María la Grande Alfonsa de Molina, reina consorte de Castilla

Is your surname Alfonso de Molina?

Research the Alfonso de Molina family

María la Grande Alfonsa de Molina, reina consorte de Castilla's Geni Profile

Share your family tree and photos with the people you know and love

  • Build your family tree online
  • Share photos and videos
  • Smart Matching™ technology
  • Free!

Share

María 'la Grande' Alfonso de Molina, reina consorte de Castilla

Nicknames: "María de Molina", "Nieta de Alfonso IX"
Birthdate:
Death: Died in Valladolid, Province of Valladolid, Castille and Leon, Spain
Place of Burial: Convento de Las Huelgas, Valladolid, Province of Valladolid, Castille and Leon, Spain
Immediate Family:

Daughter of Alfonso de León, señor de Molina y Mesa and Mayor Alfonso de Meneses, señora de Meneses y Villanueva
Wife of Sancho IV el Bravo, rey de Castilla y León
Mother of Isabel de Castilla, reina consorte de Aragón; Fernando IV el Emplazado, rey de Castilla y León; Alfonso, infante de Castilla y León; Enrique, infante de Castilla y León; Pedro de Castilla, señor de los Cameros and 2 others
Sister of Urraca Alfonso de Molina and Alfonso Telo VII Señor Téllez de Molina
Half sister of Fernando Alfonso de Molina; Branca Alfonso de Molina; Da. Juana Alfonso de Molina; Leonor Alonso de Molina; Berenguela Alfons de Molina and 1 other

Occupation: Señora de Molina, Señora de Ucero, princess from the Kingdom of León, queen consort of Castile and León from 1284 to 1285 and then queen regent until the coming of age of her son Ferdinand IV., Regenta de Castilla y León, Reina de Castilla y León
Managed by: Private User
Last Updated:

About María 'la Grande' Alfonso de Molina, reina consorte de Castilla

http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_de_Molina

María Alfonso de Meneses (¿?, 1259 - † Valladolid, 1 de julio de 1321), conocida como María de Molina, fue reina consorte de Castilla y de León por su matrimonio con Sancho IV el Bravo, de 1284 a 1295, y reina regente durante las minorías de edad de su hijo, Fernando IV el Emplazado, y de su nieto, Alfonso XI el Justiciero. Señora del Real Señorío de Molina e hija del infante Alfonso de Molina, hijo de Alfonso IX de León, rey de León. Era hija del infante Alfonso de Molina, hijo a su vez de Alfonso IX de León, rey de León.

Orígenes familiares

María de Molina era hija del infante Alfonso de Molina, segundo hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela I de Castilla, y hermano menor de Fernando III el Santo), y de su tercera esposa, Mayor Alfonso de Meneses, y nació alrededor del año 1259. Por parte materna era nieta de Alfonso Téllez II de Meneses, cuarto señor de Meneses, y de su primera esposa, María Yáñez de Lima.

A la muerte de su padre, Alfonso de Molina, Alfonso Téllez de Molina, hermano de la reina, heredó el señorío de Meneses. En 1292, a la muerte de su hermanastra Blanca Alfonso de Molina, se convirtió en señora de Molina, posesión que su esposo, Sancho IV el Bravo, le confirmó, por juro de heredad, para toda su vida.

Reina consorte de Castilla y León (1284-1295) 

En 1281 María de Molina contrajo matrimonio en la Catedral de Toledo con su sobrino el infante Sancho, que posteriormente reinaría en Castilla y León con el nombre de Sancho IV el Bravo. Los comienzos del matrimonio con el infante Sancho fueron problemáticos, pues el matrimonio no contaba con la imprescindible dispensa pontificia, debido a un doble motivo, ya que por un lado existían lazos de consaguineidad en tercer grado entre los contrayentes, y además existían unos esponsales previos contraídos por el infante Sancho, aunque nunca consumados, con Guillerma de Montcada. El matrimonio de María de Molina al principio fue considerado nulo y por tanto todos los hijos nacidos de él, se consideraban ilegítimos. Por todo ello se sostuvo que habían cometido "incestas nuptias, excessus enormitas y publica infamia" y fueron excomulgados por el Papa. En 1282 nació su hija primogénita en Toro, la infanta Isabel de Castilla.

Además, la idea del matrimonio no fue del agrado de Alfonso X el Sabio, que ya estaba enemistado con su hijo desde la muerte en 1275 de su hijo y heredero, el infante Fernando de la Cerda y la consiguiente pretensión del infante Sancho de proclamarse heredero del trono, soslayando con ello los derechos de los infantes de la Cerda, hijos de Fernando de la Cerda y, por tanto, legítimos herederos del trono. Además de la rebelión del infante Sancho contra su padre el rey, la ejecución del infante Fadrique de Castilla en 1277, y cuya ejecución había sido ordenada por su propio hermano, Alfonso X el Sabio, había hecho que la alta nobleza y los ricoshombres del reino se decantasen a favor del infante Sancho en la lucha de éste contra su padre.

En el mes de abril de 1284 Sancho y María recibieron en Ávila la noticia de la muerte en Sevilla de Alfonso X, junto con la de que en el testamento desheredaba a su hijo Sancho en favor de su nieto, Alfonso de la Cerda, hijo de su primogénito. Al día siguiente Sancho y María de Molina, terminados los funerales en memoria de Alfonso X el Sabio, cambiaron los ropajes de duelo por brillantes paños de oro reales y Sancho IV fue proclamado soberano de Castilla y León, haciendo reconocer como reina a María de Molina, y a su hija, la infanta Isabel de Castilla por heredera. Luego emprendieron viaje a la ciudad de Toledo para efectuar allí la ceremonia de coronación en la Catedral de Toledo. A primeros de mayo entraron en la ciudad de Toledo y fueron coronados monarcas de los reinos de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén y del Algarve. En la ciudad de Sevilla se mantenía el núcleo de los fieles al difunto Alfonso X el Sabio, entre ellos el infante Juan de Castilla, hermano de Sancho IV, a quien Alfonso X había legado en su testamento los reinos de Badajoz y Sevilla, de los que no tomó posesión. La principal preocupación de Sancho IV era el apoyo que Juan Núñez de Lara, magnate del reino, prestaba a Alfonso de la Cerda, por lo que se propuso capturarlo, aunque el problema radicaba en que Juan Núñez se hallaba respaldado por el rey de Francia, que prestaba su apoyo a los infantes de la Cerda, por ser sobrinos suyos. Mientras tanto, la principal preocupación de la reina era conseguir la dispensa pontificia que legitimara su matrimonio y a sus futuros hijos, algo que el pontífice del momento, Nicolás IV, no le concedió.

En 1284 se inició una guerra entre Francia y Aragón pero Castilla no se involucró, ya que se encontraba inmersa en una guerra contra los musulmanes del sur de la península. En 1286 la situación cambió debido a que en el mismo año fallecieron Pedro III el Grande, rey de Aragón, el papa Nicolás IV, y el rey de Francia Felipe III el Atrevido. Un año antes, en 1285, había nacido en Sevilla su hijo Fernando, que llegaría a reinar con el nombre de Fernando IV el Emplazado. Aprovechando la subida al trono de Francia de Felipe IV el Hermoso, Sancho IV envió a la corte francesa a Gómez García, su privado, para solcitar del monarca galo que intercediese por él ante el nuevo Santo Padre para conseguir la dispensa que legitimase su matrimonio con María de Molina. Sin embargo, el propósito de Felipe IV era que el rey repudiase a Maria de Molina y que se casase con una hermana suya. Al saber ésto, Sancho IV reemplazó a su privado por Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya, miembro de la familia Haro, rival tradicional de la familia Lara. Las relaciones entre la reina y el nuevo privado del rey no fueron cordiales desde el principio y la reina pudo presenciar la muerte del mismo a manos de Sancho IV en la villa de Alfaro en 1288, salvándole ella la vida al mismo tiempo al infante Juan de Castilla, hermano de Sancho IV, que había intentado proteger al valido:

"Desque la Reina, que estava en su camara supo el hecho en como havia passado, pugno quanto pudo en guardar al Infante D. Juan que no tomasse muerte, i si non fuera por esto, luego lo matara el Rei de buena miente, i prissiole el Rei esa noche, i metiole en unos hierros"

El infante Juan fue encerrado en el Castillo de Burgos. Ese mismo año nació el infante Enrique, que moriría en la infancia. Al año siguiente dió a luz al infante Pedro, su quinto hijo. En 1291, mediante la firma del Tratado de Monteagudo, el rey de Aragón, Jaime II el Justo, se comprometió a desposarse con la infanta Isabel, hija de la reina, cuando tuviese la edad requerida para ello. Al año siguiente, en 1292, Sancho IV logró conquistar la plaza de Tarifa después de un prolongado asedio, y la reina dió a luz al infante Felipe. En 1293 María de Molina heredó, por la muerte de su hermanastra Blanca Alfonso de Molina, el señorío de Molina, hecho confirmado por Sancho IV el Bravo, que le cedió el señorío por juro de heredad mientras durase su vida. Al poco tiempo dió a luz a su séptima hija, la infanta Isabel.

Tutora del rey durante la minoría de edad de Fernando IV el Emplazado (1295-1301)

El día 25 de abril de 1295 falleció el rey Sancho IV el Bravo, dejando como heredero al infante Fernando. Sepultado el rey en la Catedral de Toledo, María de Molina se retiró al primitivo Alcázar de Toledo para guardar un luto de nueve días. La reina fue la encargada de ejercer la tutoría durante la minoría de edad de su hijo, que sólo contaba con nueve años de edad. Debido a la ilegitimidad de Fernando IV, causada por el matrimonio ilegitimado de sus padres, la reina tuvo que afrontar numerosos problemas para conseguir que su hijo permaneciera en el trono.

A las luchas incesantes con la nobleza castellana dirigida por los infantes Juan de Castilla, que reclamaba el trono de su hermano Sancho IV, y por el infante Enrique "El Senador", hijo de Fernando III el Santo y tío de Sancho IV, que reclamaba la tutoría del rey, y con los infantes de la Cerda, apoyados por Aragón y por su abuela la reina Violante de Aragón y Hungría, viuda de Alfonso X el Sabio, por el control del Reino, se unieron los problemas con Aragón, Portugal y Francia, quienes intentaron aprovechar la situación de inestabilidad que atravesaba la Corona de Castilla y León en su propio beneficio. Al mismo tiempo, Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, Nuño González de Lara, y Juan Núñez de Lara el Menor, entre otros magnates, sembraban la confusión y la anarquía en el reino de Castilla y León.

En las Cortes de Valladolid de 1295 el infante Enrique de Castilla "El Senador" fue nombrado tutor del rey, pero la reina María de Molina consiguió mediante el apoyo de las ciudades con voto en Cortes que la custodia de su hijo le fuera confiada a ella. Mientras se celebraban las Cortes de Valladolid de 1295, el infante Juan de Castilla abandonó la ciudad de Granada e intentó ocupar la ciudad de Badajoz, pero, al fracasar en su intento, se apoderó de Coria y del castillo de Alcántara. Pasó después al reino de Portugal, donde presionó al rey Don Dionís para que declarase la guerra al reino de Castilla y León, y al mismo tiempo, para que le apoyase en sus pretensiones de acceder al trono leonés.

