Enrique Rodríguez Larreta Piera (1921 - c.2007)

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Birthplace: Montevideo, Uruguay
Death: Died in Montevideo, Uruguay
Managed by: Daniel Rodríguez Larreta Martínez
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Immediate Family

About Enrique Rodríguez Larreta Piera

Enrique Rodríguez Larreta Piera, ciudadano uruguayo, con residencia legal en Montevideo, de 55 años de edad, casado, padre de 4 hijos, abuelo de 4 nietos, sin ninguna clase de antecedentes judiciales, deseo testimoniar de manera objetiva y sintética los hechos que me tocó vivir a partir del día 1º de julio de 1976.

  1.- En esa fecha fui informado por mi nuera, Raquel Nogueira Paullier, de la desaparición de mi hijo Enrique Rodríguez Larreta Martínez, uruguayo, casado de 26 años de edad, padre de un niño de 5 años, de profesión periodista, con residencia legal en la República Argentina desde el año 1973.
  2.- Mi hijo había sido dirigente estudiantil en el Uruguay. En el año 1972 el Ejército lo detuvo y lo mantuvo incomunicado durante 9 meses, sometiéndolo a interrogatorios y torturas que fueron denunciadas en el Parlamento, que en aquel entonces aún funcionaba en el Uruguay. Finalmente, el proceso que se intentaba fraguar contra él fue clausurado por falta de pruebas y mi hijo viajó con su familia a Buenos Aires, donde trabajaba en el periódico "El Cronista Comercial"
  3.- Teniendo en cuenta la situación que estaban viviendo los refugiados políticos en la Argentina y los hechos que ocurrían, mi nuera y yo decidimos enviar al niño al Uruguay, entregándolo a su abuelo materno, que viajó con esa finalidad a Buenos Aires.
  4.- De inmediato nos pusimos en contacto con un abogado, cuyo nombre no quiero mencionar aquí, y con su asesoramiento presentamos un recurso de "habeas corpus" ante un juzgado cuya secretaría desempeñaba un doctor Muller, el día 2 de julio de 1976. En ese recurso pedíamos se solicitaran informes a la Policía, el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior y otras fuerzas de seguridad sobre la situación de mi hijo.  Varios días después se me informó que el recurso se archivaría, ya que las autoridades habían informado que se carecía de noticias de mi hijo y que no estaba detenido.
  5.- Ante ello, realicé todas las gestiones que estaban a mi alcance para descubrir el paradero de mi hijo. Visité la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, donde me entrevisté con el doctor Mones Ruiz, la Subsecretaría del Consejo Episcopal, el Pro-Vicario castrense, y obtuve una audiencia con un miembro de la Corte de Justicia, el doctor Abelardo Rossi, por intermedio de los Padres Palotinos, a los que entrevisté en la iglesia de la calle Carlos Calvo y general Urquiza para interesarlos en el caso de mi hijo. En todas partes recibí expresiones de solidaridad, pero siempre se me manifestó la imposibilidad de hacer nada. Recuerdo que el miembro de la Alta Corte me informó que en esa fecha se habían presentado más de 6 mil recursos de "habeas corpus" por casos similares al de mi hijo.
  6.- En este lapso, me preocupé además de difundir lo más ampliamente posible la noticias de la desaparición de mi hijo, que fue publicada ampliamente en Buenos Aires ("La Nación", "Crónica", "Ultima Hora", "La Opinión", "El Cronista Comercial", "The Buenos Aires Herald") y aún en Montevideo ("El País", "El Día", "La Mañana"), al igual que fue comunicada por las agencias internacionales de noticias. Escribí numerosas cartas a diversas instituciones y personas, denunciando el hecho, y el día 12 de julio reiteré el recurso de "habeas corpus", aportando a la Justicia los datos que había podido obtener sobre la detención de mi hijo.
  7.- En la noche del 13 al 14 de julio, una banda de entre 8 y 12 personas armadas, luego de penetrar al edificio de departamentos en que se domiciliaban mi hijo y mi nuera (calle Víctor Martínez 1486, Buenos Aires), para lo cual amenazaron al portero, derribaron la puerta del departamento e irrumpieron en él sin exhibir ninguna clase de orden de allanamiento.
