Juan Gregorio Bazán, conquistador español

Is your surname Bazán?

Research the Bazán family

Juan Gregorio Bazán, conquistador español's Geni Profile

Records for Juan Gregorio Bazán

188,041 Records

Share your family tree and photos with the people you know and love

  • Build your family tree online
  • Share photos and videos
  • Smart Matching™ technology
  • Free!

Share

Related Projects

Juan Gregorio Bazán, conquistador español

Birthdate:
Birthplace: Talavera de la Reina, Toledo, Castilla-La Mancha, España
Death: Died in San Salvador de Jujuy, Doctor Manuel Belgrano, Jujuy Province, Argentina
Cause of death: Acribillado a flechazos por los indios
Immediate Family:

Son of X Gregorio Madrigal and X Bazán
Husband of Catalina de Plasencia Nuñez
Father of María Gregoria Bazán Plascencia

Managed by: Eduardo C. Ferreyra Semería
Last Updated:

About Juan Gregorio Bazán, conquistador español

'Hidalgo, sobrino de Francisco de Aguirre, llegó a Panamá en 1530, pasó al Perú con el capitán Pablo de Meneses y combatió a Gonzalo Pizarro en la batalla de Jaquijaguana, el la guerra civil del Perú ente Pizarristas y las tropas de Almagro. Fue uno de los conquistadores de la Provincia de Tucumán donde fue teniente general entre 1554 y 1556. En 1570 fue al Perú a buscar a su mujer e hijos para llegar a Chile. Fueron sorprendidos por los indios y murió valientemente defendiendo a familia, acribillado a flechazos junto a su yerno Diego Gómez de Pedraza en el valle del río Ciancas en el mes de agosto de 1570. Su mujer e hijos se salvaron huyendo a pie recorriendo mas de cién kilómetros acompañados de su esclavo "Francisco Congo" además de su nieta Francisca de Pedraza.

ver también : http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Gregorio_Baz%C3%A1n

                       http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I37761&tree=BVCZ

"JUAN GREGORIO BAZAN vió la luz del mundo en Talavera de la Reina entre 1510 y 1515, vástago de hidalgos padres, como se dijo. En su ciudad natal se casó, hacia 1535, con Catalina de Plasencia, de noble estirpe, hermana de Pedro Gonzalez de Plasencia, Mayorazgo lugareño. Fruto único de estas nupcias resultó María Bazán, que frisaría en los 2 o 3 años cuando su padre, deseoso de adquirir fama y fortuna, partió de Talavera para las Indias a mediados de 1539; cual lo manifestaría su viuda doña Catalina en la probanza de sus servicios levantada en 1585, en Santiago del Estero; "Ha más tiempo de 45 años que su marido vino de los reinos de España a servir a Su Magestad a estas partes de las Indias, con mucho lustre de su persona e criados, como hijodalgo notorio qués, gastando para ello mucho de sus bienes e hazienda". Así, desde algún puerto andaluz, nuestro personaje se embarcó después del mes de febrero de 1540 con destino a "Nombre de Dios" (Panamá). Según testimonio de Alonso de Carrión en la probanza antedicha, vino Bazán de España con su paisano Antonio Dominguez - criado suyo, tal vez - el cual "andava en su compañía"; y le refirió a Carrión "muchas particularidades del subceso que tubieron en la batalla de Xaquixaguana", en el Perú. Por lo demás la papeleta de pasajero a Indias Nº 1276 registra escuetamente estos datos relativos al acompañante de Bazán; "Antonio Domínguez, hijo de Juan Domínguez y de Mencía Sánchez, vecino de Talavera de la Reina, a nombre de Dios, 26 de Febrero, año 1540. Varios conocidos, amigos o de la parentela del viajero, oriundos todos de Talavera, ya habían zarpado dispuestos a emprender la aventura del nuevo mundo en el fabulosos país de los Incas: Pablo de Meneses - deudo de los Aguirre -, que actuaba allá como influyente Capitán; su sobrino Bernardino de Meneses; los primos hermanos conquistadores Francisco de Aguirre y Meneses y Francisco de Aguirre "el Lanza" - tío político de Bazán -; Baltasar Barrionuevo y Alvaro Villagomez, ambos estantes en Panamá; y Diego de Torres; Juan y Diego de Villarroel, Juan de Villanueva, Diego Hernandez y Luis Gomez - estos seis que salieron de Sevilla, en 1536, junto con Francisco de Aguirre, el futuro fundador de Santiago del Estero. Llegado a "Tierra Firme", frente al mar de las Antillas, en el golfo de Darién (ahora costa de Colombia, en las proximidades de Cartagena de Indias), Bazán vuelve a navegar hacia Panamá, en cuyo litoral antillano se encontraba la base operativa española de "Nombre de Dios"; para de ahí atravesar la estrecha franja del istmo hasta su extremo que bañaban las aguas del Pacífico. Y en esa comarca montañosa, de húmeda y tórrida temperatura - propensa a las borrascas atmosféricas y políticas -, mi antepasado inicia su aclimatación americana.