En el verano de 1295, terminadas las Cortes de Valladolid, la reina y el infante Enrique se entrevistaron en Ciudad Rodrigo con el rey Don Dionís de Portugal, al que la reina entregó varias plazas. En la entrevista de Ciudad Rodrigo se convino en que Fernando IV contraería matrimonio con la infanta Constanza, hija del rey Dionís, mientras que la infanta Beatriz de Castilla y de Molina, hija de María de Molina, se casaría con el infante heredero del trono portugués. Al mismo tiempo, a Diego López V de Haro se le confirmó la posesión del señorío de Vizcaya, y al infante Juan, que aceptó como soberano a Fernando IV en privado, se le restituyeron sus propiedades. Jaime II de Aragón devolvió a la infanta Isabel de Castilla y de Molina a la corte de Castilla sin haberse desposado con ella y declaró la guerra al reino de Castilla y León.

A principios de 1296, el infante Juan tomó Astudillo, Paredes de Nava y Dueñas, al tiempo que su hijo Alfonso de Castilla tomaba Mansilla. En abril de 1296 Alfonso de la Cerda invadió el reino de Castilla y León, acompañado por tropas aragonesas, y se dirigieron a la ciudad de León, donde el infante Juan fue proclamado rey de León, de Sevilla y de Galicia. Acto seguido, el infante Juan acompañó a Sahagún a Alfonso de la Cerda, donde éste último fue proclamado rey de Castilla, Toledo, Córdoba, Murcia y Jaén.

Poco después de ser coronados Alfonso de la Cerda y el infante Juan, cercaron el municipio vallisoletano de Mayorga, partiendo al mismo tiempo el infante Enrique al reino de Granada para concertar la paz entre el sultán granadino y Fernando IV, pues los granadinos atacaban en esos momentos en toda Andalucía las tierras del rey, siendo defendidas por Alonso Pérez de Guzmán. El 25 de agosto de 1296, falleció el infante Pedro de Aragón y Sicilia, víctima de la peste, mientras se encontraba al mando del ejército aragonés que sitiaba la ciudad de Mayorga, perdiendo con ello el infante Juan a uno de sus valedores, al tiempo que, debido a la mortalidad que se extendió entre los sitiadores de Mayorga, se vió obligado a levantar el cerco de la localidad.

Mientras el infante Juan de Castilla y Juan Núñez de Lara el Menor aguardaban la llegada del rey de Portugal con sus tropas para unirse a ellos en el sitio al que proyectaban someter la ciudad de Valladolid, donde se encontraban la reina María de Molina y Fernando IV, el rey aragonés atacaba Murcia y Soria, y el rey Don Dionís de Portugal atacaba a lo largo de la línea del río Duero, mientras que Diego López V de Haro sembraba el desorden en su señorío de Vizcaya.

Ante ésta situación, la reina María de Molina amenazó al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques al reino y su apoyo al infante Juan y a Alfonso de la Cerda. El soberano de Portugal, ante las amenazas de María de Molina, e informado de que Juan Núñez de Lara el Menor se negaba a sitiar Valladolid, así como que numerosos magnates, nobles y prelados desertaban del bando del infante Juan, retornó a Portugal, habíéndose apoderado previamente de Castel Rodrigo, Alfaiates y Sabugal, territorios pertenecientes a Sancho de Castilla "el de la Paz", nieto de Alfonso X el Sabio. Poco después de la retirada del rey de Portugal, el infante Juan se retiraba a León y Alfonso de la Cerda regresaba a Aragón.

En octubre de 1296, las tropas de María de Molina, enferma de gravedad en esos momentos, cercaron Paredes de Nava, donde se hallaba María Díaz de Haro, esposa del infante Juan de Castilla, acompañada por su madre y por su hijo Lope.

Cuando el infante Enrique "el Senador" , que se hallaba conferenciando con el rey de Granada, tuvo conocimiento de que los aragoneses y los portugueses habían abandonado el reino de Castilla y León, y que la reina se encontraba sitiando Paredes de Nava, decidió a regresar a Castilla, temiendo que le privasen de la tutoría del rey. Sin embargo, presionado por Alonso Pérez de Guzmán y otros caballeros, antes de emprender el regreso, atacó a los granadinos, que en esos momentos habían vuelto a atacar a los castellanos. A cuatro leguas de Arjona, se entabló una batalla con los granadinos, en la que hubiera perdido la vida el infante Enrique de no haberle salvado Alonso Pérez de Guzmán, pues la derrota castellano-leonesa fue completa, siendo saqueado el campamento cristiano. A su regreso a Castilla, el infante Enrique persuadió a algunos caballeros y consiguió que se levantase el asedio a que se hallaba sometida Paredes de Nava, a pesar de la oposición de la reina, que regresó a Valladolid en enero de 1297 sin haber tomado la plaza. En 1297, durante las Cortes de Cuéllar, convocadas por la reina María de Molina, el infante Enrique presionó para que la plaza de Tarifa fuera devuelta al rey de Granada, no pudiendo conseguir su objetivo por la oposición de la reina. En dichas Cortes el infante Enrique consiguió que a su sobrino Don Juan Manuel se le entregase el castillo de Alarcón como compensación por haberle arrebatado los aragoneses la villa de Elche, a pesar de la oposición de la reina, que no deseaba sentar ese tipo de precedentes entre los nobles. Poco antes de la firma del Tratado de Alcañices, Juan Núñez de Lara el Menor, que apoyaba a Alfonso de la Cerda y al infante Juan, fue sitiado en Ampudia, aunque consiguió escapar del cerco.

El Tratado de Alcañices (1297)

Artículo principal: Tratado de Alcañices

En 1296, la reina María de Molina había amenazado al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques, ante lo cual Don Dionís de Portugal aceptó retirarse del reino de Castilla y León. Mediante el tratado de Alcañices quedaron fijadas, entre otros puntos, las fronteras entre el reino de Castilla y León y el reino de Portugal, que recibía una serie de plazas fuertes y villas a cambio de romper sus acuerdos que lo posicionaban en contra del reino de Castilla y León, y que habían sido firmados con Jaime II de Aragón, con Alfonso de la Cerda, con el Infante Juan de Castilla, y con Juan Núñez de Lara el Menor.

Al mismo tiempo, en el Tratado de Alcañices fue vuelto a confirmar el proyectado enlace entre Fernando IV y la Infanta Constanza de Portugal, al tiempo que se acordaban los esponsales entre el infante Alfonso de Portugal, heredero del trono lusitano, y la infanta Beatriz, hija de Sancho IV el Bravo y hermana de Fernando IV. Por otra parte, el monarca portugués aportó un ejército de trescientos caballeros, puestos a las órdenes de Juan Alfonso de Alburquerque, para ayudar a la reina María de Molina en su lucha contra el infante Juan, que hasta ese momento había recibido el apoyo del rey Dionís.

Además se estipulaba en el tratado que las villas y plazas de Campo Maior, Olivenza, Ouguela y San Felices de los Gallegos serían entregadas a Don Dionís de Portugal como compensación por la pérdida por parte de Portugal, durante el reinado de Alfonso III de Portugal de una serie de plazas que le fueron arrebatadas por Alfonso X el Sabio. Al mismo tiempo, le fueron entregadas al rey portugués las plazas de Almeida, Castelo Bom, Castelo Meior (Castelo Melhor), Castelo Rodrigo, Monforte, Sabugal, Sastres y Vilar Maior.Los monarcas castellano y portugués renunciaron a plantearse mutuamente reclamaciones territoriales en el futuro. Los prelados de los dos reinos acordaron el día 13 de septiembre de 1297 apoyarse mutuamente y defenderse de las posibles pretensiones, por parte de otros estamentos, de restarles libertades o privilegios. El Tratado fue ratificado no sólo por los dos monarcas de ambos reinos, sino también por una representación abundante de los brazos nobiliario y eclesiástico de ambas naciones, así como por la Hermandad de los concejos de Castilla y por su equivalente del Reino de León. A largo plazo las consecuencias de este tratado serán duraderas, ya que la frontera entre ambos reinos apenas fue modificada en el curso de los siglos posteriores, convirtiéndose de esa forma en una de las fronteras establecidas entre dos países más longevas del continente europeo.

Por otra parte, el Tratado de Alcañices contribuyó a asegurar la posición en el trono de Fernando IV, insegura a causa de las discordias internas y externas, y permitió que la reina María de Molina ampliase su libertad de movimientos al no existir ya disputas con el soberano portugués, que había pasado a apoyarla en su lucha contra el infante Juan, quien, en esos momentos, aún seguía controlando el territorio leonés.[19]

Última etapa de la minoría de edad de Fernando IV el Emplazado (1297-1301)

A finales de 1297, la reina envió a Alonso Pérez de Guzmán al reino de León para que combatiese al infante Juan, que seguía controlando el territorio leonés.[20] A comienzos de 1298, Alfonso de la Cerda y el infante Juan, apoyados por Juan Núñez de Lara el Menor, comenzaron a acuñar moneda falsa, puesto que contenía menos metal del que correspondía, con el propósito de desestabilizar la economía del reino de Castilla y León.

En 1298 la ciudad de Sigüenza cayó en poder de Juan Núñez de Lara el Menor, pero tuvo que evacuarla al poco tiempo a causa de la resistencia de los defensores y, poco después, caían en manos del magnate castellano Almazán, que se convirtió en la plaza fuerte de Alfonso de la Cerda, y Deza, siéndole además devuelto a Juan Núñez de Lara el Menor el Albarracín por el rey de Aragón, Jaime II el Justo. En las Cortes de Valladolid de 1298, el infante Enrique volvió a aconsejar la devolución de Tarifa a los musulmanes, negándose a ello la reina María de Molina.

La reina María de Molina se entrevistó en 1298 con el rey de Portugal en Toro, y le solicitó que le ayudase en la lucha contra el infante Juan. Sin embargo, el soberano portugués se negó a atacar al infante y, de común acuerdo con el infante Enrique, propuso que Fernando IV llegase a un acuerdo de paz con el infante Juan, conservando el infante el reino de Galicia, la ciudad de León, y todas las plazas que había conquistado mientras durase su vida, pasando a Fernando IV todos esos territorios a la muerte del infante. No obstante, la reina María de Molina, que se oponía al proyecto de entregar dichos territorios al infante Juan, sobornó al infante Enrique, a quien entregó Écija, Roa y Medellín para que el proyecto no siguiera adelante, logrando al mismo tiempo que los representantes de los Concejos rechazasen públicamente el proyecto del soberano portugués.

Después de la entrevista con el monarca lusitano en 1298, la reina envió a su hijo, el infante Felipe, que contaba con siete años de edad, a Galicia, con el propósito de reforzar la autoridad real en aquella zona, en la que Juan Alfonso de Albuquerque y Fernando Rodríguez de Castro, señor de Lemos, sembraban el desorden. En el mes de abril de 1299, una vez finalizadas las Cortes de Valladolid de ese año, la reina recuperó los castillos de Mónzón y de Becerril de Campos, en poder de los partidarios de Alfonso de la Cerda. En 1299 Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, capturó a Juan Núñez de Lara el Menor. Mientras tanto, la reina disponía tropas para socorrer la ciudad de Lorca, sitiada por el rey de Aragón Jaime II el Justo, al tiempo que, en agosto del mismo año, las tropas del rey castellano cercaban Palenzuela. Juan Núñez de Lara el Menor fue libertado en 1299 a condición de que su hermana Juana Núñez de Lara "la Palomilla" se desposase con el infante Enrique "el Senador", de que rindiese homenaje a Fernando IV y se comprometiese a no guerrear contra él, y que devolviese a la Corona Osma, Palenzuela, Amaya, Dueñas, que le fue concedida al infante Enrique, Ampudia, Tordehumos, que le fue entregada a Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, la Mota, y Lerma. En marzo de 1300, la reina María de Molina se entrevistó con Don Dionís de Portugal en Ciudad Rodrigo, donde el soberano portugués solicitó fondos para poder abonar el coste de las dispensas matrimoniales que el papa debería otorgar, a fin de que se llevasen a cabo los esponsales entre Fernando IV y Constanza de Portugal, hija del rey de Portugal, así como el de la infanta Beatriz de Castilla con el infante Alfonso de Portugal. En las Cortes de Valladolid de 1300 María de Molina, imponiendo su voluntad a las Cortes, consiguió reunir la cantidad necesaria de dinero con la que poder comprar la voluntad del papa Bonifacio VIII, a fin de que éste emitiera la bula que legitimaría el matrimonio del difunto Sancho IV el Bravo con la soberana.

