Salvador Escolástico Cisneros y Betancourt, Sr. (1828 - 1914) MP

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Birthplace: Camaguey, Cuba, Puerto Principe, Cuba
Death: Died in Camaguey, Cuba
Occupation: President of the Republic of Cuba in Arms, II Marqués de Santa Lucía
Managed by: Angel Torrella Prieto
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Immediate Family

About Salvador Escolástico Cisneros y Betancourt, Sr.

http://www.ohcamaguey.co.cu/personalidades_camagueyanas/la_familia_del_marques.asp

A pesar de su larga permanencia en la vida revolucionaria cubana y de su presencia ineludible en momentos cruciales de nuestro pasado, a Salvador Cisneros Betancourt no se le han dedicado tantos estudios biográficos como a otras personalidades cubanas.

En especial sobre su vida familiar se extiende un manto de silencio, un hálito de soledad, interrumpido por algunos que solamente recuerdan que ya un anciano se casó con una mujer a la que generosamente hablando, le doblaba la edad. ¿Nada más? Todo indica que el Marqués fue un hombre amante de su familia, pero al que la vida golpeó muy duro en ese sentido.

Salvador Cisneros y Betancourt, II Marqués de Santa Lucía, pertenecía a una de las familias principeñas más importantes, dueña de grandes extensiones de terreno y otras propiedades, cuya relevancia dentro de los grupos de poder de la villa se afianzaba –como en tantas otras- por las redes de parentesco creadas a través de generaciones.

Salvador fue el único hijo varón en los dos matrimonios de su padre. La primera esposa de José Agustín Cisneros fue Catalina Betancourt y Betancourt con la que tuvo tres hijas: Francisca Javiera, María del Carmen y Ciriaca Eusebia. De sus segundas nupcias con Ángela, hermana de la difunta, nacieron Salvador Escolástico, Águeda y María Caridad.

Viudo por segunda vez sostuvo una relación no legalizada con Francisca Hernández Llanes, con la que tuvo dos hijos más, Félix e Isabel Cisneros Hernández, quienes fallecieron en la infancia.

Su hermana María del Carmen murió de 5 años y Águeda nunca se casó. Las restantes sí lo hicieron y tuvieron una numerosa descendencia que significó para nuestro biografiado más de una veintena de sobrinos.

Enviado a estudiar a los Estados Unidos, permaneció en ese país unos cinco años hasta su regreso en 1846. Tenía en ese momento 18 años y pronto supo que se planeaba su matrimonio con Micaela Betancourt y Recio, hija de su tío Gaspar.

Predispuesto contra esos planes, por demás muy comunes en la época, trató de acudir lo menos posible a la casa de su prima hermana, pero en una visita a la finca El Aguacatal, adonde acudió para acompañar a su hermana Águeda, descubrió que Micaela, de solamente 16 años, tenía, como él mismo confesó: “(...) atractivos por su hermosura y candor, y no pudo por menos que atraerme. No le fui indiferente, y en una hoja de naranja le hice mi declaración, a la que correspondió” celebrándose el matrimonio el 12 de diciembre de 1850.

De su matrimonio con Micaela nacieron –entre 1852 y 1866- siete hijos: José Agustín, Carmen, María Ángela, Gaspar Alonso, Ángela Gregoria, Clemencia Catalina y Clemencia Irene. Como se puede observar se repiten dos nombres, Ángela y Clemencia, pues como era usual en aquel tiempo, con el nombre de un niño fallecido muy pequeño, se bautizaba a un nuevo vástago.

La Guerra Grande fue una dura prueba para la familia del Marqués. Hombres y mujeres acostumbrados a una vida regalada vieron sus existencias transmutadas en incertidumbre, hambre y muerte. En el mismo noviembre de 1868 Micaela y posiblemente su hermana Ciriaca, entre otros parientes, salieron de la ciudad para seguir a sus hombres.

De esta época el Marqués recuerda: “Mi familia que constantemente vivía amenazada e intranquila por denuncia que hizo Napoleón Arango determinó también lanzarse al campo reuniéndose conmigo.

