Christian Mathiasen

Is your surname Mathiasen?

Research the Mathiasen family

Share your family tree and photos with the people you know and love

  • Build your family tree online
  • Share photos and videos
  • Smart Matching™ technology
  • Free!

Christian Mathiasen

Birthdate:
Birthplace: Sømarke, Magleby S., Mønbo H., Præstø A., Danmark (Denmark)
Death: July 31, 1889 (53)
Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina (Throat cancer)
Place of Burial: Buenos Aires, Argentina
Immediate Family:

Son of Mathias Larsen and Kirsten Jensdatter
Husband of Ane Marie Mathiasen
Father of Dødtfødt Dreng Mathiasen; Kristina Mathiasen; Ana Kristina Madsen; Emma Sofía Mathiasen; Rosa Maria Cristina Larsen and 8 others
Brother of Maren Kirstine Christiansen; Jens Mathiasen; Lars Mathiasen; Peder Mathiasen; Hans Peder (Juan Pedro) Mathiasen and 3 others

Managed by: Kjeld Vennike Hansen
Last Updated:

About Christian Mathiasen

I. Christian Mathiasen y su esposa Marie Larsen. Irene Mathiasen·Martes, 18 de septiembre de 2018

I. Hogares de la infancia en Møen. En el extremo norte de Möens Klint se encuentra la hermosa mansión Liselund. Era propiedad, alrededor del 1800, de Chamberlain, Consejero Privado y Jefe de administración de Moen, y G.P.A. de la Calmette, el hijo de un ministro holandés, que llegó a Dinamarca en el año 1760. Fiel a su ascendencia holandesa tenía Calmette gran sentido del diseño y realización de jardines, y en su tiempo fue realizado el grandioso y hermoso parque de Liselund.

Mansión de Liselund y parque del mismo.

Entre los trabajadores del proyecto había un joven llamado Lars Larsen. Seguramente su trabajo, atrajo la atención especial del señor, ya que cuando se terminó la construcción del parque, le ofreció una granja en Sømarke, en tierras de Liselund, como arrendatario. Lars Larsen no tenía gran deseo de tener la granja, no era aún, en aquellos días, una codiciada posición la de ser arrendatario de campo. Era en aquellos tiempos en que los campesinos, muchas veces en invierno, debían alimentar a los animales con la paja de los techos...como el trabajo de costumbre por la mañana era ir al establo a levantar las vacas con un enérgico tirón de la cola de éstas. No tenían muchas fuerzas para levantarse. Las herramientas eran miserables, tenían todavía los viejos arados de ruedas de madera, al que ataban seis caballos flacos. Para arreglárselas como propietario de una chacra, debían trabajar todos, hombres y mujeres, de la mañana a la noche. Las niñas debían a veces montar los caballos que tiraban del arado, y no era ninguna diversión el ir sentadas sobre los huesos puntiagudos de estos. El señor tenía esa vez poder sobre sus hombres, y Calmette obligó a Lars Larsen a tomar la chacra. El areal era de 20 Ha. de muy buena tierra, que llegó a ser una chacra de muy buena producción. Lars Larsen se casó, tuvo un hijo, y cuando este hijo llamado Mathias, fue adulto, él heredó la finca. Mathias Larsen encontró también una esposa, y en esta casa se criaron, con el tiempo, un gran grupo de niños, seis hijos y tres hijas, hasta que se hicieron adultos.

Sømarke, situado a la derecha del camino, que conduce de Borre a Liselund pertenece a la zona de Magleby; y los hijos de Mathias Larsen fueron a la escuela en Magleby, con el maestro Linde. Sin embargo, era poco lo que aprendian, cuando al fin asistían allí, a veces, los campesinos se dirigían a servir en la mansión, lo hacían a menudo y tenían que llevar muchas veces a los niños. Uno de los chicos cuenta que un día, cuando trabajaba en el establo recibiendo las gavillas, que los hombres descargaban, fue tapado por éstas de tal forma, que perdió el conocimiento y se quedó por mucho tiempo sin que saliera un sonido de él. Era muy duro ser niño, era trabajo y más trabajo, poco y casi nada de tiempo para juegos y escuela. Pero cuando estos chicos se hicieron grandes, también había más médula en los huesos de ellos, que la que se encuentra en la generación más joven, que a través del tiempo ha tenido una educación más blanda. En este período estricto se derramaron muchas mentes capacitadas, ya que fueron intimidados en su desarrollo, pero el cuerpo se endureció, y la voluntad se volvió inflexible, lo que llevó al hombre a la victoria a través de las dificultades y la adversidad, en donde las naturalezas más maleables se hubieran perdido. Los hijos de Mathias Larsen no se quedaron todos en la zona. Tres hijos: Lars, Christian y Hans Peter Mathiasen, y dos de sus hijas: Maren Stine y Karen Stine Mathiasen llegaron más tarde a Tandil. El hijo mayor, Jens, fue corporal. Se fue a América del Norte, allí participó en la guerra, en donde los estados del norte enfrentaban a los estados del sur para obligarlos a dejar de comercializar esclavos. El se encargaba de la artillería, dos caballos fueron acribillados bajo él, pero logró escapar sólo del lugar. Jens falleció soltero, como hombre rico en los Estados Unidos. . Una hija y dos hijos quedaron en Möen. El hijo Frederik, quedó con la chacra y la llevó a ser una de las granjas mejor administradas en el distrito. Christian Mathiasen de quien aquí vamos a tratar, nació el 20 de Noviembre de 1835. Cuando se convirtió en un adulto, llegó a servir en la casa pastoral de Magleby, al arrendatario Peter Christoffersen. Si él tenía algo que ver en el interior de la casa del Pastor/Decano, no es fácil de decir, pero mientras estuvo allí se encontró con la cocinera Marie Larsen y la miró en forma tierna, tras esto se puede concluir con que ellos se comprometieron, y ella le fue desde entonces una esposa fiel. Marie Larsen era la hija de Lars Hemmingsen, propietario de una granja en Magleby. La granja yacía en diagonal hacia la Iglesia, y fue trabajada tan bien que Lars Hemmingsen en un libro sobre la agricultura en el Condado de Praesto de 1837, es conocido como uno de los hombres pioneros de agricultura en la zona. Fue uno de los primeros que drenó su tierra. Puso tanto barras de madera o piedras pequeñas en el fondo de las zanjas, las piedras pequeñas fueron posteriormente cubiertas de algas y tierra. En este trabajo los niños, tanto varones como mujeres, tenían que ayudar, juntaban piedras y las sorteaban, ponían las redondas a un lado, que eran las que tenían que ir debajo. Marie nació el 16 de Junio 1835. Ella fue a la escuela junto a Christian Mathiasen con el maestro Linde en Magleby, y ella al igual que él, fue Confirmada por el Pastor Ingerslev.

Iglesia de Magleby.

No sabemos si estos dos niños, durante sus juegos y demás hechos han soñado con que, desde entonces, el uno tras del otro, llegarían a viajar a un extraño país, lejos de allí, y juntos contribuir a allanar el camino para muchos de su familia, y agricultores de la zona, para tener mejores condiciones de vida, pero bien podemos imaginar que si en las colinas fuera de la Alta Moen, más allá de la hermosa, fértil isla, han visto al mar brillar en el horizonte y los barcos que se deslizaban a través de su superficie, o si han visto los muchos forasteros que venían a ver el acantilado, desde distintas partes del país, han sentido un deseo irresistible de largarse hacia el gran mundo, han sentido un oleaje de valor y de fuerza y han pensado: "Oh, quién pudiera llegar lejos, muy lejos, en el gran mundo!" Mientras tanto, cada uno cuidaba lo suyo. Marie trabajaba en lo del Pastor Ingerslev, y ese era un buen hogar. Si alguno se enfermaba, era de imediato enviada la señora con un jarrón de sopa dulce y su pequeña farmacia casera. Los decanos eran del viejo buen tipo, que se sentían como padres de todos los niños de la parroquia. El mismo Decano era un hombre constante y directo que a menudo se sentaba a la mesa con la gente simple y hablaba y bromeaba con ellos Más tarde se trasladaron a Kongens Lyngby, cerca de Copenhague, y Marie los siguió. Ella estuvo con ellos durante seis años. Y estos seis años en la acogedora vivienda del Decano tuvieron mucha influencia en su vida posterior.

ll. Hacia tierras remotas. Pasó el tiempo. Cristian Mathiasen tenía 24 años, se salvó del servicio militar por número bajo, y tuvo que pensar en la situación de su vida. Mathias Larsen tenía, de hecho, una buena granja, pero ¿qué era para muchos hijos?. Las perspectivas de vida en Dinamarca no eran muy buenas, y a la larga iba madurando en él la idea de viajar a Estados Unidos para buscar la felicidad allí. Se asoció con el hijo de un granjero de Magleby, Peder Nielsen, que había aprendido la profesión de carpintería, y estuvo de acuerdo en viajar a América del Norte. Pero entonces sucede que, estos dos, en Pentecostés de 1859, en Möens Klint, se encuentran con Juan Fugl, que en su tiempo, había sido maestro en Stege, pero que ahora, desde hacía unos años, estaba viviendo en un pequeño pueblo: Tandil, en Argentina. Había vuelto a Dinamarca, se había casado y la intención era ahora volver a Tandil con su joven esposa. Habló de las grandes oportunidades de progreso que había en la nueva tierra. Y en poco tiempo, estos dos jóvenes coincidieron en que lo iban a seguir hacia Argentina. Hubo gran asombro en toda la región al oír que alguien tenía la intención de viajar a América del Sur. Estas cosas nunca se habían oído antes, pero no se dejaron asustar. Una familia, Mackeprang, de Stege; dos jóvenes, Manuel Eigler y Thorvald Petersen (quien se destruyó una pierna en un sistema de trilla de Fugl y murió en Tandil 1862), de Nakskov junto a su novia, Margrethe Larsen, (que se casó con Adolf Bejser, de Holsten,en 1863), hubo algunos más que los siguieron, pero no han sido especialmente nombrados aquí en Tandil. El viaje era en ese momento en barco a velas y se prolongaba durante unos tres meses. Cuando atracaron en Inglaterra, Margrethe se había enfermado con viruela. La señora Fugl también se enfermó poco después, y tanto ella como Fugl se quedaron entonces en Inglaterra, mientras que el resto continuó el viaje. Llegaron a Buenos Aires el 16 de diciembre de 1859. Aquí se separaron los viajeros. Cristian Mathiasen, Manuel Eigler y Peter Nielsen consiguieron trabajo en la construcción de un puente sobre el Río Salado. Aquí trabajaron hasta el mes de marzo, entonces se decidieron a dar la vuelta y emprender el camino para encontrar Tandil, suponiendo que Fugl y compañia ya estarían de vuelta. Compraron los caballos y emprendieron su camino, pero en esos tiempos no había muchos establecimientos en esos distritos. Se podía montar un día entero sin tener en vista una casa. En una estancia, se hicieron de una pava, un poco de Yerba , y un pedazo de carne, con este suministro siguieron camino, pero el caballo de Christian Mathiasen se había cansado, y tuvo que caminar, tirando de él, mientras que los otros dos se reían de él y le decían que él, mientras habían estado trabajando en el puente, había engordado tanto que el caballo no lo podía sostener. Una noche durmieron en el campo abierto, y cuando por la mañana buscaron el atado de carne para hacer un bifecito de desayuno, se encontraron con que un zorro en la noche se había deslizado a robarles la carne; debieron entonces conformarse con el mate. Pero el zorro no les llevó su buen humor, y pronto estuvieron en camino de nuevo. Por último, el 19 de Marzo de 1860 llegaron a Tandil. Les costó encontrar el pueblo, se habían pasado de largo, y cuando al fin lo encontraron, no fue tan fácil de encontrar la casa de Fugl, pues no hablaban español todavía. Cabalgaron entre las casas, de las que tantas no había, hasta que vieron en una granja a su compañero de viaje: Thorvald. Aquí vivía Fugl. Habían llegado a la meta del viaje, ahora era sólo cuestión de empezar a trabajar. En Tandil no había mucho que hacer en esos tiempos, porque el pueblo estaba tan alejado de la costa, y todavía no había ferrocarriles. ¿Si lo pudiéramos comparar ahora, con un lugar lejos de todo, debería ser un lugar muy adentro en la Patagonia. El cultivo de trigo en gran escala era inútil, porque no se podía enviar a ninguna parte a causa de lo caro que era el transporte. Pero se podía conseguir tierra casi por nada, y si se podía obtener lo suficiente de ella como para sobrevivir durante algunos años, el progreso vendría de golpe en cuanto llegara el ferrocarril. Porque la tierra era fértil, casi cada palito que plantaban, brotaba, y tenían sol y lluvia en abundancia, y arroyos que fluian a través de los surcos, podían construir molinos o regar los campos. El futuro era prometedor. Si tan solo llegara el tren al lugar. Fugl era un hombre emprendedor de los que poco se encuentran; sembró algo de trigo, y él mismo hizo una rueda para moler, con piedra de las sierras; a ésta le ató un caballo que caminaba en redondo, tirando de ella, y entonces podía moler trigo y hacer harina. Pero no le fue muy bien con el caballo, por eso decidió entonces construir un molino de agua en el arroyo. Peder Nielsen que, según las declaraciones de Fugl, podía hacer todo lo que uno deseara de madera, sólo con la ayuda de un hacha, empezó a trabajar con la realización de una rueda para un molino de agua; mientras que Christian Mathiasen se encargaba del trabajo del campo. El primer año lo pasaron trabajando para Fugl; el sueldo de un empleado era, en ese entonces, 300 pesos, quiere decir, más o menos, alrededor de 12 monedas de oro de ahora. Era bastante fácil ahorrar aquella vez, ya que no había tanto en qué usar el dinero. Fugl se había construido una casa en la ladera de una sierra, al sudeste del pueblo, desde aquí había una hermosa vista. En línea curva hacia la izquierda se elevan cuatro picos de sierras bajas, en la última se encuentra la extraña piedra movediza. En el interior de la bahía, allí en donde la llanura irrumpe entre las montañas, se encuentra el fuerte y las pocas casas que forman el pueblo. Algunas casas son de piedra, otras de barro, pero todas tienen techo de paja. A la derecha se extiende la llanura como un poderoso mar, cuya monotonía sólo es rota por los arroyos que serpentean desde allí, y se pierden en la distancia. Esta casa, que está como de espaldas a la ladera y con vista al campo, es la primera construida por daneses en Tandil. Cuando se terminó de construir el molino, junto al arroyo, Fugl se mudó allí, y le vendió la casa más tierras a Christian Mathiasen y Peder Nielsen. Entonces empezaron a arar y sembrar la tierra, y plantar árboles. No había suficiente trabajo para los dos, y necesitaban trabajar para ganar unos pocos centavos, por lo que uno de ellos fue al pueblo o a cualquier estancia en busca de trabajo. Probablemente ha sido en estos años que los dos pusieron los primeros fundamentos de la plantación en la estancia Peñas, ubicada cuatro leguas al sudoeste de Tandil. Ahora hay una plantación hermosa y fuerte. Chr. Mathiasen, tenía ahora una casa, un hogar, sólo le faltaba Marie. Y muchas tardes, cuando se sentaba frente a su choza y veía el resplandor del sol desaparecer detrás de la sierra de la piedra movediza, los pensamientos volaban hacia su amada, que estaba tan lejos de allí, en Kongens Lyngby, en Dinamarca. Chr. Mathiasen le escribió en una carta, a Marie, y le dijo que ahora podía venir.