Durante las Cortes de Valladolid de 1300 el infante Juan de Castilla renunció a sus pretensiones sobre el reino de Castilla y León, no obstante haber sido proclamado rey de León en 1296, y prestó público juramento de fidelidad a Fernando IV y a sus sucesores, el día 26 de junio de 1300. A cambio de su renuncia a la posesión del señorío de Vizcaya, cuya posesión le fue confirmada a Diego López V de Haro, el infante Juan y su esposa, María II Díaz de Haro recibieron Mansilla, Paredes de Nava, Medina de Rioseco, Castronuño y Cabreros. Poco después, María de Molina y los infantes Enrique y Juan, acompañados por Diego López de Haro, sitiaron Almazán, pero levantaron el asedio por la oposición del infante Enrique.

En 1301 Jaime II de Aragón sitió la villa de Lorca, perteneciente a Don Juan Manuel, quien entregó la villa al monarca aragonés, al tiempo que María de Molina, con el propósito de amortizar el desembolso realizado para proveer un ejército con el que liberar a la villa del cerco aragonés, ordenaba cercar los castillos de Alcalá y Mula, y sitiaba a continuación la ciudad de Murcia, donde se hallaba Jaime II, que pudo haber sido capturado por las tropas castellanas, de no haber sido prevenido por los infantes Enrique y Juan, temerosos de una completa derrota del soberano aragonés, debido a las buenas relaciones que ambos mantenían con él. En el mes de abril de 1301 se celebraron Cortes en Burgos, en las que se concedieron los subsidios demandados por la Corona para financiar la guerra contra el reino de Aragón, contra el reino de Granada, y contra Alfonso de la Cerda, al tiempo que se concedían subsidios para conseguir la legitimación del matrimonio de la reina con Sancho IV el Bravo, enviándose 10.000 marcos de plata a Roma, a pesar de la hambruna que asolaba el reino. En el mes de junio de 1301, en las Cortes de Zamora, el infante Juan y los ricoshombres de Léon, Galicia y Asturias aprobaron los subsidios demandados por la Corona.

Reinado de Fernando IV el Emplazado (1301-1312)

En noviembre de 1301, hallándose la corte en Burgos, se hizo pública en el reino de Castilla y León la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de María de Molina con el difunto rey Sancho IV el Bravo, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Con ello, el infante Juan y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés. También se recibió la dispensa pontificia que permitía el matrimonio de Fernando IV con Constanza de Portugal. El infante Enrique, molesto por la legitimación de Fernando IV por el papa Bonifacio VIII, se alió con Juan Núñez de Lara el Menor para indisponer y enemistar a Fernando IV con su madre. A ambos magnates se les unió el infante Juan. En 1301, mientras la reina se encontraba en Vitoria con el infante Enrique respondiendo a las quejas presentadas por el reino de Navarra en relación con los ataques castellanos a sus tierras, el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor indisponían al rey con su madre y procuraban su diversión en tierras de León, valiéndose de la afición que el monarca sentía por la caza, a la que se mostraba aficcionado desde joven. Estando la reina en Vitoria, los nobles aragoneses, sublevados contra su rey, le ofrecieron su apoyo para conseguir que Jaime II de Aragón devolviera a Castilla las plazas de las que se había apoderado en el reino de Murcia. En 1301 el infante Enrique, aliado con Diego López V de Haro, reclamó al rey, como compensación por abandonar la tutoría del soberano, y habíendo chantajeado previamente a la reina con declarar la guerra a su hijo si no accedían a sus deseos, la posesión de Atienza y San Esteban de Gormaz, que le fueron concedidas por el rey.

El día 23 de enero de 1302 Fernando IV contrajo matrimonio en Valladolid con Constanza de Portugal y Aragón, hija del rey Don Dionís de Portugal. En las Cortes de Medina del Campo de 1302, celebradas en mayo de ese año, los infantes Enrique y Juan y Juan Núñez de Lara el Menor intentaron indisponer al rey con su madre, acusándola de haber regalado las joyas que le diera Sancho IV, y posteriormente, cuando se demostró la falsedad de esta acusación, la acusaron de haberse apropiado de los subsidios concedidos a la Corona en las Cortes del reino de años anteriores, acusación que se demostró era falsa cuando Don Nuño, abad de Santander y canciller de la reina, revisó las cuentas de la soberana. Mientras se celebraban las Cortes de Medina del Campo de 1302, a las que acudió la representación del reino de Castilla, murió el rey Muhammad II de Granada, siendo sucedido en el trono por Muhammad III de Granada, quien atacó el reino de Castilla y León y conquistó Bedmar. En julio de 1302 se reunieron las Cortes en Burgos, a las que el monarca acudió con su madre, restablecidas las buenas relaciones con ella, y con el infante Enrique. El monarca, a pesar de hallarse bajo la influencia de su privado Samuel, de origen judío, que intentaba separar al rey de su madre, había decidido prescindir de la presencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor en dichas Cortes. Terminadas las Cortes, el rey se dirigió a Palencia, donde se celebró el matrimonio de Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan de Castilla, con Teresa Núñez de Lara, hija de Juan Núñez de Lara III el Viejo y hermana de Juan Núñez de Lara el Menor. Mientras tanto, se acentuaba la rivalidad existente entre el infante Enrique, María de Molina y Diego López V de Haro de un lado, y el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor del otro. El infante Enrique amenazó a la reina con declarar la guerra a su hijo y a ella misma si no se accedía a sus demandas, al tiempo que los magnates procuraban eliminar la influencia que María de Molina ejercía en su hijo, a quien el pueblo comenzó a dejar de estimar, debido a la influencia que los ricoshombres ejercían sobre él. En los últimos meses de 1302, la reina, que se hallaba en Valladolid, se vió obligada a aplacar a los ricoshombres y a la nobleza, que planeaban levantarse en armas contra Fernando IV, quien pasó las navidades de 1302 en tierras del reino de León, acompañado por el infante Juan y por Juan Núñez de Lara el Menor.

A comienzos de 1303 había una entrevista prevista entre el soberano portugués y Fernando IV, que confiaba en que su primo Don Dionís de Portugal le devolvería parte de los territorios que había obtenido mediante el Tratado de Alcañices de 1297. El infante Enrique, Diego López V de Haro y la reina madre se excusaron de asistir. El propósito de la reina al negarse a asistir era vigilar al infante Enrique y al señor de Vizcaya, cuyas relaciones con su hijo eran tensas debido a la amistad que el monarca concedía al infante Juan y a Juan Núñez de Lara el Menor. En mayo de 1303 se celebró la entrevista entre Don Dionís de Portugal y Fernando IV en Badajoz, a quien el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor predispusieron en contra del infante Enrique y del señor de Vizcaya, al tiempo que las concesiones del soberano portugués, que se ofreció a ayudarle si fuera preciso contra el infante Enrique, decepcionaban al soberano castellano.

Vistas de Ariza y muerte del infante Enrique de Castilla "el Senador" (1303)

Mientras el rey se encontraba en Badajoz, en 1303, se reunieron en Roa el infante Enrique, Diego López V de Haro y Don Juan Manuel, y acordaron que Don Juan Manuel se entrevistase con el rey de Aragón, quien acordó con Don Juan Manuel que los tres magnates y él mismo se reuniensen el día de San Juan Bautista (24 de junio) en Ariza. Después, el infante Enrique comunicó sus planes a María de Molina, que se encontraba en Valladolid, con el propósito de que ella se uniera a ellos. El plan del infante Enrique consistía, a fin de lograr la paz en el reino y de eliminar la influencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor, en que Alfonso de la Cerda se conviertiese en rey de León y se desposase con la infanta Isabel, hija de María de Molina, al tiempo que el infante Pedro, hermano de Fernando IV, sería proclamado rey de Castilla y se desposaría con una hija de Jaime II de Aragón. El plan, que hubiera supuesto la disgregación de los territorios del reino de Castilla y León, así como la renuncia al mismo, forzosa u obligada, de Fernando IV el Emplazado, fue rechazado por la reina María de Molina, que se negó a secundar el proyecto y a entrevistarse con el soberano aragonés en Ariza. Fernando IV, mientras tanto, suplicaba a su madre que pusiese paz entre él y los magnates que apoyaban al infante Enrique, quienes volvieron a suplicar a la reina que apoyase el plan del infante, a lo que ella se negó. Mientras se celebraban las Vistas de Ariza, la reina recordó al infante Enrique y a sus acompañantes la lealtad que debían a su hijo, así como los grandes heredamientos con que les había dotado, consiguiendo con ello que algunos caballeros abandonasen Ariza, sin secundar el plan del infante Enrique. Sin embargo, el infante Enrique, Don Juan Manuel y otros caballeros se comprometieron a hacer la guerra al rey Fernando, así como a que le fuera devuelto el reino de Murcia al reino de Aragón, y a que el reino de Jaén le fuese entregado a Alfonso de la Cerda. Sin embargo, mientras la reina María de Molina reunía los Concejos y estorbaba los propósitos del infante Enrique, éste enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a su villa de Roa. Ante la enfermedad del infante Enrique, la reina, temerosa de que sus señoríos y castillos pasasen a Don Juan Manuel y a Lope Díaz de Haro, a quienes el infante planeaba legar sus posesiones a su muerte, persuadió al confesor del infante, así como a sus acompañantes, de que convencieran al infante Enrique para que a su muerte sus bienes revirtieran a la Corona, a lo que el infante se negó, pues no deseaba que sus bienes pasasen a ser de su sobrino Fernando IV.[53] Cuando Don Juan Manuel, sobrino carnal del infante Enrique, llegó a Roa, le encontró sin habla y, tomándole por muerto, se apropió de todos los objetos valiosos que allí había, como refiere la Crónica de Fernando IV:

"E desque vió á D. Enrique fallolo sin fabla, é cuydando que era muerto, tomóle quanto le falló en la casa, plata é bestias é cartas que tenia blancas del sello del rey, é salió fuera de la villa é levó consigo quanto y falló de D. Enrique, é fuese para Peñafiel, que era deste D. Juan Manuel."

La reina envió entonces órdenes a todas las fortalezas del infante moribundo, en las que se disponía que si el infante Enrique falleciese, no entregasen los castillos si no a las tropas del rey, a quien pertenecían. El día 8 de agosto de 1303 falleció el infante Enrique, siendo sepultado en el desaparecido Monasterio de San Francisco de Valladolid. Sus vasallos dieron escasas muestras de duelo por él y, cuando tuvo conocimiento de ello la reina, ordenó que se colocase sobre el ataúd un paño de brocado, así como que a los funerales asistiesen todos los clérigos y nobles presentes en Valladolid.