  8.- Inmediatamente procedieron a esposar a mi nuera y a mí, sin escuchar razones ni dar explicaciones. Nos cubrieron la cabeza con capuchas, y, sin siquiera permitir que nos vistiéramos -estábamos con ropa de dormir- se nos sacó de la casa y se nos introdujo en una camioneta cerrada, con un trato violento e insultándonos.
  9.- El vehículo en que viajábamos se dirigió a otra casa, y luego de estacionar unos minutos, se introdujo junto a nosotros a una pareja, luego de lo cual se nos condujo a un local. Para entrar el mismo fue necesario levantar una ruidosa cortina metálica de enrollar.
  10.- Una vez allí, siempre en medio de un trato brutal y soez, sin permitírseme la menor explicación ni dárseme otra respuesta que no fuera golpes e insultos, se me exigieron mis datos de identidad.
  11.- Pude advertir de inmediato que en ese local se hallaba un número elevado de personas en las mismas condiciones que yo. Entre ellas identifico a mi hijo por su voz y porque habían utilizado para encapucharme una bolsa de azúcar de trama no muy cerrada, lo que me permite ver las siluetas. Posteriormente, un guardia se apercibe de que puedo distinguir algo, por lo que me da una golpiza y me venda los ojos fuertemente con un trapo.
  12.- Pude reconocer también entre las personas que se hallaban allí a Margarita Michelini -hija de mi amigo, el Senador Zelman Michelini, asesinado poco tiempo antes- y a León Duarte, dirigente obrero uruguayo, de relevante actuación en el movimiento sindical de mi país.
  13.- Inmediatamente algunas de las personas que se encontraban detenidas conmigo comenzaron a ser llevados hacia la planta alta, a la que se llega por una escalera interior, para ser interrogados. Por los gritos desgarradores que se oyen constantemente puedo darme cuenta de que los están torturando bárbaramente, lo que confirmo cuando siento que los bajan nuevamente a la planta baja. Hasta allí, llegan arrastrados por los guardias, entre quejidos. Se los arroja sobre el piso de cemento, con prohibición de que se les alcance agua (por "haber estado en la máquina", según dicen).
  14.- La noche siguiente me toca a mí ser conducido a la planta alta, donde se me interroga bajo tortura, como a los demás hombres y mujeres que estuvimos allí. Se me desnuda completamente, y, colocándome los brazos hacia atrás, se me cuelga por las muñecas, hasta unos 20 o 30 centímetros del suelo. Al mismo tiempo se me coloca una especie de taparrabosen el que hay varias terminaciones eléctricas. Cuando se le conecta, la víctima recibe electricidad por varios puntos a la vez. Este aparato, al cual llaman "maquina", se conecta mientras se efectúan  las preguntas y se profieren amenazas e insultos, aplicándose también golpes en las partes más sensibles. El suelo, debajo del lugar donde se cuelgan a los detenidos, está mojado y sembrado de cristales de sal gruesa, con el fin de multiplicar la tortura si la persona consigue apoyar los pies en el piso. Varias de las personas que estaban junto conmigo se desprendieron del aparejo de colgar y se golpearon contra el piso, produciéndose serias heridas. Recuerdo en especial el caso de quien después supe que era Edelweiss Zahn de Andrés, la que sufrió profundos cortes en la sien y en los tobillos, que después de infectaron...
  15.- Mientras se me torturaba se me formulaban preguntas sobre las actividades políticas de mi hijo y sobre mi participación en el Partido por la Victoria del Pueblo, al que según ellos pertenecía mi hijo. Es en ese cuarto donde puedo ver, en un momento en que por la copiosa transpiración se corre algo la venda, que en la pared hay colgado un retrato de regular tamaño de Adolfo Hitler.
  16.- No puedo precisar con exactitud durante cuánto tiempo se me torturó. Creo que en mi caso no fué más de media hora, pero en la mayoría de los casos las torturas duraban, según mis cálculos, de 2 a 3 horas.
  17.- Luego de sufrir  este tratamiento se me reintegró a la planta baja, donde permanecí hasta el día en que fui traslado al Uruguay. Las condiciones higiénicas del lugar son lamentables. Parece un taller mecánico abandonado, por la suciedad de grasa y tierra. Existe únicamente un pequeño retrete para las casi 30 personas detenidas allí. Durante este período, en muchas oportunidades se escuchan voces de otras personas secuestradas que se encuentran en la planta alta, solicitando ir al baño o pidiendo agua o comida.