Marie Larsen, en aquellos años.

Christian M. unos años después. Esta foto fue tomada por Fillip Mackeprang.

A pesar del hecho de que el pastor le aconsejó de una manera muy enfática a que no viajara a un lugar tan lejano, de condiciones inciertas, ella se decidió por hacer el viaje. Ahora ella tenía 27 años y se animaba a decidir su propio camino.

A principios de agosto de 1862 partió el barco desde Stege. La hermana de María, Maren Stine, trabajaba esa vez en una chacra en Stege; cuando fue a ordeñar, ese mediodía, pudo ver al barco pasar a lo lejos. Ella creía, seguramente, que había visto a su hermano y hermanas por última vez. Lloró todo el camino. Y un mes pasó tras otro, no llegó ninguna carta. Al fin, un año después, vino Mathias Larsen de Sømarke y dijo, con una sonrisa radiante en la cara, que ahora él tenía a toda America en el bolsillo. La carta estaba muy estropeada. Estaba toda quemada en los bordes; y había costado 4 Marcos. No se podía pagar la correspondencia desde aquí aquella vez. La carta trajo la feliz noticia de que los viajeros habían llegado bien al lejano país. El viaje había ido bien, al llegar a Buenos Aires, fue Christian Sommer a recibirlos y les ayudó a instalarse. Debían ir en diligencia hasta Tandil. Era un carro de trocha ancha, cerrado, con ventanas de vidrio en los lados, tirado con 14 caballos, de dos en dos en una larga fila, en cada uno de los siete pares de caballos había un jinete. Todos los caballos tiraban de una cincha, también los caballos más cercanos a la diligencia. A la hora de salida, salieron del lugar a todo galope, tanto que la diligencia se sacudía y saltaba. Los jinetes pegaban con los látigos incesantemente a los caballos y no les daban aliento en ningún momento. Pero a lo largo del camino, o de las huellas que hacían de camino, había lugares en donde podían cambiar: aquí había caballos frescos esperando; si un caballo caía en el camino, simplemente le sacaban la cincha y riendas, lo dejaban y seguían, otra vez, a toda velocidad. Por la tarde, se encajó la diligencia, los pasajeros tuvieron que bajar y caminar, pero pronto la sacaron de nuevo. En la tarde tuvieron que cruzar un arroyo, pero cuando iban llegando a la otra orilla, se quebró el eje de la diligencia, y ahí quedaron. Pero, afortunadamente, quedó una rueda delantera tan cerca de la barranca que podían saltar de allí a tierra.Uno a uno, los pasajeros salieron por la ventana, pasaron por la rueda delantera y saltaron a tierra. Desde allí se fueron caminando a una estancia, en donde se quedaron esa noche. Mientras tanto los conductores habían remolcado el vehículo, y al día siguiente siguieron adelante sin eje, hasta llegar a unos ranchos. Aquí, pusieron un nuevo eje. Y después, continuaron el viaje, sin incidentes. Durante el día saltaban y se sacudían a lo largo de la llanura, por la noche paraban en una estancia, puesto, o boliche.