Mientras el infante Enrique agonizaba, Fernando IV hizo un pacto con el rey Muhammad III de Granada, en el que se estipulaba que el soberano granadino conservaría Alcaudete, Quesada y Bedmar, mientras que Fernando IV conservaría la plaza de Tarifa. El soberano nazarita se declaró vasallo de Fernando IV y se comprometió a pagarle las parias correspondientes. Al saber que había fallecido el infante Enrique, Fernando IV se mostró complacido y concedió la mayoría de sus tierras a Juan Núñez de Lara el Menor, a quien también concedió el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera de Andalucía, y a los hombres que se hallaban con él, al tiempo que devolvía Écija a su madre, por haber sido suya antes de que ella se la entregara al infante Enrique. En noviembre de 1303 el rey se encontraba en Valladolid junto a la reina, y solicitó su consejo, pues deseaba poner fin al pleito que sostenían el infante Juan de Castilla, señor de Valencia de Campos y Diego López V de Haro por la posesión del señorío de Vizcaya, que en esos momentos era propiedad de Diego López V de Haro. La reina le manifestó que le ayudaría, al tiempo que el rey le hacía importantes donaciones.

Conflictos internos en el reino de Castilla y León (1304-1310)

En 1304, en Galicia, el infante Felipe, hermano de Fernando IV, derrotó en una batalla a Fernando Rodríguez de Castro, su cuñado, en la que perdió la vida éste último. En abril de 1306, el infante Juan, a pesar de la oposición de María de Molina, indujo al rey a que declarase la guerra a Juan Núñez de Lara el Menor, sabiendo que Diego López V de Haro le defendería, al tiempo que aconsejaba al soberano que sitiase Aranda de Duero, donde se hallaba Juan Núñez de Lara el Menor, quien en vista de la situación, rompió su vínculo vasallático con el rey.

Después de una batalla campal, consiguió escapar Juan Núñez de Lara el Menor del cerco al que se pretendía someter Aranda de Duero, y se reunió con Diego López de Haro y el hijo de éste último, y acordaron hacer la guerra contra Fernando IV por separado, y cada uno en su territorio. Las huestes del rey exigieron concesiones al monarca, quien hubo de concedérselas a pesar de que no se mostraban diligentes en hacer la guerra, por lo que el soberano ordenó al infante que entablase negociaciones con Diego López de Haro y los suyos, a lo que el infante Juan accedió, pues sus vasallos tampoco se mostraban partidarios de la guerra. Las negociaciones no llegaron a iniciarse y la guerra continuó, a pesar de que el infante Juan aconsejaba al soberano que firmase la paz si ello era viable. El soberano solicitó la intervención de su madre, quien después de las negociaciones mantenidas con los rebeldes a través de Alonso Pérez de Guzmán, logró en una reunión con ellos mantenida en Pancorbo que los tres magnates sublevados concediesen castillos como rehenes al rey, al que deberían rendir pleitesía, conservando sus propiedades, al tiempo que el rey se comprometía a abonarles sus soldadas. El acuerdo no satisfizo al infante Juan, quien volvió a reclamar al rey la posesión del señorío de Vizcaya en nombre de su esposa, al tiempo que Fernando IV, con el propósito de complacer al infante, arrebataba la merindad de Galicia a su hermano el infante Felipe y se la concedía a Diego García de Toledo, privado del infante Juan.[62] Fernando IV, deseoso de complacer al infante Juan, envió a Alonso Pérez de Guzmán y a Juan Núñez de Lara el Menor a parlamentar con Diego López V de Haro, quien se negó a entregar el señorío de Vizcaya al infante. Cuando el infante Juan tuvo conocimiento de ello, convocó a Don Juan Manuel y a sus vasallos para que le apoyasen en sus pretensiones, al tiempo que el rey y la reina María de Molina parlamentaban con Juan Núñez de Lara el Menor para que persuadiese al señor de Vizcaya de que devolviese el señorío. En septiembre de 1306 se entrevistó el rey con Diego López V de Haro en Burgos. El soberano le propuso que en tanto que viviese conservase la propiedad del señorío de Vizcaya, pero que a su muerte, el señorío pasase a María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo. Sin embargo, la propuesta no fue aceptada por Diego López de Haro, a quien, en vista de su obstinación, el rey volvió a intentar enemistar con Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después, Diego López V de Haro volvió a apelar al Papa.

A principios de 1307, mientras el rey, María de Molina y el infante Juan se dirigían a Valladolid, tuvieron conocimiento de que el papa Clemente V reconocía la validez del juramento prestado por el infante Juan y su esposa en 1300 de renunciar al señorío de Vizcaya, por lo que el infante debería atenerse a él, o bien responder al pleito interpuesto contra él por el señor de Vizcaya. En febrero de 1307 se intentó resolver el pleito sobre el señorío de Vizcaya, acordando que Diego López V de Haro conservase la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasase a María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos del rey. Sin embargo, el acuerdo no fue aceptado por el señor de Vizcaya. Poco después fueron convocadas Cortes en la ciudad de Valladolid.

En las Cortes de Valladolid de 1307, viendo María de Molina que los ricoshombres, encabezados por el infante Juan, protestaban contra las medidas adoptadas por los privados del rey, intentó, para complacer al infante, poner fin al pleito existente sobre el señorío de Vizcaya. Para ello, la reina contó con la colaboración de su hermana Juana Alfonso de Molina, quien persuadió a su hija María Díaz de Haro para que aceptase el acuerdo planteado en febrero de ese mismo año. Diego López V de Haro y su hijo Lope Díaz de Haro se avinieron a firmar el acuerdo, por el que se establecía que Diego López V de Haro conservaría la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasaría a ser de María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos de Fernando IV. Ante el acuerdo alcanzado respecto a la posesión del señorío de Vizcaya, Juan Núñez de Lara el Menor se sintió menospreciado por el rey y por su madre, por lo que se retiró de las Cortes sin que éstas hubiesen finalizado. Por ello, el rey concedió el cargo de Mayordomo real a Diego López V de Haro, lo que provocó que el infante Juan abandonase la corte, advirtiendo al rey que no contaría con su ayuda hasta que los alcaides de los castillos de Diego López de Haro rindiesen homenaje a María Díaz de Haro, su esposa. Sin embargo, poco después se reunieron en Lerma, donde se hallaba María Díaz de Haro, el infante Juan, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro, y Lope Díaz de Haro, hijo de éste último, acordándose que prestasen homenaje en Vizcaya como futura señora a María Díaz de Haro, al tiempo que se hacía lo mismo en los castillos que recibiría Lope Díaz de Haro.

En 1307, por consejo del infante Juan y de Diego López V de Haro, ambos reconciliados ya, el rey ordenó a Juan Núñez de Lara el Menor que abandonase el reino y que le devolviese los castillos de Moya y Cañete, situados en la provincia de Cuenca, y que el rey le había concedido en el pasado, a pesar de que el infante Juan intentó mediar entre ambos. El rey fue a Palencia, donde se hallaba su madre, quien le aconsejó que, puesto que había expulsado a Juan Núñez de Lara del reino, si deseaba conservar el respeto de los ricoshombres y la nobleza. El rey se dirigió entonces a Tordehumos, donde se hallaba el magnate rebelde, y puso cerco a la villa a finales de octubre de 1307, hallándose acompañado por numerosos ricoshombres con sus tropas, y con las del Maestre de Santiago. Poco después se unieron a ellos el infante Juan, repuesto de una enfermedad, y su hijo, Alfonso de Castilla y Aleramici, con sus mesnadas. Estando el rey en el sitio de Tordehumos, recibió la orden del papa Clemente V de tomar los castillos y posesiones de la Orden del Temple y que los conservase en su poder hasta que el pontífice dispusiese lo que habría de hacerse con ellos. Al mismo tiempo, el infante Juan presentó al rey una propuesta de paz, procedente de los sitiados, que Fernando IV no aceptó. Durante el asedio el rey, viéndose en dificultades para pagar a sus tropas, envió a su esposa y a su hija recién nacida, la infanta Leonor, a que solicitasen un empréstito en su nombre a su suegro, el rey de Portugal. Al mismo tiempo, el infante Juan, resentido, aconsejó al monarca que abandonase el cerco y que él lo terminaría, o bien que tomaría Íscar, o bien que acudiría a la entrevista que debía tener en Tarazona con el rey de Aragón en su lugar. Sin embargo, el rey, receloso de su tío el infante, desoyó sus propuestas y procuró contentarle por otros medios. A causa de las deserciones de algunos ricoshombres, entre ellos Alfonso de Castilla y Aleramici, hijo del infante Juan, de Rodrigo Álvarez de Asturias y de García Fernández de Villamayor, y también a causa de la enfermedad de la reina madre, que no podía aconsejarle, el rey decidió pactar con Juan Núñez de Lara su rendición. Despúes que rindió la villa de Tordehumos, a comienzos de 1308, Juan Núñez de Lara se comprometió a entregar todas sus tierras al rey, excepto las que tenía en la Bureba y la Rioja, por tenerlas Diego López V de Haro, al tiempo que rendía pleitesía al rey, quien firmó este acuerdo a espaldas de la reina madre, enferma de gravedad en esos momentos. Después del cerco de Tordehumos, numerosos magnates y caballeros intentaron enemistar al rey con Juan Núñez de Lara el Menor y con el infante Juan, diciéndoles a cada uno de ellos por separado que el rey deseaba la muerte de ambos, por lo que los dos se aliaron, temiendo que el rey desease sus muertes, aunque sin contar con el apoyo de Diego López V de Haro. Sin embargo, fueron persuadidos por María de Molina de que el rey no les deseaba ningún mal, algo que después les fue confirmado por el propio rey. Sin embargo, el infante Juan y sus acompañantes solicitaron presentar sus peticiones a la reina y no a él, a lo que el soberano accedió. Las reclamaciones, presentadas por los demandantes en las Vistas de Grijota pasaban porque el soberano concediese la merindad de Galicia a Rodrigo Álvarez de Asturias y la merindad de Castilla a Fernán Ruiz de Saldaña, al tiempo que debía expulsar de la corte a sus privados, Sancho Sánchez de Velasco, Diego García, y Fernán Gómez de Toledo. Las demandas fueron satisfechas por el monarca. En 1308, Rodrigo Yáñez, Maestre de la Orden del Temple en el reino de Castilla y León, se dispuso a entregar a María de Molina las fortalezas de la Orden en el reino, más la reina no aceptó tomarlas sin el consentimiento de su hijo, que éste último concedió. Sin embargo, el maestre no entregó los castillos a la reina madre, sino que ofreció al infante Felipe, hermano de Fernando IV, entregárselos a él, a condición de que el infante suplicase al rey, en su nombre, que el monarca atendiese las demandas de los templarios ante los arzobispos y obispos de su reino.

En las Cortes de Burgos de 1308 se hallaron presentes la reina madre María de Molina, el infante Juan, el infante Pedro, Don Juan Manuel y la mayoría de los ricoshombres y magnates.[72] Fernando IV intentó poner orden en los asuntos del reino de Castilla y León, así como alcanzar un equilibrio presupuestario y reorganizar la administración de la corte, al tiempo que intentaba recortar las atribuciones del infante Juan, aspecto éste último no conseguido. El infante Juan entabló un pleito con el infante Felipe por la posesión del castillo de Ponferrada, del que éste último se había apropiado, así como de los de Alcañices, San Pedro de Latarce y Haro, y que hubo de entregar al rey, al tiempo que el Maestre del Temple se comprometía a entregar al rey los castillos que aún tenía en su poder. En las Cortes de Madrid de 1309, las primeras celebradas en la actual capital de España, el rey manifestó su deseo de ir a la guerra contra el reino de Granada, al tiempo que demandaba subsidios para poder hacer la guerra. Aprobados los subsidios demandados por la Corona, y abonadas las soldadas a los infantes, ricoshombres e hidalgos, acordaron entrar en la Vega de Granada y destruir sus cosechas. Fernando IV se dirigió a Toledo, donde aguardó a que se le uniesen sus tropas, al tiempo que dejaba a la reina madre a cargo del gobierno, confiándole la custodia de los sellos.