  18.- Entre esas voces reconozco claramente la de Gerardo Gatti Antuña, a quien conozco desde hace mucho tiempo, como dirigente sindical de los obreros gráficos uruguayos.
  19.- Por comentarios de otros de los secuestrados -en momentos de descuido de los guardias podemos intercambiar algunas palabras en voz baja- me entero de que otra de las voces escuchadas en la planta alta es la de Hugo Méndez, otro sindicalista uruguayo que había sido secuestrado en Buenos Aires en el mes de junio.
  20.- Con el paso de los días puedo darme cuenta -por el contenido de las conversaciones y los modismos que emplean- que la gran mayoría de los que participaron en el operativo de secuestro y todos los custodias son argentinos. Los guardias, por el tratamiento que se dan, parecen pertenecer al ejército argentino, mientras que quienes participaban en los operativos no dan esa impresión. Entre ellos se distingue un hombre de unos 35 años, sumamente corpulento, que responde al sobrenombre de "Paqui" (contracción de "paquidermo") y actúa con brutalidad y exhibición de fuerza, jactándose de que puede derribar toda clase de puertas.
  21.- En los interrogatorios y torturas participan directamente oficiales del ejército uruguayo. Algunos dicen pertenecer a un grupo llamado OCOA (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas) y se distinguen, en el trato entre ellos, con el nombre de Oscar, seguido de un número ordinal. Oscar 1 es un oficial de alto grado, que podría tener unos 45 años, de estatura mediana, grueso, de pleo blanco, al que también llaman por el sobrenombre de "El Tordillo". Alcanzo a oir alrededor de 10 números, correspondientes a oficiales con grado de capitán o superiores. Varios de ellos parecían, por sus comentarios, residir habitualmente en la Argentina.
  22.- Juntos a los miembros de OCOA actúan oficiales pertenecientes al Servicio de Inteligencia de Defensa (SID), miembros de lo que se nos dice que es la "División 300". El jefe de esta división es un coronel de apellido Ramírez, que se distingue con el número 301. El jefe operativo de la división es el Mayor Gavazzo (302), encargado directamente de conducir las torturas, junto con quien se hace llamar Oscar 1. La División 300 está compuesta aparentemente por unas 60 personas, entre oficiales y tropa. El Nº 303 identifica al Mayor Manuel Cordero; el Nº 304 a un mayor de caballería de apellido Martínez; el Nº 305 al Mayor Silveira.
  23.- En el local donde permanecíamos secuestrados había personal de tropa de la División 300. Los dos principales se distinguían con los seudónimos de "Daniel" (un sargento) y "Drácula" (soldado de primera). Eran quienes se ocupaban del acondicionamiento y embalaje de todo lo robado en los allanamientos -según decían, era "conquistado en el campo de batalla"- para su posterior traslado el Uruguay. Entre lo robado había autos desarmados, heladeras, televisores, máquinas de escribir y calcular, artículos electrodomésticos, vajilla, bicicletas, libros, etc.
  24.- El día 15 de julio condujeron al local a otra tres personas secuestradas. Al identificarse y por las conversaciones de los guardias pude enterarme que se trataba de la abogada Manuela Santucho, de Carlos Santucho (ambos hermanos de Mario Roberto Santucho) y de una cuñada de éste, cuyo nombre no retengo y a la cual los guardias se referían como "Beba", no sé si en forma despectiva o por ser éste su apodo.
  25.- El día 19 de julio de 1976 nos anuncian la muerte de Mario Roberto Santucho, en un encuentro armado, insultando soezmente a sus familiares. A esa altura, tanto Carlos Santucho como su cuñada parecen haber perdido la razón a causa de las brutales torturas de que han sido objeto.La Dra. Manuela Santucho a pesar de que también ha sido bárbaramente torturada aún se mantiene lúcida.
