José María Menéndez Cañedo y Menéndez (1846 - 1918)

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Birthplace: Santo Domingo de Miranda, Avilés, Miranda, Asturias, España
Death: Died in Buenos Aires, Argentina
Managed by: Fernando Menendez Behety
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Immediate Family

About José María Menéndez Cañedo y Menéndez

El más conocido y mundialmente famoso emigrante mirandino es sin duda don JOSÉ MENÉNDEZ, apodado "el rey de la Patagonia". “Nace en la parroquia de Miranda, entonces filial de san Nicolás de Avilés, el día 2 de noviembre de 1846 en una casa de aldea, sita en el barrio de Miranda, de planta baja, que más tarde sus sobrinos, Paulino Valdés y Araceli Menéndez, reformaron a petición del indiano pero manteniendo la puerta principal sobre la que pretendía grabar una inscripción que dijera: "Por esta puerta salí pobre y entré rico", pero tal deseo debió de ser uno de los pocos que no llevó a cabo. Fue uno de los siete hermanos que tuvo el matrimonio Manuel Menéndez-Cañedo Álvarez, natural de Peñaflor, Grado, y de María Menéndez Granda, natural de Miranda, conocidos en el pueblo por el mote de "Los Zancos". Cuando contaba apenas dos años, su padre lo llevó a casa de un tío materno llamado José Menéndez Granda que ejercía de maestro en Ventosa, (Candamo), para darle una mejor instrucción primaria pero con el compromiso de traerlo a casa al menos dos o tres días cada mes.

Allí pasó su infancia hasta que a los 11 años sus padres, contra la voluntad del tío que veía en el niño grandes dotes para el estudio, lo dejaron en Miranda definitivamente por serles necesario en la cuida del ganado, aunque respetando en lo posible la asistencia escolar.

A la edad de trece años sus padres le dan permiso al fin para embarcarse. Durante seis meses lo envían a Avilés a otra escuela pagando por las clases "la importante suma, en aquellos tiempos, de un duro al mes".

A mediados de 1860 se anuncia la salida del puerto de Avilés con rumbo a Cuba de "La Francisca", un velero que desplazaba 800 toneladas. El precio del pasaje era de 45 duros, que se podían pagar a plazos.

A los cuatro meses, y por el mismo barco que le había llevado a Cuba, reciben sus padres la primera carta en la que manifestaba haber hecho un viaje feliz que duró 45 días. La carta anduvo de pariente en pariente durante algún tiempo puesto que la segunda ya se hizo esperar más.

No sabemos a ciencia cierta cual fue la razón para desplazarse a Buenos Aires hacia 1866 donde hace de tenedor de libros en la ferretería de Corti Riva & Cía. y a la vez en la de Etchart & Cía ambas ferreterías especializadas en efectos navales. La teneduría de libros era, por entonces, uno de los puestos mejor retribuidos de modo que no le fue difícil juntar unos ahorros.

Durante estos años conoce a una joven uruguaya, descendiente de los franceses de la Legión, defensores de Montevideo durante el sitio de Manuel Oribe en 1843. Contrae matrimonio el día 19 de marzo de 1873, festividad de san José, en el templo de La Merced. Doña María Behety Chapital, la joven esposa contaba 20 años y José Menéndez 27.

La llegada definitiva a Punta Arenas tiene lugar en 1875 en donde Piedrabuena llevaba instalado desde 1869. Entre los comerciantes instalados en la región y con quienes empezó a relacionarse debemos recordar al asturiano José Montes, natural de Mieres, que fue quien le acompañó en el primer viaje a Miranda, al portugués Nogueira, dueño de una flotilla de goletas y a los ingleses Reynard y Felton además de algunos alemanes y lituanos.

El nacimiento del poblado de Punta Arenas se puede cifrar alrededor de 1843 cuando el gobierno chileno del general Manuel Bulnes decide tomar posesión del estrecho de Magallanes. Tres años más tarde nacía en Miranda José Menéndez con quien la suerte del poblado correría parejas, por uno de esos misteriosos avatares que la Historia nos reserva.