Durante el Sitio de Algeciras de 1309 la reina María de Molina ordenó que se hicieran procesiones con el objeto de implorar a Dios que cesasen las lluvias torenciales, a fin de conseguir el triunfo en la empresa bélica, comprometida por las deserciones del infante Juan y de Don Juan Manuel, así como por la epidemia que afectó al ejército cristiano. En enero de 1310, en vista de la enfermedad mortal padecida por Diego López V de Haro, el rey se decidió a negociar con los granadinos, quienes habían enviado un emisario al campamento cristiano. Alcanzado un acuerdo, en el que se estipulaba que a cambio de levantar el cerco recibiría Quesada y Bedmar, además de 50.000 doblas de oro, el rey ordenó levantar el asedio a finales de enero de 1310. Después de firmado el acuerdo, falleció Diego López V de Haro, tomando posesión del señorío de Vizcaya María Díaz de Haro, esposa del infante Juan, quien devolvió al rey, por recibir el señorío, las villas de Paredes de Nava, Cabreros, Medina de Rioseco, Castronuño, y Mansilla. A finales de enero de 1310, al mismo tiempo que Fernando IV ordenó levantar el cerco de Algeciras, Jaime II de Aragón ordenó que se levantara el asedio de Almería, a pesar de haber derrotado a los granadinos en batalla campal. En conjunto la campaña del año 1309 resultó más provechosa para las armas del reino de Castilla y León que para el de Aragón, ya que Fernando IV pudo incorporar el Gibraltar a sus dominios. La traición y deserción de los dos familiares del rey, Don Juan Manuel y el infante Juan de Castilla, fue mal considerada por todas las cortes europeas, que no ahorraron calificativos a la hora de definir a los dos magnates castellanos.

Última etapa del reinado de Fernando IV y muerte del rey (1310-1312)

En 1310, poco después de finalizado el cerco de Algeciras, el rey envió a Juan Núñez de Lara el Menor a conferenciar con el papa Clemente V, a quien el rey suplicaba, de común acuerdo con el rey de Aragón, que no permitiese que se manchase la memoria de su antecesor en la silla de San Pedro, el papa Bonifacio VIII, quien había legitimado el matrimonio de los padres de Fernando IV en 1301, legitimando con ello al rey mismo. El pontífice, que atendió a sus demandas, procuró suavizar el encono que Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, sentía hacia su predecesor, y concedió al rey los diezmos recaudados en su reino durante un año, al tiempo que el papa enviaba cartas a los prelados del reino de Castilla en las que se les ordenaba reprender severamente a los que no colaborasen con el rey en la empresa de la Reconquista.[79] Mientras tanto, Fernando IV emprendió de nuevo la guerra contra Algeciras. El infante Pedro, su hermano, conquistó el Castillo de Tempul. Conquistado el castillo, el infante Pedro se dirigió a Sevilla, donde se hallaba su hermano el rey, dirigiéndose ambos después a Córdoba, donde se había producido un levantamiento en contra de varios caballeros. Mientras tanto, la reina madre, que se encontraba en Valladolid, suplicaba a su hijo que se reuniese con ella allí, para hallarse presente en la boda de su hermana, la infanta Isabel, que se desposaría con Juan III de Bretaña, duque de Bretaña y bisnieto de Enrique III de Inglaterra. De camino a Burgos, el rey confesó a Juan Núñez de Lara el Menor que planeaba prender o asesinar al infante Juan, pues pensaba el rey que mientras el infante viviese, le perjudicaría y estorbaría en todos sus propósitos. Sin embargo, Juan Núñez de Lara el Menor, a pesar del odio que sentía hacia el infante, se dió cuenta de que el rey no lo hacía por afecto hacia él, y que si ayudaba al rey a deshacerse del infante, labraría su propia ruina. Al mismo tiempo, Don Juan Manuel solicitó al rey que le concediese el cargo de Mayordomo real, por lo que el monarca, que deseaba ganarse a Don Juan Manuel, creyendo que éste último rompería su amistad con el infante Juan, despojó al infante Pedro del cargo y se lo concedió, dando a cambio a su hermano las villas de Almazán y Berlanga, que le había prometido anteriormente.

Después de la boda de su hermana, la infanta Isabel, Fernando IV planeó asesinar al infante Juan en la ciudad de Burgos, en enero de 1311, para vengarse de ese modo por la deserción del infante del cerco de Algeciras y, al mismo tiempo, para someter a la nobleza, que volvía a rebelarse contra el poder de la Corona. Sin embargo, la reina María de Molina avisó al infante Juan de los propósitos de su hijo y el infante pudo ponerse a salvo. [82] A los pocos días, Don Juan Manuel, partió de Burgos y se dirigió a Peñafiel, encontrándose poco después con el infante Juan en Dueñas. Los partidarios y vasallos del infante Juan, temiendo al rey, se aprestaron a defenderle, entre ellos Sancho de Castilla "el de la Paz" y Juan Alfonso de Haro. En vista de la situación, Fernando IV, que no deseaba una rebelión abierta de los partidarios del infante Juan, además de querer dedicarse en exclusiva a la guerra contra el reino de Granada, envió a la reina María de Molina a conferenciar con el infante y sus hijos, además de con Don Juan Manuel, en Villamuriel. Alcanzado un acuerdo, que incomodó a la reina Constanza, esposa de Fernando IV, y a Juan Núñez de Lara el Menor, el rey se entrevistó con el infante Juan en Grijota.

En abril de 1311, Fernando IV, hallándose en Palencia, enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a Valladolid, a pesar de la oposición de la reina Constanza, su esposa, que deseaba trasladarlo a Carrión de los Condes, a fin de poder controlar al monarca junto con su aliado, Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después de la completa recuperación del rey, surgieron discrepancias entre el infante Pedro, Juan Núñez de Lara el Menor y el infante Juan.[84] Mientras el rey se encontraba en Toro, la reina Constanza dió a luz en Salamanca el día 13 de agosto de 1311 un hijo varón, que llegaría a reinar en Castilla y León como Alfonso XI el Justiciero.[85] En el otoño de 1311 surgió una conspiración que pretendía despojar a Fernando IV del trono y colocar en él a su hermano el infante Pedro de Castilla. La conjura se hallaba protagonizada por el infante Juan de Castilla, por Juan Núñez de Lara y por Lope Díaz de Haro, hijo del fallecido Diego López V de Haro. Sin embargo la conspiración fracasó debido a la rotunda negativa de la reina María de Molina.[86] Al infante Pedro le fue confiada la crianza del heredero del trono, al tiempo que el infante se reconciliaba con el infante Juan.

En las Cortes de Valladolid de 1312, celebradas en el mes de abril, se recudaron fondos para sostener el mantenimiento del ejército que se emplearía en la siguiente campaña contra el reino de Granada, al tiempo que se reorganizaba la administración de justicia, la administración territorial y la administración local, poniendo con ello de manifiesto el deseo del rey de realizar profundas reformas en todos los ámbitos de la administración territorial, al tiempo que reforzaba la autoridad de la Corona en detrimento de la autoridad nobiliaria. En 1312 falleció Sancho de Castilla "el de la Paz", hijo del infante Pedro de Castilla y primo hermano de Fernando IV. El monarca viajó a Ledesma, que hacía las veces de capital de los señoríos de su primo fallecido, e incorporó sus señoríos a la Corona, después de haberse comprobado que el difunto carecía de hijos legítimos.[88] Durante el viaje del rey a Salamanca, arrebató a su primo Alfonso de la Cerda, que se hallaba sublevado nuevamente contra el monarca, las ciudades de Béjar y Alba de Tormes,[89] En julio de 1312 se encontraba el rey en Toledo, después de haber dejado al infante Alfonso, heredero del trono, en la ciudad de Ávila, y se dirigió a la provincia de Jaén, donde su hermano, el infante Pedro, se encontraba sitiando la localidad de Alcaudete. El rey, después de una corta estancia en la ciudad de Jaén, se dirigió a la localidad jienense de Martos, donde ordenó que se ejecutase a los hermanos Carvajales, acusados de haber asesinado en Palencia a Juan Alonso de Benavides, privado del rey. Según la leyenda, pues ello no figura en la Crónica de Fernando IV,[90] los hermanos fueron condenados a ser introducidos en una jaula de hierro con puntas afiladas en su interior y, posteriormente, ser arrojados desde la cumbre de la Peña de Martos. La Crónica de Fernando IV refiere que antes de morir, los hermanos emplazaron al rey a comparecer ante el Tribunal de Dios en el plazo de treinta días.

Después de su estancia en Martos, el rey se dirigió a Alcaudete, donde esperaba al infante Juan para que se uniese con sus huestes al cerco de la localidad. Sin embargo, el infante Juan no acudió por temor de que el rey le hiciese matar. Enfermo de gravedad, Fernando IV abandonó el cerco y se dirigió a la ciudad de Jaén a finales de agosto de 1312. El 5 de septiembre de 1312 se rindió la guarnición de Alcaudete, después de tres meses de sitio, y el infante Pedro se dirigió a la ciudad de Jaén, donde le aguardaba su hermano el rey. El día 7 de septiembre, día de la muerte de Fernando IV, acordaron ambos hermanos socorrer a Nasr, rey de Granada, con quien se había pactado una tregua, y ayudarle en su lucha contra su cuñado Ferrachén, arráez de Málaga, quien se había sublevado contra el rey de Granada. [94] La Crónica de Fernando IV, escrita alrededor de 1340 relata del siguiente modo la muerte de Fernando IV, ocurrida el día 7 de septiembre de 1312:

"E otro día jueves, siete días de setiembre, víspera de Sancta María, echóse el Rey a dormir, e un poco después de medio día falláronle muerto en la cama, en guisa que ninguno lo vieron morir. É este jueves se cumplieron los treynta días del emplazamiento de los cavalleros que mandó matar en Martos: et fizose el roido muy grande por toda la villa, et vino y el Infante Don Pedro; et quando falló muerto al Rey, fizo muy grand llanto por él, et tomó luego á la hora el pendón del Rey, et llamó Rey al Infante Don Alfonso su fijo primero heredero deste Rey Don Fernando que el dexó en Avila."

Al día siguiente de la muerte del rey acordaron darle sepultura en la ciudad de Córdoba. Después del entierro del rey, que fue sepultado en la Mezquita-Catedral de Córdoba,[96] el infante Pedro partió hacia Jaén a fin de lograr un acuerdo de paz con Nasr, rey de Granada.[97

Tutora del rey Alfonso XI el Justiciero durante su minoría de edad (1312-1321) 

Cuando el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor tuvieron conocimiento de la muerte del rey, solicitaron a la reina madre María de Molina, que se encontraba en Valladolid, que se hiciese cargo de la tutoría de su nieto Alfonso XI, que contaba con un año de edad, más que no se hiciese cargo de ella el infante Pedro, negándose ella a hacerse cargo de la misma y solicitándoles que hablasen de ello con su hijo Pedro.

