Luis Federico Leloir Aguirre, Nobel Prize in Chemistry, 1970 (1906 - 1987) MP

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Birthdate:
Birthplace: Paris, France
Death: Died in Buenos Aires, Capital Federal, Argentina
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About Luis Federico Leloir Aguirre, Nobel Prize in Chemistry, 1970

Luis F. Leloir Argentinuan biochemist. Born: 6 September 1906, Paris, France. Died: 2 December 1987, Buenos Aires, Argentina. Nobel Prize in Chemistry, 1970, "for his discovery of sugar nucleotides and their role in the biosynthesis of carbohydrates".

Luis Federico Leloir (English version).

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Luis Federico Leloir (* París, Francia, 6 de septiembre de 1906 - † Buenos Aires, Argentina, 17 de diciembre de 1987), fue un médico y bioquímico argentino que recibió el Premio Nobel de Química en 1970, siendo el primero de los dos únicos hispanos en conseguirlo (junto con Mario Molina). {Recordemos que Bernardo Alberto Houssay, (n. Buenos Aires10.04.1887-f. Buenos Aires 21.09.1971) y César Milstein (n. Bahía Blanca 08.10.1927 - f. Cambridge, Inglaterra, 24.03.2002), recibieron sendos P. Nobel en Fisiología y Medicina en 1947 y 1984, respectivamente. Es cierto que Houssay tenia ascendientes franceses y los de Milstein eran judios avecindados en Bahia Blanca. A diferencia de los tres argentinos, Mario Molina hizo toda su carrera profesional fuera de países hispánicos, en Caltech y MIT, EE.UU. En el caso de Houssay, este hizo todita su carrera en Argentina, fue un verdadero pionero.}

Su investigación más relevante, y por la cual obtuvo la distinción que le otorgó fama internacional, se centra en los nucleótidos de azúcar, y el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono. Tras su hallazgo se lograron entender de forma acabada los pormenores de la enfermedad congénita galactosemia.

Tabla de contenidos [ocultar]

1 Biografía

1.1 Infancia y adolescencia

1.2 Carrera profesional

1.3 Premios y distinciones recibidos

1.4 Curiosidades

1.5 Trabajos publicados

2 Bibliografía

3 Véase también

4 Enlaces externos


Biografía  [editar]
Infancia y adolescencia  [editar]Sus padres viajaron desde Buenos Aires hacia París a mediados de 1906 debido a la enfermedad que aquejaba a Federico Leloir (padre) y por la cual debía ser operado en un centro médico francés. El 6 de septiembre, una semana después de la muerte de aquel, nació su hijo póstumo Luis Federico Leloir en una vieja casa en la Rue Víctor Hugo 81 de esa capital francesa. De regreso a su país de origen, en 1908, Leloir vivió junto a sus 8 hermanos en las extensas tierras pampeanas que sus laboriosos antepasados habían comprado tras su inmigración desde España— 40.000 ha denominadas El Tuyú, que comprendían la costa marítima desde San Clemente del Tuyú hasta Mar de Ajó.

Con apenas cuatro años, Leloir aprendió a leer solo, ayudado por los diarios que compraban sus familiares, para permanecer al tanto de los temas agropecuarios. Durante sus primeros años de vida, el futuro premio Nobel se dedicaba a observar todos los fenómenos naturales con particular interés, y sus lecturas siempre apuntaban a temas relacionados a las ciencias naturales y biológicas. Sus estudios iniciales se repartieron entre la Escuela General San Martín, en donde dio libre el primer año, el Colegio Lacordaire, el Colegio del Salvador y el Colegio Beaumont (este último en Inglaterra). Sus notas no se destacaban ni por buenas ni por malas, y su primera incursión universitaria terminó rápidamente cuando abandonó los estudios de arquitectura que había comenzado en el Instituto Politécnico de París.


Retrato familiar en la costa argentina, 1951.