En 1877 tiene lugar un hecho trágico para toda la colonia y de modo especial para la familia Menéndez-Behety, hecho que se le conoce como "la sublevación de los artilleros". La noche del 10 de noviembre de 1877, cuando los guardias se reintegraban a sus casas medio borrachos, a la una y cuarenta minutos de la madrugada, se escucha el retumbar de un cañonazo mientras por las calles los guardias corrían despavoridos gritando: "¡los argentinos! ¡los argentinos!". En efecto, debido a la tirantez fronteriza entre Chile y Argentina, muchos creyeron que se trataba de un invasión por parte de Argentina. La realidad era que un cabo de artillería llamado José Antonio Riquelme, un mestizo que estaba en aquella hora de imaginaria y el sargento Isaac Pozo habían sublevado a la guarnición y a los presos. La primera decisión era dar con "Delen más", a quien hallaron en su casa durmiendo. Después de torturarlo cruelmente delante de su mujer y de sus hijos mientras le repetían "denle más, denle más", lo asesinaron. En aquel caos algunos amotinados derribaron la puerta de la tenencia de Ministros de un cañonazo y, abriendo la caja fuerte, se llevaron unos pocos pesos que allí había, otros apresaron en la capitanía del puerto al ayudante jefe Domingo Olavarría sometiéndolo a la burla de un fusilamiento simulado. El gobernador y sargento mayor don Diego Dublé y Almeyda quiso restablecer el orden pero ante el panorama que se le presentaba ante sus ojos optó por regresar a casa para esconder a su mujer y siete hijos. Se enfrentó después con los sublevados pero impotente ante los acontecimientos tuvo que huir, mal herido en un caballo, hasta llegar al mar. Los almacenes de bebidas fueron saqueados, los edificios incendiados, únicamente se salvó la iglesia. La esposa de José Menéndez corrió a refugiarse con sus tres hijos a casa de los esposos Aubry, dueños de una panadería. Muchos eran los que habían buscado este refugio. Cuando estaban todos dentro oyeron las voces de los amotinados gritar desde afuera, mientras aporreaban con las culatas la puerta: "¡Abran...! ¡que salga el gobernador...!" Como no contestaba nadie los insumisos optaron por marcharse. Pero uno de ellos, contrariado por no poder echar abajo el portón, disparó la carabina contra la cerradura con tan mala suerte que en ese mismo instante se acercaba a la puerta doña Mariquita la esposa de José Menéndez siendo alcanzada y malherida en una pierna por debajo de la rodilla.

José Menéndez se hallaba durante la revuelta en viaje de gestión comercial en Montevideo. Cuando regresó, terminada la asonada halló que su casa estaba totalmente destruida, sus hijos llenos de terror y a su mujer habían tenido que amputarle la pierna para salvarle la vida. En Punta Arenas había nacido María, que, de resultas de aquellos días vividos a la intemperie y deficientemente alimentada, enfermó y, cuando apenas contaba nueve meses, falleció.

El entristecido padre no se dejó intimidar. Adoptó las precauciones consiguientes, regresó a Valparaíso invirtiendo todos sus ahorros en material y mercancía. Con el nuevo almacén dio comienzo una nueva etapa para Punta Arenas.

En 1879 Julio Argentino Roca, ministro de la Guerra argentino declara la llamada "guerra del desierto" con la finalidad de exterminar a los indios nómadas con lo que el territorio de Chubut pasa a ser territorio de la República Argentina. En estas contiendas el gobierno paga a sus soldados con lotes de terreno que son los que los colonos, y en concreto nuestro biografiado, compran a soldados y marinos para su posterior explotación. Durante diez años emprende la tarea de adquirir terrenos en arriendo que escritura al fin en 1890.

