje de su abuela Catalina de Zurita), dispuesto a correr la aventura de la conquista en el Río de la Plata.

Y la historia comienza de esta manera

La expedición - alrededor de 400 hombres embarcados en dos navíos y una carabela, además del personal marinante - zarpó de Cádiz el 2-XII-1540. Después de recalar en las islas Canarias - conquistadas antaño por Pedro de Vera y Mendoza, tatarabuelo del bisoño aventurero - y en el Cabo Verde - donde se repusieron bastimientos y repararon averías - las naves de Cabeza de Vaca internáronse a impulsos de vientos favorables en el océano, para arribar, con relativa felicidad, a las costas brasileñas, al "punto que se llama Cananea". De ahí la flotilla navegó hasta la isla de Santa Catalina donde fondeó el 29-III-1541. En ese lugar, Cabeza de Vaca divide en dos a su facción: una parte de ella seguiría al Paraguay navegando en los barcos, de cuya guía se hace cargo Pero Estopiñán, primo del Jefe supremo; en tanto la gente desembarcada en tierra firme, emprende la marcha hacia el mismo destino paraguayo con Alvar Núñez al frente de 250 arcabuceros y ballesteros "muy diestros en las armas"; y de un selecto grupo de Capitanes - entre estos Riquelme de Guzmán -, jinetes en los 26 caballos sobrevivientes de los 46 que se cargaron en España. Esa hueste atravesó entonces selvas, esteros y serranías, "haciendo grandes talas y cortes en los montes y bosques" - se lee en los Comentarios de Alvar Núñez -, "abriendo caminos por donde la gente y caballos pudieran pasar, por que toda la tierra era despoblada". Más tarde dieron los trajinantes con pueblos de indios "que se llamaban guaraníes", y el Gobernador tomó posesión de la comarca que intituló "Provincia de Vera", en honor de su linaje paterno; ello mediante acta que labró el Escribano Juan de Araoz. Camino andando, el 1 de diciembre, se alcanza el río Iguazú - "que quiere decir agua grande" -, y tras de unos recodos del trayecto, aparece las imponentes cataratas que, dentro del marco de una vegetación lujuriante, precipitan con estrépito el torrente de su acuático caudal. "Da el río un salto por unas peñas abajo muy altas - relatan los Comentarios -, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe, que de muy lejos se oye, y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza sube en alto dos lanzas y más, de manera que fue necesario de salir de las canoas y sacallas del agua y llevallas por tierra hasta pasar el salto". El 11-III-1542, al cabo de muchas peripecias y trabajos, llegaron los expedicionarios a la Asunción. El viaje había sido muy penoso; varias veces faltaron víveres y el hambre obligó a los conquistadores a alimentarse con gusanos.

Quiméricas ilusiones y la realidad circundante

Ya instalado en el reducto paraguayo, el joven Riquelme hizo su estreno militar en esos contornos a las órdenes inmediatas de Irala, cuando este Capitán - con los elementos que tenía dispuestos - salió comisionado por Cabeza de Vaca a explorar los ignotos terrenos del norte,como anticipo de una futura "gran entrada" hacia aquella quimérica "Sierra de la Plata" que, en la imaginación de ese puñado de aventureros, resplandecía cual espejismo maravilloso. Noventa y tres españoles y un nutrido cortejo de indios amigos partieron de la incipiente base operativa asuncena, el 20-X-1542, a bordo de una flotilla de tres navíos; uno bajo el comando de Riquelme de Guzmán. Otra columna, a poco andar, se internó para descubrir "el camino del los mayáes". La encabezaban los Capitanes Rodrigo Gómez, Juan Fustes y Alvaro Chaves y, en plena selva, dicho destacamento descubridor fue abandonado por los indios auxiliares que lo guiaban. Sabedor Alvar Núñez de esta artería - que dejó a aquellos europeos en muy crítica situación - le remitió sus instrucciones a Irala para que el cacique Aracaré, considerado responsable de la deserción, fuese ajusticiado sin más trámite; e Irala, puntualmente, puso en práctica la sentencia. Esa ejecución de Aracaré provocó el levantamiento general de las tribus lugareñas; y refiere en La Argentina Ruy Díaz de Guzmán como su padre en tal ocasión derrochó valentía. "Sabido por el Adelantado este atrevimiento y libertad de aquellos indios - dice el cronista -, despachó al castigo de ellos a su sobrino Alonso Riquelme con trescientos soldados y más de mil (guaraníes) amigos". Trabados en batalla contra una "manga" de 8.000 infieles, los cristianos y sus aliados fueron conducidos a la pelea por el Capitán Riquelme de Guzmán, quien "con cota y celada, espada y rodela, iba delante rodeado de soldados, matando a cuantos encontraba". Corridos y acorralados los enemigos por el empuje castellano, trataron de resistir en un gran fuerte de maderas, pero los atacantes resueltos al arrasamiento del reducto, se ingeniaron en armar "dos castilletes sobre ruedas, de modo que excediera en alto a la palizada; estaban tejidos de varas y cañas con sus troneras, por donde pudiesen disparar los arcabuces" - leemos en la crónica citada. Así, merced a estos verdaderos tanques de guerra primitivos, se tomó aquella fortificación con gran mortandad de salvajes y sometimiento a los que sobrevivieron de la carnicería. En 1543-44 Alonso tomó parte en la expedición que Cabeza de Vaca llevó personalmente al norte, hasta el asiento llamado de los Reyes. Y a la vuelta de tan infructuosa como desmoralizadora jornada, fue cuando los Oficiales Reales y los conquistadores viejos realizaron el motín que dió por tierra el poder del Adelantado.

