Leopoldo Lugones (Argüello Bulacio) (1874 - 1938)

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Birthplace: Villa María, departamento de Río Seco, Provincia de Córdoba, Argentina
Death: Died in Buenos Aires, Argentina
Managed by: Carlos Bunge Molina y Vedia
Last Updated:

About Leopoldo Lugones (Argüello Bulacio)

Leopoldo Lugones (Villa de María, departamento de Río Seco, Córdoba-Argentina, 13 de junio de 1874 - San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 18 de febrero de 1938) fue un poeta, ensayista, periodista y político argentino.

Contenido

1 Datos biográficos

2 Actividad literaria y política

2.1 Poesía

2.2 Narrativa

2.3 Novela

3 Bibliografía

4 Véase también

5 Enlaces externos


Datos biográficos  

Leopoldo Lugones nació el 13 de junio de 1874 en la provincia de Córdoba, primer hijo de Santiago Lugones y Custodia Argüello. Su madre le enseñó las primeras letras y fue responsable de una formación católica muy estricta.

En su niñez su familia se trasladó a Santiago del Estero y más tarde a Ojo de Agua, una pequeña villa situada en el sur de la provincia homónima.

Más tarde sus padres lo envían a cursar el bachillerato en el Colegio Nacional de Monserrat, en Córdoba, donde vive con su abuela materna. En 1892 su familia se trasladaría a esa ciudad y en esa época comienza a realizar sus primeras experiencias en el campo del periodismo y la literatura.

En el año 1896 se traslada a Buenos Aires y contrae matrimonio con Juana González. En 1906 y 1911 realiza sendos viajes a Europa, travesías entonces consideradas imprescindibles en la elite intelectual porteña.

En 1897 nace su único hijo, Polo Lugones, quien sería jefe de policía durante la dictadura de José Félix Uriburu y de triste fama por ser considerado quien introdujo la picana eléctrica como método de tortura.

Mientras tanto, en Buenos Aires, genera constante polémica no tanto por su obra literaria sino por su protagonismo político que sufre fuertes virajes ideológicos a lo largo de su vida, pasando por el socialismo, el liberalismo, el conservadurismo y el fascismo.

Decepcionado, precisamente, por las circunstancias políticas de la década de 1930 y quizás por su propia militancia, se suicida el 18 de febrero de 1938 en un hotel del Tigre (llamado "El tropezón") al ingerir una mezcla de cianuro y whisky.

Actividad literaria y política 

Lugones (tercero desde la izquierda, de pie) junto a intelectuales argentinos. Horacio Quiroga es el primero de la izquierda y sentados, Baldomero Fernández Moreno a la izq, y en el centro, se encuentra Alberto Gerchunoff (1928).La actividad literaria y política de Lugones comienza en Córdoba con su incursión como periodista en El Pensamiento Libre, publicación considerada atea y anarquista, y participa en la fundación del primer centro socialista en esa ciudad. En esa época publica poesía con el seudónimo Gil Paz.

Poco después, ya en Buenos Aires, se une al grupo socialista que integran, entre otros escritores, José Ingenieros, Alberto Gerchunoff, Manuel Ugarte y Roberto Payró y escribe de manera esporádica para varios medios, entre los que se cuentan el periódico socialista La Vanguardia y el periódico roquista Tribuna. En esa época conoce a Rubén Darío, quien tendría importante influencia en su obra y cuyo prestigio le facilitaría el ingreso al diario La Nación.

En 1897 Lugones publica su primer libro, Las montañas del oro, de estilo inspirado en el simbolismo francés. Algunos capítulos de este libro habían sido publicados en una edición dirigida por Paul Groussac llamada La Biblioteca.

El 13 de noviembre de 1899 adhirió a la masonería al iniciarse en la logia Libertad Rivadavia N° 51 (Revista SÍMBOLO net, publicación de la Secretaría de Prensa de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Nº 63, junio de 2007).

En 1903 es expulsado del socialismo al apoyar la candidatura conservadora de Manuel Quintana para la presidencia de la República.


Leopoldo Lugones.En 1905 publica Crepúsculo del jardín, obra cercana al Modernismo y recoge también las tendencias de la literatura francesa, en particular el simbolismo, estilo que se profundizaría con su celebrado Lunario sentimental publicado en 1909.

Experimenta con cuentos de misterio en 1906 con su obra Las fuerzas extrañas; este libro junto con Cuentos fatales (1926) son considerados precursores de la narrativa breve en Argentina, que tendrá una vasta tradición a lo largo de todo el siglo XX.

De regreso de sus experiencias europeas, Lugones publica su ensayo Historia de Sarmiento (1911). En 1913 pronuncia en el Teatro Odeón una serie de conferencias, titulada "El Payador", ante la presencia, entre otros personajes ilustres, del entonces presidente Roque Sáenz Peña; el tema principal de las conferencias (recopiladas y publicadas en 1916) era el poema gauchesco Martín Fierro y la exaltación de la figura del gaucho como paradigma de nacionalidad. En la obra de Domingo Faustino Sarmiento y de José Hernández, Lugones encuentra lo que él llama "la formación del espíritu nacional".