En 1880 después de varias tentativas frustradas Menéndez compra una partida de 500 lanares procedentes de las Islas Malvinas a un tal Marius Andrieu y la sitúa en un erial de san Gregorio. Desconocemos los detalles del ensayo pero con esta adquisición se puede afirmar que empieza el despegue económico de Menéndez.

La primera estancia argentina fueron los terrenos que el estado había concedido al célebre explorador del desierto de Tierra de Fuego, Popper, pero habiendo fallecido inesperadamente sin poder poblarlas como exigía el contrato con el gobierno, son compradas por José Menéndez. Con ello dispone de pastos de invierno y de verano en proporción adecuada para salvar la vida, lana y carne de las ovejas haciendo rentable su explotación.

En pocos años levanta en san Gregorio 42 edificios de todo tipo, construye sobre el mar un muelle de 200 metros, un tenderal para 10.000 cueros, una línea férrea de 14 km, una aguada artificial, baños de ovejas, graserías, etc.

Importó ovejeros de las Islas Malvinas, de Escocia y Nueva Zelanda los cuales conocían a la perfección los secretos del oficio. Poco a poco las pampas se van poblando de miles de ovejas o "guanacos blancos" como vulgarmente se decía. En 1905 envía a su hijo José a Australia, una vez concluidos los estudios de Humanidades en Montevideo, para perfeccionarse en temas ovinos.

A su muerte en san Gregorio se contabilizaban más de 140.000 cabezas.

Al mismo tiempo que atiende el almacén durante estos meses de 1880 nuestro paisano no pierde el tiempo y se asocia con José Montes, propietario de una carnicería, para abrir un nuevo negocio: el Hotel del Puerto. Las ganancias del hotel las invierten en una nueva empresa: un aserradero y barraca de maderas que con el tiempo llegaría a ser una boyante empresa que dirigía un socio industrial llamado Arnal. Por este tiempo realiza operaciones con Elías H. Braun, almacenero y carnicero igualmente, y con el armador y lobero José Nogueira.

Su primer viaje a España tuvo lugar el año 1886 y la vista a la casa paterna narrada por un testigo de excepción, su hermano Francisco, escrito que redactó el 20 de agosto de 1918, precisamente el año de su muerte, a petición de los hijos del propio José Menéndez.

En el mes de febrero de 1899 el presidente argentino Julio Argentino Roca y el chileno Federico Errázuriz debían entrevistarse para solventar el problema de las tierras del Estrecho en litigio entre las dos naciones. Nuestro biografiado acompañó al presidente de Chile en su visita a los canales pero declinó la invitación al baile de gala que tuvo lugar el día 15 ya que gustaba duelo por la muerte de la madre de su esposa doña Mariquita. Cuando finalizó la fiesta Menéndez se percató del mal tiempo que reinaba y en horas de la madrugada cuando Roca debía regresar a Belgrano esperó al presidente argentino a la salida y lo albergó en su confortable casa aquella noche. El problema se zanjó, al menos de momento, hecho histórico que se conoce por "el abrazo del Estrecho". Menéndez no desaprovechó esta ocasión que le brindaba la fortuna y así, durante el desayuno, en presencia de sus hijos y yerno, discutieron largamente futuros planes de acción y trazaron las líneas a seguir y las nuevas empresas a emprender.

En 1894 realiza su segundo viaje a España acompañado de su esposa y de su hija Josefina que acaba de contraer matrimonio con el terrateniente Mauricio Braun en la parroquia de Punta Arenas, convertido al catolicismo el 5 de enero de dicho año. El matrimonio no impidió, por mutuo acuerdo, que ambos siguieran cada cual con su negocio en fraternal competencia, actitud que duró hasta 1908 en el que la crisis monetaria por la que pasaba el mundo les obligó a fusionar algunas de sus empresas situadas en las costas de la Patagonia.