Después de ocho días de viaje, llegaron a Tandil, el 27 de octubre de 1862.
                                              De “Colonos daneses en Tandil.”                                               Por Lars Bækhøj                                Tomado de Asociación de escuelas danesas en Argentina, 
                                              Anuario de 1909.                                               Postales de Magleby, del museo de Møn.                                               Fotografia de la portada: Sømarke del museo de Liselund
En Tandil, mientras tanto, esperaba Chr. Mathiasen con ansia a su prometida. El día antes de que ella llegara, andaba recogiendo una carga de leña. Esta consistía en el estiércol de vaca seco, que había en el campo. Pero en esta oportunidad fue sorprendido por un pampero, una lluvia intensa y granizo. Los caballos se pusieron nerviosos,  le costaba mantenerlos quietos, y mientras él estaba luchando con ellos, viene una bocanada de viento que toma su sombrero, y lo pone en fuga a través de los campos. Allí estaba él. Los caballos brincaban y saltaban por  el golpe de los granizos, y el sombrero volaba más y más lejos, hasta que lo perdió de vista. Allá se fue, el único sombrero que tenía, y no tenía dinero para comprar uno nuevo. Al día siguiente, llegó Marie, y cuando el coche se detuvo delante de la pulpería, y ella llena de espectativas, miraba buscando a su Christian, lo encontró allí,  de pie, con un pañuelo en la cabeza.La alegría de Marie, por volver a ver a su amigo, probablemente la haya ayudado a no percatarse de que él no tenía sombrero. Pero por lo demás, había un fuerte contraste de lo que ella provenía y a  lo que ella ahora encontraría. Venía de un hogar rico, estaba bien equipada con todo lo que una mujer en ese momento debía tener para casarse, y eso era mucho. Ella también tenía muchas cosas finas que había recibido del decano, vestidos de seda y  una mantilla de seda. Algo de dinero también traía. Y entonces se encuentra aquí con un hombre que no tiene ropa adecuada, de hecho ni siquiera un sombrero. Pero, si era un poco desalentador para una novia el ser recibida por un novio con un pañuelo en la cabeza, no fue menor, ni mucho menos una alegre sorpresa la que la recibió cuando fue a conocer su nuevo hogar. La casa consistía en una pequeña sala de estar y una cocina, construida de ladrillos secados al sol y con techo de paja. Cielo raso no había, de valor sólo lo que Dios había creado,  mobiliario tampoco había. Todo el bienestar quedaba en el futuro, quién pudiera saber cuándo vendría. Tal fue la riqueza y la prosperidad, por la que había viajado a América. Una persona con menor fortaleza, quizas hubiera perdido el coraje y llorado mañana y tarde por las glorias perdidas de Dinamarca. Ella no lo hizo. Ella puso manos a la obra y se dedicó a subsanar las irregularidades, lo mejor que pudo. Paciente y feliz como ella era, por naturaleza, lo tomó todo con buen humor. Por su gran abundancia de sábanas, enaguas y faldas, hizo ropa para su esposo, y así lo vistió un poco mejor,  también ayudó con la pequeña cantidad de dinero que había traído con ella, en cuanto a  ropa eran sólo cosas simples que uno podía obtener enTandil.   El día de Navidad de 1862 fue la boda. No había ningún pastor protestante, por lo que no podían casarse en la forma habitual, pero Fugl los casó con la condición de que en la primera oportunidad deberían casarse con un sacerdote real. Fue escrito un certificado de matrimonio, firmada por todos los daneses presentes, y luego se hizo una pequeña fiesta. Y así fueron marido y mujer. El 5 de mayo de 1867, fueron casados por iglesia por el sacerdote ingles Powel, de Buenos Aires. 
III. La vida en el nuevo hogar.
 En ese momento, todavía  se podían conseguir tierras a un precio muy barato. Uno podía pagar una cuota anual, construir una casa y cavar un pozo de agua, con esto se tenía prioridad para su compra, si las tierras se ponían en venta, y era por lo general sólo un bajo precio el exigido para ello. Christian Mathiasen fue tomando mucha tierra. Desde la colina en donde vivía, se extendían sus tierras casi todo el camino hasta donde ahora Poul Christiansen vive. Entre chacras, quintas y sobrantes  tenía más de 200 manzanas de tierra (aproximadamente 200  Ha.). Pero toda esa cantidad de tierra no le daba mucha ganancia, porque era imposible en esos tiempos  cultivar una gran superficie.
 Si lograba en los años siguientes cultivar con trigo una chacra de 16 Ha., sería una gran cosa.Los arados eran pequeños. Los caballos no podían arrastrar mucho. El arnés lo tenían que fabricar ellos mismos. Lo hacían con cuero de vaca y bolsas de yerba vacías. Aquella vez sólo se utilizaban riendas. Demás accesorios que se usan hoy en día para evitar que los animales se lastimen , no existían. Pero si era difícil trabajar la tierra y sembrar el trigo, era aún más difícil  cosechar. Trilladoras no había. Guadañas había, pero tanto era dificil conseguir suficiente cantidad de gente para usarlas, como tampoco era práctico cortar la paja tan larga, cuando luego el trigo era trillado con caballos. Para el corte del trigo usaban hoces. No era nada especialmente pesado, y era apropiado para las personas que se podían conseguir para hacer el trabajo, eran santiagueños (de la provincia de Santiago del Estero). Sólo se tomaba un pedazo pequeño de paja con la espiga, y estos puñados unidos iban siendo colocados en filas a lo largo del campo. Después de que las espigas estaban amontonadas, se juntaban con los carros, que consistía en la piel de una vaca que era tirada por un caballo en cincha. El trigo no era atado, sino que descansaba suelto en el cuero. Y cuando este estaba lleno, lo ataban todo junto con una soga (tira de cuero de buey, utilizado como cuerda) que se colocaba en las puntas externas de la piel, y un extremo era sostenido por el jinete con la mano. Cuando hubo terminado, agitaba el jinete al caballo con la fusta y, a continuación, salía al galope hacia la parva. Aquí el jinete al llegar, subía a la parva  con su carga, y soltaba la soga que sujetaba al cuero unido, daba la vuelta en su caballo y luego de volcar el contenido del cuero, salía de vuelta a buscar una carga nueva. La parva era amplia y redonda, pero a veces, podía pasar que un jinete sólo trataba de adiestrar al caballo un poco, mientras estaba en la parva, y se iba de cabeza en ella, con caballo, cuero y él mismo.
 Cuando la parva estaba terminada, se empezaba normalmente a trillar.  Se ponían unos postes a pocos metros de distancia del borde de la parva, toda la vuelta; de un poste a otro se ataba una soga y esto quedaba en forma de cerco. En este entorno cerrado se soltaban medio centenar de yeguas. Estas debían actuar como trilladoras. Las yeguas eran generalmente de los estancieros, que iban a los distintos lugares a encargarse de la trilla de los campesinos. Se volcaba una capa adecuada de trigo en el suelo alrededor de la parva, y se soltaban las yeguas, estas eran conducidas en un galope a ritmo vertiginoso, hasta que con los cascos molían bien la paja. Se seguían tirando las espigas hasta que al fin habia una capa tan gruesa de granos que era necesario limpiar. Con horquillas se tomaban porciones, se sacudían y se sacaban los restos de la paja. Era un trabajo difícil, y luego, cuando al fin había trigo en las bolsas, no había tal vez nadie que lo quisiera comprar por un precio decente. El precio normal estaba entre los 200 y 300 pesos por un Td. Pero de ese dinero se iba casi todo en sueldo para los trabajadores. Algunos años Christian Mathiasen vendió el trigo a 120 pesos, 75 pesos o incluso 60 pesos. 
 Tuvieron también que luchar por dificultades  con la población nativa, tantas veces disgustados porque estos extranjeros llegaran aquí y araran, cavaran y escarbaran  en la tierra, y así no había espacio suficiente para ellos y sus animales, como lo habían tenido antes. Por consiguiente, no dudaban en dejar a su ganado entrar en los campos de trigo. Cercos o alambrados eran, en esos tiempos, casi imposible de conseguir, cavar una zanja alrededor de todos los campos era muy problemático, por lo tanto, no había otra cosa que hacer que montar un caballo y recorrer los trigales día y noche, para que no fueran destruidos por el ganado. La falta de material de cercado causó mucha fricción entre los vecinos. Y sucedió que estos, como consecuencia, hacian travesuras dañando los trigales. 
 Un día, cuando la gente  de Christian Mathiasen trillaba con yeguas en las cercanías  de la casa, descubrieron de repente que el trigo quemaba en otro lote. Todos, por supuesto, bajaron de la parva. Aquellos que arrastraban cueros, jinetearon a todo lo que los caballos daban, tanto que los cueros volaban y  daban extrañas volteretas en el aire. Los otros trabajadores llegaron tan rápido como sus piernas los podían llevar. El fuego crepitaba en el trigo seco, le pegaban con cueros de oveja, sacos, palas y arrastraban cueros de vaca; y lograron apagarlo antes de que se hubiera quemado demasiado trigo.  
 El peor obstáculo para la producción de trigo era el mal transporte. Si no se podía vender el trigo a los molineros locales o usarlo en la alimentación,  no valía nada.  Naturalmente había otros medios de transporte que los cueros de vaca, aunque bien podía ser que se viera a un hombre a caballo con su esposa e hijos a cuestas en una piel de buey, por no hablar de que las maletas y paquetes pequeños casi siempre se transportaban de este modo en el campo. 
 Pero el único medio de transporte en el que se llevaban mercancías en partidas más grandes eran las carretas tiradas por bueyes, que podían ser un espectáculo interesante de ver. No había, por ejemplo, tanto hierro en ellos como un clavo, todo era de madera, se juntaba con palillos y se pegaba el mismo con azúcar. Las ruedas no eran malas, pero para mantenerlas juntas, se ataba una soga mojada y retorcida con un palo, de un radio a otro de la rueda. Cuando esta soga se secaba, era tan dura como  hierro y se asentaba firmemente. En cuanto a los ejes, que también eran de madera, eran juntados con piel de buey, que soportaba mejor el calor de la fricción con la madera. La piel de buey seca producía un sonido ensordecedor, que hacía posible oír los carros a varias leguas de distancia; esto se puede entender si tenemos en cuenta que a menudo había 50 a 70 vagones que se seguían. Una tropa de carros así tenía su capataz, el que a veces llevaba a toda su familia con él en los viajes, vivía, en ese caso, en un carro  especial con techo y puertas. El viaje era placentero. La velocidad no era mucha,  les tomaba entre 1 y 2 meses en llegar de Tandil a Buenos Aires. Debido a este paso de caracol, no podía hablarse de envío de trigo a Buenos Aires con estos carros. Y otros no existían. 
 Ya que era tan difícil de vender bien el trigo, tomó Christian Mathiasen la decisión de  moler el trigo y hacer harina. Había conseguido una vez, una moledora con caballos de Fugl . Tenía 6 barras de tracción y era arrastrado por igual cantidad de bozales. Además de moledora también tenía cernidores, pero era difícil conseguir que  la harina quedara blanca, porque mientras las espigas se desgranaban con los saltos de caballos, el trigo estaba por lo general lleno de pequeños pedazos de espiga y otros desechos. Trató de poner remedio a esto moliendo primero el trigo en una moledora de madera, que deshacía los pedazos de espiga, con lo que podía soplar, apartando el polvo fuera de los granos. Sin embargo, nunca fue un producto muy bueno, pero para su suerte, en ese momento no se era tan exigente, y el pan era caro. El molino no llegó a tener un significado muy especial en el futuro de  Christian Mathiasen. 
 Los primeros años fueron tiempos tediosos, y la que más lo notó fue Marie. Es un gran cambio el venir de una sociedad desarrollada a otra totalmente en  estado natural, como esta en la que Tandil se hallaba. Estaba acostumbrada a andar en una cocina grande y  limpia y cocinar en una estufa. Aquí había sólo una chimenea en la pared de barro, el fuego ardía libre y, una vez  incluso se encendió el techo de paja, pero con la ayuda de sus niñas, ella consiguió apagarlo. Velas y lámparas no había en la casa, se iluminaba con la ayuda de una lata,  se añadía grasa alrededor de un trapo, el trapo se incendía y absorvía gradualmente la grasa hacia arriba.
 De los alimentos a los que estaba acostumbrada a tener almacenados en la casa del pastor, en Dinamarca, aquí no había casi nada más que carne. El pan consistía en algunas galletas tan duras como piedra, ya que las traían desde Azul. El café y el té eran rarezas. La carne y el mate eran los dos principales alimentos, y de ellos la carne era tan barata que no tenía casi ningún costo. Podía uno conformarse con carne de pecho y pescuezo, se lo daban sólo con ir a buscarlo, porque aquellos que los carneaban, se quedaban por lo general, solamente con los cuartos traseros y laterales.  Vacas lecheras se conseguían, pero era tanto un trabajo difícil, como peligroso domar estas vacas salvajes, y otras no había. Marie, sin embargo, lo hizo igualmente,  pero fue algo que le podría haber costado muy caro. Ella fue una vez corneada por una vaca loca y fue tan grave que quedó inconsciente durante varias horas. En la misma ocasión, la que más tarde fue la esposa de Peder Nielsen, también fue gravemente lastimada. Sin embargo, se recuperaron, y Marie se encargó de ordeñar de nuevo. Con el tiempo, tenía muchas vacas para ordeñar, y si bien no tenía una desnatadora, ella hacía manteca, de una u otra forma, que vendía en la ciudad para recaudar dinero. 
 Las plantas en la huerta podían crecer, cuando ella podía hacer que fueran sembrados y cuidados, pero tenía que hacerlo ella misma. Era ingeniosa y probaba muchas cosas, así descubrió que podía usar hierbas para hacer guiso, estas hierbas crecían como yuyo. De a poco se fue haciendo una buena huerta, pero entonces tuvieron plaga de langostas, varios años seguidos, y destruyeron todo aquello que era verde.  
 Marie se encargó de mucho trabajo mientras tuvo buena salud, pero luego de unos años de estar aquí, tuvo una debilidad, que sufrió durante 30 años. Era un tipo de venas varicosas, que tenía en las piernas, que a veces reventaban y sangraba en forma tan violenta que tenía gran pérdida de sangre. Además de esto, tuvo niños en forma muy continuada. El primer bebé nació muerto y el segundo murió cuando tenía pocos días de vida. Esto fue muy difícil para la joven madre, pero al año siguiente, en 1865 nació una niña que vivió, (la esposa de August Madsen). Ella estaba a punto de morir cuando tenía un par de semanas, pero una vieja mujer india la curó. En los años siguientes llegaron más niños. En total Marie le dio a  su esposo 13 niños.
  A pesar del hecho de que tenía mucho que hacer dentro de la casa, tenía a menudo que ayudar afuera, incluso después, cuando tenía hijos que cuidar. Muchas veces, cuando había acostado a los más pequeños en la cama por la noche, ella salía a montar, los animales que tiraban de la moledora. Aquí podía andar hasta las 2 de la mañana, si los niños se despertaban o estaban inquietos, debía entrar a verlos. Durante el día, se encontraba a menudo sola en casa con los niños. Así fue en un día de cosecha, cuando Christian Mathiasen estaba en el campo, lejos de la casa, la herida en su pierna se abrió y empezó a sangrar. Se sentó en una silla y puso la pierna hacia arriba sobre una tabla de cortar, no había nada mejor a mano, pero la sangre no dejó de correr, y finalmente se desmayó por la gran pérdida de sangre. La niña más grande tenía 4 años de edad, la más pequeña, Emma, gateaba sobre una piel de oveja en el patio. Pero el desmayo duró mucho tiempo, la pequeña se quedó dormida, el sol brillaba en su cara, y un ganso la quería picotear. Anna, la pequeña de 4 años, no podía levantarla y llevarla adentro, pero  encontró una bolsa y la extendió sobre ella, cubriéndola. Finalmente, al mediodía, Christian Mathiasen llegó a casa. No fue poca la sorpresa, pero pronto logró despertarla, y ella se recuperó. 
 Así como había pocas comodidades en la casa, también así lo era con la vestimenta.  Marie estaba muy bien equipada cuando vino de Dinamarca, pero como no podía permitirse el lujo de conseguir algo nuevo, tuvo que usar sus vestidos de seda para todos los días. "Visto la seda de la pobreza!".  Decía ella al respecto de los comentarios de sus conocidos. Uno se puede dar una idea de lo pequeños que eran los recursos, cuando se entera de que ella, de alguna tela gruesa había tenido que coser sacos de harina, ya que era difícil de conseguir algo en donde ponerla. 
  A pesar de todas las dificultades ella seguía estando alegre y feliz. Y participaba  con muchas ganas en pequeñas reuniones, como las que los daneses organizaban aquella vez en lo de Lars Mathiasen, también pasó que tuvo que quedarse en casa porque no tenía ropa para los niños. Lars Mathiasen era panadero en la ciudad y tenía un salón que era adecuado para organizar un pequeño baile. Christian Mathiasen se había hecho de un par de ruedas con ejes y resortes de una antigua diligencia, le puso una caja, y éste era entonces el carro de paseo. Cuando iban a los bailes en lo de Lars Mathiasen, ponían paja en el fondo del carro, un viejo caballo blanco fue amarrado a éste y así iban. Cuando la fiesta había terminado, juntaba Marie a sus hijos y los acostaba a dormir sobre la paja en el piso del carro, y allí se mecían camino a casa. Cuando Juan Fugl viajó a Dinamarca, en 1871, Christian Mathiasen se quedó con su volanta, que era la única que existía en la ciudad en ese momento. 
 En los primeros años, en que los daneses estaban aquí en Tandil, se vivía en forma pacífica e idílica. No había ladrones o bandidos, dormían tranquilamente con las puertas abiertas, si bien ni armas tenían en la casa. Pero la paz idílica llegó a un abrupto final en la última noche del año 1871. 
 Un grupo de gente mala había sido estimulada por un curandero fanático que se hacía llamar con el nombre de Tata Dios, para eliminar a todos los extranjeros. Parte de los nativos ricos estaban, sin embargo, con seguridad detrás de él. El intento fracasó en parte, por fortuna. Y ningún danés cayó bajo los cuchillos asesinos. Pero la circunstancia sembró tal horror entre todos los extranjeros que se necesitaron muchos años antes de volver a sentirse seguros. Durante varios años siguieron flotando en el aire  los rumores de que en tal o cual momento, ocurriría de nuevo. En esos momentos, nadie podía dormir en los alrededores, todos se iban a la ciudad. En las pocas casas que había estaban las mujeres y los niños durmiendo en largas filas en el suelo, mientras que los hombres, con rifles cargados, se turnaban para hacer guardia. Todo era tensión y nerviosismo, al sonido más leve se sospechaba de todo y se preparaban para la defensa. 
 Un día, durante este tiempo, cuando Marie estaba sola en casa con los niños,  un nativo montado a caballo, se dirigió rápidamente hacia la casa. Ella no lo reconoció y pensó que su última hora había llegado. Ya que ni las mujeres, ni los niñas se salvarían. Atrajo a los niños hacia ella y cerró las puertas, así como pudo. El hombre se acercó, y el temor creció. Pero cuando llegó hasta la casa, se dieron cuenta de que era un vecino, que se había acercado, generosamente, a preguntar cómo estaban. 
 En otra ocasión, una noche, Christian Mathiasen y Marie habían bajado con los niños al molino, donde Pedro Nielsen ahora vivía. Sobre el final de la tarde volvieron a casa, y vieron luz en la cocina. Inmediatamente pensaron que habían llegado  los asesinos allí. Dieron la vuelta y regresaron al molino. Bien armados partieron Christian Mathiasen y Pedro Nielsen hacia la casa, pero entonces la luz ya no estaba encendida y todo estaba tranquilo. Con mucha cautela, entraron y encendieron las luces, pero no había ladrones o asesinos. Al día siguiente se reveló el misterio. Christian Jensen, quien trabajaba allí y había estado ausente, llegó al lugar y encontró la casa vacía, pero tenía hambre, así que encendió la luz y tomó un bocado. Entonces se le ocurrió que los rumores sobre los asesinos quizá rondaban  de nuevo, ya que no había nadie en casa, por lo que se apuró a irse a la ciudad y trasnochar allí.
  Durante todo este trabajo Chr. Mathiasen y Marie iban fieles de la mano. Él iba al campo mañana y tarde, y participaba en todos los trabajos, y como él luchaba afuera, así luchaba ella en la casa. 
 Ella cocinaba, cosía, hacía parches, ordeñaba, molía granos y se ocupaba de la huerta. Los niños tenían que trabajar también, a nadie se le tenía lástima porque tuviera que trabajar. Pero a pesar de todo el desgaste y la adversidad, se encontraba el brillo que emana de un hogar  seguro. Aunque podía haber algunas cosas de las que se quejaban en lo cotidiano, se encontraba la felicidad en la base de la relación y ésta lanzaba sus pequeños destellos más allá de la interacción diaria, así como el sol puede flashear a través de las nubes de un día nublado.