Carrera profesional  [editar]De nuevo en Buenos Aires, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para doctorarse en dicha profesión. Sus comienzos fueron difíciles, tanto que tuvo que rendir cuatro veces el examen de anatomía, pero en 1932 consiguió diplomarse e inició su actividad como residente en el Hospital de Clínicas y como médico interno del hospital Ramos Mejía. Tras algunos conflictos internos y complicaciones en cuanto al trato que debía tener con sus pacientes, Leloir decidió dedicarse a la investigación de laboratorio. En 1933 conoció a Bernardo A. Houssay, quien dirigió su tesis doctoral acerca de las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono. El encuentro fue casual, ya que Luis Leloir vivía a solo media cuadra de su prima, la famosa escritora y editora Victoria Ocampo, quien era cuñada del gastroenterólogo Carlos Bonorino Udaondo, otro eximio doctor, amigo de Houssay. Tras la recomendación de Udaondo, Leloir comenzó a trabajar junto al primer científico argentino en ganar el Premio Nobel en el Instituto de Fisiología de la UBA.

Su tesis fue completada en solo dos años, recibiendo el premio de la facultad al mejor trabajo doctoral; junto a su maestro descubrió que su formación en ciencias tales como física, matemática, química y biología era escasa, por lo que comenzó a asistir a clases de dichas especialidades en la universidad como alumno oyente.

En 1936 viajó hacia Inglaterra para dar comienzo a sus estudios avanzados en la Universidad de Cambridge, bajo la supervisión del también Premio Nobel Sir Frederick Gowland Hopkins, quien había obtenido esa distinción en 1929 por sus estudios en fisiología y/o medicina tras descubrir que ciertas sustancias, hoy conocidas como vitaminas, eran fundamentales para mantener la buena salud. Sus estudios en el Laboratorio Bioquímico de Cambridge se centraron en la enzimología, específicamente en el efecto del cianuro y pirofosfato sobre la succínico deshidrogenasa. A partir de este momento, Leloir se especializó en el metabolismo de los carbohidratos.

Hacia 1943 tuvo que dejar el país, dado que Houssay fue expulsado de la Facultad de Medicina por firmar una carta pública en oposición al régimen nazi de Alemania y al apoyo del gobierno militar comandado por Pedro Pablo Ramírez, que también integró y apoyó Juan D. Perón. Su destino fue Estados Unidos, donde ocupó el cargo de investigador asociado en el Departamento de Farmacología de la Universidad de Washington a cargo del matrimonio entre Carl y Gerty Cori, con quienes Houssay compartió el Nobel en 1947. También compartió investigaciones con el profesor D. E. Green en el Enzzyme Research Laboratory, College de Physicians and Surgeons de Nueva York. Antes de partir hacia el exilio, se casó con Amelia Zuberbüller, con quien tuvo una hija a la que le pusieron el mismo nombre.

En 1945 regresó al país para trabajar en el Instituto dirigido por Bernardo A. Houssay, precedente del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar, que Leloir dirigiría desde su creación en 1947 a manos del empresario y mecenas Jaime Campomar y durante 40 años.

Durante los últimos años de la década de 1940, Leloir realizó con éxito experimentos que revelaron cuales eran las rutas químicas en la síntesis de azúcares en levaduras con equipos de muy bajo costo, debido a que carecía de recursos económicos. Previo a sus investigaciones, se creía que para poder estudiar una célula no se la podía disgregar del organismo que la albergaba. No obstante, su trabajo demostró que esa teoría pasteuriana era falsa.

Desde 1947 formó un grupo de trabajo junto a Rawell Caputo, Enrico Cabib, Raúl Trucco, Alejandro Paladini, Carlos Cardini y José Luis Reissig, con quienes investigó y descubrió por qué el riñón impulsa la hipertensión arterial cuando está enfermo. Ese mismo año, su compañero de laboratorio Rawell Caputo le planteó un problema que tenía en sus investigaciones biológicas de la glándula mamaria, por lo que su equipo, al que se había incorporado el becario Alejandro Paladini, logró que en una cromatografía se pudiera aislar la sustancia nucleótido-azúcar llamada uridina difosfato glucosa (UDPG), y por ende entender el proceso de almacenamiento de los carbohidratos y de su transformación en energía de reserva.


Luis Leloir y Carlos Eugenio Cardini en el Instituto Campomar en 1960.A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcares carnucleótidos, compuestos que desempeñan un papel fundamental en el metabolismo de los hidratos de carbono, lo que convirtió al Instituto en un centro mundialmente reconocido. Inmediatamente después, Leloir recibió el Premio de la Sociedad Científica Argentina, uno de los tantos que recibió tanto en el país como en el extranjero.