La guerra civil en su apogeo

En 1546 todo el Corregimiento panameño había sido ocupado por las tropas que respondían al bando insurgente de Gonzalo Pizarro, contrario al Virrey Blasco Núñez Vela. El Capitán Hernán Mexía de Guzmán estaba a cargo de "Nombre de Dios", en tanto el General Pedro de Hinojosa, jefe de la escuadra pizarrista, era quien detentaba el mando supremo en todo Panamá, con sus navíos fondeados en el golfo homónimo. Entre los oficiales secundadores de Hinojosa hallábase el talaverano Pablo de Meneses - deudo de Bazán -, el cual siendo muy joven pasara al Perú, donde actuó como Capitán de infantería del Virrey Blasco Nuñez Vela, a quien había abandoando para sumarse a la falange sublevada de Pizarro. El Consejo de Indias en España, a todo esto, frente a esa insurrección que apoyaban los encomenderos descontentos con las "Nuevas Leyes" (ver la biografía de mi antepasado Bartolomé Jaimes), resuelve nombrar al Licenciado Pedro de La Gasca "Presidente de la Audiencia del Perú", con amplios poderes y encargo de terminar con las sangrientas turbulencias ultramarinas. La Gasca, nativo de Barco de Avila, antiguo "colegial de San Bartolomé de Salamanca", era un clérigo "de cuyo ingenio i prudencia se tenía gran prueba" - al decir del cronista Antonio Herrera. De consiguiente, el dicho preste, arremangándose la sotana, apresuró su viaje, y zarpó de San Lúcar de Barrameda el 26-V-1546. Tras seis meses de navegación (previa recalada en la hoy colombiana "Santa Marta", donde se tuvo noticia de la batalla de Añaquito y de la muerte del Virrey Nuñez Vela), el Comisionado de Carlos V vino a desembarcar en el puerto panameño de "Nombre de Dios" (noviembre 27); prácticamente solo, sin soldados ni cañones ni navíos de guerra. Razonable y modesto, aunque astuto en sumo grado, el Presidente nominal de la Audiencia limeña no despertó recelos en Hernán Mexía de Guzmán, quien - como dijimos - por Gonzalo Pizarro ejercía el gobierno en el distrito de "Nombre de Dios". Con ese jerarca pizarrista La Gasca trató personalmente acerca de la situación, y, mediante sus hábiles pláticas, poco le costó convencerlo de que la causa rebelde estaba perdida frente al poder incontrastable de la Corona. En consecuencia, persuadido de ello Mexía, comprometióse a secundar al Presidente con las numerosas tropas a sus órdenes; e "introduxo" luego en las filas del Rey a su suegro, Pedro Luis de Cabrera y Figueroa, a Pablo de Meneses - el pariente de Bazán -, a Juan Alonso Palomino, a Lorenzo de Aldana y a otros prestigiosos Capitanes destacados en Panamá. Entretanto el General Hinojosa vacilaba en tomar una actitud. Su ejército y escuadra aparecían minados por la conspiración, y él receloso, no soltaba prenda. Por un lado, Lorenzo Aldana se proponía sublevar las naos pizarristas y entregarlas a La Gasca; por otro Mexía de Guzmán, Pablo de Meneses y varios oficiales, se ofrecieron al agente del Rey para matarlo a Hinojosa, y tomarle la armada. La Gasca, sin embargo - anota el cronista Herrera -, "quiso ganarla por negociación i no con sangre, mostrando siempre paciencia i prudencia, acompañada de mucha autoridad". Finalmente fué el propio Hinojosa quien, gracias a la "buena maña" del Licenciado, resolvió plegarse a éste con toda la flota de Pizarro: 22 navios en total, y un escogido plantel de Capitanes a cargo del contingente militar. La Gasca, a su vez, viendo que la guerra contra Gonzalo era invevitable se prepara a afrontar