Por Lars Bækhøj De “Colonos daneses en Tandil.” Tomado de Asociación de escuelas danesas en Argentina, Anuario de 1909. III. Christian Mathiasen y su esposa Marie Larsen. Irene Mathiasen·Sábado, 22 de septiembre de 2018

lV. Mejores tiempos   
 Gradualmente fue llegando más y más gente a Tandil, y puesto que es la gente que le da valor al suelo, y Christian Mathiasen era propietario de mucha tierra, un aumento de la población era sinónimo de progreso para él. Por supuesto, lo que más contribuyó al aumento, fue el hecho de que el ferrocarril se acercó, poco a poco, a la ciudad. En 1865 llegó a Chascomus, y en 1873 llegó a Las Flores. La ciudad de Las Flores está  ubicada aprox. a 30 leguas de Tandil, por lo que le dio un poderoso impulso al desarrollo del lugar . Entonces se comenzó a  progresar en el cultivo del trigo.  Fueron finalmente construidos molinos para hacer harina en Ayacucho, Rauch, y Azul. Así como la producción de trigo fue mejorando, también mejoraron las herramientas para el trabajo de las tierras. 
 A mediados de los años setenta llegaron las primeras segadoras a Tandil que sacudían el trigo, hasta que los granos caían sobre una plancha,desde donde se lo rastillaba hacia abajo y juntaba en montones. Christian Mathiasen había tenido durante muchos años una trilladora que había sido de Fugl, era como las que había en uso en los graneros en Dinamarca. Se le podía colocar un par de ruedas y así transportarla de un lugar de cosecha a otro. Sólo tenía algunas pocas ventajas sobre la trilla con yeguas. El trigo tenía que ser limpiado igualmente, y la paja ser sacudida. Adolf Petersen y Poul Christiansen tuvieron, en sociedad,  la primera máquina trilladora a vapor, que probablemente había llegado aquí en 1876.
  En 1878 llegó el ferrocarril a Azul, en 1880 a Ayacucho , y finalmente en 1884 llegó a Tandil. Ahora, todo iba hacia adelante con la rapidez del ferrocarril. En 1883, adquirió Christian Mathiasen una trilladora a vapor, y esto no sólo fue un gran paso adelante para su propia producción de trigo, sino que ahora, podía también salir a trillar la cosecha  de los demás, y así ganar un buen dinero.
 Christian Mathiasen nunca arrendó tierras ni tampoco se dedicó al cultivo de la producción en grande. Él había vendido parte de sus tierras: dos Chacras en  Arroyo Seco y tres quintas más cerca de la ciudad, una a N. P. Larsen, y otra a Christian Jensen y una más a los dos en forma conjunta. Ambos habían trabajado para él durante varios años. Pero tenía otras 8 - 9 chacras más, así que había mucha tierra para cultivar todavía. También tenía miedo de quedar en  deuda. Era algo de lo peor que podía pasar para él, si llegara el día en que no pudiera pagar sus propias facturas.
 Con los otros avances vinieron las transacciones bancarias. El carro de dos ruedas de Christian Mathiasen, hizo por ese motivo, muchos viajes al banco. 
 Además de la siembra, Christian Mathiasen también tenía buen ojo para la importancia de forestar. Cuando los primeros daneses llegaron, casi no había árboles. Forestó  la zona baja, que rodea el pequeño manantial, que desemboca al norte de su casa, y pronto hubo una hermosa plantación, la que fue llamada con el nombre de Christian Mathiasen . En este lugar se practicaba anualmente el "tiro al pájaro".   
 Desde mediados de los años setenta había pasado el peor momento para Christian Mathiasen. El solo hecho de poseer tal cantidad de tierra, le dio una cierta reputación. El pastor Meulengracht que vino aquí como ministro danés en 1876, dijo bromeando, que la casa de Christian Mathiasen era una mansión. Ya el tiempo en que no podía comprar un sombrero había pasado, y aquel en que su esposa tuvo que coserle los pantalones con la tela de sus faldas. Las casas fueron construidas más grandes y fueron decoradas; en todas partes se mejoraron y embellecieron. Christian Mathiasen hablaba a menudo acerca de viajar a Dinamarca, pero Marie no se quería ir de aquí, ahora tenían riqueza, quién sabía, qué podrían llegar a tener?, y si lograrían vender la chacra?.    En 1879 tomó la confirmación Anna, la hija mayor. lo que fue algo grande en esa ocasión. Ella fue la primera confirmada en Tandil, que era  nacida en Argentina, de padres daneses. A la mesa, que estaba puesta en forma totalmente moderna, fueron dichos discursos y entonadas canciones. La cultura danesa hizo allí su arraigo.
 Las personas que podrían ser capaces de desafiar las dificultades de tener que abrirse camino en una tierra en partes salvaje  y sin cultivar no deben ser demasiado blandas. Si le tiene que ir bien, su personalidad tiene que ser de acero. Pero este tipo de personas incondicionales, son muy a menudo gente de corazón duro. Una cosa trae la otra. Christian Mathiasen fue también  una persona de naturaleza dura. Él era estricto con sus hijos. Tuvieron que trabajar duro con lo que podían. Los chicos con arado y rastra, las niñas cuidando las ovejas en las montañas, y sembrar maíz caminando por detras  de los arados, y tan pronto como pudieron levantar una olla, y cocinar para la gente que a veces trabajaba tan lejos, que no podía ir hasta la casa , comían en una casa que fue hecha para ello en el medio del campo;  cuando Ana tenía 15 años, hacía ella sola comida para 32 personas.
  A sus empleados los trataba a veces duro, pero igualmente tenían el deseo de trabajar largo tiempo  para él. Por detrás de su dureza golpeaba un corazón cálido y fiel, de ello, hay muchos testimonios. Cuando uno de sus hombres se habían reunido lo suficiente como para independizarse empezar por sí mismo, él estaba dispuesto a ayudar, y hay pruebas de que con gran fidelidad ha continuado apoyándolos  cuando las cosas no les iban bien, y lo hacía hasta que salían adelante otra vez. Él decía: "Cuando aquellos que tienen algo, no quieren ayudar a los que no tienen nada, ¿cómo va a salir entonces alguien  adelante?" 
 Cuando venían nuevos daneses, iban siempre a lo de Christian Mathiasen, allí podían estar y ayudar un poco, hasta que encontraran algo para hacer. Muchos de los daneses, que ahora se encuentran en buenas posiciones han hecho su primer trabajo en lo de Christian Mathiasen.
  Pero si él estaba disponible para ayudar a aquellos que lo necesitaban, él también estaba dispuesto a promover algo bueno para la sociedad danesa. Estuvo presente en la fundación de la Sociedad Protestante en 1866, y fue miembro de la comisión directiva, a intervalos cortos, hasta su muerte, en un corto tiempo también fue Presidente. Cuando él se mantuvo alejado de la mayoría de los puestos avanzados era en parte por el hecho de que tenía una escuela muy pobre,  él escribía muy mal. Las cartas y todo ese tipo de cosas, las escribía Marie por él. Pero a pesar de la falta de conocimientos, él fue uno de los que más trabajó para conseguir poner en marcha la escuela y  la iglesia. Y mientras que el Pastor Meulengracht vivía aquí, era Christian Mathiasen uno de los que le brindaban su mejor apoyo, a pesar de que a veces podía decirle palabras difíciles. Bodas de plata, 1887
  En 1887, Christian y Marie Mathiasen festejaron su bodas de plata, y la hermosa celebración, que se realizó en el bosque del manantial, les dio razón para sentir que, en los últimos 25 años, no sólo se habían establecido una posición económica independiente, y traído al mundo y educado un hermoso grupo de  niños, sino también de que se habían ganado un gran círculo de amigos. Muchos eran los regalos que recibieron, tanto individuales como de grupos de gente, y aún más fueron los  discursos de agradecimiento de los tiempos pasados y los mejores deseos para el futuro. Se imprimieron canciones para la celebración, en las que la familia y amigos interpretaron sus sentimientos hacia la pareja en sus bodas de plata.
 En un día así, seguramente muchas veces, los pensamientos han vuelto atrás, a los tiempos duros pasados al comienzo,  tiempos en que se cambiaba entre la duda y la esperanza, y cuando el dolor y la pérdida eran huéspedes frecuentes. En las caras se ven las huellas de la batalla, pero en la sonrisa que ilumina a través de los gestos, ya sabes que la victoria es honrada, y por esto:                                                                                                                                
                                       "¿Quién quiere contar sobre la batalla perdida                                                                                                                   en el día de la victoria? ".
                                                       V. El último tiempo. 
  No mucho tiempo después de las bodas de plata, Christian Mathiasen se enfermó con un cáncer maligno en la garganta. Viajó a Buenos Aires para buscar atención médica. Se sometió a una cirugía, pero el caso era demasiado grave. Sus fuerzas no fueron suficientes y el  31 07 1889 murió. Tenía entonces sólo 54 años de edad. Sus restos fueron llevados a Tandil y  el 3 de agosto fue enterrado, con gran participación de la gente.
  Fue un duro golpe para Marie, perder a su marido. Había mucho trabajo por hacer, pero ella era una mujer de gran talento y ahora tenía dos hijos adultos y, si bien tenía una deuda sobre la propiedad, se las arregló bien. Vivió durante muchos años, e incluso el danés más jóven recordará la anciana amable que los domingos, por lo general, acompañada por su hija Emma conducía a la iglesia en la ciudad.
  Era acogedor y agradable ir a su casa,  se notaba que había aprendido algo de su estancia en la casa de la familia del decano, en Dinamarca. Ella era una mujer cristiana seria, y le gustaba hablar sobre asuntos espirituales. También le gustaba ver a los jóvenes alrededor de ella, y se alegraba de verlos divertirse de una forma sana. Ella era buena con los necesitados, y quería ayudarlos. 
 Hacia el final del año 1902, se enfermó, y se fue viendo, de a poco, que sería su muerte. En sus pensamientos flotaban los recuerdos de los duros comienzos de su vida en Tandil,  y se sintió agradecida con Dios en el cielo, que había bendecido su trabajo, para que ella pudiera decir adiós a unos hijos fuertes y saludables, y en buenas condiciones económicas . 
 Murió el 2 de Diciembre de 1902 y fue enterrada junto a su marido. 
  Este año (1909) es el 50 aniversario de la llegada a Buenos Aires, de Christian Mathiasen y sus acompañantes. 
  Y cuando los daneses ahora  pueden tomar el tren hasta aquí, pueden conseguir un taxi que los conduzca a lo largo de una calle adoquinada, a un hotel en donde se puede conseguir todo lo que su apetito y su billetera se pongan de acuerdo en darle,  y no solo eso, sino que también pueden encontrar aquí tiendas danesas, periódicos daneses, iglesia danesa, escuela, colección de libros, asistencia médica y, finalmente, lo más importante: hogares daneses con todo aquello que es típico danés, entonces, no es esta la manera de recordar que todo esto se lo debemos, primero al jefe vikingo, Juan Fugl, y luego a ese  pequeño grupo de daneses, que se asentaron aquí hace 50 años?. Cuando vinieron, no había nada que ganar de inmediato. Tandil era como una fortaleza que sobresale en un país que se conquista, y los que estaban sentados en el fuerte, no tenían nada más que hacer, que esperar a que el resto del ejército viniera. Y aquí estaban, sentados, lo más fielmente, en su puesto, a la espera de tiempos mejores. Se tiene que ser audaz para ir  así, a  lo desconocido, y tener paciencia para quedarse esperando a que la gran cultura pueda llegar a ellos. Nuestros antecesores, nos han librado de lo que han sufrido por faltas y peligros en los primeros años, y ahora estamos cosechando los frutos de sus obras... Ellos han allanado el camino, por el que nosotros ahora avanzamos.
 Christian Mathiasen y su esposa han hecho su parte en este trabajo de lucha, por ello, bien vale la pena recordarlos. 