A pesar de que hacia fines de 1957 Leloir fue tentado por la Fundación Rockefeller y por el Massachusetts General Hospital para emigrar a los Estados Unidos, como su maestro Houssay, prefirió quedarse y continuar trabajando en el país. Dada su importancia, el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos (NIH) y la Fundación Rockefeller decidieron subsidiar la investigación comandada por Leloir.

Al año siguiente firmó un acuerdo con el Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, Rolando García, por el cual se creó el «Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales» nombrando profesores titulares a Leloir, Carlos Eugenio Cardini y Enrico Cabib. Ello contribuyó a que jóvenes universitarios argentinos se sintieran atraídos por la investigación científica, lo que repercutió en el crecimiento de la institución. También llegaron a ese centro investigadores y becarios procedentes de los Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia, España y varios países de América Latina.

Para ese entonces Leloir estaba llevando a cabo sus trabajos de laboratorio en conjunto con la docencia como profesor externo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, tarea que sólo interrumpió para completar sus estudios en Cambridge y en el Enzime Research Laboratory de EEUU.

Su voluntad de investigación superó a las dificultades económicas enfrentadas por el Instituto. Con herramientas caseras, Leloir se dedicó a estudiar el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa y produce glucógeno, el material de reserva energética del organismo, y junto a Mauricio Muñoz logró oxidar ácidos grasos con extractos de células hepáticas.


Leloir festejando junto a sus compañeros el 10 de diciembre de 1970, día que fue galardonado con el Premio Nobel.En 1970 recibió el Premio Nobel de Química,convirtiéndose en el primer hispano en conseguirlo y el único en ganarlo en su propio país. Posteriormente su equipo se dedicó al estudio de las glicoproteínas –moléculas de reconocimiento en las células– y determinó la causa de la galactosemia, una grave enfermedad manifestada en la intolerancia a la leche. Las transformaciones bioquímicas de la lactosa en sus propios componentes son conocidas en el mundo científico como el camino de Leloir.

Luis Federico Leloir murió en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1987, tras un ataque al corazón poco después de llegar del laboratorio a su casa. Fue enterrado en el Cementerio de La Recoleta.

Premios y distinciones recibidos  [editar]1943 - Tercer premio nacional de ciencias 

1958 - T. Ducett Jones Memorial Award

1965 – Premio Fundación Bunge y Born

1966 – Gairdenr Foundation, Canadá

1967 – Premio Louise Gross Horwitz, Universidad de Columbia

1968 – Premio Benito Juárez

1968 – Doctor honoris causa Universidad Nacional de Córdoba

1968 – Premio José Jolly Kyle, de la Asociación Química Argentina

1969 – Nombrado miembro honorario de la Biochemical Society de Inglaterra

1970 – Premio Nobel de Química

1971 – Orden Andrés Bello (Venezuela)

1976 – Reconocimiento Bernardo O´Higgins en el grado de Gran Cruz

1982 – Legión de Honor por el gobierno francés

1984 - Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires

Curiosidades  [editar]En la década de 1920, Luis Federico Leloir se encontraba almorzando junto a unos amigos en el Ocean Club de Playa Grande, en Mar del Plata. Cuando le sirvieron un plato de langostinos pidió que le acercaran ciertos ingredientes de diferentes salsas, lo que al mezclarlos creó la salsa golf. Tiempo después bromeó con que "si la hubiese patentado ahora tendríamos mucho más dinero para investigar". 

Los 80 mil dólares con los que la Fundación Nobel lo premió por su distinción en ciencias químicas, fueron donados íntegramente al Instituto Campomar para continuar su labor de investigación; de hecho Luis Leloir, en sus 40 años de trabajo allí, jamás cobró sueldo, e instó a sus compañeros de trabajo a almorzar en el laboratorio las viandas que llevaban desde sus hogares. Fue tan cuidadoso con el dinero invertido en investigación y con el gastado para otros fines, que usó un banco al que le faltaba el soporte metálico durante 20 años, atado con hilos por él mismo.

El 10 de diciembre de 1970, día en que fue anunciada su condecoración con el Premio Nobel, dijo: "

Es sólo un paso de una larga investigación. Descubrí (no yo: mi equipo) la función de los nucleótidos azúcares en el metabolismo celular. Yo quisiera que lo entendieran, pero no es fácil explicarlo. Tampoco es una hazaña: es apenas saber un poco más".