la lucha. Organiza todos sus elementos bélicos y nombra Capitán General de ellos a Pedro de Hinojosa; Maese de Campo a Alonso de Alvarado; Alferez General al Licenciado Benito Sánchez de Carvajal; Sargento Mayor a Pedro de Villavicencio; Capitanes de Caballos a seis hidalgos guerreadores, uno de estos, Pedro Luis de Cabrera (ver su respectivo linaje); Capitanes de Infantería - entre doce - a Pablo de Meneses y a Hernán Mexía de Guzmán; y General de Artillería a Gabriel de Roxas. A pesar de todo, La Gasca anhelaba la paz. Con ese propósito le había escrito a Gonzalo Pizarro ofreciéndole perdón si se sometía; más el Caudillo contestó que antes debía el Rey reconocerlo como Gobernador y Jefe Supremo del Perú, y que no estaba dispuesto a pactar con el Comisionado sino directamente con la Corona. También La Gasca apresuróse a revocar aquellas "Nuevas Leyes" perjudiciales para los encomenderos, al mismo tiempo que otorgaba una amnistía general, quitando así, a los revolucionarios, la razón de persistir en el alzamiento. Por eso estos se fueron plegando en masa al enviado de Carlos V. "Todos los del Perú que se hallaban en Panamá iban echando de ver los grandes poderes que llevaba el Presidente; y aunque eran aficionados a Pizarro, por los grandes intereses que de él havían recibido, deseaban confirmarse en ellos con la gracia del Rey" - según discurre el cronista Antonio Herrera. Juan Gregorio Bazán - es tiempo de decirlo - no va a quedarse al margen del proceso político que se desarrollaba en torno suyo. A influjo de su pariente Pablo de Meneses, ingresa en la Compañía de dicho Capitán, resuelto a correr la suerte del ejército de La Gasca "debajo del estandarte rreal". En la formación puesta bajo el comando de Meneses, le vieron actuar o se enrolaron con él varios camaradas o paisanos que después descollarían en la conquista del Tucumán: Hernán Mexía Mirabal, Santos Blasquez, Baltasar Barrionuevo, Juan Rodriguez Xuarez, Francisco de Carvajal y Alonso Villagomez. La primera operación bélica que La Gasca encomendó a Meneses - y de la que supongo participó Bazán - fué enviarlo en un navío a las "Islas de las Perlas", a fin de que neutralizara un posible bloqueo a Panamá por parte de embarcaciones peruanas. De perlas resultaría la tarea para Meneses en aquel archipiélago, ya que pudo convencer a Gómez de Solís, que allá capitaneaba un barco armado de guerra, se pasase a la causa del Rey, y dejase de navegar entre dos aguas. En abril de 1547 se hace a la mar la escuadra de Hinojosa, transportando los efectivos de La Gasca rumbo al Perú. Una tormenta dispersa a las naves del convoy. Algunas alcanzan las riberas de la actual Colombia, donde desembarcan a la gente que se interna hasta Cali y Popayán. La galera capitana con el Presidente a bordo, recala en la bahía y punta de San Mateo, en el Ecuador. Ahí ordena La Gasca a Pablo Meneses - que viajaba con él y de seguro Bazán también, diera aviso a los demás barcos proseguir la navegación hasta Tumbez. Después de transmitir esta consigna, Meneses toma tierra al frente de su Compañía, y se encamina a Guayaquil, donde Pedro Puelles, desde Quito, había destacado tropas para oponerse a La Gasca. Empero el jefe de Bazán impone, con su presencia y la de sus hombres en Guayaquil, el acatamiento a la política de la Corona. En los último días de junio desembarca La Gasca en Tumbez. Allí ya se encuentran Meneses y sus hombres que han dado término a la misión anterior. El