Cuando regresa a Buenos Aires se entera que están en venta los bienes de sucesión de un conocido aventurero que había conocido anteriormente aunque había mantenido algunos roces con él. José Menéndez, que se relacionaba bastante con monseñor Fangnano, estaba muy al tanto sobre las tierras que ahora quería comprar y hacia ellas se dirige el día 25 de noviembre de dicho año 1894. En una Memoria presentada anota: "Estas tierras resultan pastosas en alto grado, bien aguadas, accidentadas, abrigadas, buenas y hasta magníficas, con lugares espléndidos..." .

Empezaba a ponerse en marcha sobre una superficie de 80.000 hectáreas, la planificación y explotación de la Primera Argentina, nombre con que bautizó este primer ensayo de colonización en tierra de Fuego y que luego se llamaría José Menéndez. Juan E. Belza hace de nuestro personaje en esta época la siguiente descripción: "Cuando fundó la primera estancia argentina promediaba ya los cincuenta años. Ya no estaba en edad de improvisaciones. En los años precedentes había acumulado una de las fortunas más sólidas de Magallanes.

El conocido científico sueco, Otón Gustavo Nordenskkjöld, que transitara por Punta Arenas en 1895, anotó a Menéndez y Nogueira como a los "navad" del estrecho. Después del s. XVIII los ingleses comenzaron a distinguir con este apelativo indostá-nico a los compatriotas que volvían enriquecidos de las colonias. Eran algo así como los indianos de los españoles.

Sin embargo a primera vista no descollaba demasiado. Robusto, más bien delgado, de estatura mediana, comenzaba a impresionar cuando se advertía la penetración de sus ojos, siempre inquietos bajo el marco de cejas poderosas y expresivas. No alcanzaron a disimular su brillo ni los anteojos de armazón de plata que le trajeron los años, ni siquiera el doble cristal que a veces sobreponía para leer.

Ostentaba barba completa de época, que, a medida que pasaba el tiempo encanecía y tomaba una discreta forma luisnapoleónica.

Siempre vistió con pulcritud y elegancia, aún en sus misiones campestres y marinas. En la ciudad gustaba presentarse doquier de impecable chaqué, camisa de cuello palomita, corbatín blanco o negro y sombrero hongo. Apoyaba su mano de guante blanco en un bastón de regatón de plata. Gruesa cadena de oro colgaba en orlas del ojal medio del chaleco, del que también pendía un pesado medallón. Claro que no todo era adorno. Las alhajas disimulaban la presencia de una herramienta de trabajo, el reloj marinero que don José extraía por cualquier motivo, en su hábito de fiscalizar el accionar de todo y de todos. Tanto en las vegas sureñas cuando los perros separaban a millares y millares de ovejas, como en los puertos del norte cuando zarpaban sus naves, infatigablemente aparecía, reloj en mano, para controlar horarios. Hasta se lo vio alguna vez en el muelle, repiqueteando con la punta del bastón en alguna proa impuntual.

Cuando cabalgaba o timoneaba calzaba polainas y envolvía el cuidadoso atuendo con amplia bufanda.

Tanto su conversación como los modales denunciaban no sólo al honrado, culto y afortunado comerciante, para usar el decir un tanto irónico de Popper, sino al hombre volcado al mundo y al porvenir.

Con gran impulso interior apuntaba toda su capacidad hacia objetos muy concretos, cuidadosamente escogidos. En esto precisamente se diferenciaba de Popper, siempre arrebatado y hasta desviado por la intuición, o de Piedra Buena, idealista de enorme corazonadas".

"... tal vez su mayor aliado y por otra parte su peor enemigo fueron la impaciencia y la susceptibilidad. Incapaz de esperar algo con calma, cuando descubría error o engaño, se tornaba agresivo, lleno de causticidad y de sarcasmo. Pocos se libraron de sus reprimendas cuando por ejemplo, hallaba un clavo tirado en un almacén. Por eso nunca quiso mezclar los negocios con la familia...