Otro científico argentino que obtuvo el Nobel fue César Milstein; quien relató lo siguiente:

"cuando aún era un estudiante y me encontraba por realizar mi tesis, varios me mencionaron que viera a Leloir para hacer la tesis. Él vivía en un laboratorio de la calle Costa Rica, un sucucho. Dentro de la casa que tenía un zaguán, había un tipo con guardapolvo gris, flaco, típico gallego. Este es el gallego del Instituto pensé, y le dije: "Che, dónde está Leloir?" Me miró y me dijo 'Soy yo'. Se me cayeron los pantalones".

Trabajos publicados  [editar]"Suprarrenales y Metabolismo de los hidratos de carbono", 1934 

"Farmacología de la hipertensina", 1940

"Hipertensión arterial nefrógena, 1943

"Perspectives in Biology", 1963

"Renal Hipertensión", 1964

"In Vitro Synthesis of Particulate Glycogen", 1965

"Properties of Synthetic and Native liver Glycogen", 1967

"Faraway and Long ago", 1983

"Lipid-bond Saccharides containing glucose and galactose in agrobacterium tumefaciens", 1984

"An Intermediail in Cyclic 1-2 Glucan Biosynthesis", 1985

"Structural correspondence between an oligosaccharide bound to a lipid with the repeating unit of the Rhizobium meliloti" (M. E. Tolmasky, R. J. Staneloni, and L. F. Leloir), Anales de la Asociación Química Argentina 1982 70 833-842.

"N-glycosilation of the proteins" (M. E. Tolmasky, H. K. Takahashi, R. J. Staneloni, and L. F. Leloir), Anales de la Asociación Química Argentina 1982 70 405-411.

"Transfer of oligosaccharide to protein from a lipid intermediate in plants" (R. J. Staneloni, M. E. Tolmasky, C. Petriella, and L. F. Leloir), Plant Physiology 1981 68 1175-1179.

"Presence in a plant of a compund similar to the dolichyl diphosphate oligosaccharide of animal tissue" (R. J. Staneloni, M. E. Tolmasky, C. Petriella, R. A. Ugalde, and L. F. Leloir), Biochemical Journal 1980 191 257-260.

"Lipid bound sugars in Rhizobium meliloti" (M. E. Tolmasky, R. J. Staneloni , R. A. Ugalde, and L. F. Leloir), Archives of Biochemistry and Biophysics 1980 203 358-364.

Bibliografía  [editar]Lorenzano (?), Julio Cesar. Por los caminos de Leloir. Editorial Biblos; 1a edición, julio 1994. ISBN 9-5078-6063-0 

Zuberbuhler de Leloir (?), Amelia. Retrato personal de Leloir. Papiro, vol. 8, Nº 25, pp. 45-46, 1983.

Nachón (?), Carlos Alberto. Luis Federico Leloir: ensayo de una biografía. Fundación Banco de Boston, 1994.

Véase también  [editar]Instituto Leloir 

Bernardo Alberto Houssay

Frederick Gowland Hopkins

Síntesis de galactosa

Enlaces externos  [editar] Commons alberga contenido multimedia sobre Luis Federico Leloir.Commons 

Texto de Mario Bunge sobre Leloir

Esbozo biográfico en Fundación Bernardo Houssay

Discurso de recibimiento del Premio Nobel en 1970

Cronología de su vida

Biografía

Por qué recibió Leloir el Nobel

Otras razones por las que recibió Leloir el Nobel

Leloir, su vida y su ciencia

Premios Konex

1906: Luis Federico Leloir nace durante un viaje que hicieron sus padres, ambos argentinos, para que el Dr. Leloir (padre) se sometiera a una intervención quirúrgica en París, Francia, el 6 de Septiembre. Sus padres son el Doctor Federico Leloir y Hortensia Aguirre Herrera. No obstante ser francés por su nacimiento, vivió y desarrolló todos sus trabajos en la República Argentina.

1908-1931: La familia Leloir regresa a Argentina cuando él tenía dos años. En Buenos Aires, Leloir cursó estudios primarios en la Escuela Estatal San Martín. Los estudios secundarios los hizo en un principio en el Colegio Lacordaire, luego en El Salvador, y por, algunos meses en el Colegio Beaumont, en Inglaterra. Años mas tarde, estando en París, ingresó en el Instituto Politécnico para estudiar arquitectura pero abandono esos estudios y regresó a Argentina. En Buenos Aires Aires decidió ingresar en la Facultad de Medicina.