Presidente con su lucido acompañamiento de eclesiásticos y empleados civiles, y el grueso de su fuerza armada, avanza hacia el sur. El ejército en verdadera marcha triunfal, aumenta constantemente, hasta sumar casi 2.000 combatientes. Recorre así 200 leguas hasta el valle de Jauja, donde las formaciones venidas de diversas procedencias establecen su necesaria conexión. Precisamente mi antepasado Hernán Mexía Mirabal lo encontró a Bazán en "el valle de Jauja, en la Compañía de Pablo de Meneses, sirviendo como "buen soldado". En Jauja se une también a La Gasca el Capitán Diego de Centeno, con el resto de su hueste salvado tras la derrota de Huarinas. (Ver mi monografía sobre Bartolomé Jaimes). El 28 de diciembre, el poderoso conjunto beligernate de referencia se pone otra vez en movimiento. A principios de enero penetra en la región de Huamanga - antiguo nombre del actual partido de Ayacucho - y, algo más lejos, hace alto en la localidad de Andahuaylas. Ahí se incorporan a las tropas del Presidente las del Gobernador de Popayán, Sebastián Belalcázar; como asimismo prestan su respaldo el Oidor Pedro Ramirez de Quiñones, otros conspicuos personajes y una falange armada de Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile. Allí, en Andahuaylas esos numerosos efectivos establecen sus cuarteles de invierno. Y al llegar la primavera, rompen de nuevo la marcha hasta el valle de Abancai, a 20 leguas del Cuzco, reducto de Gonzalo Pizarro. En el camino los soldados de La Gasca topan con el río Apurimac, cuyos puentes habían sido destruídos en gran parte por los pizarristas. Pablo de Meneses, sin embargo, consigue que sus infantes impidan que el enemigo queme alguna de esas pasarelas de madera; el Apurimac puede cruzarse, y el avance del ejército no sufre ningún inconveniente serio. Gonzalo Pizarro a todo esto, juzgó peligroso estarse encerrado en el recinto del Cuzco. Por tanto saca de allí a sus 900 parciales bien armados, y a 4 leguas de la vieja capital incaica, en el valle de Xaquixaguana, hace alto a la espera de los acontecimientos. El 9-IV-1548 ambos ejércitos quedan frente a frente. Entonces - apunta el cronista Herrera - "se ordenó al Capitán Pablo de Meneses que estuviera con 120 arcabuceros sueltos para trabar escaramuzas". Por su parte el Licenciado La Gasca, el 21-I-1549 le escribiría a su Rey; "... a tomar la artillería de Gonzalo Pizarro iban, en los delanteros, arcabuceros sobresalientes del Capitán Pablo de Meneses". Ergo, uno de los tales "arcabuceros sobresalientes" fué, a no dudarlo, mi antepasado Juan Gregorio Bazán. Como se lee en el capítulo que dedico a Bartolomé Jaimes, la mal llamada batalla de Xaquixaguana no resultó otra cosa que una deserción en masa de los parciales de Pizarro; quien se encontraba solo cuando rindió su espada al Sargento Mayor Villavicencio, su captor. Francisco de Carvajal, "el Demonio de los Andes", había caído igualmente prisionero. Ambos rebeldes fueron ejecutados. Así terminó aquella trascendente guerra civil. Lograda la victoria de Xaquixaguana, Juan Gregorio Bazán penetra con sus camaradas en el Cuzco legendario. Alonso Abad (otro remoto abuelo mío) conoce allá al arcabucero triunfante; y 37 años más tarde declararía que a Bazán el Capitán Meneses "le tenía en mucho"; lo que era cierto, pues al ser nombrado Meneses Corregidor en Charcas, por el Presidente La Gasca, el flamante funcionario se acompañó de Bazán para que lo secundara en ese nuevo destino.