"Facundo y Recuerdos de provincia son nuestra Ilíada y nuestra Odisea. Martín Fierro nuestro Romancero (...)" (Historia de Sarmiento, Leopoldo Lugones, 1911).

La consideración del Martín Fierro como emblema de la literatura argentina se debe, en gran medida, a la interpretación de Lugones sobre la influencia de esta obra en la formación de una identidad cultural.

En 1920 comienza a advertirse un giro hacia las ideas nacionalistas con la publicación de un libro de doctrina política, Mi beligerancia. Al año siguiente publica una obra que puede considerarse de divulgación científica, El tamaño del espacio y en 1922, en un retorno al simbolismo, publica Las horas doradas.

En 1923 pronuncia una conferencia en el teatro Coliseo de Buenos Aires, titulada "Ante la doble amenaza", que le reporta un inmediato repudio de parte del espectro político democrático. En esa ocasión el dirigente socialista Alfredo Palacios lo califica de chauvinista.

En 1926 recibe el Premio Nacional de Literatura y en 1928 preside la Sociedad Argentina de Escritores. Ya en esa época era un ferviente impulsor de las tendencias fascistas que caracterizaban a parte de los militares argentinos.

Lugones es un importante propagandista del golpe militar protagonizado por José Félix Uriburu el 6 de septiembre de 1930, que derroca de la presidencia al caudillo radical Hipólito Yrigoyen. Su estrecha relación con el régimen instaurado ese año le vale el rechazo de los círculos intelectuales porteños.

A pesar de su adhesión al nacionalismo autoritario desde la década de 1920, Lugones se opuso al antisemitismo mientras muchos intelectuales destacados lo profesaban abiertamente.

En 1935 escribe el prólogo al libro "La mentira más grande de la historia: los protocolos de los sabios de Sion", de Benjamín W. Segel (Ediciones D.A.I.A., Buenos Aires 1936). La obra denuncia como falsificación al célebre escrito antisemita conocido como Protocolos de los Sabios de Sion.

El 18 de febrero de 1938 se quita la vida en un recreo de San Fernando, provincia de Buenos Aires, llamado El Tropezón, ubicado en la Segunda Sección del Delta (es erróneo aseverar que falleció en Tigre) al ingerir una mezcla fatal de whisky y cianuro. La frustración política, como causa de su decisión de suicidio, ha sido, por siempre, la más difundida. Empero, publicaciones recientes en bibliografía argentina, han echado otra luz. Lugones estuvo muy enamorado de una muchacha que conoció en una de sus conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras. Mantuvo con ella una relación sentimental y apasionada. Descubierto y presionado por su hijo, debió abandonarla. Esto lo habría precipitado en un declive depresivo que acabaría así con su vida.(Ver:"Cuando Lugones conoció el amor" de Maria Inés Cárdenas de Monner Sans, Seix Barral, Buenos Aires, 1999)

Sus descendientes no han escapado a este sino trágico. Su único hijo, Leopoldo Lugones (hijo), llamado Polo, se suicidó en 1971; su hija Susana, a quien llamaban Pirí, fue detenida desaparecida en diciembre de 1978 durante la guerra sucia su otra hija Carmen a quien llamaba Babu sigue con vida. Uno de los hijos de Pirí, -Alejandro- se suicidó al igual que su bisabuelo en Tigre. Esto conforma un destino familiar trágico, curiosamente muy parecido al de la estirpe de Horacio Quiroga, su amigo y admirador.

Poesía  

Las montañas del oro (1897)

Los crepúsculos del jardín (1905)

Lunario sentimental (1909)

Odas seculares (1910)

El libro fiel (1912)

El libro de los paisajes (1917)

Las horas doradas (1922)

Poemas solariegos, (1927)

Romances del Río Seco, (1938)

Cancionero de Aglaura, póstumo.

La Blanca Soledad

Narrativa  

La guerra gaucha, (1905)

Las fuerzas extrañas, (1906)

Cuentos fatales, (1926)

Novela  

El Ángel de la Sombra, 1926

Bibliografía  

Historia Social de la Literatura Argentina, Tomo VII, Yrigoyen, entre Borges y Arlt (1916-1930), David Viñas (Director), Graciela Montalbo y colaboradores, Buenos Aires, Editorial Contrapunto, 1989.

Leopoldo Lugones y los judíos: las contradicciones del nacionalismo argentino, Allan Metz, ISBN 9509829358.

Lugones, defensor de los judíos, de Edgardo Cozarinsky (París 1998, para La Nación).

  1. ###########################################################

Selección de poesías

Webmaster: Justo S. Alarcón

DELECTACIÓN MOROSA

La tarde, con ligera pincelada

que iluminó la paz de nuestro asilo,

apuntó en su matiz crisoberilo

una sutil decoración morada.

Surgió enorme la luna en la enramada;

las hojas agravaban su sigilo,

y una araña en la punta de su hilo,

tejía sobre el astro, hipnotizada.

Poblóse de murciélagos el combo

cielo, a manera de chinesco biombo;

sus rodillas exangües sobre el plinto

manifestaban la delicia inerte,

y a nuestros pies un río de jacinto

corría sin rumor hacia la muerte.