Por Lars Bækhøj De “Colonos daneses en Tandil.” Tomado de Asociación de escuelas danesas en Argentina, Anuario de 1909.

Christian Mathiasen og hustru Marie Larsen. Irene Mathiasen·Sábado, 22 de septiembre de 2018
I. Barndomshjemmene på Møen.  Ved den nordlige ende af Møns Klint ligger den smukke herregård, Lisselund. Den ejedes omkring 1800 af kammerherre, Geheimeråd og amtmand over Møn G. P. A. de la Calmette, søn af en hollandsk minister, der var kommen til Danmark i året 1760. Tro mod sin hollandske afstamning havde Calmette stor sans for havevæsen; og i hans tid blev den storslået smukke park ved Lisselund anlagt.

Liselund.

Blandt arbejderne ved anlæggæt fandtes en ung mand ved navn Lars Larsen. Han havde under arbejdet tiltrukket sig herremandens opmærksomhed på en fordelagtig måde; thi da anlæggelsen af parken var fuldendt, tilbød han ha en gård i Sømarke, der lå under Liselund som fæstegods. Lars Larsen havde ingen stor lyst til gården; det var i de tider endnu ikke nogen efterstræbt stilling at være fæstebonde. Det var i den tid, da bønderne ofte om vinteren måtte fodre kreaturerne med stråtaget af husene, og da det sædvanlige morgenarbejde bestod i at gå ud i stalden for at rejse køerne ved et rask tag i halen på de. Til at rejse sig selv var de for kraftløse. Redskaberne var elendige, man havde endnu de gamle træ-hjulplove, som man spændte seks af de små magre krikker for. Skulde bonden klare sig, måtte alle, både mand og kvinder, slide fra morgen til aften. Pigerne måtte under tiden ride plovhestene; og det var ingen spas at sidde de skarpe rygge. Herremanden havde den gang god magt over sine folk; og Calmette tvang Lars Larsen til at tage gården. Arealet var 44 Td. land ret god jord; det blev siden en meget god gård. Han giftede sig, fik en søn; og da denne søn, som hed Mathias, var voksen, fik han gården. Mathias Larsen fandt sig også en hustru, og i dette hjem opvoksede efterhånden en stor børneflok, seks sønner og tre døtre blev voksne.

Sømarke, som ligger til højre for vejen, som fra Borre fører ud til Liselund, hører til Magleby sogn; og Mathias Larsens børn kom da til at gå i skolen i Magleby hos lærer Linde, det var kun lidt, de lærte der, når de kom der; og når bønderne skulle til hoveriarbejde på herregården, som de ofte skulde, måtte drengene tit med. en af drengene fortæller, at en dag, da han arbejdede i laden med at tage mod negene, som karlene læssede af, blev han sådan dænget til med neg, at han tabte vejret og lå en lang stund uden at kunne give en lyd fra sig. Det var en hård skole at kom igennem at være dreng på landet i Danmark på den tid. Det var arbejde, og atter arbejde, liden eller ingen til leg eller slolegang. Men når disse drenge blev store, var der også mere marv i knoglerne på de, end man finder på den yngre slægt, der gennemgående har fået en blidere opdragelse. I den strenge tid gik mange evner til spilde, fordi de blev kuet i udviklingen; men legemet blev hærdet, og viljen blev stålsat, så at den bar sin mand til sejr gennem savn og modgang, hvor mere forkælede naturer vilde gå under. Mathias Larsens børn blev ikke hjemmefødinger, tre af sønnerne: Lars, Christian og Hans Peter Mathiasen og to af døtrene: Maren Stine -Povl Christiansens hustru-, og Karen Stine Mathiasen kom senere her til Tandil. Den ældste søn, Jens, blev korporal, drog til Nord Amerika, hvor han deltog i krigen, som nordstaterne førte med Sydstaterne for at tvinge disse til at høre op med at holde slaver. Han var ved kanonerne; to heste blev skudt under ham; men han selv slap fri. Han er siden død som ugift, rig mand i de forenede stater. En datter og to sønner blev på Møn. Sønnen, Frederik, fik fædregården og drev den op til at være en af de bedst drevne gårde på egnen. Christian Mathiasen, som vi her særlig skal bæskeftige os med, er født den 20. November 1835. Da han blev voksen, kom han til at tjene hos forpagteren i Magleby præstegård, Peter Christoffersen* . Om han har haft noget at gøre inde i provstelejligheden, er ikke godt at sige; men at han under tiden har truffet kokkepigen Marie Larsen og har set lidt mildt til hende, kan man slutte deraf, at de blev trolovede; og hun blev ham siden en trofast hustru.

  • - Peter Christoffersen var en farbrøder til Lars P. Christoffersen og Blas P. Grothes og Frederik Christiansens hustruer i Tandil. Marie Larsen var datter af Lars Hemmingsen, gårdejer i Magleby. Gården lå skrå over for kirken; og den var drevet så godt, at Lars Hemmingsen i en bog om landbruget i Præstø Amt fra 1837 omtales som en af de foregangsmændene på landbrugets område. Han var en af de første, der drenede sin jord. Han lagde enten ledninger af træ eller småsten i bunden på renderne; småstenene blev siden dækkede med tang og jord. Ved dette arbejde måtte børnene, både drenge og piger, hjælpe; de samlede sten og pillede de runde fra, som skulde nederst**.
    • - Af Lars Hemmingsens børn kom her til Tandil foruden Marie, Hemming -den Ældre-, Else, gift med Carl Christiansen, Maren Stine, gift med Peder Pedersen Grothe, og Stine, gift med Peder Martensen nu i Viedma. Af sønnesønnerne er her Lars Peder Hansen Smed-, Lars Peter Larsen, Peder Larsens svigersøn, og Marius Larsen.

Magleby Kirke. Marie var født den 16 Januar 1835. Hun gik i skole sammen med Christian Mathiasen hos lærer Linde i Magleby, og hun blev ligeso han konfirmeret af Provst Ingerslev. Om de to børn, under deres lege og øvrige færden, har drømt om, at de siden, den ene efter den anden, skulde rejse langt bort til et fremmed land, og der sammen være med til at bane vej for mange af deres slægt og landsmand til lysere og bedre kår, har vi ikke noget vidnesbyrd om; men vi kan godt tænke os, at når de fra bakkerne ude på høje Møn har set ud over det smukke, frugtbare ø, har set havets blinke ude i synskredsen og skibene glide hen over dets flade, eller når de har set de mange fremmede fra alle landets egne komme dragende for at se klinten, at de da har følt en dragende længsel ud mod den store verden, har følt modet og kraften svulme og har tænkt: "Aa, hvem der kunde komme langt bort, ud i den store vide verden!" Imidlertid passede hver sin dont. Marie tjente hos Provst Ingerslev; og det var et godt hjem. Provstefolkene var af den gode, gamle slags der følte sig som forældre for alle sognebørnene. Var der en syg, skulde fruen straks afsted ed en krukke sødsuppe og sit lille husapothek. Provsten selv var en jevn og ligefrem mand, der ofte satte sig på bordet hos folkene i borgestuen og talte og spøgte med dem. De flyttede senere til Lyngby ved København og der over fulgte Marie dem. Hun var hos dem i seks år. Og disse seks år i det hyggelige provstehjem har sat spor i hendes senere liv.