Juan Núñez de Lara el Menor intentó entonces apoderarse del rey, que se encontraba en Ávila. Sin embargo, se lo impidieron las autoridades de la ciudad, prevenidas por la reina María de Molina. Poco después llegó a Ávila el infante Pedro y se negaron a dejarle entrar en la ciudad. Mientras tanto, hallándose en Burgos, el infante Juan y Juan Núñez de Lara convocaron a los ricoshombres, procuradores y concejos del reino en Sahagún, al tiempo que el infante Pedro obtenía la aprobación de la reina madre para ser tutor de su sobrino el rey durante la minoría de edad de éste último. Posteriormente, el infante Juan, que se hallaba en Sahagún con los procuradores del reino, cuando supo de la cercanía del infante Pedro, le ofendió ante testigos, provocando que el infante Pedro decidiese marchar contra ellos, ante lo cual ellos enviaron al infante Felipe, su hermano, a parlamentar con el infante, quien reconvino a su hermano por formar parte del bando rebelde. El infante Felipe presentó a su madre la reina entonces las proposiciones del infante Juan, consistentes en que ella fuese tutora del rey junto con el infante Pedro y el infante Juan, a lo que ella accedió.

Las Cortes de Palencia de 1313.

El infante Pedro acudió a las Cortes de Palencia de 1313 acompañado de un ejército de doce mil hombres, llevando también sus mesnadas el infante Juan y otros ricoshombres, después de haberlo reclutado en Asturias y Santander. El infante Pedro había acudido a las Cortes sin deseo de entablar combate, pero dispuesto a entablarlo si el otro bando lo deseaba. En el bando del infante Pedro militaban su tío Alfonso Téllez de Molina, hermano de María de Molina, Tello Alfonso de Meneses, hijo del anterior, Rodrigo Álvarez de las Asturias IV y Fernán Ruiz de Saldaña, entre otros ricoshombres. Los partidarios del infante Juan eran el infante Felipe, Fernando de la Cerda, y Juan Núñez de Lara el Menor. Reunidos en Palencia, se acordó que cada uno de los bandos conservase sólo 1300 hombres en las inmediaciones, acuerdo que fue quebrantado por el infante Juan al conservar cuatro mil hombres, a lo que correspondió el infante Pedro conservando cinco mil. Durante las Cortes, la reina Constanza de Portugal, viuda de Fernando IV el Emplazado, dejó de prestar su apoyo al infante Pedro y pasó a prestarlo al infante Juan, procediendo Don Juan Manuel de igual modo. Ante el temor de que surgiesen disputas, y por iniciativa de la reina María de Molina, los infantes Pedro y Juan y sus acompañantes abandonaron la ciudad y se hospedaron en las aldeas cercanas, alojándose el infante Pedro en Amusco, el infante Juan en Becerril de Campos, la reina Constanza en Grijota, y María de Molina en Monzón de Campos. Al mismo tiempo, los prelados y procuradores del reino partidarios del infante Pedro y de María de Molina acordaron reunirse en la iglesia de San Francisco de Palencia, al tiempo que los partidarios del infante Juan lo harían en el Convento de San Pablo de Palencia. A pesar de los deseos del infante Pedro y de su madre la reina, los partidarios del infante Juan no se avinieron a ningún acuerdo y nombraron tutor al infante Juan, al tiempo que el otro bando nombraba tutores a la reina María de Molina y al infante Pedro.

Las dobles Cortes de Palencia de 1313 dieron origen a dos distintos ordenamientos, siendo uno otorgado por el infante Juan, como tutor de Alfonso XI, a los concejos de Castilla, León, Extremadura, Galicia y Asturias, territorios en los que predominaban sus partidarios. El otro ordenamiento fue autorizado por María de Molina y el infante Pedro, como tutores de dicho Rey, siendo librado a petición de los concejos de Castilla, León, Toledo, las Extremaduras, Galicia, Asturias y Andalucía. De ambos cuadernos consta la presencia del clero, de la nobleza y de los hombres buenos de las villas, deduciéndose se ellos que el infante Juan llevaba cierta ventaja en el número y calidad de los próceres, así como el infante Pedro y la reina madre en prelados, maestres de las Órdenes y concejos. El cuaderno dado por la reina madre lleva los sellos del rey y de ambos tutores, y el otorgado por el infante Juan únicamente el suyo, deduciéndose de ello que se hallaba la Cancillería en manos de los primeros. Acabadas las Cortes, cada uno de los bandos comenzó a utilizar el sello real para emitir órdenes y privilegios.

Terminadas las Cortes, Alfonso de Castilla y su padre el infante Juan ocuparon la ciudad de León, al tiempo que el infante Pedro se apoderaba de Palencia, dirigiéndose después a Ávila junto a su madre, donde se hallaba el rey. Mientras tanto ambos bandos intentaban alcanzar un acuerdo definitivo sobre quién debía ser tutor del rey, interviniendo en las negociaciones los Maestres de las órdenes de Santiago y Calatrava, así como Don Juan Manuel, partidario del infante Juan.

El infante Pedro partió entonces hacia Granada a fin de socorrer a Nasr, rey de Granada, contra quien se había sublevado el hijo del arráez de Málaga. Sin embargo, a finales de 1313 el infante Pedro tuvo conocimiento de la derrota del rey granadino y, durante su retorno cercó durante tres días y tomó el castillo de Rute, situado en la provincia de Córdoba.[106] situada en la provincia de Córdoba, A finales de 1313, el infante Juan convocó a los procuradores del reino en Sahagún, y estando reunidos, el día 18 de noviembre, falleció la reina Constanza de Portugal, madre de Alfonso XI el Justiciero, lo que motivó que el infante Juan y sus partidarios se decidiesen a pactar con María de Molina, ofreciéndole a la reina que desempeñase el cargo de tutora del rey en los territorios en los que habían declarado tutores a ella y a su hijo el infante Pedro, al tiempo que el infante Juan ejercería como tutor en los territorios que le apoyaban. La reina respondió afirmativamente a la proposición.

Concordia de Palazuelos y Cortes de Burgos (1314-1315)

En la llamada Concordia de Palazuelos, firmada en el año 1314, se encomendó la tutoría del joven Rey Alfonso XI a sus tíos, los infantes Juan y Pedro, y a su abuela, la reina María de Molina, a quien le fue confiada la crianza y la custodia del niño rey. Al mismo tiempo se acordó que la Cancillería del reino se hallase junto al rey, que tomasen cartas blancas los tutores para los pleitos que resolvieran en las villas, que los tutores destruyesen los sellos reales que habían usado hasta entonces, y que los tutores ejerciesen como tales en los lugares en los que habían sido designados. Poco después de haberse acordado la regencia compartida del reino entre los dos infantes, se entabló un pleito entre Don Juan Manuel y la infanta portuguesa Blanca de Portugal y Castilla, nieta de Alfonso X el Sabio, a causa de varias ciudades que ella había vendido al infante Pedro, por no haber satisfecho Don Juan Manuel el pago por dichas ciudades. Como consecuencia de dicho pleito, Don Juan Manuel comenzó a saquear toda la zona de Guadalajara, apoyado por el infante Juan, quien le prestaba consejo y apoyo.

Poco después, Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan, se dispuso a atacar al infante Felipe de Castilla, hijo de la reina María de Molina, en Lugo, donde estuvo a punto de librarse una batalla campal entre ambos. Al mismo tiempo, al infante Pedro, que se hallaba atacando las tierras de Don Juan Manuel, le aconsejó el Maestre de Calatrava que dividiese a partes iguales con Don Juan Manuel las tierras que se hallaban en disputa, accediendo a ello el infante, para lo que se entrevistó con Don Juan Manuel en Uclés, y posteriormente con el infante Juan en Sepúlveda, para acordar la convocatoria de Cortes en la ciudad de Burgos.

En las Cortes de Burgos de 1315 se ratificó lo dispuesto en la Concordia de Palazuelos de 1314, estipulándose además que en caso de morir alguno de los regentes, continuarían en el cargo los regentes vivos, comprometiéndose a que no pudiese acceder a la regencia nadie fuera de la reina María de Molina y los infantes Pedro y Juan. Se rompieron los sellos anteriores de los tutores y comenzaron a usar uno nuevo, al tiempo que se disponía que la Cancillería se hallase junto al rey y a la reina María de Molina. Los tutores se comprometían a no conceder tierras o bienes monetarios a persona alguna, disponiéndose que sólo se podrían hacer donaciones con el sello del rey, y con el acuerdo de los tres tutores. Tres ordenamientos surgieron de las Cortes de Burgos de 1315. En uno de ellos se aprobaba la carta de hermandad que los caballeros hijosdalgo y hombres buenos de los reinos de Castilla, León, Toledo y las Extremaduras formaron para oponerse a los posibles desmanes de los tutores, otro para resolver las posibles diferencias acerca del ejercicio de la tutoría, y tomar algunas disposiciones en lo referente a la administración del reino, y en el último ordenamiento los tutores respondían a ciertas reclamaciones efectuadas por los prelados del reino.

Durante las Cortes de Burgos falleció Juan Núñez de Lara el Menor, señor de Lara y Albarracín, siendo sucedido en el cargo de Mayordomo mayor por Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan, al tiempo que Don Juan Manuel, aprovechando la ausencia del infante Pedro, que se encontraba en las Cortes, saqueaba las posesiones de éste último en Almazán y Berlanga de Duero. Terminadas las Cortes de Burgos, se concedió a Don Juan Manuel, reconciliado ya con el infante Pedro, el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera del reino de Murcia, al tiempo que Alfonso de Castilla se reconciliaba con el infante Felipe en presencia de la reina María de Molina y del infante Juan. En mayo de 1315 el infante Pedro derrotó a los granadinos en la batalla de Alicún de Ortega, en la que murieron alrededor de mil quinientos granadinos, además de cuarenta notables del sultanato de Granada. Poco después el infante Pedro conquistó los castillos de Cambil y Alhabar. En 1316 falleció Alfonso de Castilla y Aleramici, hijo del infante Juan, en Morales de Toro.

Cortes de Carrión e incursión en la Vega de Granada (1317)

En septiembre de 1317 comenzaron las Cortes de Carrión, en las que, durante cuatro meses, fueron examinadas las rentas del rey y el uso que los tutores habían hecho de ellas, no encontrándose fraudes por parte de los mismos. Se acordó que los tres tutores del rey deberían abandonar la tutoría si permitían que fueran tomadas las tierras de los ricoshombres, infanzones o caballeros, si suprimiensen las concesiones pecuniarias otorgadas a los mismos en el Ayuntamiento de Carrión de 1317, si no castigasen a los que pertubasen la paz en las tierras de realengo, o si no castigasen y diesen muerte a los alcaides, alcaldes y oficiales que ejecutasen personas arbitrariamente.[120] Durante las Cortes, el infante Juan, deseoso de que el infante Pedro abandonase la tutoría, propuso que los tres tutores dejasen la tutoría, con la esperanza de que le fuera encomendada a él sólo, negándose a ésto los partidarios que se hallaban presentes de la reina y del infante Pedro. Aprobados los subsidios demandados por la Corona, se entabló una disputa entre los caballeros presentes que estuvo a punto de ocasionar la muerte del infante Juan.

Para contribuir al esfuerzo de la guerra contra el reino de Granada, que libraba en la frontera el infante Pedro, el papa Juan XXII, otorgó a la empresa bélica que se planeaba el carácter de cruzada, concediendo para ello la décima y la tercia de las rentas eclesiásticas y los ingresos procedentes de las bulas de cruzada durante tres años consecutivos. El infante Juan, que deseaba acceder a dichos beneficios, obtuvo su parte de los mismos gracias a la intervención de la reina María de Molina.

En 1317 el infante Pedro invadió el reino de Granada y devastó el territorio hasta llegar a Granada, desde donde retornó a Córdoba, siendo acompañado en su expedición por los Maestres de las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara, así como por el Maestre de los Hospitalarios, y por el arzobispo de Sevilla y el obispo de Córdoba. Poco después los granadinos intentaron sitiar Gibraltar, pero por temor al infante no llegaron a poner en práctica la empresa. A continuación, el infante Pedro atacó las localidades de Píñar y Montejícar, tomando después el castillo de Bélmez de la Moraleda.