1932: Se licenció en Medicina, hizo sus prácticas en los hospitales Ramos Mejía y Clínicas y trabajó en el hospital de la Universidad de Buenos Aires durante dos años.

1934: El doctor Bonorino Udaondo, su jefe en el Hospital de Clínicas, le presentó a Bernardo Houssay quien, en esa época, gracias a sus investigaciones, había demostrado junto a Alfredo Biasotti, el papel de la glándula pituitaria en la absorción de nutrientes a partir de los azúcares. Houssay le sugirió que estudiara el papel de las glándulas suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono. Allí empezó su tesis doctoral. Este trabajo lo realizó en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina, dirigido por Houssay. Su tesis doctoral recibió el Premio de la Facultad.

1936: Estudió en Inglaterra un año y trabajó en el Laboratorio bioquímico de la Universidad de Cambridge, dirigido por el Dr. Frederick Gowland Hopkins (Premio Nobel de Medicina en 1929 por su descubrimiento de las vitaminas estimulantes del crecimiento.). Allí colaboró con Malcom Dixon, N.L. Edson y D. E. Green.

1937: Volvió a la Universidad de Buenos Aires y empezó a investigar sobre la oxidación de los ácidos grasos. En los años siguientes trabajó en el laboratorio descubriendo algunos factores intervinientes en el proceso de la hipertensión arterial. Houssay fue destituido ese año de la Universidad de Buenos Aires por el gobierno del General Perón por razones políticas.

1944: Leloir decidió que era un buen momento para continuar sus investigaciones en otros países. Con su esposa, fueron a Estados Unidos. En la Universidad de Washington, en St. Louis, Missouri, Leloir trabajaba como investigador asociado al Departamento de Farmacología, dirigido por el profesor Carl Cori, el mismo que en 1947 compartiría con Houssay el premio Nobel de Fisiología y Medicina. Se traslada a Nueva York, donde permanece ocho meses en el Enzzyme Research Laboratory, College Physicians and Surgeons de la Universidad de Columbia, allí trabaja con el profesor D. E. Green.

1946: El industrial Jaime Campomar consulta con Houssay la posibilidad de financiar un proyecto de investigación bioquímica. Leloir regresó a Argentina, incorporándose a la Facultad de Medicina para formar un equipo de trabajo. El primero en incorporarse fue el Dr. Ranwel Caputto, recién llegado de Cambridge, quien se unió a Leloir para trabajar sobre la lactosa en algunas glándulas. A este grupo se unió, tiempo después, el Dr. R. Trucco.

1947: El 3 de Noviembre se inauguró el Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar siendo el Dr. Leloir su director y posteriormente Presidente hasta su muerte en 1987. Allí empezó a investigar el proceso de formación de la galactosa en la glándula mamaria. Las investigaciones produjeron el descubrimiento de azucares nucleotidos. Los azucares nucleotidos son los elementos más importantes en los procesos naturales del metabolismo de carbohidratos. Este descubrimiento permitió que el grupo de la Fundación Campomar comenzara a ser internacionalmente conocido y que en los momentos de dificultad económica, obtuviera ayudas económicas de la Fundación Rockefeller y del Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos (NIH), algunos de los cuales fueron renovados muchas veces por más de veinte años.

1957: Leloir fué invitado por la Fundación Rockefeller y el Massachusetts General Hospital para emigrar a los Estados Unidos. Pero el Dr. Leloir (al igual que su maestro, el Dr. Houssay) prefirió quedarse y continuar trabajando en su país.

1958: Este año firmó un acuerdo con el Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Rolando García, por el cual se creó el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales nombrando profesores titulares a Leloir, Cardini y Cabib. Además, el Ministro de Asistencia Social y Salud Pública, Dr. Francisco Martínez, cedió al Instituto un viejo edificio del barrio de Belgrano. El Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar en su nueva casa y con la cercanía de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales creció lentamente. Esto contribuyó a atraer a la investigación científica a jóvenes universitarios argentinos. También llegaron al Instituto investigadores y becarios de los Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia y España y varios países Latinoamericanos. Fué designado miembro del Directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, cargo que desempeñó hasta 1964 y nuevamente de 1968 a 1970, además desempeñó el cargo de profesor extraordinario de la U.B.A. Le fue otorgado la distinción "T. Ducett Jones Memorial Award".

