Daniel Agustin Maspons Rosso (1952 - 1972)

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About Daniel Agustin Maspons Rosso

En el accidente de Los Andes, sobrevivió sin heridas la caída del avión el viernes 13 de octubre de 1972. Fue uno de los tres expedicionarios que el 23 y 24 subieron a la montaña en la búsqueda infructuosa de la cola del avión. Murió en la avalancha de nieve de la noche del domingo 29 de octubre.

El alud

El accidente que sobrevino al accidente.

El 29 de octubre se cumplían dieciséis días en el lugar. La vida transcurría en condiciones de absoluta precariedad y sin horizonte. Ese día se presentó despejado y a media mañana comenzaron con la rutina de limpiar el interior del fuselaje y sacar sus mantas y ropas a ventilar. Luego en grupo se acomodaron en los asientos que habían dispuesto afuera a lo largo de los restos del avión, siempre con la permanente esperanza de ver que a su alrededor alguien o algo se moviese. Además del equipo de limpieza, los restantes se ocupaban de derretir nieve para beber, coser bolsas de dormir con los tapizados de los asiento, cortar carne y preparar las porciones. En silencio, cada uno cargaba con sus pensamientos, un mundo de sentimientos y sensaciones pasaba permanentemente por sus cabezas.

Con la puesta del sol , llegó la hora de ir a dormir y comenzaron el rito diario de acomodarse unos contra otros para evitar perder el poco calor que juntos lograban obtener. Esta no era una tarea fácil, porque cuando algunos lograban dormirse, un murmullo o un movimiento podía despertarlos .

Testimonio de Eduardo Strauch sobre lo que sintió al quedar sepultado bajo la nieve:

“En ese momento, me sentí aplastado por toneladas de nieve y una horrible desesperación por morirme. Hasta que empecé a sentir la sensación de placer y de que iba a ser algo lindo. Tenés imágenes de toda la vida que te pasan en colores. Miles de imágenes impresionantes”.

Hasta aquí todo indicaba que sólo estaba concluyendo otra día o que habían sobrevivido un día más.

Cuando trataban de conciliar el sueño, Gustavo Nicolich y Diego Storm manifestaron que se sentían deprimidos y fue allí cuando Roy Harley resolvió hablar con ellos, alentarlos y levantarles el ánimo, para lo cual cambió su lugar en el piso, por otro que le permitiese hablar con ambos. Esta situación en unos minutos más, pasaría a marcar un nuevo antes y después en la odisea. Porque Roy, por asistir a sus compañeros todavía no se había terminado de acomodar en el nuevo sitio, cuando escuchó dos estruendos estremecedores y en segundos, vio como toneladas de nieve derrumbaban el precario cerramiento que hacían diariamente para bloquear el boquete del fuselaje e ingresaron con fuerza al interior, dejando sepultados a todos los que dormían. Roy se había incorporado instintivamente y quedó atónito al ver que todos sus compañeros habían quedado cubiertos con un metro y medio de nieve y que todo lo que había en el piso había desaparecido. A pesar de quedar hundido en la nieve hasta el pecho, logró comenzar a cavar y liberó el rostro de Carlos Páez, esto permitió que seguidamente ambos pudiesen escarbar para que otros pudiesen recibir oxígeno. Roberto Canessa y Adolfo Strauch fueron los siguientes y rápidamente cundió la desesperación, al ver que pasaban los minutos y todos sus compañeros seguían tapados. Harley, Páez, Sabella, Canessa cavaban desesperadamente con las manos heladas y Adolfo Strauch logró liberarse totalmente con la ayuda de Harley y de inmediato comenzó a gritarle a su primo Eduardo para que por favor resistiese. Por el mismo agujero que salió Adolfo, lograron salir Eduardo, José Luis Inciarte, Daniel Fernández Strauch y Roberto François.

Seguidamente, comenzaron a buscar a Marcelo Pérez, capitán del equipo, líder del grupo y amigo entrañable de Eduardo Strauch, pero cuando llegaron a él, ya estaba muerto. Los rescatados seguían escuchando voces apagadas que salían de la nieve. Roy, sin haberse podido liberar totalmente, comenzó a buscar a su amigo Diego Storm, pero sus manos estaban congeladas y sin sensibilidad.