Mientras el infante Pedro combatía a los granadinos en 1317, el infante Juan, que deseaba que se le concediese una parte de los beneficios otorgados por el papa con el propósito de destinarlos a los gastos de guerra, obtuvo su parte de los mismos gracias a la intervención de la reina María de Molina, que puso término a las disputas surgidas por éste motivo entre su hijo Pedro y el infante Juan, disponiendo los tres tutores entonces que se convocasen Cortes en el reino.

Cortes de Medina del Campo y conquista de Tíscar (1318-1319)

En 1318 se celebraron las Cortes de Valladolid y de Medina del Campo. Los procuradores de Extremadura, debido a una disputa surgida con los procuradores castellanos en las Cortes de Carrión de 1317, acordaron celebrar Cortes por separado junto a los del reino de León, reuniéndose éstas en Medina del Campo, habiéndose reunido previamente los procuradores castellanos en Valladolid. Durante las Cortes de Medina del Campo le fueron devueltas al rey las villas de Moya y Cañete, situadas en la provincia de Cuenca, por haber fallecido sin descendencia Juan Núñez de Lara el Menor.

En las Cortes de Medina del Campo de 1318 se hallaron presentes varios prelados, ricoshombres, el maestre de Santiago, y los procuradores de las ciudades y villas del reino de León, Toledo y las Extremaduras. Los procuradores presentes demandaron que se vigilase estrechamente la administración de justicia, al tiempo que solicitaban que los nobles que maltrataran a los habitantes de las villas fueran castigados severamente. Por otra parte, hubo quejas por parte de los procuradores sobre la intromisión de la jurisdicción eclesiástica en los pleitos civiles en tierras de realengo, menguándose con ello la autoridad de la Corona. Por otra parte, los subsidios demandados por la Corona fueron concedidos en ambas Cortes.

En el invierno de 1318 se ultimaron los preparativos bélicos y el infante Pedro, pasando por Toledo, Trujillo, Sevilla, Córdoba y Úbeda, reunió a las tropas que habrían de intervenir en la campaña del año próximo, ocupándose también de la fabricación del armamento necesario en la ciudad de Sevilla. Encontrándose el infante en la ciudad de Úbeda, decidió apoderarse del castillo de Tíscar, situado en la provincia de Jaén, que fue conquistado el sábado víspera de Pentecostés de 1319.

Desastre de la Vega de Granada y etapa final de la vida de la reina (1319-1321)

Artículo principal: Desastre de la Vega de Granada

En junio de 1319, los infantes Juan y Pedro atacaron el reino de Granada e invadieron su territorio, pero ambos fueron derrotados y perdieron la vida en el Desastre de la Vega de Granada, acaecido el día 25 de junio de 1319. La derrota castellano-leonesa en el "Desastre de La Vega de Granada", nombre con el que se conoce a la batalla, alteró el rumbo de los acontecimientos en el sur de la Península Ibérica durante varias décadas, hasta la mayoría de edad de Alfonso XI el Justiciero.

En el acuerdo de paz que siguió a la derrota cristiana, suscrito por el infante Felipe en la ciudad de Baeza el día 18 de junio de 1320, se acordó una tregua de tres años entre el reino de Granada y el reino de Castilla y León, que fue rota en 1323. Al mismo tiempo Don Juan Manuel, como Regente del Reino con potestad en los asuntos murcianos, pactó su propia tregua con el reino nazarí de Granada, al tiempo que Jaime II el Justo, rey de Aragón, hizo lo propio.

En el Acuerdo de Baeza también tomaron parte activa los Concejos de las ciudades más importantes de Andalucía en poder de la Corona castellano-leonesa, como Córdoba, Jaén, y Sevilla. Por otro lado, también intervinieron en la redacción del acuerdo de paz las Órdenes militares, cuyas posesiones y fortalezas eran fundamentales en el equilibrio estratégico entre los ricoshombres y la Corona. A partir del Acuerdo de Baeza de 1320 se inauguró un período de relativa tranquilidad entre el sultanato granadino y la Corona de Castilla y León, alterado cuando expiró la tregua acordada en Baeza.

La muerte de los dos infantes supuso el ascenso al poder absoluto en la corte castelllano-leonesa del infante Felipe de Castilla, hermano del fallecido infante Pedro, de Don Juan Manuel de Villena, nieto de Fernando III el Santo, y de Juan el Tuerto, hijo del infante Juan y nieto de Alfonso X el Sabio.

En vista de la situación María de Molina decidió recurrir a la Santa Sede y solicitó la intervención del Papa, que envió una delegación presidida por el Cardenal de Santa Sabina, que consiguió restablecer el orden momentáneamente entre las distintas facciones. Transcurrido un año desde el Desastre de la Vega de Granada, en 1320, se acordó en Talavera de la Reina que comenzarían a ejercer la tutoría compartida de Alfonso XI, además de la reina María de Molina, abuela paterna de Alfonso XI, Don Juan Manuel y el infante Felipe de Castilla, hijo de la reina. La tutoría compartida sembró el caos en el reino, hecho que benefició a los magnates para poder actuar con libertad en sus propios territorios. Además, Don Juan Manuel y el infante Felipe, contravenían los acuerdos firmados por ambos y se atacaban mutuamente, apoyados por sus respectivos partidarios.

Muerte y testamento de la reina María de Molina (1321)

En el año 1321 María de Molina enfermó gravemente y dispuso su alojamiento en el desparecido Monasterio de San Francisco de Valladolid, ya que el Palacio Real de Valladolid se encontraba en obras. El futuro Alfonso XI el Justiciero contaba con diez años de edad, y la reina convocó a los caballeros del Concejo de Valladolid y les encomendó a su nieto para que "lo tomasen, guardasen y criasen ellos en aquella misma villa". Asimismo les encomendó a su nieta Leonor de Castilla, futura esposa de Alfonso IV el Benigno, rey de Aragón y asesinada por orden de Pedro I el Cruel en 1359.

El martes 29 de junio Pedro Sánchez, escribano de Valladolid, escribió el testamento que la reina le dictaba, en el que ordenaba ser enterrada en el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas de Valladolid,[133] y detallaba numerosos legados piadosos. Dispuso el pago de sus deudas y distribuyó numerosas rentas, legados y propiedades. El día 1 de julio, dos días después de dictar testamento, falleció.

Entre los testigos presentes que rubricaron el testamento se hallaban Nuño Pérez de Monroy, el mayordomo Sánchez de Velasco, escribanos, vecinos de Valladolid y varios criados de la reina. Los caballeros de la villa se hicieron cargo del rey y se organizó el entierro, que presidió el cardenal legado.

Sepultura de la reina María de Molina

A la muerte de la reina María de Molina, en 1321, y tal y como había dispuesto en su testamento, su cadáver recibió sepultura en el Monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid.

Sus restos reposan en un sepulcro situado en el crucero de la Iglesia del Monasterio de las Huelgas y tal como se presenta en la actualidad, corresponde a la reforma y adaptación que en él se hizo en el año 1579. Tres veces fue destruída la Iglesia del Monasterio de las Huelgas, en el año 1282, en 1328, cuando fue incendiado durante el asalto a la ciudad de Valladolid por parte de Alfonso XI el Justiciero, nieto de la reina María de Molina, y a finales del siglo XVI, cuando la Iglesia se reconstruyó completamente en estilo herreriano.

El sepulcro es exento y de forma rectangular y sobre su cubierta se encuentra colocada la figura yacente de la reina. El sepulcro descansa apoyado en un basamento formado por seis cabezas de león y una franja que se halla decorada con relieves vegetales. Las pilastras acanaladas de los extremos del sepulcro corresponden a la reforma que se hizo del sepulcro en el año 1579, aunque a lo largo del sepulcro se colocaron en ese año una serie de relieves procedentes del primitivo sepulcro de la reina y en los que aparecen representados diferentes escenas religiosas. En el relieve situado en la cabecera del sepulcro aparece el Calvario entre las figuras de San Juan Bautista y San Cristóbal. En el relieve del lateral izquierdo, en el centro, aparece la Virgen sedente con el Niño Jesús en las rodillas y a ambos lados de esta representación se encuentran colocados dos escudos cuartelados de Castilla y León, por su condición de reina consorte de Castilla, y dos escudos con leones rampantes y castillos en la orla del escudo, que se corresponden con el escudo de armas del infante Alfonso de Molina, hijo de Alfonso IX de León y padre de la reina María de Molina. En el lateral derecho, en el centro, aparece San Bernardo, fundador de la Orden del Císter, a la que pertenece el Monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid y a los lados del santo se encuentran colocados cuatro escudos de características similares a los anteriores. En el lateral que corresponde a los pies del sepulcro aparece la reina María de Molina, sentada en una silla de tijera y dando a las monjas la Carta de Fundación del Monasterio.

Sobre la cubierta del sepulcro se halla colocada la imágen yacente de la reina María de Molina, que apoya su cabeza sobre dos almohadas y aparece vestida con una saya ajustada y ceñidor, estando su cabeza cubierta por un velo. Las manos de la Reina aparecen cruzadas sobre su regazo y porta en ellas un rosario y un libro. A los pies de la reina aparece un perro recostado, símbolo de fidelidad. Por el reborde lateral del basamento del sepulcro corre una decoración de tracerías. Las vestiduras parecen corresponder a los treinta primeros años del siglo XV. Esta fecha y las características de los relieves de alabastro procedentes del primitivo sepulcro han llevado a creer que el primer sepulcro de la Reina hubo de ser realizado, aproximadamente, entre los años 1410 y 1440.

La Crónica de Alfonso XI, refiere que cuando éste monarca sitió Valladolid y ordenó incendiar el Monasterio de las Huelgas, que su abuela había fundado, dispuso que previamente sacásen el cadáver de su abuela para que no fuese consumido por las llamas. El primitivo sepulcro estuvo colocado en la primitiva Iglesia del Monasterio de las Huelgas hasta el año 1500, en que siendo abadesa Ana de Mendoza y Quijada, se construyó una nueva Iglesia para el cenobio, donde fue colocado el sepulcro de la Reina. En 1572 el cronista Ambrosio de Morales alcanzó a ver el primitivo sepulcro de la Reina, que siete años después sería completamente reformado, al mismo tiempo que la Iglesia del Monasterio, que fue sustituída por otra nueva. Así describió Ambrosio de Morales el primitivo sepulcro de la Reina:

"La Reina tiene corona, más está en hábito honesto, sin tener letra alguna. Tiene los escudos con castillo y león, y otros con sólo león, y castillo por orla, que parece fueron las armas de su padre el infante Alonso de Molina. A ambos lados en la pared están arcos labrados de follajes de yeso, con tumbas no muy grandes de lo mismo, con aquellos escudos de león y sin letra: son sepulturas de los infantes sus hijos, como las monjas por tradición refieren."

Los infantes a los que hace referencia Ambrosio de Morales son los infantes Alfonso y Enrique, ambos hijos de María de Molina y de Sancho IV el Bravo. Sin embargo las fuentes confirman que ambos infantes recibieron sepultura en otros monasterios. El infante Alfonso fue sepultado en el Convento de San Pablo de Valladolid y sus restos se encuentran en la actualidad en el Museo Arqueológico de Valladolid, mientras que el infante Enrique fue sepultado en el Monasterio de San Ildefonso de Toro, actualmente en estado ruinoso, que había sido fundado por la reina María de Molina.[139] No obstante, en el Monasterio de San Salvador de Oña se encuentra un sepulcro de madera, colocado en el panteón de los condes, en el crucero de la Iglesia, en el que se afirma que descansan los restos del infante Enrique, así como los restos del infante Felipe , hijo de María de Molina.