A LOS GAUCHOS

Raza valerosa y dura

que con pujanza silvestre

dio a la patria en garbo ecuestre

su primitiva escultura.

Una terrible ventura

va a su sacrificio unida,

como despliega la herida

que al toro desfonda el cuello,

en el raudal del degüello

la bandera de la vida.

Es que la fiel voluntad

que al torvo destino alegra,

funde en vino la uva negra

de la dura adversidad.

Y en punto de libertad

no hay satisfacción más neta,

que medírsela completa

entre riesgo y corazón,

con tres cuartas de facón

y cuatro pies de cuarteta.

En la hora del gran dolor

que a la historia nos paría,

así como el bien del día

trova el pájaro cantor,

la copla del payador

anunció el amanecer,

y en el fresco rosicler

que pintaba el primer rayo,

el lindo gaucho de Mayo

partió para no volver.

Así salió a rodar tierra

contra el viejo vilipendio,

enarbolando el incendio

como estandarte de guerra.

Mar y cielo, pampa y sierra,

su galope al sueño arranca,

y bien sentada en el anca

que por las cuestas se empina

le sonríe su Argentina

linda y fresca, azul y blanca.

Luego al amor del caudillo

siguió, muriendo admirable,

con el patriótico sable

ya rebajado a cuchillo;

pensando, alegre y sencillo,

que en cualesquiera ocasión,

desde que cae al montón

hasta el día en que se acaba,

pinta el cub de la taba

la existencia del varón.

Su poesía es la temprana

gloria del verdor campero

donde un relincho ligero

regocija la mañana.

Y la morocha lozana

de sediciosa cadera,

en cuya humilde pollera,

primicias de juventud

nos insinuó la inquietud

de la loca primavera.

Su recuerdo, vago lloro

de guitarra sorda y vieja,

la patria no apareja

preopación ni desdoro.

De lo bien que guarda el oro,

el guijarro es argumento;

y desde que el pavimento

con su nivel sobrepasa,

va sepultando la casa

las piedras de su cimiento.

LA BLANCA SOLEDAD

Bajo la calma del sueño,

calma lunar de luminosa seda,

la noche

como si fuera

el blanco cuerpo del silencio,

dulcemente en la inmensidad se acuesta.

Y desata

su cabellera,

en prodigioso follaje de alamedas.

Nada vive sino el ojo

del reloj en la torre tétrica,

profundizando inútilmente el infinito

como un agujero abierto en la arena.

El infinito.

Rodado por las ruedas

de los relojes,

como un carro que nunca llega.

La luna cava un blanco abismo

de quietud, en cuya cuenca

las cosas son cadáveres

y las sombras viven como ideas.

Y uno se pasma de lo próxima

que está la muerte en la blancura aquella.

De lo bello que es el mundo

poseído por la antigüedad de la luna llena.

Y el ansia tristísima de ser amado,

en el corazón doloroso tiembla.

Hay una ciudad en el aire,

una ciudad casi invisible suspensa,

cuyos vagos perfiles

sobre la clara noche transparentan,

como las rayas de agua en un pliego,

su cristalización poliédrica.

Una ciudad tan lejana,

que angustia con su absurda presencia.

¿Es una ciudad o un buque

en el que fuésemos abandonando la tierra,

callados y felices,

y con tal pureza,

que sólo nuestras almas

en la blancura plenilunar vivieran?...

Y de pronto cruza un vago

estremecimiento por la luz serena.

Las líneas se desvanecen,

la inmensidad cámbiase en blanca piedra

y sólo permanece en la noche aciaga

la certidumbre de tu ausencia.

ELEGÍA CREPUSCULAR

Desamparo remoto de la estrella,

hermano del amor sin esperanza,

cuando el herido corazón no alcanza

sino el consuelo de morir por ella.

Destino a la vez fútil y tremendo

de sentir que con gracia dolorosa

en la fragilidad de cada rosa

hay algo nuestro que se está muriendo.

Ilusión de alcanzar, franca o esquiva,

la compasión que agonizando implora,

en una dicha tan desgarradora

que nos debe matar por excesiva.

Eco de aquella anónima tonada

cuya dulzura sin querer nos hizo

con la propia delicia de su hechizo

un mal tan hondo al alma enajenada.

Tristeza llena de fatal encanto,

en el que ya incapaz de gloria o de arte,

sólo acierto, temblando, a preguntarte

¡qué culpa tengo de quererte tanto!

Heroísmo de amar hasta la muerte,

que el corazón rendido te inmolara,

con una noble sencillez tan clara

como el gozo que en lágrimas se vierte.

Y en lenguaje a la vez vulgar y blando,

al ponerlo en tus manos te diría:

no sé cómo no entiendes, alma mía,

que de tanto adorar se está matando.

¿Cómo puedes dudar, si en el exceso

de esta pasión, yo mismo me lo hiriera,

sólo porque a la herida se viniera

toda mi sangre desbordada en beso?

Pero ya el día, irremediablemente,

se va a morir más lúgubre en su calma:

y más hundida en soledad mi alma,

te llora tan cercana y tan ausente.

Trágico paso el aposento mide....

Y al final de la alameda oscura,

parece que algo tuyo se despide

en la desolación de mi ternura.