1959: Es designado miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.

1960: El Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar obtuvo Personalidad Jurídica.

1961: Es nombrado miembro de número de la Academia Americana de Artes y Ciencias de Estados Unidos.

1962: Accede a la jefatura de la cátedra de Química Biológica en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

1963: Miembro extranjero de la Sociedad Filosófica Americana. La Universidad de París le concedió el título de Doctor "Honoris Causa".

1965: Recibe el premio Fundación Bunge y Born de un millón de pesos. Reconocimiento de la Academica de Ciencias de El Vaticano.

1966: Premio Fundación Gairdner (Canadá).

1967: Premio Louise Gross Horwitz (Universidad de Columbia, Nueva York).

1968: Premio Benito Juárez (concedido por única vez por el gobierno de México, consistente en 100.000 pesos mexicanos, medalla de oro y diploma y creado con motivo del centenario de dicha república). Doctor "Honoris Causa" por la Universidad Nacional de Córdoba. (Argentina). Es nombrado miembro de la Academia Pontificia de Ciencias, de la Ciudad del Vaticano, por resolución de los miembros de dicha Academia.

1969: Profesor honorario de la Biochemical Society de Londres.

1970: 27 de Octubre: El profesor Leloir fue galardonado con el Premio Nobel de Química por "su descubrimiento de los nucleótidod del azucar y su papel en la biosíntesis de los hidratos de carbono". Un mes y medio después, el 7 de diciembre de ese año, Leloir recibió el Nobel de Química de manos del rey Gustavo Adolfo de Suecia. Con motivo de la entrega del Premio Nobel, pronunció el discurso "Veinte años de investigación sobre la biosíntesis de polisacáridos", el día 7 de Diciembre. Es nombrado miembro de la Sociedad de París.

1971: El poder ejecutivo de la República Argentina lo designó presidente honorario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Condecorado con la Orden de Andrés Bello (Venezuela).

1973: Recibe en la U.B.A el doctorado "Honoris Causa".

1974: Es separado de la Universidad, junto a otros docentes durante el gobierno de Maria Estela Martínez de Péron.

1976: Por su labor recibe el premio Consagración Nacional en Argentina. Miembro de honor de la Sociedad de Biología de Francia. Condecorado con el Premio Bernardo O'Higgins en el Grado de Gran Cruz (Chile). Miembro del Consejo de Honor de la Asociación Bioquímica Argentina. Condecorado con el Premio Legión de Honor (Francia).

1983: El Instituto Campomar se traslada a sus actuales instalaciones frente al Parque Centenario. El nuevo edificio fue construido gracias a la ayuda financiera de toda la comunidad y el apoyo de la Ciudad de Buenos Aires. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Pampa, la Universidad de Cuyo y la Universidad de San Juan. (Argentina). Premio Konex de Brillante "Mejor Figura de la Historia de la Ciencia y Tecnología Argentinas".

1987: Falleció en Buenos Aires, el 2 de diciembre a los 81 años de edad, unas horas después de regresar de su cotidiano trabajo en el laboratorio.

Fuente: http://www.hispanobel.com/sub/leloi_b.html

Luis F. Leloir, por Mario Bunge

¿Le gusta a usted la salsa golf? Lea este artículo referente a su inventor. ¿Le interesa el problema de la hipertensión arterial? Lea lo que sigue, que se refiere a un pionero en la investigación de ese problema. ¿Duda usted de que se pueda hacer investigación a nivel del Primer Mundo en el Tercero? Siga leyendo y encontrará la respuesta.

El investigador argentino Luis F. Leloir (1906 – 1987) dejó una marca indeleble en la bioquímica fisiológica. Ella le valió el premio Nobel en 1970. También formó una nutrida y vigorosa escuela. Sus 55 años de investigación científica ininterrumpida son un modelo de ingenio y laboriosidad, así como de trabajo en equipo con medios modestos. Leloir confirmó lo que habían mostrado antes los hermanos Ameghino, Housay, Gaviola, y unos pocos más: que se puede hacer investigación científica de nivel inernacional en un país subdesarrollado en incluso, aunque precariamente, en medio de convulsiones políticas.