En resumen era un ser apasionado..."Hay que cuidar los detalles" repetía con inusitada frecuencia...Uno de esos detalles era la puntualidad que cronometraba con el reloj de marras a la vista de todos, y mantenía hasta con ingeniosos expedientes como aquel peón de estancia dormilón que una mañana se encontró con que el mismo don José le traía el desayuno a la cama...

Al buen sentido comercial e industrial unía el discernimiento de las personas. Amabas condiciones hicieron posible el éxito conjunto de la empresa con la promoción de sus dependientes en todos los estratos del trabajo. Así fue como asomaron y progresaron capataces, administradores, habilitados, gerentes y flamantes propietarios salidos casi de la nada. Tenía buen ojo para descubrirlos en cualquier parte, apreciaba mínimos pormenores que le indicaban sus valores personales, les entregaba responsabilidad y luego los seguía discreta pero continuamente...".

"...Con sus amigos era fino, alegre y cordial, conversador amable y saleroso...dominaba los recursos del humor...Gustaba de la lectura culta y del teatro. Hasta llegó a construir con dinero de su bolsillo el primer salón de Punta Arenas. Lo inauguró con la ópera Lucía de Lamermoor.

Una de metas propuestas por Menéndez era el tener pastos abundantes que él iba adquiriendo mediante la compra de lotes de terreno que el Estado había cedido en recompensa por servicios a militares, marino y soldados. En 1899 se hace con nuevos lotes al norte y sur del Río Grande para ampliar con los del sur la Primera Argentina fundada hacía años y con los del norte formar una nueva estancia que llamaría Segunda Argentina, hoy María Behety. Esta estancia es considerada la mayor y mejor, la más valiosa de todas las que tenía según propia confesión pues llegó a alcanzar las 144.173 hectáreas, 36 áreas y 43 centiáreas.

El tercer viaje a España tiene lugar en 1900. Esta vez le acompaña su esposa y su hija María.

En 1906 viaja por cuarta vez en compañía de su esposa y de su hija Herminita, siguiendo con destino a Roma.

Hace el quinto viaje el 1910. Llega a San Sebastián desde París, allí le recibe su hermano, el autor del diario. Atraviesa Bilbao y Santander, visita lo más importante de Asturias, pero sobre todo recorrió los centro benéficos y culturales de Miranda y Avilés dejando los copiosos donativos.

Este mismo año lo encontramos de nuevo en París en su sexto viaje también en automóvil al continente europeo.

La industria ganadera, que sumaba la respetable cifra de ciento cuarenta mil cabezas de ganado lanar, había empezado treinta y tres años antes en 1878 con la adquisición de aquellas 500 ovejas importadas desde las Islas Malvinas y que trató de aclimatar en un erial junto a la bahía de san Gregorio a 120 km. de Punta Arenas. De ese modo dio comienzo la explotación conocida por el nombre "Menéndez Behety" fundada con 800.000 Libras, constituida sólo por miembros de su familia y que ha sido modelo de organización para cuantos han pasado por allí. A la muerte de José alcanzaba el millón de ovejas.

Funda en 1911 y preside la Sociedad Importadora Exportadora de la Patagonia S.A." en Punta Arenas, con un capital inicial de cinco millones de pesos. El año 1940 contaba con más de veinticinco sucursales bancarias y mercantiles en todos los puertos de la Patagonia y Tierra del Fuego teniendo su sede central en Buenos Aires.