Glorioso en mi martirio, sólo espero

la perfección de padecer por ti.

Y es tan hondo el dolor con que te quiero,

que tengo miedo de quererte así.

LA PALMERA

Al llegar la hora esperada

en que de amarla me muera,

que dejen una palmera

sobre mi tumba plantada.

Así cuando todo calle,

en el olvido disuelto,

recobrará el tronco esbelto

la elegancia de su talle.

En la copa, que su alteza

doble con melancolía,

se abatirá la sombría

dulzura de su cabeza.

Entregará con ternura

la flor, al viento sonoro,

el mismo reguero de oro

que dejaba su hermosura.

Como un suspiro al pasar,

palpitando entre las hojas,

murmurará mis congojas

la brisa crepuscular.

Y mi recuerdo ha de ser,

en su angustia sin reposo,

el pájaro misterioso

que vuelve al anochecer.

LIED DE LA BOCA FLORIDA

Al ofrecerte una rosa

el jardinero prolijo,

orgulloso de ella, dijo:

no existe otra más hermosa.

A pesar de su color,

su belleza y su fragancia,

respondí con arrogancia:

yo conozco una mejor.

Sonreíste tú a mi fiero

remoque de paladín...

Y regresó a su jardín

cabizbajo el jardinero.

TONADA

Las tres hermanas de mi alma

novio salen a buscar.

La mayor dice: yo quiero,

quiero un rey para reinar.

Esa fue la favorita,

favorita del sultán.

La segunda dice: yo

quiero un sabio de verdad,

que en juventud y hermosura

me sepa inmortalizar.

Ésa casó con el mago

de la ínsula de cristal.

La pequeña nada dice,

sólo acierta a suspirar.

Ella es de las tres hermanas

la única que sabe amar.

No busca más que el amor,

y no lo puede encontrar.

HIMNO A LA LUNA

Luna, quiero cantarte

Oh ilustre anciana de las mitologías,

Con todas las fuerzas del arte.

Deidad que en los antiguos días

Imprimiste en nuestro polvo tu sandalia,

No alabaré el litúrgico furor de tus orgías

Ni tu erótica didascalia,

Para que alumbres sin mayores ironías,

Al polígloto elogio de las Guías,

Noches sentimentales de mieses en Italia.

Aumenta el almizcle de los gatos de algalia;

Exaspera con letárgico veneno

A las rosas ebrias de etileno

Como cortesanas modernas;

Y que tu influjo activo,

La sangre de las vírgenes tiernas

Corra en misterio significativo.

Yo te hablaré con maneras corteses

Aunque sé que sólo eres un esqueleto,

Y guardaré tu secreto

Propicio a las cabelleras y a las mieses.

Te amo porque eres generosa y buena,

¡Cuánto, cuánto albayalde

Llevas gastado en balde

Para adornar a tu hermana morena!

[ .... ]

Entre nubes al bromuro,

Encalla como un témpano prematuro,

Haciendo relumbrar, en fractura de estrella,

Sobre el solariego muro

Los cascos de botella.

Por el confín obscuro,

Con narcótico balanceo de cuna,

Las olas se aterciopelan de luna;

Y abren a la luz su tesoro

En una dehiscencia de valvas de oro.

[ .... ]

Como una dama de senos yertos

Clavada de sien a sien por la neuralgia,

Cruza sobre los desiertos

Llena de más allá y de nostalgia

Aquella luna de los muertos.

Aquella luna deslumbrante y seca-

Una luna de la Meca ...

AL JOROBADO

Sabio jorobado, pide a la taberna,

Comadre del diablo, su teta de loba.

El vino te enciende como una linterna

Y en turris ebúrnea trueca tu joroba,

Porque de nodriza tuviste una loba

Como los gemelos de Roma la Eterna.

Sabio jorobado, tu pálida mueca

Tiene óxidos de odio como los puñales,

Y los dados sueltos de tu risa seca

Con los cascabeles disuenan rivales.

Tu risa amenaza como los puñales,

Como un moribundo se tuerce tu mueca.

Sabio jorobado, la pálida estrella

Que tú enamorabas desde una cornisa,

Como blanca novia, como astral doncella,

Del balcón del cielo cuelga su camisa.

Un gato me ha dicho desde la cornisa,

Sabio jorobado, que duermes con ella.

Demanda a la luna tu disfraz de boda

Y en íntimo lance finge a Pulcinela.

Pulula en el río tanta lentejuela

Para esos brocatos a la última moda,

Que en su fondo debes celebrar tu boda

Tal como un lunólogo dandy a la alta escuela.

PLEGARÍA DE CARNAVAL

¡Oh luna! que diriges como sportwoman sabia

Por zodíacos y eclípticas tu lindo cabriolé:

Bajo la ardiente seda de tu cielo de Arabia

¡Oh luna, buena luna!, quién fuera tu Josué.

Sin cesar encantara tu blancura mi tienda,

Con desnudes tan noble que la agraviara el tul;

Oh extasiado en un pálido antaño de leyenda

Tu integridad de novia perpetuara el azul.

Luna de los ensueños, sobre la tarde lila

Tu oro viejo difunde morosa enfermedad,

Cuando en un solitario confín de mar tranquila,

Sondeas como lúgubre garza la eternidad.