¿Cuáles son las claves del éxito de Leloir en un medio indiferente a la ciencia y en ocasiones hostil a ella? El propio Leloir nos revela algunas de esas claves en su autobiografía científica, titulada “Long ago and far away”, publicada en la Annual Review of Biochemistry de 1983. (El título parece haberse inspirado en el de la bella aunque olvidada novela de William Henry Hudson, Far away and long ago, que trata del Rio de la Plata a mediados del siglo XIX.)

Primera calve: desde joven Leloir tuvo curiosidad por entender lso procesos biológicos que veían en torno suyo, especialmente en el campo (“estancia”) de sus padres. Sin curiosidad puede formarse un técnico de laboratorio pero no un investigador original. Pero, desde luego, la curiosidad no basta: también es preciso el estudio disciplinado Cuando Leloir descubrió que su química de médico no le bastaba, tomó cursos de química en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Segunda clave: Leloir eligió un excelente guía, el doctor Bernardo A. Houssay, maestro directo o indirecto de todos los científicos argentinos de su tiempo y también de unos cuantos extranjeros. Houssay, quien años después fuese galardonado con el premio Nobel, le sugirió un tema de tesis doctoral e incluso le ayudó a operar animales de laboratorio. ¿Cuántos maestros están dispuestos a hacer de asistentes de sus discípulos?

Tercera clave: siguiendo el ejemplo de su maestro, Leloir siempre escogió temas de investigación que le apasionaban y que, pese a ser de vanguardia, eran abordables con los escasos medios de que se disponía en el país. Lejos de convertirse en esclavo de instalaciones costosas, utilizó los aparatos como herramientas para explorar la naturaleza y poner a prueba sus corazonadas. Este es uno de los secretos de la investigación original en los países pobres: suplir con ingenio la escasez de medios. En estos países es absurdo, en incluso inmoral, invertir mucho dinero para copiar lo que se hace en países avanzados.

Cuarta clave del éxito de Leloir y la única virtud de que hacía gala ese hombre llano y abordable: poseía una excelente capacidad para trabajar en equipo. Este estilo de trabajo, típico de las ciencias experimentales, era prácticamente desconocido en el país en el año 1932, cuando Leloir comenzó su carrera de investigador. Lo era no sólo porque había muy pocos científicos, sino también porque los argentinos solemos ser excesivamente individualistas. Hoy día no se puede hacer trabajo experimental de punta si no es en equipo: la complejidad es tal que se necesita el concurso de varios especialistas. Pero el director del equipo debe tener una visión global y debe orquestar las tareas e integrar los resultados parciales. La función del Leloir maduro, a partir de los años cuarenta, fue precisamente la de director de orquesta. (Sus colaboradores le llamaban afectuosamente “Dire”.)

Quinta: gran tenacidad unida a un fino sentido del humor que haga soportables la pesada rutina y el frecuente fracaso. El propio Leloir cuenta que, las pocas veces que uno de sus experimento tenía éxito, comentaba con sus colaboradores. “Como ven, nada puede resistir a la investigación sistemática”. Pero cuando el experimento fracasaba, y tanto él como sus colaboradores se sentían desalentados, su colaborador el doctor J.C. Fasciolo les levantaba el ánimo comentando: “Como ven, nadie puede resistir la investigación sistemática”.

Sexta clave: no interrumpir el trabajo ni aun cuando se venga abajo la estantería, como dice el tango. Cuando, a mediados de los años cuarenta, no le fue posible seguir trabajando en la universidad peronizada, Leloir se fue a investigar a Estados Unidos. A su regreso tuvo la fortuna de que un empresario industrial como los hay pocos, don Jaime Campomar, le ofreciera financiarle un insituto privado de investigaciones bioquímicas. El Instituto Campomar, dotado de laboratorios modernos aunque sin lujo, sigue en pie. Fue allí donde Leloir hizo sus investigaciones más importantes y donde formó a casi todos sus discípulos en el curso de cuatro décadas, mientras las universidades eran destruidas y reconstruidas de vez en cuando. (En 1986, Leloir me invitó a dar una charla en su Instituto. Después de la charla me invitó a incorporarme a su equipo alegando que necesitaba un metodólogo.)