Matrimonio y descendencia

Fruto de su matrimonio, contraído con el infante Sancho, hijo de Alfonso X el Sabio, que reinó a la muerte de su padre con el nombre de Sancho IV el Bravo, nacieron los siguientes infantes:

   * Infanta Isabel de Castilla y de Molina (1283 - 1328), prometida en matrimonio a Jaime II de Aragón, quien la hizo regresar a Castilla, y con Juan III de Bretaña, duque de Bretaña y bisnieto de Enrique III de Inglaterra.
   * Fernando IV el Emplazado (1285 - 1312), coronado en 1295 como rey de Castilla y León con el título de Fernando IV a la muerte de su padre, Sancho IV el Bravo. Se encuentra sepultado en la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba junto con su hijo, Alfonso XI el Justiciero.
   * Infante Alfonso de Castilla y de Molina (1286 - 1291), fallecido a los cinco años de edad.
   * Infante Enrique de Castilla y Molina (1288 - 1299, fallecido a los nueve años de edad.
   * Infante Pedro de Castilla y de Molina (1290 - 1319), fue tutor de su sobrino Alfonso XI a la muerte de su hermano Fernando IV el Emplazado. Falleció en el Desastre de la Vega de Granada, acaecido el 25 de junio de 1319. Fue sepultado en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas de Burgos, junto con su esposa, la infanta María de Aragón y Anjou, hija de Jaime II de Aragón, y su hija, Blanca de Castilla y Aragón.
   * Infante Felipe de Castilla y de Molina (1292 - 1327). Tutor de su sobrino Alfonso XI el Justiciero desde 1319 hasta 1325, año en que el rey alcanzó la mayoría de edad. Fue sepultado junto con su esposa, Margarita de la Cerda, en el Monasterio de las Dueñas de Santa Clara de Allariz, en Galicia.
   * Infanta Beatriz de Castilla y de Molina (1293 - 1359), reina de Portugal entre 1325 y 1357, por su matrimonio en el año 1309 con el heredero de la corona de Portugal, que reinaría como Alfonso IV de Portugal. Se encuentra sepultada junto con su esposo en la Catedral de Lisboa.

--------------------

tambien conocida como doña María Alfonso de Meneses

--------------------

http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_de_Meneses

María de Meneses. Dama castellana. Señora de Ucero, fue hija de Alfonso de Meneses y de Mayor González Girón. Amante de Sancho IV el Bravo, rey de Castilla y León.

Biografía 

Se desconoce su fecha de nacimiento. Fue hija de Alfonso de Meneses y de Mayor González Girón y se convirtió en amante del infante Sancho, hijo de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León.

Cuando el infante Sancho contrajo matrimonio en 1281 con María de Molina, nieta de Alfonso IX de León y prima segunda de María de Meneses, acabó la relación sentimental que mantenían ella y el infante Sancho. Poco después de celebrarse el matrimonio del infante Sancho, María de Meneses ingresó en un convento.

Se desconoce su fecha de defunción.

Descendencia

Fruto de su relación extramatrimonial con Sancho IV el Bravo, rey de Castilla y León, nacieron los siguientes hijos:

   * Violante Sánchez de Castilla. Fue su madrina de bautismo la reina María de Molina. Contrajo matrimonio en 1293 con Fernando Rodríguez de Castro, señor de Lemos y Sarria. Fruto del matrimonio de ambos nació Pedro Fernández de Castro "el de la Guerra", fallecido en 1342.
   * Teresa Sánchez de Castilla. Contrajo matrimonio con Juan Alfonso de Meneses, conde de Barcelos y señor de Meneses, e hijo de Alfonso Téllez de Meneses, señor de Meneses.

--------------------

María de Molina

From Wikipedia, the free encyclopedia

María de Molina (c. 1265 – 1321), was the wife of Sancho IV of Castile. She was queen consort of Castile and León from 1284 to 1285 and then queen regent until the coming of age of her son Ferdinand IV.

María de Molina was a princess from the Kingdom of León. She was the daughter of the infante Alfonso of Molina and Mayor Alonso de Meneses. Her paternal grandparents were Alfonso IX of León and Berenguela of Castile.

She married her cousin Sancho of Castile in 1281, the second son of Alfonso X the Learned, although the matrimonial dispensation for kinship was not previously granted.

Upon the death of Alfonso X, she became queen consort after her husband was crowned king of Castile and León as Sancho IV. His reign was short since he died in 1295.

After the death of Sancho IV, his eldest son Ferdinand IV, under age, was crowned with Maria de Molina as regent queen. Shortly after a series of quarrels broke out in Castile and León. The legitimacy of Ferdinand IV was questioned by his ambitious uncles, the infantes Juan and Enrique, and by his cousins the infantes de la Cerda, sons of the prince Alfonso, eldest son of Alfonso X on the grounds of the lack of matrimonial dispensation. The objection was supported by James II of Aragón and Denis of Portugal, whose army invaded Castile in 1296.

The political skill, boldness and perseverance of María de Molina succeeded in turning her adversaries against each other. The invasion from Aragon and Portugal was defeated and the rights of Ferdinand IV were established. Besides, in 1301, a papal bull declared the marriage between Sancho IV and María de Molina valid.

After Ferdinand IV coming of age, María de Molina delivered the regency to him and abandoned politics. However, she had to endure the annoyances and disregards from her son who did not deserve nor was grateful to María's saving of his throne.

María de Molina died in Valladolid in 1321.

[edit]Children

Isabella of Castile (1283-1328). Married first James II of Aragon and secondly John III, Duke of Brittany.

Ferdinand IV (1285-1312).

Alfonso (1286-1291)

Enrique (1288-1299)

Pedro of Castile (1290-1319). Married Maria of Aragon, daughter of James II of Aragon. Their daughter, Blanca of Castile, married and later divorced Peter I of Portugal.

Felipe (1292-1327). Married his cousin Margarita de la Cerda, daughter of Ferdinand de la Cerda, Infante of Castile.

Beatrice of Castile (1293-1359). Married Afonso IV of Portugal.

--------------------

María de Molina (c. 1265 – 1321), was the wife of Sancho IV of Castile. She was queen consort of Castile and León from 1284 to 1295 and then queen regent until the coming of age of her son Ferdinand IV.

[edit] Biography

María de Molina was a princess from the Kingdom of León. She was the daughter of the infante Alfonso of Molina and Mayor Alonso de Meneses. Her paternal grandparents were Alfonso IX of León and Berenguela of Castile.

She married her cousin Sancho of Castile in 1281, the second son of Alfonso X the Learned, although the matrimonial dispensation for kinship was not previously granted.

Upon the death of Alfonso X, she became queen consort after her husband was crowned king of Castile and León as Sancho IV. His reign was short since he died in 1295.

After the death of Sancho IV, his eldest son Ferdinand IV, under age, was crowned with Maria de Molina as regent queen. Shortly after a series of quarrels broke out in Castile and León. The legitimacy of Ferdinand IV was questioned by his ambitious uncles, the infantes Juan and Enrique, and by his cousins the infantes de la Cerda, sons of the prince Alfonso, eldest son of Alfonso X on the grounds of the lack of matrimonial dispensation. The objection was supported by James II of Aragón and Denis of Portugal, whose army invaded Castile in 1296.

The political skill, boldness and perseverance of María de Molina succeeded in turning her adversaries against each other. The invasion from Aragon and Portugal was defeated and the rights of Ferdinand IV were established. Besides, in 1301, a papal bull declared the marriage between Sancho IV and María de Molina valid.

After Ferdinand IV coming of age, María de Molina delivered the regency to him and abandoned politics. However, she had to endure the annoyances and disregards from her son who did not deserve nor was grateful to María's saving of his throne.

María de Molina died in Valladolid in 1321.

[edit] Children

Isabella of Castile (1283-1328). Married first James II of Aragon and secondly John III, Duke of Brittany.

Ferdinand IV (1285-1312).

Alfonso (1286-1291)

Enrique (1288-1299)

Pedro of Castile (1290-1319). Married Maria of Aragon, daughter of James II of Aragon. Their daughter, Blanca of Castile, married and later divorced Peter I of Portugal.

Felipe (1292-1327). Married his cousin Margarita de la Cerda, daughter of Ferdinand de la Cerda, Infante of Castile.

Beatrice of Castile (1293-1359). Married Afonso IV of Portugal.

Preceded by

Violant of Aragon Queen Consort of Castile and Leon

1284–1295 Succeeded by

Constance of Portugal

Preceded by

Sancho IV Queen Regent of Castile and Leon

1285–1301 Succeeded by

Ferdinand IV

Retrieved from "http://en.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_de_Molina"

Categories: 1265 births | 1321 deaths | Castilian queen consorts | Leonese queen consorts | Regents | Female regents | Queen mothers | 13th-century Spanish people | 14th-century Spanish people -------------------- María de Molina (c. 1265 – 1321), was the wife of Sancho IV of Castile. She was queen consort of Castile and León from 1284 to 1285 and then queen regent until the coming of age of her son Ferdinand IV.

María de Molina was a princess from the Kingdom of León. She was the daughter of the infante Alfonso of Molina and Mayor Alonso de Meneses. Her paternal grandparents were Alfonso IX of León and Berenguela of Castile.

She married her cousin Sancho of Castile in 1281, the second son of Alfonso X the Learned, although the matrimonial dispensation for kinship was not previously granted.

Upon the death of Alfonso X, she became queen consort after her husband was crowned king of Castile and León as Sancho IV. His reign was short since he died in 1295.

After the death of Sancho IV, his eldest son Ferdinand IV, under age, was crowned with Maria de Molina as regent queen. Shortly after a series of quarrels broke out in Castile and León. The legitimacy of Ferdinand IV was questioned by his ambitious uncles, the infantes Juan and Enrique, and by his cousins the infantes de la Cerda, sons of the prince Alfonso, eldest son of Alfonso X on the grounds of the lack of matrimonial dispensation. The objection was supported by James II of Aragón and Denis of Portugal, whose army invaded Castile in 1296.

The political skill, boldness and perseverance of María de Molina succeeded in turning her adversaries against each other. The invasion from Aragon and Portugal was defeated and the rights of Ferdinand IV were established. Besides, in 1301, a papal bull declared the marriage between Sancho IV and María de Molina valid.

After Ferdinand IV coming of age, María de Molina delivered the regency to him and abandoned politics. However, she had to endure the annoyances and disregards from her son who did not deserve nor was grateful to María's saving of his throne.

María de Molina died in Valladolid in 1321.

-------------------- See http://trees.ancestry.com/tree/25067072/person/12794561493

view all 16

María la Grande Alfonsa de Molina, reina consorte de Castilla's Timeline

1264
1264
1282
June 1282
Age 18
1283
1283
Age 19
Toro, Castille and Leon, Spain
1285
December 6, 1285
Age 21
Seville, Andalusia, Spain
1286
1286
Age 22
Valladolid, Castille and Leon, Spain
1288
1288
Age 24
Vitoria, Basque Country, Spain
1290
1290
Age 26
Valladolid, CL, Spain
1292
May 28, 1292
Age 28
Seville, Andalusia, Spain
1293
1293
Age 29
Toro, Castille and Leon, Spain
1321
July 1, 1321
Age 57
Valladolid, Province of Valladolid, Castille and Leon, Spain