En tu mística nieve baña sus pies María

Tu disco reproduce la mueca de Arlequín,

Crimen y amor componen la hez de tu poesía

Embriagadora y pálida como el vino del Rhin.

Y toda esta alta fama con que elogiando vengo

Tu faz sietemesina de bebé en alcohol,

Los siglos te la cuentan como ilustre abolengo,

Porque tú eres, oh luna, la máscara del sol.

LA ÚLTIMA CARETA

La miseria se ríe con sórdida chuleta,

Su perro lazarillo le regala un festín.

En sus funambulescos calzones va un poeta,

Y en su casaca el huérfano que tiene por Delfín.

El hambre es su pandero, la luna su peseta

Y el tango vagabundo su padre nuestro. Crin

De león, la corona. Su baldada escopeta

De lansquenete impávido suda un fogoso hollín.

Va en dominó de harapos, zumba su copla irónica.

Por antifaz le presta su lienzo la Verónica.

Su cuerpo, de llagado, parece un huerto en flor.

Y bajo la ignominia de tan siniestra cáscara,

Cristo enseña a la noche su formidable máscara

De cabellos terribles, de sangre y de pavor.

VALSE NOBLE

En la tarde suave y cálida,

Desde el diván carmesí,

Alzas fielmente hasta mí

Tus lentos ojos de pálida.

Con la espectral ilusión

De la hora que te importuna

Un vago pavor de luna

Te acerca a mi corazón.

Por el cielo angelical

Se ahonda en místico ascenso

La soledad de un inmenso

Plenilunio inmaterial;

Que encantando los jardines

Viene casi lastimero,

Delirado en un ligero

Frenesí de violines.

En escena baladí,

Te infunde su poesía

Tan dulce melancolía,

Que quieres morir así.

Con el mimo de estar triste,

Buscas mi arrullo más blando,

Y te sorprendes llorando

Lágrimas que no sentiste.

(....)

Algo eleva nuestro ser,

Y la calma de la luna,

Nos embarga como una

Blanca nave ... a no volver.

LUNA MALIGNA

Con pérfido aparato

De amorosa fatiga,

Luce su oro en la intriga

Y en el ojo del gato.

Poetas, su recato

No pasa de su liga;

Evitad que os consiga

Su fácil celibato.

Su dulce Shakespeare canta

Su distinción de infanta de naranja;

Mas, cuando su alma aduna

Con Julieta infelice,

Swear not by the moon, dice:

"No juréis por la luna" .....

LA CACHILA

Un gemidito titila.

Por el aire, donde en vilo,

Como colgada de un hilo

Va subiendo la cachila.

Allá cerca ha hecho su nido,

De la huella que en el barro

Deja la mula del carro

Al pasar cuando ha llovido.

Y así el pajarillo blando,

Entre el riesgo y el estruendo,

Vive volando y gimiendo,

Muere gimiendo y volando.

ALMA VENTUROSA

Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.

Tu alma, sin comprenderlo, ya sabia. . .

con tu rubor me ilumino al hablarte,

y al separarnos te pusiste aparte

del grupo, amedrentada todavía.

Fue silencio y temblor nuestra sorpresa,

mas ya la plenitud de la promesa

nos infundía un jubilo tan blando,

que nuestros labios suspiraron quedos . . .

y tu alma estremecíase en tus dedos

como si se estuviera deshojando.

¿POR QUÉ, SEÑOR?

Señor, si llenas cada hora

de fresca vida renovada;

si vistes de rosa la aurora

y de púrpura la granada;

y en estéril vida senil

dejas la savia que florezca;

que aliente el tigre en su cubil

y en su red la araña se mezca:

¿por qué no diste la ventura

a su pecho lleno de amor?

¿Por qué la divina escultura

tan presto se rompe, Señor?

¿Era ella menos tu criatura

que la más diminuta flor?

A RUBÉN DARÍO Y OTROS CÓMPLICES

Habéis de saber

Que en cuitas de amor,

Por una mujer

Padezco dolor.

Esa mujer es la luna,

Que en azar de amable guerra,

Va arrastrando por la tierra

Mi esperanza y mi fortuna.

La novia eterna y lejana

A cuya nívea belleza

Mi enamorada cabeza

Va blanqueando cana a cana.

Lunar blancura que opreso

Me tiene en dulce coyunda,

Y si a mi alma vagabunda

La consume beso a beso,

A noble cisne la iguala,

Ungiéndola su ternura

Con toda aquella blancura

Que se le convierte en ala.

En cárcel de tul,

Su excelsa beldad

Captó el ave azul

De mi libertad.

A su amante expectativa

Ofrece en claustral encanto,

Su agua triste como el llanto

La fuente consecutiva.

Brilla en lo hondo, entre el murmurio,

Como un infusorio abstracto,

Que mi más leve contacto

Dispersa en fútil mercurio.

A ella va, fugaz sardina,

Mi copla en su devaneo,

Frita en el chisporroteo

De agridulce mandolina.

Y mi alma, ante el flébil cauce,

Con la líquida cadena,

Deja cautivar su pena

Por la dríada del sauce.