El primer golpe insurreccional en esta región sureña

A propósito de la conspiración previa a aquella revuelta política, el historiador jesuita Pedro Lozano, en su Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, escribe lo siguiente; "El principal motor de todo era el Contador Felipe de Cáceres, hombre altivo y bullicioso y amigo de novedades, quien principalmente se hallaba más sentido de Alvar Núñez por que en cierta consulta por ponerle en razón, le trató mal de palabra, y aún su sobrino Alonso Riquelme viendo que dicho Cáceres se desmandaba contra su tío, le dió una puñalada". El incidente aludido por Lozano - en el que no corrió sangre - se produjo cierta tarde, luego de un violento altercado entre Alvar Núñez y el contador Cáceres. Cabeza de Vaca como toro enfurecido trató de embestirlo al Contador que casi no cuenta el cuento; pero al Adelantado lo sujetaron a tiempo mi lejano abuelo Francisco de Mendoza y Hernán Arias Mansilla. En ese instante apareció Alonso Riquelme de Guzmán con la mano crispada en el mango del puñal, y retó al oponente de su tío con estas palabras; "mal criado sois señor Contador con su Señoría"; a lo que Cáceres respondió; "Acá nos entendemos señor Alonso Riquelme, no os metais entre nosotros". Y se hubieran acuchillado los dos, si Arias Mansilla no se interpone apartando a ambos antagonistas. El día de la asonada que derrocó a su pariente, protector y jefe, Riquelme - según le escribió a su padre a Jerez de la Frontera - se encontraba indispuesto en su vivienda, y al sentir el alboroto intentó salir a la calle con Pedro Méndez, empuñando una ballesta. Al trasponer la puerta del alojamiento, sin embargo, 10 hombres armados le cerraron el paso; "y viendome solo que más no podía, me torné a mi casa". Ese viernes, "a las dos horas de la noche, día del señor San Marcos" - prosigo con la transcripción de la carta de Riquelme, aunque con ortografía moderna -, "fueron los cuatro Oficiales del Rey llevando espadas seguras, y consigo amigos y engañados; y en fin, con mano armada de arcabuces y ballestas así entraron y lo prendieron (a Alvar Núñez), que estaba echado malo (enfermo en cama) con una mujer que lo curaba, que todos sus criados estaban malos, salvo uno que lo vendió ... Lo sacaron de su casa a rempuxones y lo llevaron y metieron en la de uno de ellos, que fue el Tesorero (Garci Venegas); y así lo han tenido preso con sus prisiones diez meses, sin que nadie lo haya visto ni oído sino sus enemigos".