En el compartimiento de equipajes, Antonio Vizintín que estaba herido y ocupaba una de los camastros que habían construido, trataba de ayudar a cavar pero Rafael Echevarren también herido, no se podía mover y Arturo Nogueira estaba en estado de shock. Mientras Páez buscaba a sus amigos Gustavo Nicolich y a Diego Storm, calentando sus manos con un encendedor, logró hablar por el túnel con Gustavo Zerbino, quien le manifestó que se encontraba bien y que estaba tratando de rescatar a otro, pero cuando encontró a Nicolich, estaba muerto. Fernando Parrado permanecía tapado por la nieve, pero recordaba haber leído que se podía vivir varios minutos debajo de ella, por lo que esperó a sentir que alguien se moviese cerca de su cuerpo, para pedir auxilio. A Páez le tocó rescatar a Parrado y siguió buscando a su amigo Storm, pero cuando lo encontró ya era tarde. Canessa por su parte, encontró muerto a su amigo Daniel Maspons.

La barrera que construían todos los días para tapar el boquete en la parte trasera del fuselaje con la puerta del avión y los equipajes, al derrumbarse se convirtió en una trampa mortal para Juan Carlos Menéndez y el mecánico del avión Carlos Roque, pero por esas cosas del destino, sirvió para salvar la vida de José Pedro Algorta, Alfredo Delgado y de Numa Turcatti.

Cuando lograron dar con Javier Methol, este imploró que primero tratasen de rescatar a su esposa, cosa que hizo con la ayuda de Zerbino, pero cuando dieron con ella, ya estaba muerta. Javier se echó a llorar sin consuelo y se produjo el cuadro más conmovedor de esa dramática noche.

Liliana Methol no sólo era la única mujer sobreviviente, representaba para todos la figura maternal por excelencia. Ella era la que les aportaba la comprensión y la ternura que los reconfortaba. Esa noche, a todos les tocó sentir nuevamente el dolor por la pérdida de uno o más amigos, pero la muerte de Liliana significó un dolor compartido por todos los sobrevivientes.

Aproximadamente una hora más tarde, cuando nadie había logrado sobreponerse al nuevo accidente, sintieron que otra avalancha de nieve se aproximaba al avión. Posiblemente, esta haya sido de mayor magnitud que la anterior, porque por la velocidad y furia con que avanzaba, hizo que pasara por encima del fuselaje y que no ingresase más nieve al interior. Con la segunda avalancha, el fuselaje quedó totalmente cubierto por una densa capa de nieve.


Volver al fuselaje era como volver al hogar.

Todo el grupo quedó extenuado por el trabajo que significó cavar en la nieve y por el estado emocional que la situación les había provocado. Sus ropas y sus calzados estaban mojados; las mantas y abrigos suplementarios habían quedado sumergidos en la nieve.

Ya habituados a asistirse unos a otros, comenzaron a darse palmoteos y masajes para evitar el congelamiento. Debido a lo reducido que había quedado el espacio en la cabina, decidieron cavar un pozo que les permitiese estar en posición de sentados y que uno por vez, pudiese ingresar al medio del pozo y saltar para evitar el congelamiento de los pies.

En un momento notaron que el aire comenzaba a faltarles y la dificultad para prender un encendedor lo confirmó. Fue entonces que Parrado tomó un caño del compartimiento de equipajes y comenzó a golpear hasta lograr abrir un agujero en el techo, lo que permitió que ingresase oxígeno.

A la mañana siguiente descubrieron que estaban totalmente cubiertos por la nieve. No obstante lograron descubrir que afuera había una gran tormenta y nevaba intensamente, por lo que decidieron permanecer encerrados hasta que el tiempo mejorase. Así estuvieron durante dos días, hasta que el 1º de noviembre pudieron salir al exterior, seis jóvenes salieron a calentarse al sol en el techo del avión, que era en donde más se concentraba el calor. Canessa y Zerbino quitaron la nieve de las ventanillas para que penetrara más luz; los primos Eduardo, Adolfo y Daniel Fernández Strauch se dedicaron a derretir nieve para convertirla en agua potable.

Los supervivientes tardaron casi ocho días en limpiar el avión y retirar todos los muertos. La nieve se había convertido en hielo y tuvieron que improvisar herramientas para partirlo. Mientras tanto, habían tenido que alimentarse de los muertos en el alud, porque los cuerpos de los que se aprovisionaban en el exterior, habían desaparecido bajo la nieve.

En el alud murieron ocho personas. De los cuarenta y cinco pasajeros, solo quedaban diecinueve.

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Daniel Agustin Maspons Rosso's Timeline

1952
August 20, 1952
1972
October 29, 1972
Age 20