Flaminia Ocampo Orphée

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Flaminia Ocampo Orphée

Birthdate:
Immediate Family:

Daughter of Miguel Ocampo Leloir and Elvira Orphée Segura
Wife of <private> Martini Crotti
Mother of <private> Martini Crotti Ocampo and <private> Martini Crotti Ocampo
Sister of <private> Ocampo Orphée and <private> Ocampo Orphée

Managed by: Carlos Federico (Cantarito) Bung...
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About Flaminia Ocampo Orphée

“Flaminia Ocampo ha escrito un libro incisivo y sereno a la vez, estimulante y verdadero. Victoria y sus amigos es un texto de rigor infrecuente al atenerse a fuentes precisas –diarios y cartas, testimonios escritos directos–; amplio de miras, central en muchos aspectos de la personalidad de Victoria Ocampo, y básicamente tan discreto como perspicaz.”

Juan Sasturain A través de una lectura lúcida de cartas y textos autobiográficos, con Victoria y sus amigos Flaminia Ocampo no sólo nos acerca a una visión profunda y comprensiva de quién fue Victoria Ocampo, sino que también nos permite asomarnos a la intimidad de algunas de sus relaciones más trascendentes, siempre con la sutileza necesaria para no romper el velo que cubre y protege la verdad última de toda relación de afecto profundo entre dos personas. Por las páginas de este libro, las diferentes facetas de Victoria aparecen, se continúan y se contradicen para darle una corporeidad inédita hasta ahora, en tanto somos testigos de su relación con algunos de los grandes artistas e intelectuales de su época. Así, también llegamos a descubrir aspectos desconocidos de personalidades como Gabriela Mistral, Waldo Frank, Virginia Woolf, Pierre Drieu La Rochelle, María Rosa Oliver y José Ortega y Gasset, mientras intentaban entender y hacerse entender en el mundo convulsionado en el que les tocó vivir.

Flaminia Ocampo publicó dos novelas, Un amor antiguo (1995) Siete Vidas (2004) y un libro de cuentos, La Locura de los otros (2003). Sus cuentos y ensayos aparecieron en diarios y revistas literarias de la Argentina, Venezuela, México, Uruguay y los Estados Unidos.

Actualmente reside en Nueva York donde dirige talleres de narrativa en la Universidad The New School.

ENTREVISTA A FLAMINIA OCAMPO

¿Cómo nació la idea de este libro?

Por casualidad. Porque estaba en la biblioteca de la universidad de Nueva York, aburrida con lo que estaba escribiendo, y en los diarios de Virginia Woolf encontré el apellido de Victoria escrito como Okampo y después como O’campo. Leyendo lo que Virginia decía de ella y recordando lo que Victoria había escrito acerca de Virginia me dio gracia la disparidad entre cómo se percibían la una a la otra. Pensé que a menudo pasamos por la vida de ciertas personas creyendo que la relación que tenemos con ellas es de una manera cuando en realidad es completamente diferente. Después tuve curiosidad por ver si esa disparidad le había pasado con otros entre aquellos que ella admiraba tanto.

¿Cuál era la relación que tenías con la figura de Victoria antes del libro, y cuál es ahora?

Siempre tuve debilidad por Silvina Ocampo como escritora. Los testimonios y autobiografías de Victoria me parecían simplemente ejercicios del ego. Nunca me conmovió. Escribiendo acerca de ella me volví menos injusta. Me doy cuenta de que luchó empecinadamente por la igualdad de la mujer en una época en que las mujeres ni siquiera votaban. Además intentó hacer todo lo posible por traer cultura a la Argentina y por promocionar la cultura de su país en el exterior. Ahora, la idea de que alguien alguna vez pudo creer que una revista literaria era tan importante y luchar por ella gastando todo su dinero durante cuarenta años me parece un mérito descomunal.

El hecho de ser familiar de Victoria Ocampo, ¿de qué manera influyó en la escritura del libro? ¿Qué cosas te facilitó y cuáles otras te dificultó?

Mi padre, Miguel Ocampo, primo segundo de Victoria, nunca se sintió muy pariente, supongo que en parte por una diferencia generacional. Quiero decir con esto que no la frecuentaba demasiado, salvo en el final de la vida de Victoria cuando ella ya tenía cáncer y estaba en Nueva York. Como mi padre vivía allí, la ayudaba con cosas que ella necesitaba. Conozco a parientes más directos de Victoria, pero eso no me facilitó ni dificultó nada. Yo supe desde el principio que no quería un libro de rumores o de suposiciones. Quería un libro que se basara en palabras que habían quedado escritas, no en palabras que iban de los unos a los otros. Por supuesto siempre supe que para quienes aprecian los chismes esto iba a ser un defecto.