II. Mod fjerne egne. Tiden gik. Christian Mathiasen gik i sit fire og tyvende år, han var ved lodtrækningen blevet fri for soldatertjenesten; og han skulde tænke på en livsstilling. Mathias Larsen havde jo nok en god gård; men hvad var den til så mange. Udsigterne i Danmark var ikke store; og efter hånden modnedes hos ham tanken om at rejse til Amerika for at søge lykken der. Han slog sig sammenmed en gårdmandssøn fra Magleby, Peder Nielsen, son havde lært snedkerprofessionen; og de blev enige om at rejse til Nord Amerika. Men da sker det, at de to i Pinsen 1859 ude på Møns Klint træffer sammen med Hans Fugl, som i sin tid havde været lære i Stege; men som nu i en længere årrække havde leved i en lille nybygd, Tandil, i Argentina. Han var kommen til Danmark, havde giftet sig og agtede nu sammen med sin unge hustru at rejse tilbage til Tandil. Han fortalte om de store muligheder for fremskridt, der var i det nye land. Og inden ret længe var de to unge mennesker enige om, at de vilde følge med til Argentina. Der blev stor forbavselse overalt i egnen, da man hørte, at nogen agtede at rejse til Syd Amerika. Sligt havde man aldrig hørt før; men de lod sig ikke skræmme. En familie, Mackeprang, fra Stege, to unge mænd, Manuel Eigler og Thorvald Petersen -han fik ødelagt sit ene ben i et tærskeværk af Fugls og døde i Tandil i 1862-, fra Nakskov, sam den sidstes kæreste Margrethe Larsen -hun blev gift med holsteneren Adolf Bejser i 1863-, fulgte med; der var enkelte flere, men de er ikke bleven særlig kjendte her i Tandil. Rejsen foregik den gang med sejlskib og varede i reglen tre måneder. Da man lagde til ved England, var Margrethe blevet syg af kopper. Fru Fugl blev snart også syg; og både hun og Fugl blev da i England, mens de øvrige forsatte rejsen alene. Man nåede Buenos Aires den 16. December 1859. Her skiltes rejsefællerne ad. Christian Mathiasen, Manuel Eigler og Peter Nielsen fik arbejde ved bygningen af en bro over río Salado. Her arbejdede de til hen i Marts måned, så besluttede de at drage vider for at finde Tandil, hvortil nu Fugl og de øvrige allerede måtte være ankomne. De købte sig heste og gav sig på vej; men den gang var der næsten ingen bebyggelse på disse egne. Man kunde ride en hel dag uden at træffe på et hus. På en estancia - en landejendom, nærmest en herregård-, fik de fat i en kedel, lidt yerba -et slags the-, og en stump kød, med den forsyning drog de afsted; men Christian Mathiasens hest gik snart træt, så han måtte gå og trække den, mens de to andre spottede ham og sagde, at han ved arbejdet var bleven så fed, at hesten ikke kunde bære ham. En nat sov de på åben mark, og da de om morgenen vilde tage til kødbeholdningen for at lave en lille morgenbøf, så viste det sig, at en ræv om natten havde listet sig til at stjæle kødet; de måtte så nøjes med theen. Deres gode humør havde ræven imidlertid ikke taget; og de var snart på vej igen. endelig den 19. Marts 1860 nåede de Tandil. Det kneb med at finde byen; de var redne alt for langt; og da de endelig fandt byen, var det ikke så let at finde Fugls hus; de kunde jo ikke noget spansk endnu. De red så omkring blandt byens huse, der var for resten ikke mere end nogle få stykker, indtil de opdagede deres rejsekammerat Thorvald inde i en gård. Her boede Fugl. Nu var rejsens mål nået; nu gjaldt det om at komme i arbejde. I Tandil var der ikke meget at gøre den gang på grund af, at byen lå så fjernt fra havet, og der endnu ingen jernbaner var. Skal vi sammenligne den med noget sted nu i afsondrethed, må det blive med et sted nu i Patagonien. At dyrke hvede i større omfang kunde ikke nytte, thi man kunde ingen steder sende den på grund af den dyre fragt. Men man kunde få jord for næsten ingen ting; og kunne man blot få så meget ud af den, at man kunde holde livet i en del år, så vilde fremskridtet komme med et slag, når her kom en jernbane; thi jorden var frugtbar, næsten enhver pind, man stak i jorden, groede; sol og regn kom i mængde, raske vandløb strømmede ned gjennem lavningerne; de kunde drive møller eller vande enge. Fremtiden var stor, blot der kom en jernbane. fugl var en sjælden driftig mand; han såedenlidt hvede, og af sten i bjergene havde han selv lavet sig møllesten, dem fik han sat i firbindelse med en hestegang og kunde således male mel. Men det gik søjt med hestegangen, defor skulde der nu bygges en vandmølle ved åen. Peder Nielsen, der efter Fugls udsagn kunde lave alt, hvad man kunde ønske af træ, blot han havde en økse, kom i arbejde med at lave vandhjul, mens Christian Mathiasen kom til landarbejdet. Det første års tid gik hen med at arbejde for Fugl; lønen til en karl var den gang 300 Pesos, det betyder omtrent det samme som 12 Guldpesos nu. Det var forholdsvis let at spare den gang, da der ikke var ret meget at bruge penge til. Fugl havde bygget sig et hus på en bjergskråning sydøst for byen; herfra var der en sjælden smuk udsigt. I en bue til venstre hæver sig fire lave bjergtoppe, på den sidste ligger den mærkelige rokkesten. Lige for inde i den bugt, der fra sletten skærer sig ind mellem bjergene, ligger fortet og de få huse, der danner byen. Nogle huse er af sten, andre af barro -jordælte-; men alle er stråtakte. Til højre breder sletten sig ud i det uendelige som et mægtigt hav, hvis ensformighed kun brydes af åerne, der snor sig der ud over og taber sig i det fjerne. Dette hus, der ligesom sidder med ryggen op mod skråningen og ser ud over egnen, er det første, der er bygget af danske i Tandil. Da møllen nede ved åen var færdig, tog Fugl bolig der; og han solgte da huset med tihørende jord til Christian Mathiasen og Peder Nielsen. Her tog de nu fat på at pløje, så og plante træer; der var ikke arbejde nok med det, og de trængte til at tjene et par skilling, så tog den ene af dem til byen eller ud på en eller anden estancia for at søge arbejde for at søge arbejde. Det har rimeligvis været i disse år, at de to anlagde plantage ved Peñas estancia, belliggende 4 leguas sydvest for Tandil. Nu er der en smuk og kraftig plantning. Nu havde Christian Mathiasen altså hus og hjem, nu manglede han blot Marie. Og angen aften, når han har siddet udenfor sin hytte og set afterøden forsvinde bag rokkestensbjerget, har tankerne dvælet ved hans hjærtenskær, der gik der hjæmme i Kongens Lyngby. Hosstående billeder viser os Marie Larsen, sådan som hun så ud i disse år, og Christian Mathiasen, som han så ud nogle få år senere.

Marie Larsen.

Billedet af de tre mænd er taget af Fillip Mackeprang i Tandil. Han skrev til hende, at nu kunde hun komme, og trods det, at provstens på det bestemteste rådede hende fra at rejse over til de uvisse forhold, hold hun dog tappert stand. Hun besluttede at rejse. Hun var nu 27 år og turde nok gå sine egne veje. Hendes broder Hemming og søsteren Stine, samt Christian Mathiasens brødre Lars og Hans Peter Mathiasen vilde med. Havde der været forundring på Møen, da de første rejste, så blev den dog langt større nu. At unge piger, der var velhavende hjemme, vilde vove en så lang rejse ind i et vildt fremmed land, hvor der endnu under tiden kom indianere, nej, det var næsten for galt. I begyndelsen af August 1862 sejlede skibet fra Stege; Maries søster, Maren Stine, tjente den gang på en gård ved Stege; da hun gik ud at malke den middag, kunde hun se skibet sejle. Hun troede sikkert, at hun nu havde set sin broder og sine søstre for sidste gang. Hun græd hele vejen. Og den ene måned gik efter den anden; der kom intet brev. Endelig et års tid efter kom Mathias Larsen fra Sømarke og sagde med glædestrålende ansigt, at nu havde han hele Amerika i lommen. Brevet var meget medtaget. Det var helt brændt op i kanterne; og det havde kostet 4 Mark. Man kunde ikke frankere breve herfra den gang. Brvet bragte den glædelige nyhed, at de bortrejste lykkelige og vel var nået det fjerne land. Rejsen var gået godt; da de nåede Buenos Aires, tog Christian Sommer imod dem og hjalp dem til rette. De skulle køre med diligence til Tandil. Det var en stor, bredsporet, lukket vogn med glasruder i siderne, forspændt med 14 heste, to og to i en lang række; på være af de syv nærmerheste sad en rytter. Alle hestene trak i cincha -cinchaen er en stærk gjord af oksehud, der bliver spændt stramt tæt bag hestens forben. For at den ikke skal knave hesten på ryggen er der anbragt et tykt underlag af skind eller sække, og over dette, et par pølselignende indretninger, en ved hver side af rygraden, disse tjener til at holde gjorden fri af rygbenet. Skaglen fæstes i en ring midt på hestens side-, også stanghestene. Da afganstiden var der, susede man af sted i vild galop, så den store omnibus rumlede og hoppede. Rytterne piskede uafladelig på hestene og undte dem ikke et øjebliks pust. Men langs vejen, eller de mere eller mindre tydelige spor, der forestillede vejen, var der skiftesteder: her stod friske heste og ventede; traf det, at en hest styrtede under vejs, rev man blot tøjet af den, lod den ligge og susede afsted igen. Ud på eftermiddagen kørte vognen fast; folkene måtte stå af og gå; men snart var den løs igen. Ved aftenstid skulde man over en å; men just da man nåede den anden bred, knækkede vognstangen; der sad man. Men heldigvis stod det ene forhjul så nær brinken, at man derfra kunde springe i land. En efter en kravlede pasagererne så ud ad vinduet, ned på forhjulet og sprang i land. Herfra gik de hen til en estancia, hvor de blev om natten. Kuskene havde imidlertid fået slæbet vognen op; og næste dag gik farten videre uden vognstang, til man nåede ranchos. Her blev en ny sat i. Efter dette fortsattes rejsen uden uheld. Om dagen rutsjede og rumlede man hen over sletten, om natten hold man ved en estancia, puesto -nærmest et husmandsted-, eller boliche -et lille landudsalg, særlig drikkevarer-. Efter otte dages kørsel nåede man Tandil den 27. oktober 1862.

                                                    Fra Danske nybyggere i Tandil.                                                                    af  Lars Bækhøj.                                                   Dansk Skoleforening i Argentina.                                                                    Aarskrift 1909.                                                       Billedet i starten. Sømarke                                      Sømarke og Liselund postkort fra Møns museum.

II. Christian Mathiasen y su esposa Marie Larsen. Irene Mathiasen·Sábado, 22 de septiembre de 2018 II. Christian Mathiasen og hans hustru Marie Larsen. Irene Mathiasen·Sábado, 22 de septiembre de 2018

 I Tandil gik imidlertid Chr. Mathiasen og ventede længselsfuldt på sin fæstemø. Dagen før hun kom, var han kørt ud for at hente et læs brænde. Dette bestod i tør kogødning, som han samlede på marken. Men på denne tur blev han overfaldet af en pampero, en voldsom regn og haglbyge. Hestene blev urolige; og han havde møje med at holde dem, og mens han tumler med dem, tager en vindpust hans hat; og den sætter i vild fart hen over markerne. Der stod han. Hestene hoppede og sprang for hagelkornene, der slog dem, og hatten løb vildere og vildere, til han tabte den af syne. Borte var den, det var den eneste, han ejede, og han havde ikke penge til at købe en ny for.  Næste dag kom Marie; og der vognen holdt ved værsthuset, og hun fuld af forventning stirrede ud efter sin Christian, så hun ham stå der med et tørklæde om hovedet.  Glæden over igen at se sin ven har vel nok fået Marie til at glæmme, at han ikke havde nogen hat. Men ellers var der en stærk modsætning mellem det, hun kom fra, og det hun nu skulde ind til. Hun var fra et velhavende hjem, var vel udstyret med alt , hvad en pige den gang skulde have for at kunne gifte sig, og det var meget. Hun havde også mange fine ting, som hun havde fået af provstens, silkekjoler og en silkemantille. Lidt penge havde hun også med. Og så møder hun her en mand, som ingen ordentlige klæder har, ja ikke engang en hat. Men var det lidt nedslående for en brud at blive hentet af en brugdom med et tørklæde om hovedet, så var det heller ikke nogen glædelig overrreskelse, der mødte hende, da hun skulde tage sit nye hjem i øjesyn. Huset bestod af en lille stue og et køkken, bygget af soltørrede mursten og tækket med strå. Loft var der ikke, af guld kun det, Vorherre havde skabt, af møbler så godt som ingen. Alle bekvemmelighederne lå ude i fremtiden, hvem kunde vide, når de kom. Det var altså den rigdom og velstand, hun var rejst til Amerika efter. En mindre stærk natur vilde kanske have tabt modet og grædt tidligt og sent over de tabte herligheder i Danmark. Det gjorde hun ikke. Hun tog fat på at bøde på manglerne, så godt hun kunde. Tålmodig og glad, som hun var af natur, tog hun det hele med godt humør. Af sin store overflødighed af særke, lagerner og skørter, syede hun klæder til manden, så hun fik pyntet han lidt op; hertil hjalp også den lille sum penge, hun havde med sig, skønt af beklædningsgenstande var det kun simple ting, man kunde få i Tandil.  Juledag 1862 stod Bryllupet. Her var ingen protestantisk præst, så de kunde ikke blive viet på den sedvanlige måde; men Fugl giftede dem på den betingelse, at de ved første lejlighed skulde lade sig vie af en rigtig præst. Der blev skrevet en vielsesattest, som undertegnedes af alle de tilstedeværende danske; så hold man et lille gilde. Og dermed var de rette ægtefolk. Den 5.Maj 1867 blev de kirkeligt viede af den engelske præst Powel, fra Buenos Aires. 