  26.- Alrededor de las 18 horas de ese día comenzaron a llenar un gran tanque de agua, que han colocado entre los secuestrados. Se siente fluir el agua. Mientras tanto, oficiales y guardias insultan y castigan a los secuestrados, haciéndonos responsables de la muerte de un capitán, ocurrida en ese encuentro armado y diciendo que en ese tanque nos van a "limpiar la cabeza a todos". En la noche, con el pretexto de que Carlos Santucho deliraba constantemente, se abalanzan sobre él  y los atan con cadenas. Previamente han colgado sobre el tanque, sujero al techo, un aparato corredizo, explicando minuciosamente su uso. Por ese aparato pasan una cuerda a Santucho, mientras nos explican esa maniobra también detalladamente.
  27.- En esos momentos, un oficial argentino trae un ejemplar del diario "Clarín", donde se narra la forma en que fue muerto Mario Roberto Santucho, obligando a Manuela Santucho a que nos lo lea en voz alta. Mientras tanto, Carlos Santucho es introducido y sacado del tanque lleno de agua entre risas e insultos, siendo golpeado con saña cada vez que emerge. Sufrió ese trato durante largo rato, lo que nos sorprendió por cuanto según comentarios que habíamos escuchado a los propios guardias nunca había tenido actividad política. Luego al parecer advierten que el cuerpo ya no daba señales de vida. Lo desatan, lo introducen en un vehículo y se lo llevan. Manuela Santucho y su cuñada permanecieron un par de días más con nosotros y luego fueron conducidas a otro lugar, que desconozco.
  28.- El jefe de destacamento argentino es un oficial de alto grado, al que sus subordinados mencionan como "el jova" o "El jovato", lo que en argot bonaerense significa "el viejo". Al llegar al local en que permanecíamos detenidos fue él quien nos pidió los datos de identidad. Pude apreciar a través de la bolsa que me cubría la cabeza que es un hombre de unos 50 a 55 años, de alrededor de 1 metro 75 de estatura, de complexión fuerte, rasgos marcados, pelo recortado y algo canoso. Vestía botas, pantalones de montar y ropa de abrigo típicamente militar.
  29.- El local en que estuve secuestrado tiene, como ya dije, una gran puerta con una cortina metálica de enrollar, lo que se notaba en cada entrada o salida de vehículos. La entrada de vehículos era anunciada previamente por radio al personal de guardia, con varios minutos de anticipación, con el nombre clave de "operación sésamo". El salón de la planta baja es amplio. Tiene entre 6 y 8 metros de ancho por 25 0 30 de largo. A cierta altura existe una división, hecha con arpillera encalada. Sobre la pared que queda a la derecha, al entrar, está ubicado un pequeño retrete, con un WC sin taza y un pequeño lavabo. Al lado del retrete hay una pileta de lavar. La escalera que lleva a la planta alta está al lado del retrete. Tiene base de cemento y escalones de tabla, gruesa. Esta escalera parece de construcción posterior.
  30.- Desde el fondo de la casa, a determinadas horas, llega el ruido característico de un recreo escolar, lo que me permite afirmar que en las proximidades funciona una escuela. Por el frente de la casa, a poca distancia, pasa una vía de ferrocarril. Según comentarios de la guardia, en una esquina próxima existe un taller mecánico de autos.
  31.- El día 26 de julio se nos dijo que nos preparáramos para ser trasladados. Ya lo habían dicho tres días antes, pero en esa oportunidad, según comentarios de la guardia, el avión en que debíamos viajar no llegó por la fuerte tormenta que hubo ese día, por lo que la operación se postergó. Se nos colocó tela adhesiva en los ojos y la boca, y todos los secuestrados -menos yo- fueron esposados con las manos atrás. En mi caso no lo hicieron así porque tenía una gran inflamación en la muñeca izquierda, al haberse infectado una herida producida por las esposas. Me ataron entonces con tela adhesiva. Nos hicieron subir a la caja de un camión y sentarnos en el piso. Sobre nuestras cabezas, apoyadas en los laterales del camión, se colocaron tablas, formando una especie de doble fondo. Sobre esas tablas cargaron gran cantidad de bultos y cajones con objetos robados. Según comentarios de los guardias, se habían realizado otros cuatro viajes con este tipo de carga. Finalmente partimos de la casa en que habíamos permanecido secuestrados. En ese momento quedaron en ella Gerardo Gatti, León Duarte y Hugo Méndez. Sobre el destino de los tres nunca más supe nada.