¿Qué fue lo que te hizo elegir a estos seis personajes (Gabriela Mistral, Waldo Frank, Virginia Woolf, Pierre Drieu La Rochelle, María Rosa Oliver y José Ortega y Gasset) entre todos los artistas e intelectuales con los que Victoria se relacionó?

También elegí a Tagore, a Huxley y a Keyserling. Después los descarté. Creo que no lograba una conexión con ellos. Leía sus biografías, sus libros, pero quedaban como imágenes intelectuales y no como seres humanos. En cambio los que terminé eligiendo me resultaron muy familiares, casi como si los hubiera conocido bien. Quería desde ya elegir intelectuales que vinieran de distintos países, por eso por ejemplo no está Caillois, a pesar del volumen de correspondencia que quedó entre Victoria y él y a pesar del último y desgarrador encuentro que tuvieron. Quería también que representaran distintas relaciones: el amante, el admirador, el amigo.

El tono, el registro de la obra, es muy particular. Un hallazgo que une lo ensayístico, lo anecdotario, y un roce muy cuidadoso con la intimidad tanto de los personajes, como de Victoria. ¿Es el resultado de una búsqueda tuya, se dio naturalmente, o fue más bien parte del proceso de escritura?

Básicamente quería narrar relaciones entre intelectuales. Quería un libro narrativo pero sin invenciones. A veces tenía unas terribles ganas de hacer trampa, de inventar alguna cosa, algún detalle para rellenar, adornar. Y como tengo una tendencia a la imaginación no me costaba nada, pero también para frenar esa tentación me iba al lado opuesto. En algún momento hasta puse el número de teléfono de Ortega en Buenos Aires y después me pareció una pedantería. Quería describirlos a todos lo más cercanamente posible a lo que habían sido. No quería mi Drieu La Rochelle sino el que había sido. Drieu fue el que más ganas me dio de hacer comentarios de costado, pero por fascista y porque de todos es la figura más trágica. Desde su infancia se sabe que va a terminar mal.

Gran parte de tu trabajo se ha apoyado en las cartas que Victoria se escribió con estas seis personalidades. Sumergirnos en el mundo epistolar de personajes relevantes de una época determinada, nos permite conocer desde sus ojos el mundo en que vivieron sin la intermediación de la Historia, que comienza justo cuando toda ha terminado. Es el aquí y ahora del pasado. Más allá de tu relación con la figura de Victoria, ¿qué imágenes, sensaciones e ideas te marcaron más en este recorrido por el mundo convulsionado de mediados del siglo XX?

Al principio este libro se llamó “Escritores entre guerras”, pero parece que las guerras no atraen lectores. Siempre me interesó la época entre las dos guerras mundiales, una época de anuncios catastróficos. Y además hubo esa dualidad durante casi todo el siglo XX, digamos hasta la caída del muro de Berlín, entre el comunismo y el fascismo. Durante décadas la gente se definió por si pertenecía a una categoría o a la otra y sobre todo los intelectuales. Fueron dos movimientos que arrasaron con todo término medio y que causaron infinidad de muertes, en nuestro país también aunque bastante más tarde. Fue una época de fundamentalismos políticos y me interesó ver cómo algunos escritores se debatían entre esas fuerzas, dónde se situaban en relación a ellas. ¿Veían lo que iba a ocurrir o no, intuían bien o mal? Me dio siempre una sensación de personas que intentaban quedar a flote, no hundirse. A veces aferrándose a sus ideas como si fueran la clave de un futuro que iba a ocurrir y que la mayoría de las veces no ocurrió.

El libro se llama Victoria y sus amigos, ¿qué idea sobre la amistad creés que trasmite?

Borges dijo una vez que cuando salió “Una pasión argentina” de Mallea, él se precipitó a comprarlo creyendo que era un libro sobre la amistad porque la única pasión argentina era la amistad. En ese sentido Victoria Ocampo fue una representante perfecta de esa pasión. Ella quería a sus amigos apasionadamente. O quería tener amigos que pudiera querer apasionadamente. Es verdad que para sentir esa pasión necesitaba sentir admiración más que un afecto inmediato. Pero una vez que la amistad estaba establecida no la olvidaba de un día para el otro. Cuando alguien entraba como amigo en su vida ella cuidaba esa relación con lealtad y esmero. Por ejemplo, con Gabriela Mistral se vieron muy poco pero se escribieron toda la vida y durante muchos años evitaron la censura del correo argentino, haciéndose llegar cartas a través de gente que viajaba. Si el libro transmite alguna idea sobre la amistad es una idea muy sencilla: en la vida pasan miles de cosas que a veces son muy efímeras, pero la verdadera amistad queda hasta el final.