Vivíamos en una paz octaviana ocupando las casas principales de las fincas; solo las enfermedades por falta de medicinas perturbaban nuestra tranquilidad y como se ha visto, yo tuve que lamentar tres desgracias de familia, por carecer de quinina”.

En otro de los escritos que hiciera para Néstor Carbonell le precisa: “En noviembre de 1869 éramos 25 de familia (...) todos estaban enfermos a excepción de Micaela, mi esposa y Carmita mi hija, justamente en esa misma época murieron ambas, es decir, las únicas que estaban saludables”.

Julián del Casal escribió, en 1888, sobre las mujeres de la familia del Marqués: “Cuando estalló la revolución, esta familia se dividió en tres grupos. Durante el espacio de un año, anduvieron errantes, sin saber unas de otras. Ocultas en miserables harapos, iban por el escenario de la guerra, asordadas por el estruendo de las balas y ennegrecidas por el humo del combate, enardeciendo a los valientes y llorando sobre los despojos de sus muertos. Sufrieron indecibles privaciones. Todo buen cubano debe venerarlas”.

A la muerte de su esposa, sus hijos Gaspar, Ángela y Clemencia quedaron al cuidado de su suegra y cuñadas hasta que en 1870 ellas decidieron abandonar el campo y regresar a la ciudad tratando de llevarse consigo a los niños. Eran momentos en que la vida en la manigua se había hecho en extremo difícil para las familias insurrectas perseguidas con saña inhumana por las tropas españolas y los guerrilleros.

El conflicto que tal decisión creó en el Marqués debió ser terrible; sus propias palabras lo demuestran: “Lance desesperado para mí, pues pugnaba entre el deber y la salvación de mis hijos y contra el parecer de mi suegra, dejé los muchachos en el campo con las familias de Esteban Duque Estrada y Loreto Castillo, quienes determinaron quedarse allá, yéndose a Hato Viejo”.

Cuan doloroso resulta leer más adelante en ese documento que en la mencionada finca su pequeñita Clemencia murió “(...) por falta de alimentos, pues no se podían tener vacas amarradas para evitar que el enemigo pudiese asaltarlas”.

Meses después Loreto Castillo decidió retornar a Puerto Príncipe debido a la persecución de que eran objeto, pues lo encarnizado de ella no dejaba dudas sobre que los españoles habían averiguado de que ella tenía bajo su protección a los hijos de Salvador Cisneros.

Este accede a que Loreto los lleve consigo, pero con la condición de que los niños debían viajar al extranjero. Gaspar parte hacia Nueva York al cuidado de su tía Isabel Betancourt y Ángela Cisneros viaja desde Mérida para recoger a Ángela.

La presencia de sus hijos en el Príncipe angustió al Marqués como le refleja en una carta que le escribe a su hermana Águeda: “Se me dice que tú marcharais pronto de allí con el pedazo del corazón que había allí mío, ansío que llegue el correo para saber de ti y de mi ángel (...) mi ansiedad no es sin fundamento Águeda, porque habiendo sido colocado en el primer puesto de la República temo mucho por ti y por ella (...) esto me tiene sin sosiego y no lo tendré hasta no saber que están en salvamento”.

La partida de sus hijos creó una añoranza por ellos muy fuerte, la que dejó sentir de muy variadas formas. Una anotación de su diario fechada 30 de julio de 1872 deja constancia de ello: “(...) nos acompañaba un niño del Crol Varona, como de nueve años que hizo el viaje a pie y descalzo, y tan contento sin embargo de haber caminado más de 7 leguas, cuanta envidia me daba ver al hijo seguir al padre cuanto sentía que Gasparito no me acompañara, cuanto diera yo (por) tenerlo a mi lado (...) cuanto siento haberlo remitido al Camagüey, cada día lo siento más (...)”.

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Salvador Escolástico Cisneros y Betancourt, Sr.'s Timeline

1828
February 10, 1828
Camaguey, Cuba, Puerto Principe, Cuba
1850
April 12, 1850
Age 22
the Cathedral, Camagüey (formerly Puerto Pŕıncipe)
1863
1863
Age 34
1868
1868
- 1878
Age 39
1914
February 28, 1914
Age 86
Camaguey, Cuba