Su plata sutil

Me dio la pasión

De un dardo febril

En el corazón.

Las guías de mi mostacho

Trazan su curva; en mi yelmo,

Brilla el fuego de San Telmo

Que me erige por penacho.

Su creciente está en el puño

De mi tizona, en que riela

La calidad paralela

De algún ínclito don Nuño.

Desde el azul, su poesía

Me da en frialdad abstrusa,

Como la neutra reclusa

De una pálida abadía.

Y más y más me aquerencio

Con su luz remota y lenta,

Que las noches trasparenta

Como un alma del silencio.

Habéis de saber

Que en cuitas de amor,

Padezco dolor

Por esa mujer.

A TI, LA ÚNICA

(Quinteto de la Luna y el Mar)

Piano

Un poco de cielo y un poco de lago

donde pesca estrellas el grácil bambú,

y al fondo del parque, como íntimo halago,

la noche que mira como miras tú.

Florece en los lirios de tu poesía

la cándida luna que sale del mar,

y en flébil de azul melodía,

te infunde una vaga congoja de amar.

Los dulces suspiros que tu alma perfuman

te dan, como a ella, celeste ascensión,

la noche..., tus ojos..., un poco de Schuman...

y mis manos llenas de tu corazón.

Primer violín

Largamente, hasta tu pie

se azula el mar ya desierto,

y la luna es de oro muerto

en la tarde rosa té.

Al soslayo de la luna

recio el gigante trabaja,

susurrándote en voz baja

los ensueños de la luna.

Y en la lenta palpitación,

más grave ya con la sombra,

viene a tenderte la alfombra

su melena de león.

Segundo violín

La luna te desampara

y hunde en el confín remoto

su punto de huevo roto

que vierte en el mar su clara.

Medianoche van a dar,

y al gemido de la ola,

te angustias, trémula y sola,

entre mi alma y el mar.

Contrabajo

Dulce luna del mar que alargas la hora

de los sueños del amor; plácida perla

que el corazón en lágrimas atesora

y no quiere llorar por no perderla.

Así el fiel corazón se queda grave,

y por eso el amor, áspero o blando,

trae un deseo de llorar, tan suave,

que sólo amarás bien si amas llorando.

Violonchelo

Divina calma del mar

donde la luna dilata

largo reguero de plata

que induce a peregrinar.

En la pureza infinita

en que se ha abismado el cielo,

un ilusorio pañuelo

tus adioses solicita.

Y ante la excelsa quietud,

cuando en mis brazos te estrecho

es tu alma, sobre mi pecho,

melancólico laúd.

EL AMOR ETERNO

Deja caer las rosas y los días

una vez más, segura de mi huerto.

Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto,

mejor perfuman cuando son tardías.

Al deshojarse en tus melancolías,

cuando parezca más desnudo y yerto,

ha de guardarse bajo su oro muerto

las violetas más nobles y sombrías.

No temas al otoño, si ha venido.

Aunque caiga la flor, queda la rama.

La rama queda para hacer el nido.

Y como ahora al florecer se inflama,

leño seco, a tus plantas encendido,

ardiente rosas te echarán en su llama.

A BUENOS AIRES

Primogénita ilustre del Plata,

En solar apertura hacia el Este.

Donde atado a tu cinta celeste

Va el gran río color de león;

Bella sangre de prósperas razas

Esclarece tu altivo salvaje

Pinta su nombre sazón.

Arca fuerte de nuestra esperanza.

Fuste insigne de nuestro derecho.

Como el bronce leal sobre el pecho

Asegura al país tu honra fiel.

La genial Libertad, en tu cielo

Fino manto a la patria blasona,

Y eres tú quien le porta en corona

El decoro natal del laurel.

En tu frente, magnífica torre

De la estirpe, tranquila campea

corno amable paloma la idea

De ser grata a los hombres de paz...

esperanza la impulsa y, parece

Cuando así su remonte acaudalas.

Que de cielo le empluma las alas

Aquel soplo pujante y audaz.

Joya humana del mundo dichoso

Que te exalta a su bien venidero.

Como el alba anticipa al lucero

Aun dormida en su pálido tul,

Cada vez que otro día dorado

Te aproxima a la nueva ventura.

Se diría que el sol te inaugura

Sobre abismos más hondos de azul.

Certidumbre de días mejores

La igualdad de los hombres te inicia

En un vasto esplendor de justicia

Sin iglesia, sin sable y sin ley

Gajo vil de ignorancia y miseria

Todavía espinando retoña

Sobre la áspera Cruz de Borgoña

Que trozaste en los tiempos del rey.

LAS HORAS DORADAS

Cuatro bellezas tiene el año,

Cuatro bellezas como tú,

Que me enumera el bonzo extraño

Con su puntero de bambú.

Es la primera, al desperezo

De un amor todavía leve,

La temprana flor del cerezo

Que se mezcla a la última nieve.

La segunda es el sol del estío,

Que en el kaki de fuego y miel,

Pinta al amante desvarío

La mordedura dulce y cruel.

Cuando el amor se acendra en lloro

Y el otoño agobia la rama,

La tercera es la luna de oro

Sobre el lejano Fuziyama.