III. Livet i det nye hjem Den gang kunde man endnu få jord for en meget billig pris. Man skulde betale en årlig afgift, bygge hus og grave brøn, på det fik man så forkøbsret til jorden, når den en gang blev solgt, og det blev i reglen kun en ringe pris, der forlangtes for den. Chr. Mathiasen tog efterhånden megen jord op. Fra bjergskråningen, hvor han boede, strakte hans jord sig snart helt ud til, hvor nu Poul Christiansen bor. I chacras, quintas og sobrantes havde han op mod 200 cuadras jord (ca. 200 Tdr. land). Men al den megen jord indbragte ham ikke meget; thi det var umuligt den gang at få opdyrket et større areal; fik han sået en chacra, 16 cuadras, med hvede i de følgende år, var det store ting.

 Plovene var små. Hestene kunde ikke trække ret meget. Seletøjet måtte man selv lave. Det blev tilberedt af oksehuder, mest tomme yerbasække. Man brugte den gang kun bringseler. Puder og stavtræer, som man nu alle vegne bruger, kendte man ikke noget til. Men var det besværlige at få jorden bearbejdet og få hveden sået, så var det endnu vanskeligere at få den høstet.  Mejemaskiner var her ikke tale om. Leer fandtes nok; men dels savnede man folk til at bruge dem, dels var det upraktisk at få ret lang strå med, når hveden skulde tærskes med hopper. Man skar da hveden af med segle. Det var et sent arbejde, men det var ikke særlige tungt; og det passede til de arbejdsfolk, man kunde få; det var santiagueños (fra provinsen Santiago del Estero). Man tog kun en lille stump af strået med, og disse håndfulde aks blev lagt i rækker hen ad marken. Når så hveden skulde sættes i stak, mødte  man frem med den tids arbejdsvogne, som bestod af en oksehud, der blev trukket af en hest i cincha. Hveden blev ikke bunden i neg, men lagt løst op i huden. Og når denne var fuld snøredes den til med en soga (strimmel oksehud, anvendes som reb), der var anbragt i hudens yderspidser, og hvis ene ende førte hen til rytteren, så han holdt den i hånden. Når det var gjort, smældede rytteren hesten en af ridepisken, og så skar den i en lille galop hen til stakken. Her red rytteren op i stakken med sit læs; og idet han slap ved den soga, der snørede huden sammen, vendte han hesten og så væltede hudens indhold ud, hvorefter manden for af sted igen. Stakken blev gerne sat bred og rund, men det kunde dog hænde, at en rytter, der just skulle dressere sin hest lidt, mens han var op i stakken, gik på hovedet ned ad stakken med hest, oksehud og sig selv. 
  Når stakken var sat, tog man i reglen fat på at tærske. Man satte til den ende pæle ned i nogle meters afstand fra kanten af stakken; mellem pælene spændte man soga, så der blev som et hegn, og i dette indelukke slap man et halv hundrede hopper ind. De skulde agere tærskere. Hopperne tilhørte i reglen estancieros, der drog omkring og tærskede for folk. Der blev veltet et passende lag hvede ned på jorden rundt om stakken; og nu joges hopperne rundt i vild fart, ind til de med hovene havde malet strå og aks helt fint. Man blev ved med at vælte hvede ned, indtil derblev så tyk et lag kærner, at det var nødvendigt at rense op. Med forke rystede man op i det og tog halmstumperne fra. Det var et besværligt arbejde; og når man så endelig havde hvede i sække, var der kanske ingen, der vilde købe den til ordentlig pris. Den almendelig pris var mellem 200 og 300 Pesos for en Td. Men af disse penge gik næsten alt til arbejdsløn. Enkelte år har Chr. Mathiasen solgt hvede til 120 Pesos, 75 pesos, ja endog til 60 pesos. 
 Mange vanskeligheder var der at kæmpe med landets befolkning så mange gange med ærgrelse på, at disse udlændinge kom her og pløjede, gravede og rodede i jorden, så de ikke kunde få plads til sig selv og sine dyr, sådan som de før havde haft. De tog derfor slet ikke i betænkning at lade deres kreaturer gå ind i hvedemarkerne. Hegn var det den gang næsten umuligt at skaffe, at få gravet grøft rundt om alle marker var for besværligt, der var derfor intet andet råd end at ride og vogte hveden nat og dag, for at den ikke skulle blive ødelagt af kreaturerne. Mangelen på hegnsmateriale var årsag til mange rivninger mellem naboerne. Og det hændte, at disse så søgte at gøre fortræd på hveden. 
 En dag da Chr. Mathiasens folk tærskede med hopper oppe i nærheden af huset, opdagede man pludselig, at hveden brændte på et andet stykke. Alle for naturligvis ned ad stakken. De der slæbte med oksehuder, red alt, hvad hestene kunde springe, så huderne hoppede himmelhøjt i vejret og slog de mærkeligste kaprifolier i luften. De øvrige arbejdere kom så rask, som benene kunde bære dem. Ilden knasede i den tørre hvede; man slog i den med fåreskind, frakker, skovle og slæbte hen over den med oksehuderne; og den blev slukket, inden ret megen hvede var brændt. 
 Den værste hindring for hvedeproduktionen var de dårlige transportmidler.  Kunde man ikke sælge hveden til den stedlige møller eller selv spise den, så var den intet værd. Man havde naturligvis andre befordringsmidler end oksehuderne, selv om det nok kunde hænde, at man så en mand komme ridende med konen og børnene på slæbetov i en oksehud, for ikke at tale om, at kufferter og mindre pakker næsten altid befordredes på denne måde ud på landet. 
 Men de eneste transportmidler, som fragtede varer i større partier, var oksevognene, som for resten var nogle interessante fremtoninger. Der var f. eks. ikke så meget jern i dem som et søm; alt var af træ, slået samme med pinde og bundet samme med sukker. Hjulene var ikke ringede; men for at holde dem sammen, var der fra eger til eger tæt ude ved fælgen bundet soga, som var sat på i frisk og våd tilstand og snoet med en pind. Når denne soga tørrede, var den så hård som jern og sad godt fast. Om akslerne, der også var af træ, var der slået oksehud, da de så lettere undgik at blive varme med gnidningen mellem træet og den stive, tørre oksehud frembragte en musik øredøvende, at man skal have kunnet høre karrerne flere leguas borte. At dette kunde være tilfældet, kan man forstå, når man betænker, at der ofte var 50-70 vogne i følge. En sådan vogntrop havde sin capataz  (formand) med, som under tiden forte hele sin familie med sig på rejserne; de boede i så tilfælde i en særlig dertil indrettet vogn med tag og døre. Rejsen var magelig. Farten var ikke stor, det tog fra 1 til 2 måneder at nå fra Tandil til Buenos Aires. På grund af denne sneglefart kunde der ikke være tale om at sende hvede til Buenos Aires med disse vogne. Og andre fandtes ikke.
 Da det var så vanskeligt at få solgt hveden godt, tog Chr. Mathiasen fat på at male mel. Han havde fået en kværn med hestegang a Fugl. Hestegangen havde 6 trækbomme og blev trukket af lige så mange muler. Der var foruden kværnen også sigter; men det kneb med at få melet hvidt; thi så længe man tærskede med hopper, var hveden i reglen fuld af småknolde og meget andet snavs. Han søgte at råde bod herpå ved at male hveden over på en trækvern først, som knuste jordknoldene, så man kunde blæse støvet fra. Det blev dog aldrig nogen fin vare; men til alt hæld var man den gang ikke kræsen, og brødet var dyret. Mølleriet blev dog ikke af nogen videre betydning for Christian Mathiasen.
 Det var en brydsom og streng tid, de første år; og den, der mærkede det mest, var Marie. Det er en stor forandring at komme fra en udviklet samfund over til den næsten fulstændige naturtilstand, hvori Tandil da befandt sig. Hun var vandt til at gå i et stort rent køkken og lave mad ved et komfur. Her var kun et åbent ildsted i jordvæggen; ilden brændte frit op, og en gang gik der endog ild i stråtaget; men med hjælp af sine småpiger, som hun havde den gang, fik hun den slukket. Lys eller lamper fandtes ikke i huset; man hjalp sig med en blikdåse, hvori der var lagt fedt rundt om en klud; kluden antændtes og sugede efter hånden fedtet til sig.
   Af madvarer, som hun var vant til at have hjæmme i præstegården, fandtes her næsten ikke andet end kød. Brødet bestod af nogle galletter så hårde som sten, som man fik fra Azul. Kaffe og the var sjældenheder. Kød og yerba var de to vigtiste næringsmidler, og af disse var kødet så billigt, at det næsten intet kostede. Vilde man nøjes med kød af forbovene og halsen, kunde man få det for at hente det; thi de  der lod slagte, tog i reglen kun bagfjerdingerne og siderne. 
 Malkekør kunde jo nok fåes; men det var både et besværligt og farligt arbejde at tæmme de vilde køer, og andre var der ikke. Marie tog dog fat på det; det kunde nær blevet hende en dyr bestilling. Hun blev en gang stanget af en gal ko og blev så ildet tilredt, at hun lå og var besvimet i flere timer. Ved samme lejlighed fik Peder Nielsens senere hustru også en ilde medfart. Dog, de kom sig; og Marie tog fat igen. Hun fik efter hånden  mange køer at malke; og selv om hun inge kærne havde, lavede hun på forskellig måde smør, der blev solgt i byen få at skaffe penge. 
 Havesager kunde jo udmærket gro, når hun kunde få dem sået og passet; men hun måtte selv gøre det. Hun var opfindsom og prøvede mange ting; således opdagede hun, at hun kunde bruge svinemel til at komme i guiso o. l.; og den plante voksede som ukrudt. Efterhånden fik hun sig en god urtehave i stand, men så kom i flere år i træk græshopperne og ødelagde alt, hvad der fandtes af grønt. 
 Hun kunde overkomme meget arbejde, når hun var rask; men da hun havde været her i nogle år, fik hun en svaghed, som varede i samfulde 30 år. Det var et slags åreknuder, hun fik på benene, og som undertiden sprang op at bløde så volsomt, at hun led meget ved blodtabet. Dertil kom, at børn indfandt sig med korte medlemrum. Det første var dødfødt, det andet døde, da det var nogle dage gammelt. Det var tungt for den unge moder; men næste år 1865 fødtes en pige, som lever endnu (August Madsens hustru). Hun  var også døden nær, da hun var nogle uger gammel; men en gammel indianerkone kurerede hende. I de følgende år kom der stadig børn. Ialt fødte Marie sin mand 13 børn, hvoraf 8 blev voksne, og 6 lever endnu. 
 Trods det, at hun havde meget at gøre inde i huset, måtte hun ofte hjælpe til ude, også efter at hun havde fået børn at passe. Mange gange, når hun havde fået de små i seng om aftenen, måtte hun ud at køre mulerne, som træk kvernen. Her kunde hun så gå til kl. 2, så vågnede børnene og begynde at gøre uro, så måtte hun se til dem. Om dagen var hun ofte ene hjemme med børnene. Sådan traf det en dag i høsten, da Chr. Mathiasen var ude i marken, langt borte fra huset, at såret på hendes ben sprang op at bløde. Hun satte sig på en stol og lagde benet op på en huggeblok, der var ikke noget bedre nær ved hånden; men blodet vilde ikke stanse, og tilsidst besvimede hun af blodtabet. Den største pige var 4 år, den mindste, Emma, lå og gravlede på et fåreskind ude i gården. Men besvimelsen varede længe, den lille faldt i søvn, solen skinnede hende lige i ansigtet, og en gase vilde hakke hende. Den fireårige Anna kunde ikke bære hende ind, men hun fandt en sæk og bredte over hende. Endelig blev det middag; og Chr. Mathiasen kom hjem. Han blev ikke lidt bestyrtet; men han fik dog snart Marie kaldt til live; og hun kom sig. 
 Som det var småt med bekvemmeligheder i huset, sådan var det også med klæderne. 
 Marie havde været vel forsynet hjemmefra, men da hun ikke kunde få råd til at få noget nyt, måtte hun til at bruge hendes silkekjoler til hverdags. "Jeg slider silke af armod!" sagde hun til sine bekendtes bemærkninger derom. Man får et lille indtryk af, hvor småt det kunde være, når man hører, at hun af noget groft lærred måtte sy melsække, da det kneb med at skaffe noget at komme melet i. 
 Trods al det modgang var hun stadig munter og glad. Og hun deltog med stor lyst i de små sammenkomster, som de danske den gang holdt hos Lars Mathiasen; det hændte også, at hun måtte blive hjemme, fordi hun ikke havde tøj til børnene. Lars Mathiasen var bager i byen og havde en stue, der egnede sig til en lille svingom. Chr. Mathiasen havde fået fat i et par hjul med aksler og fjedre af en gammel diligence, derpå havde han sat en kasse, det var stadsvognen. Når man skulde til bal hos Lars Mathiasen, blev der lagt halm i bunden af vognen, en gammel hvid hest blev spændt for og så gik det. Når gildet så var forbi, samlede Marie sine sovende børn ud i halmen i vognbunden, der lå de så og blev vugget på hjemturen. Da Fugl i 1871 rejst til Danmark, fik Christian Mathiasen hans volanta, det var den eneste, der fandtes i staden den gang.
  I de første år, de danske var her ved Tandil, levede man ret fredelig og idyllisk. Her var ingen røvere eller banditter; man sov roligt for åbne døre, selv om man ingen våben havde i huset. Men den idylliske fred fik en brat ende den sidste nat i året 1871. 
 En bande dårlige folk var blevne ophidsede af en fanatisk mirakeldoktor, der gik under navnet Tata-Dios, til at udrydde alle udlændinge. En del af de velhavende indfødte stod dog sikkert bag ham. Forsøget mislykkedes heldigvis til dels. Og ingen danske faldt for morderknivene. Men begivenheden satte en sådan skræk i alle udlændinge, at det tog mange år inden igen fyldte sig trygge. I flere år vedblev det at svirre i luften med rygter om, at til den eller den tid, skulde det gå løs igen. I sådanne tider fik ingen lov til at overnatte ude i omegnen; alle måtte ind til byen. Der lå de så i de få huse, der var, kvinder og børn i lange rækker på gulvene, mens mændene med skarpladte rifler skiftedes til at gå vagt.  Alt var spænding og uro, ved den mindste mistænkelige lyd for alle op og beredte sig til forsvar. 
 En dag i denne tid, da Marie var ene hjemme med børnene, kom en indfødt ridende rask hen imod huset. Hun kendte ham ikke og troede, at hendes sidste stund var kommet. Thi hverken kvinder eller børn blev skånede. Hun samlede børnene ind til sig og stængede dørene, så godt hun kunde. Manden kom nærmere, og frygten steg. Men da han nåede helt hen til huset, viste det sig at være en nabo, der kom for i al venlighed at spørge, hvordan de havde det. 
En aften var Chr. Mathiasen og Marie med børnene gået ned på møllen, hvor P. Nielsen nu boede. Da de sent om aftenen gik hjem, så de lys i køkkenet. Straks tænkte de, at nu var morderne der. De vendte om og gik tilbage til møllen. Vel bevæbnede drog Chr. Mathiasen, P. Nielsen og en til op mod huset; men nu var lyset borte, og alt var stille. Med megen forsigtighed gik de ind og fik tændt lys; men der var hverken tyve eller mordere. Dagen efter opklaredes det. Chr. Jensen, som tjente der, havde været borte, var kommen hjem og havde fundet huset tomt; men han var sulten, hvorfor han tændte lys og tog sig en mellemmad. Da faldt det ham ind, at morderrygterne måske gik igen; siden ingen var hjemme, hvorfor han skyndte sig til byen og blev der natten over.
 Under alt dette arbejdede Chr. Mathiasen og Marie gik trofast hånd i hånd. Han var på færde ude i marken tidligt og sent og tog selv del i alt arbejdet, og som han stræbte ude, sådan stræbte hun hjemme.  Hun lavede mad, lappede, stoppede, malkede, kærnede og passede haven. Børnene måtte arbejde med;  ingen blev ynket, fordi han måtte arbejde. Men gennem alt sliddet og skrævet lyste dog den glans, som udgår fra et lykkeligt hjem. Selv om der kunde være et og andet at knurre over til hverdags, så lå dog lykken på bunden af forholdet og kastede sine små glimt ud over det daglige samvær, sådan som solen kan blinke gennem skyen en gråvejrsdag.
                                                                      Af  Lars Bækhøj.                                                         Fra Danske nybyggere i Tandil.                                                                                                                                        
                                                      Dansk Skoleforening i Argentina.                                                                    
                                                                       Aarskrift 