Y las conjuras y represiones cobran cuerpo día tras día

Como acontece siempre en la historia, después de una revolución triunfante los partidarios del régimen depuesto - en este caso los amigos de Alvar Núñez - son vijilados, perseguidos y hostilizados por sus ocasionales vencedores; ya que, generalmente, aquellos vencidos, en seguida de su caída se dedican a conspirar, empeñosos en reinstalarse en el poder mediante otro golpe de mano. Por eso, no sin razón, Diego de Abreu, Ruy Díaz Melgarejo, Alonso Riquelme de Guzmán y Juan Pavón fueron sospechados de contrarevolucionarios. Y cuando la noche del 1-V-1544 ardió la vivienda de Luis Ramírez, Irala y los Oficiales Reales que detentaban el gobierno de "facto", atribuyeron el siniestro a los "alvaristas" desalojados; los cuales pretendían, con actos terroríficos, crear un clima de espanto que les permitiera liberar al Adelantado cautivo, validos del desconcierto consiguiente. A raíz, pues, del incendio de la casa de Ramírez, ordenóse por las autoridades una investigación en la que depusieron muchas personas, al tiempo que se tomaron medidas de seguridad para reprimir cualquier conato subversivo. El nombre de Riquelme de Guzmán, como es de suponer, aparece citado en el proceso aludido. Y el testigo Hernando de Castañeda declaró que al salir de misa en el templo de Guadalupe, había encontrado a Riquelme quien le dijo en secreto; "Dígale al señor Diego de Abrego que yo le enviaré una firma o anillo del Gobernador" (credencial del recluso Cabeza de Vaca); a lo que Castañeda asustado contestó "que fuese con Dios ... que no quería meterse en esas cosas". Tal equívoco testimonio bastó para que los Alguaciles, Bartolomé de la Marilla y Sancho de Salinas, prendieran a Riquelme en su propia casa, cargándolo de grillos. A poco fue soltado, mas sería bien corta su libertad: los corchetes no tardaron en buscarle en casa de García de Villalobos, donde le echaron cadenas nuevamente. Se lo acusaba de urdir, con otros conspicuos "alvaristas", un traslado importante de vecinos opositores a la costa del Brasil, a fin de poblar allí otra ciudad a nombre de Cabeza de Vaca, desconociendo al gobierno de la Asunción. Ante los jueces, Riquelme de Guzmán negó todas esas imputaciones. Declaró frisar en los 21 año, "más o menos", por lo que en su calidad de menor hubo de nombrársele un curador ad litem para seguir el juicio; curador que, a pedido suyo, resultó Silvestre de Sandoval. Cuatro meses después, el Alcalde que entendía en la causa autorizó salir al reo en libertad bajo fianza - que dió Pedro Méndez Guerrero -, con la condición de no comunicarse, ni pública ni privadamente, bajo pena de 2.000 maravedíes de multa, con los cabecillas partidarios del Gobernador depuesto. Pese a las enérgicas precauciones que tomaba Irala contra los "alvaristas", estos no perdían la esperanza de retomar el mando. Despachado Cabeza de Vaca mas o menos subrepticiamente a España, pudo saberse en la Asunción que el ex gobernante había otorgado, a escondidas, un poder a favor de Juan de Salazar de Espinosa, al cual dejaba por sustituto suyo. Irala, entonces, ordenó la captura del clandestino apoderado - que cuando lo prendieron estaba en compañía de Riquelme de Guzmán y de Díaz Melgarejo -, y el sorprendido Salazar, puesto sobre un batel, salió desterrado al encuentro de la carabela en que viajaba su infeliz amigo Alvar Núñez, con quien prosiguió el forzado derrotero hasta la madre patria. Tiempo después, en los sucesos que tuvieron lugar en la Asunción provocados por los leales de Cabeza de Vaca a fin de derrocar a Francisco de Mendoza, so pretexto de que Irala, cuando marchó al Perú, carecía de facultades para delegar el mando en dicho caballero, nuestro biografiado tomó parte muy activa. Fueron precisamente el clérigo Luis de Miranda y los Capitanes Hernando de Rivera y Alonso Riquelme de Guzmán, quienes presionaron sobre el ánimo vacilante de don Francisco, impugnando su tenientazgo, y exigiéndole la convocatoria de esas elecciones que epilogaron con su decapitación. Y luego cuando Abreu resolvió enviar a España emisarios para que en la corte abogaran por su reconocimiento como Gobernador del Paraguay, entre aquellos delegados despachó a Riquelme de Guzmán. Pero estaba de Dios que mi antepasado no volvería a sus lares: la carabela en que viajaba naufragó al salir del Río de la Plata - en el hoy llamado "Banco Inglés", salvándose tripulantes y pasaje en la costa oriental, donde fueron recogidos por otra nave piloteada por Hernando de Rivera, quien tornó a la Asunción con los frustrados mensajeros de Abreu. Entretanto Irala había vuelto de su incursión altoperuana; y una vez en la ciudad paraguaya, puso preso a Abreu, a Melgarejo y a otros cabecillas "alvaristas" responsables de la muerte de Mendoza; los cuales - parece que ayudados por Riquelme de Guzmán -, en junio de 1549, consiguieron limar sus cadenas y huir del encierro para ocultarse en las espesuras del monte aledaño. Irala, sin embargo, estaba resuelto a imponer la paz a todo trance entre los conquistadores insumisos y someter el bando rebelde a su autoridad. Y si en los momentos necesarios sabía actuar con mano dura, también era capaz de mostrarse conciliador si las circunstancias lo aconsejaban. Por eso, en 1552, a raíz de los buenos oficios de un cura Andrada, que hizo de intermediario, el gran Caudillo aceptó pactar con dos de sus más enconados enemigos: Alonso Riquelme de Guzmán y Francisco Ortiz de Vergara, quienes estando presos y condenados a muerte, se avinieron - sino, la horca! - a casarse cada cual con dos de las hijas de Irala: Ursula y Marina, respectivamente. De suerte que ligados así por la sangre, convertidos en yernos de Irala, ambos capitanes de peligroso arrastre entre los opositores de aquel, hubieron de pasarse a su partido, o, por lo menos, acallar la antigua solidaridad política con sus compañeros insurgentes de la víspera.