Y la belleza del invierno

Es el frío, el frío sutil

Que refugia en mi pecho tierno

Tus lentas manos de marfil.

Mas se equivoca el bonzo extraño

Con su doctrina y su bambú.

Cuatro bellezas tiene el año,

Pero ninguna como tú.

EL NIDO AUSENTE

Sólo ha quedado en la rama

un poco de paja mustia

y, en la arboleda, la angustia

de un pájaro fiel que llama.

Cielo arriba y senda abajo,

no halla tregua a su dolor,

y se para en cada gajo

preguntando por su amor.

Ya remonta con su queja,

ya pía por el camino

donde deja en el espino

su blanda lana la oveja.

Pobre pájaro afligido

que sólo sabe cantar

y, cantando, llora el nido

que ya nunca ha de encontrar.

EL HORNERO

La casita del hornero

tiene alcoba y tiene sala.

En la alcoba la hembra instala

justamente el nido entero.

En la sala, muy orondo,

el padre guarda la puerta,

con su camisa entreabierta

sobre su buche redondo.

Lleva siempre un poco viejo

su traje aseado y sencillo,

que, con tanto hacer ladrillo,

se la habrá puesto bermejo.

Elige como un artista

el gajo de un sauce añoso,

o en el poste rumoroso

se vuelve telegrafista.

Allá, si el barro está blando,

canta su gozo sincero.

Yo quisiera ser hornero

y hacer mi choza cantando.

Así le sale bien todo,

y así, en su honrado desvelo,

trabaja mirando al cielo

en el agua de su lodo.

Por fuera la construcción,

como una cabeza crece,

mientras, por dentro, parece

un tosco y buen corazón.

Pues como su casa es centro

de todo amor y destreza,

la saca de su cabeza

y el corazón pone adentro.

La trabaja en paja y barro,

lindamente la trabaja,

que en el barro y en la paja

es arquitecto bizarro.

La casita del hornero

tiene sala y tiene alcoba,

y aunque en ella no hay escoba,

limpia está con todo esmero.

Concluyó el hornero el horno,

y con el último toque,

le deja áspero el revoque

contra el frío y el bochorno.

Ya explora al vuelo el circuito,

ya, cobre la tierra lisa,

con tal fuerza y garbo pisa,

que parece un martillito.

La choza se orea, en tanto,

esperando a su señora,

que elegante y avizora,

llena su humildad de encanto.

Y cuando acaba, jovial,

de arreglarla a su deseo,

le pone con un gorjeo

su vajilla de cristal.

LA GARZA

En su abstracto candor, el tiempo vano

Inmoviliza eterno, hondo, distante,

La soledad obscura del pantano

Y una línea de tiza interrogante ...

LA TORCAZ

El pleno sol goza enhiesta

Sobre un seco y alto tronco.

Desgrana en su arrullo ronco

Su áurea mazorca la siesta.

El follaje, más umbrío,

Le ofrece en vano su toldo,

Y en palpitante rescoldo

Mulle su pluma el estío...

EL MARTÍN PESCADOR

Sobre el remanso azul, agudo acecha

Desde un lánguido gajo del sauzal,

En inminente inclinación de flecha,

La lentitud profunda del caudal.

Oro de sol en la corriente boya...

Y destellando un súbito arrebol,

Identifica el pájaro en su joya,

Sauce verde, agua azul, y oro de sol...

EL PICAFLOR

Run ... dun, run ... dun ... Y al tremolar sonoro

Del vuelo audaz y como un dardo, intenso,

Surgió de pronto, ante una flor suspenso,

En vibrante ascua de esmeralda y oro.

Fue color... luz... color... A un brusco giro,

Un haz de sol lo arrebató al soslayo;

Y al desaparecer con aquel rayo,

Su ascua fugaz carbonizó en zafiro.

LA TARDE CLARA

En el jagüel, más trémulo, la rana

Repercute sus teclas cristalinas.

La noche, por detrás de las colinas,

Su ala de torvo azul tiende cercana.

No acaban de decir "hasta mañana",

Locas de inmensidad las golondrinas...

LA NOCHE PURA

Floreció, con la lluvia, en los jardines,

El cándido jazmín de primavera.

La noche, cual profunda enredadera,

Cuaja también en luz claros jazmines...

  1. ####################################################

Nació en 1874 en Villa de María en el departamento cordobés del Río Seco. Fue el primogénito del matrimonio de Santiago Lugones y Custodia Argüello. En su niñez, la familia se trasladó primero a Santiago del Estero y posteriormente a Ojo de Agua, una villa con pocos habitantes, donde cursó sus estudios primarios.

A los diez años, se destacaba por su memoria, gusto por la lectura e interés por las ciencias naturales. Se cuenta que lo llamaban para amenizar las "tertulias" familiares. Sus padres decidieron enviarlo a Córdoba con su abuela materna para que siguiese los estudios superiores.

En 1892 Leopoldo volvió a vivir con su familia que se había trasladado a Córdoba después de haber perdido su estancia. La crítica situación económica lo llevó a tener que comenzar a trabajar y convertirse en un autodidacta.