Su primer barco fue un velero de nombre "Rayo" y un vapor de pequeño calado, el "San Gregorio" siendo el primero en iniciar el cabotaje de Tierra de Fuego y del Estrecho de Magallanes. Esto sólo fue el comienzo de aquella famosa empresa naviera "Menéndez Behety" a la que pertenecían medio centenar de vapores cuya primera letra debía ser una A en recuerdo de su tierra Asturias y Avilés: Antártico, Austral, Amadeo, Arturo, Alfonso... El primer vapor inscrito en la matrícula del puerto de Punta Arenas fue el "Amadeo" (412 toneladas) en 1893. En sus bodegas se transportó el material y elementos necesarios para la explotación de la Patagonia y Tierra de Fuego. Después adquiere el "Alfonso" (ex "Lizzie"), "Alejandro" (ex "Casel"), "Antártico", "Austral", "Avilés" (ex "William Cliff") y el "Arturo", así como las barcas o veleros "Ambassador", "Adelaida" y "América" y los remolcadores "Herminia", "Olga" y "San Gregorio". Sus nombres encierran siempre un recuerdo a una tierra o a un personaje: Amadeo y Alfonso a los reyes de España, Antártida, América a las tierras que pisaba, etc.

La empresa fue creciendo y la flota de barcos aumentando y ampliando sus servicios para lo cual se adquirieron el vapor "Apolo", "Avilés" (ex "Emilia"), "Alfonso",(construido expresamente en Glasgow), "Alejandro", (ex "Argentino") y "Araucano" (ex "Americano"), el pontón "Alejandrina" (ex fragata "Andrina") y "Andalucía" (ex fragata "Ville de Mulhouse"), los remolcadores "María" y los remolcadores "María" y "Josefina", lanchas a motor como "Mosquito", "Julita" y "Violeta", diez lanchas de carga, etc.

Este mismo año busca modo de viajar por octava vez a Miranda. Con el viaja su hija Josefina y sus tres nietos. A todos desea enseñar los rincones de su niñez.

Aunque sus viajes a la ciudad eran frecuentes no podía disfrutar como él quería de todas sus ventajas. Por eso decide la familia instalarse de nuevo y definitivamente en Buenos Aires para lo cual manda construir una hermosa morada en la calle Santa Fe, nº 3681. Allí dejará de existir doña María Behety a los 54 años el 24 de noviembre (¡qué mes tan aciago para nuestro indiano!) de 1908. De acuerdo con lo que ambos esposos habían convenido sus restos fueron enterrados en Punta Arenas.

En 1909 reparte su herencia entre sus hijos, quedándose él con una parte. Nace así la Sociedad Importadora Exportadora de la Patagonia con sede en Buenos Aires, con 24 sucursales por todos los puertos y centros importantes de la Patagonia.

A los setenta y dos años estando en Valparaíso se siente enfermo. Un quiste en el hígado le está dañando seriamente la salud, y zarpa de inmediato para su Buenos Aires, pero contraviniendo la voluntad de sus médicos quiere hacer escala en cada puerto de la Patagonia acaso como un último adiós a aquellas tierras que él amaba tanto y que gracias a su tesón alcanzaron extraordinario desarrollo.

José Menéndez, "el rey de la Patagonia", fallece en Buenos Aires el día 24 de abril de 1918, recibiendo sepultura en Punta Arenas tal como había sido su deseo, donde reposaban los restos de su esposa, fallecida el 24 de noviembre de 1908.

El gobierno español le otorga los títulos de Caballero de la Orden de Isabel la Católica, Caballero de la Real Orden de Carlos III, medalla de primera clase del Mérito Naval. Sin embargo declinó el ofrecimiento que se le brindaba de ostentar un título nobiliario.

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José María Menéndez Cañedo y Menéndez's Timeline

1846
November 2, 1846
Avilés, Miranda, Asturias, España
November 2, 1846
S.NICOLAS DE BARI T XIII T180 F 784 ESP
1873
March 19, 1873
Age 26
MERCED FOLIO 379
1874
March 14, 1874
Age 27
Buenos Aires, Argentina
1876
May 15, 1876
Age 29
Chile
1877
August 5, 1877
Age 30
PUNTA ARENAS
1879
August 27, 1879
Age 32
PUNTA ARENAS
1881
May 12, 1881
Age 34
Punta Arenas, Magallanes, Chile