Ulterior trayectoria pública del antepasado que me ocupa

A partir de su enlace con Ursula, los arrebatos subversivos de Riquelme de Guzmán cesan por completo: no le iba a hacer una revolución al padre de su mujer, al abuelo de sus hijos! En consecuencia, en 1553, muy juiciosamente, ocupó el cargo de Regidor en el Cabildo asunceno, bajo la mirada benévola del suegro poderoso. También en 1556 se desempeñó como Alguacil Mayor hasta después del fallecimiento de Irala (ocurrido el 3-X-1556), ya que su concuñado Ortiz de Vergara, que sucedió en el mando al gran Caudillo, le confirmó en dicho puesto el 2-XI-1557. De la actividad militar de nuestro Capitán, diré que en 1557 combate a los indios agaces en compañía de Díaz Melgarejo; y que, al año siguiente, con su concuñado el Teniente de Gobernador Ortiz de Vergara, fue a pacificar la comarca llamada Carayba, donde libró sangrientas guaçavaras contra las tribus levantiscas. Posteriormente Ortiz de Vergara lo envió a Ciudad Real en el Guayrá, a fin de que socorriese a Ruy Díaz Melgarejo, que cercado por una multitud de indios enardecidos estaba a punto de sucumbir. Riquelme cumplió con éxito su cometido, y logró liberar a aquel conquistador en apuros. Poco después, el hombre fue nombrado Lugarteniente General del Guayrá, en reemplazo de Melgarejo, que se aprestaba a viajar a España. Durante su lugartenientazgo, en 1567, cerca de Ciudad Real, descubriéronse unas piedras colorinches que los pobladores tomaron por preciosas. Para apoderarse del supuesto tesoro y huir al Brasil se sublevó esa gente contra Riquelme. Vista la desairada situación en que este se hallaba a causa de tal motín, el Gobernador interino Juan de Ortega dispuso su cesantía. A ese efecto envió a Ruy Díaz Melgarejo con el encargo de tomar aquel gobierno: por lo que el 7-XI-1567 Riquelme entregó la vara de justicia a su reemplazante. Mas tarde, sin embargo, el yerno de Irala volvió a Guayrá repuesto en el mando de esa provincia. Empero Melgarejo - antiguo camarada de Alvar Núñez y de Abreu, que no le perdonaba a Alonso el haberse casado con la hija de su mayor enemigo - lo desconoció como jefe, y lo metió preso en una mazmorra de Ciudad Real. Catorce mese permaneció el cautivo en dicho encierro; para ser luego confinado a un fortín próximo - Guaracyberá, futuro Villa Rica - donde hubo de pasarse dos años más; hasta que el rencoroso Melgarejo fuera llamado por las autoridades de la Asunción. Liberado entonces Riquelme de Guzmán por los vecinos de Ciudad Real, reasumió el cargo de Teniente de Gobernador de esa localidad; cargo que llegó a ejercer hasta el día de su muerte, en 1573, a los 54 años de edad.

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Alonso Riquelme de Guzmán Ponce de León, Conquistador español's Timeline

1519
1519
Jerez de la Frontera, Andalucía, España
1550
1550
Age 31
Asuncion del Paraguay, Paraguay
1552
1552
Age 33
Asunciòn del Paraguay, Paraguay
1558
1558
Age 39
Asunción del Paraguay, Paraguay
1559
1559
Age 40
Asunción, Central, Paraguay
1573
1573
Age 54
Ciudad Real, Paraguay
1630
1630
Age 54
Asunción, Central, Paraguay
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Asunción, Central, Paraguay
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Asunción, Central, Paraguay
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