Séptima clave: explotar el fracaso en lugar de desanimarse. Si un experimento falla, o sea, si no se encuentra un resultado razonable, se lo repite, de fallar este intento, se revisa el diseño experimental o las hipótesis que lo han inspirado. Por ejemplo, puede ocurrir que la substancia que se ha buscado infructuosamente no exista. Pero también puede ocurrir que haya sido destruida o inactivada prontamente. Esto es, precisamente, lo que ocurrió con la angiotensina, el primer éxito de Leloir. Él cuenta que Eduardo Braun Menéndez le instó a persistir pese al fracaso inicial (También Braun había salido de la oligarquía, era igualmente constructivo y simpático, y dejó una obra importante truncada por un accidente de aviación.)

Octava clave: combinar la ambición y la audacia científicas con la modestia en la evaluación de la propia obra y en el trato personal. Pese a ser porteño incluso en el habla, Leloir era de una modestia y afabilidad proverbiales. No era humilde, porque el humilde no tiene aspiraciones, a no ser la arrogante de la humildad. La persona humilde no se propone hacer nada importante. La persona modesta propone planes realizables para alcanzar objetivos importantes y precisos. El hombre humilde pide ayuda, el modesto propone colaboración. El hombre humilde se siente derrotado antes de empezar, el modesto sigue trabajando.

Me atrevo a decir que hay otras dos condiciones de éxito para la continuidad del esfuerzo científico en medio de las convulsiones del Tercer Mundo. Una es disponer de medios de vida propios, que le permitan a uno seguir trabajando pese a la incierta y mezquina remuneración del trabajo científico. (A propósito los casos de Leloir y de Braun Menéndez refutan la tesis marxista vulgar de que la posición social del científico determina el contenido de su obra. La ciencia auténtica no tiene un contenido clasista. La pertenencia a una clase privilegiada sólo da una oportunidad excepcional para hacer ciencia desinteresada en un medio pobre.) Otra condición que favorece la continuidad del esfuerzo científico es la mansedumbre política. Leloir cumplía ambas condiciones. No es que sean suficientes, ni siquiera necesarias, para asegurar la productividad y la estabilidad. Pero sin duda ayudan a quien sap usarlas.

No resisto la tentación de comparar a Leloir con su maestro, nuestro maestro, Bernardo Houssay, ganador del premio Nobel en 1947. Housay me pareció excesivamente seguro de sí mismo, adusto y distante. Era y se sabía no sólo investigador de primera línea sino también apóstol de la ciencia que predicaba en el desierto. En esto Houssay se parecía a otro gran científico argentino, el astrofísico Enrique Gaviola, con quien me peleé tanto por motivos filosóficos y políticos, que terminamos siendo íntimos amigos. También Gaviola era de pocas pulgas e impaciente con los ignorantes, los simuladores y los malos burócratas y estaba inflamado por el mismo celo apostólico que Houssay. Leloir era muy diferente. No era un luchador sino un investigador puro. Lejos de ser adusto y puritano, era amable, campechano y chistoso. No intimidaba a nadie, y todos los que lo conocán simpatizaban inmediatamente con él.

Yo tuve la fortuna de toparme varias veces con Leloir. La primera fue en Oviedo, en ocasión de la entrega de los premios Príncipe de Asturias de 1982. En esa ocasión cenamos junto con don Severo Ochoa, también bioquímico, premio Nobel, lleno de chispa y poseedor de una personalidad fascinante. (Tres años antes coincidimos en México, en una reunión organizada por las Naciones Unidas.) Gocé enormemente escuchándoles debatir un par de problemas científicos de actualidad en términos tan sencillos que incluso un lego como yo pudo seguirles el hilo e incluso meter baza en la conversación. ¡Qué diferencia con los profesores pomposos que debimos sufrir la mayoría de nosotros!

Moraleja 1: Se puede hacer ciencia de punta en el subdesarrollo.

Moraleja 2: Las condiciones para hacer ciencia de punta en el subdesarrollo son tantas, que sólo pocas personas logran hacerla de manera sostenida.

"Publicado originalmente en la obra de Mario Bunge "Cápsulas", editorial "Gedisa". Primera edición, mayo del 2003, Barcelona"

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Luis Federico Leloir Aguirre, Nobel Prize in Chemistry, 1970's Timeline

1906
September 6, 1906
Paris, France
1987
December 17, 1987
Age 81
Buenos Aires, Capital Federal, Argentina
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