"Den kraftigste og dygtigste af Fugls Reisefæller fra 1859 var dog Christian Mathiasen. Han overtog som nævnt Fugls Landbrug og udvidede det betydeligt. Hans dygtige og gode Kone var ham en udmærket Medhjælp. Trods det at hun var noget spinkel og fin af Bygning og lidet van til det grove Arbeijde, tog hun modigt fat paa, vad der krævedes, og fandt sig til Rette med det meget primitive Forhold, saam di maatte leve under i de første Aar. En stor Børneflok voksede op i Hjemmet. 13 Børn blev født, hvoraf 8 blev voksne. de lærte alle at arbejde dygtigt og at slutte sig til den Danske Kreds. Christian Mathiasen var ivrig for at plante. En hel lille Skov fik han plantet, hvor de Danske sener i mange Aar holdt deres Fugleskydningsfest. Da Jernbanen kom til Tandil i 1883 blev dder god Afsætning paa landbrugsprodukter. Christian MAthiasen blev nu en velstaaende Mand. Han havde hele Tiden været hjælpsom overfor sine Landsmænd, og han deltog med Iver i Ledelsen af "Det Protestanstiske Selskab" . Efter Fugls Bortrejse i 1871 var han en tid formand. Hans forholdsvis ringe Skolekundskaber gjorde dog Stillingen vanskelig for ham, men hans Haand var altid aaben, naar det galdt Arbejdet for den fælles danske Sag. I 1887 kunde de to Ægtefæller fejre Sylvbryllup. De havde været 25 drøje Arbejdsaar, men nu sad de trygge i et smukt Hjem, omgivet af en frisk Børneflok og en stor Venneskare. Naar undtages Fugls Hjem, har inteet andet Hjem i Tandil i den Første Tid betydet saa meget for Sammenholdet mellem de Danske og for dansk Sprogs og Aandelivs Bevarelse i Tandil, som det Christians Mathiasen og Marie Larsdatter fra Magleby paa Møn byggede.- Han døde i 1889, kun 54 Aar gamel, Hun levede til 1902 og blev knap 68 Aar; men en dygtig Børneflok var opdraget, som fortsatte Arbejdet i Forældrenes Spor.Det Hjem , der traadte i Forgrunden blandt de Danske efter Christians Mathiasens Død, var Peter Larsens.".....Danske i Argentina, af Lars Bækhøj

Del libro "Entre Sofie y Tovelille " de Maria Bjerg " Según narra Fugl en sus memorias ( La Biblioteca real de Copenhague guarda en sus archivos los manuscritos originales de las memorias de Juan Fugl) el se había encontrado con su amigo CHRISTIAN MATHIASEN, durante un paseo por los acantilados de la isla en la tarde de Pentecostés de 1859. Después de escuchar el relato de la vida en la frontera y de las oportunidades que se abrían en el horizonte de la pampa, Mathiasen contó la historia de Fugl en su aldea. La voz se corrió por el extremo oriental de la isla y al cabo de unas semanas, el y varios amigos, y "amigos de amigos" le habían manifestado a Fugl su deseo de radicarce en la Argentina. En total dieciséis personas emprendieron el viaje en Julio de 1859, ellos eran Margrethe Larsen, CHRISTIAN MATHIASEN, Carl Broberg y su esposa, Filip Mackeprang y sus cinco hijos, Manuel Eigler, Thorvald Petersen, Peder Nielsen y Dorothea y Juan Fugl y una tal Maigren. La esposa de Broberg contrajo Cólera en Hamburgo y falleció, mientras que de Maigren no hemos podido saber más allá de su desembarco en Buenos Aires. Ellos iban a transformarse en el primer hilo de una urdimbre de relaciones sociales que atrajo de Maribo hacia Tandil a un importante flujo de inmigrantes durante las décadas de 1860 y 1870. La mayoría de los que siguieron el camino abierto por los primeros inmigrantes eran originarios de Magleby, una zona al este de Møn que comprendía, además del pueblo de Magleby y su iglesia, las aldeas de Sømarke, Stuberup, Businge, Mandemark y Busemarke. En esa región vivían en 1860 cerca de 1450 Almas ( Statistik Tabelvaerk, Folketaelling 1860, Tabelkommissionen, Danmark 1862 ). Los señoríos de Klintholm y Liselund se contaban entre las principales fuentes de empleo de peones y pequeños arrendatarios, cuyas teniencias no alcanzaban para alimentar a todas las bocas de sus familias. Después de que los Fugl llegaron a Tandil, varios de aquellos primeros daneses fueron empleados por el pionero: Grethe Larsen, Peder Nielsen, Manuel Eigler, Thorvald Petersn, Filip Mackeprang y CHRISTIAN MATHIASEN, dejaron atrás Buenos Aires entre marzo y abril de 1860 para aceptar las ofertas de trabajo de Fugl en Tandil."

El casamiento de Christian Mathiasen y Anne Marie Larsdatter fue el primer casamiento realizado por Juan Fugl en forma provisoria hasta que llegara un pastor alemán o ingles desde Buenos Aires. El casamiento está registrado bajo el Numero 1 en el primer libro de la Congregación Protestante de Tandil, la cual fue fundada el 27 de Octubre de 1864 por Juan Fugl.

A Christian Mathiasen y Pedro Nielsen —los mozos que vinieron conmigo (asi narra Juan Fugl) — les di, para trabajar a medias, las dos chacras, proveyéndoles de caballos, herramientas y semillas. Después de dos años de trabajar de esa manera se compraron chacras, herramientas y todo lo necesario para el trabajo, hasta una trilladora que hicieron traer de Europa, continuando por su cuenta (Fugl, 1973: 97). En 1872, Adolf Petersen le compró dos chacras a Peder Nielsen. Peder Nielsen poseía desde hacía un tiempo, una segadora. Posiblemente era un tipo de guadañadora con recogedora, porque se cuenta que un hombre debía estar sobre la máquina, recibiendo los haces de trigo. Se piensa que estas máquinas eran usadas en Sjælland hacia 1880. Christian Mathiasen tenía una trilladora que había recibido de Juan Fugl. Seguramente era de procedencia danesa. Era tirado por caballos, y solamente podía trillar el grano; no los podía limpiar ni seleccionar, y no la usaba todos los años (Bækhøj, 2011: 30-31).

.

view all 19

Christian Mathiasen's Timeline

1835
November 20, 1835
Sømarke, Magleby S., Mønbo H., Præstø A., Danmark (Denmark)
1836
January 3, 1836
Magleby Kirke
1863
August 25, 1863
Tandil, Provincia de Buenos Aires, Argentina
1864
October 19, 1864
Tandil, Provincia de Buenos Aires, Argentina
1865
September 14, 1865
Tandil, Argentina
1867
June 23, 1867
Tandil, Buenos Aires, Argentina
1868
September 4, 1868
Tandil, Tandil Partido, Buenos Aires Province, Argentina
1869
September 5, 1869
Tandil, Tandil Partido, Buenos Aires Province, Argentina