  32.- El camión en que se nos trasladaba iba fuertemente custodiado, a juzgar por el ruido de numerosas motos y automóviles a nuestro alrededor, que hacían sonar sirenas en los cruces para interrumpir el tránsito. Nos condujeron a la base militar contigua al aeroparque de Buenos Aires. Pude darme cuenta al descender del camión, ya que con la transpiración producida por el encierro y la llovizna que estaba cayendo la tela adhesiva se había desprendido en poco, dejando cierta visibilidad.
  33.- Bajamos del camión y se nos hizo subir a un avión Fairchild, de los que utiliza la Fuerza Aerea Uruguaya y que están afectados a los servicios de TAMU (Transporte Aereo Militar Uruguayo) y PLUNA (la línea nacional de aeronavegación). Algunas de las personas que viajaron conmigo pudieron apreciar el distintivo de PLUNA en bolsas de polietileno y el vuelo duró alrededor de una hora, según mi estimación. Al aterrizar y descender pude advertir que estábamos en la Base Aerea Militar Nro. 1, contigua al Aeropuerto Nacional de Carrasco.
  34.- Se me hizo entrar en un automóvil de tamaño mediano, donde me acostaron en el asiento trasero, cubriéndome con una frazada. En el auto viajaban otras  tres personas, al parecer oficiales: dos en el asiento delantero y otra atrás, conmigo. Pude enterarme después que la mayoría de los secuestradores fueron trasladados en un camión, aunque en algunos casos se usó un procedimiento similar al que se realizó conmigo. El auto en que viajaba sufrió una "panne", por lo que hubo que transbordar a otro auto que nos seguía, produciéndose una demora que hizo que fuera el último en llegar a destino.
  35.- Al llegar a ese local el auto entra en un garage, se me ahce descender y entramos a la casa. Luego de identificarme me introducen en una habitación pequeña, me quitan la tela adhesiva de las manos, y tras cerrar la  puerta, se me dice que puedo quitarme la que llevo en ojos y boca, y bañarme. Así lo hago, y cuando puedo ver me doy cuenta que estoy en un cuarto de baño prolijo, sin bañera pero con ducha, característico de la planta baja de ciertas residencias de Montevideo, en que el baño principal está en la planta alta. Al terminar de bañarme golpeo la puerta. Me dicen que me ponga de espaldas a ella. Entra un guardia que me venda los ojos y me hace salir. Cuando pretenden esposarme ven el estado de mi muñeca infectada y se alarman. Llaman a alguien que parece tener ciertos conocimientos de enfermería, que con una hoja de afeitar me abre la herida, me desinfecta y me venda, dejándome sin esposas. Luego me dan una taza de leche caliente, me hacen sentar en una silla, me dan la misma frazada para taparme y me dicen que duerma.
  36.- A la mañana siguiente me llevan a la planta alta, a la cual se sube por una escalera de dos tramos. Noto que en la planta alta estamos siete de los hombres. En la planta baja han quedado las mujeres y algún hombre. La planta alta de la casa está compuesta de cuatro habitaciones. Una da al frente y tiene balcón. También al frente, y separada por un corredor, hay otra pieza que hace esquina, con una ventana en cada pared. Otra habitación queda sobre el costado y al correr de la anterior, con una ventana, y hay todavía otra pieza, sobre el lateral, con ventana. Hay además un cuarto de baño completo. En la primera habitación se realizaban los interrogatorios; en la segunda dormía la guardia; en la tercera estábamos los secuestrados, y en la cuarta se reunían los oficiales.
  37.- En esta casa continuaron los interrogatorios y torturas. Personalmente ya no me interrogan, pero todas las noches encienden la radio a todo volumen, a pesar de lo cual escuchamos gritos desgarradores. Se practica  el "submarino2 en la bañera del cuarto de baño, se aplica la picana eléctrica y se dan golpizas con fustas (podía sentir el chasquido de los golpes, seguido de los ayes de dolor). En todo momento permanecemos esposados y con los ojos vendados. Se castiga severamente, con palizas y plantones, a todos aquellos a los que sorprenden conversando o tratando de mirar por debajo de la venda. 
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Enrique Rodríguez Larreta Piera's Timeline

1921
December 5, 1921
Montevideo, Uruguay
2007
March 14, 2007
Age 85
Montevideo, Uruguay