En esta época dio con éxito sus primeros pasos en la vida pública. Recitó su primera composición en el Teatro Indarte, dirigió el periódico liberal y anticlerical "El Pensamiento Libre" y se alistó voluntariamente para enfrentar a las fuerzas radicales sublevadas en Rosario.

En Córdoba, Lugones se fue convirtiendo en un personaje popular capaz de ser contrapunto de los payadores del barrio, publicar versos controvertidos con el seudónimo Gil Paz, promover huelgas estudiantiles y fundar un centro socialista.

El año de 1896 fue decisivo para Lugones: se instaló en Buenos Aires y se casó con Juana González. En la gran ciudad se unió al grupo socialista de escritores integrado por José Ingenieros, Roberto Payró, Ernesto de la Cárcova, escribió en el periódico socialista "La Vanguardia" y en la "Tribuna", órgano del roquismo y se ganó al distinguido auditorio del Ateneo. A los 22 años comienza a escribir en "La Nación", promovido por su amigo Rubén Darío. Publicó su primer libro "Las montañas del oro" (1897), basado en una influencia tardía del Romanticismo Francés.

El "novecientos" fue una época de intensa producción en la que escribió muchas de sus obras más valoradas como "Crepúsculos del jardín" (1905) donde se acerca al modernismo hispanista y a las nuevas corrientes literarias francesas: simbolismo, decadentismo, parnasianismo. Esta tendencia alcanza su máxima expresión en "Lunario sentimental" (1909). En su obra "Las fuerzas extrañas" (1906). Lugones plasmará sus habilidades para escribir cuentos de misterio. Este trabajo junto con los "Cuentos fatales" (1926) renuevan el género de la forma breve e inician una fecunda tradición en el Río de la Plata, en la que se inscribirán escritores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar.

En 1901 ocupó el cargo de inspector de secundaria y normal bajo las órdenes de Pablo A. Pizzurno y Virgilio Magnasco. Posteriormente asumió la inspección general donde concretó varias de las ideas plasmadas en su estudio sobre la "Reforma educacional": cursos especiales en vacaciones, fundación del Instituto Nacional del Profesorado Secundario, creación de las cátedras de Educación Física y Dibujo, reglamentación para el ingreso de alumnos a la enseñanza secundaria. Más adelante fue comisionado en viaje a Europa para estudiar las novedades pedagógicas. En 1915 se hizo cargo de la dirección de la Biblioteca Nacional de Maestros que ejerció hasta su muerte.

En 1910, la conmemoración del Centenario de Mayo representó el cenit del movimiento de afirmación de los valores y tradiciones nacionales. Bajo ese impulso, Lugones publicó varios trabajos: "Odas seculares" (1910) y la "Historia de Sarmiento" (1911).

En "El Payador" (1916), reúne una serie de conferencias sobre "Martín Fierro" de José Hernández que rescatan la obra, calificándola de "Cuento Homérico de la Cultura Argentina"... Este particular enfoque instaló en la crítica una fructífera polémica que se prolongó por décadas y cuyo resultado fue la aceptación del Poema como la obra emblemática de la identidad literaria argentina. La lectura que Lugones hace deja entrever otro de sus principales puntos de interés intelectual; la cultura clásica. En este campo su producción incluye las obras "Didáctica" (1910); "Las limaduras de Hephaestos" (1910), "Estudios Helénicos" (1924) y "Nuevos estudios Helénicos" (1928).

En Europa se vivía un tiempo de incertidumbre instalado con la guerra mundial, la revolución de los "soviet" y el fascismo italiano, mientras en Argentina se sentía la crisis económica y la inestabilidad política. Lugones fue un observador atento de la situación internacional y un hombre de acción en su país.

Lentamente, su visión socialista fue dando paso a un pensamiento nacionalista de originales matices, crítico del liberalismo y alejado de las posiciones católicas. Este Lugones maduro fue igual de controvertido que en sus posiciones juveniles al apoyar el militarismo de la década del treinta.

Su trabajo incesante se plasmó en numerosos escritos, artículos de prensa y conferencias que le merecieron el nombramiento en la Asamblea de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones (1924), el Premio Nacional de Literatura (1926) y la presidencia de la Sociedad Argentina de Escritores, fundada con su impulso (1928).

En esta etapa, aumentó con ritmo vertiginoso su ya cuantiosa producción intelectual entre la que se encuentra "Poemas solariegos" (1928) uno de sus títulos más elogiados y los ensayos "La patria fuerte" (1930) y "La grande Argentina" (1930), indispensables para comprender la época y la generación de Lugones.

Puso fin voluntariamente a su vida en una isla del Tigre. Los boletines informativos sorprendieron a la opinión pública tanto como a quienes lo trataban cotidianamente en la Biblioteca Nacional de Maestros.

Lugones aún hoy genera controversias por su cambiante temperamento político. El tiempo, sin embargo, lo ha destacado como una figura central de la cultura argentina y como uno de sus más grandes escritores.

(De Biblioteca privada de Leopoldo Lugones)

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Leopoldo Lugones's Timeline

1874
June 13, 1874
Villa María, departamento de Río Seco, Provincia de Córdoba, Argentina
1897
May 12, 1897
Age 22
Buenos Aires, Argentina
1938
February 18, 1938
Age 63
Buenos Aires, Argentina
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