Las pugnas banderizas charqueñas y la ulterior conquista del Tucumán

Charcas era presa entonces, igual que todo el Perú, de gran anarquía. Las irremprimibles ambiciones de muchos conquistadores, a cada momento derivaban en cruentas turbulencias. Tanto Pedro de Hinojosa - encomendero de Chayanta - como Sebastián de Castilla - hijo del Conde de la Gomera -, Egas de Guzmán, Vasco Godinez, Alonso de Alvarado y el fanático Hernández Girón, en Charcas o en el Cuzco, en La Paz o en Potosí, se despedazaban entre ellos mediante conspiraciones y revueltas, casi siempre terminadas con el asesinato o la muerte en el cadalso de los protagonistas. En 1552 Pablo de Meneses estuvo a punto de batirse a duelo singular con Martín de Robles; "el más desasosegado y bullicioso que hay en este rreyno, y que fué el que prendió y degolló al Visorrey Blasco Núñez Vela" - como se lo dijo al Monarca el Virrey Cañete en carta del 3-XI-1556. Meneses y Robles, empero, gracias a los buenos oficios de Pedro de Hinojosa, zanjaron sus diferencias personales a través de un pacto, en el que el primero se comprometió a casarse con María de Robles, hija de su enemigo y de la esposa de éste Juana de los Ríos. María tenía en tal circunstancia solo 8 años de edad, y aportaba una dote de 4.000 castellanos, que se harían efectivos cuando la chica cumpliese sus doce primaveras ... Así aquellos antagonistas quedaron emparentados y en paz. En 1557 murió Pablo de Meneses a los 54 años, y su nominal y tiernísima "viuda" pasó a segundas nupcias - ahora realmente efectivas - con el sobrino y heredero del difunto; Bernardino de Meneses. Juan Gregorio Bazán permaneció en Charcas hasta 1549. Allá - testimonió Juan Alvarez siete lustros más tarde en Santiago del Estero - aquel "posaba en casa del Capitán Pablo de Meneses, y estaba aderezado para entrar en estas provincias". En efecto; acaso para no mezclarse en las grescas banderizas del Alto Perú, mi antepasado se alistó con la gente que en Potosí reclutaba, a principios de 1550, el Maestre de Campo Juan de Santa Cruz, quien con esos hombres se dirigiría a reforzar a los expedicionarios que poco antes habían salido a la jornada del Tucumán con Juan Núñez de Prado. Este Capitán llevaba instrucciones del Presidente La Gasca () de explorar dicha dilatada comarca apenas conocida, y establecer en ella un centro civilizado que sirviera de apoyo para su total conquista y futura población. Apunta la probanza de servicios de Bazán, que el mentado protagonista "valiendo entonces los cavallos e yeguas a quatrocientos y a quinientos pesos, e a mucho más e muy caras las armas y bestidos a excesivos precios ... a su costa y minsión ... por ser hombre de a cavallo, fuerte y baliente", se encaminó al Tucumán "seis meses después que vino el Capitán Juan Núñez de Prado"; o sea por mayo de 1550. Este jefe de conquistadores había despachado, desde el paraje calchaquí de Chicoana, a Miguel de Ardiles y a Nicolás Carrizo para que ambos, desandando camino, averiguaran el paradero y tornaran con Juan de Santa Cruz, que acudía con refuerzos de Potosí, entre cuya tropa marchaba Juan Gregorio Bazán. Como lo relato en la biografía de Hernán Mexía Mirabal - a la que me remito, pues allí detallo la conquista y primeras fundaciones tucumanas -, Ardiles, Carrizo, Santa Cruz, Bazán y demás auxiliares que esperaba recibir Núñez de Prado, fueron acometidos por Francisco de Villagra, el 24-VI-1550, en Cotagaita. Villagra, Lugarteniente del Gobernador de Chile Pedro de Valdivia, apresó a aquellos Capitanes, arrebatándoles la mitad de la gente, con armas y caballos que, el captor, se llevó después al otro lado de la cordillera de los Andes. De los 30 soldados que venían con Santa Cruz, Ardiles y Carrizo, solo permanecieron leales a estos 16 - entre ellos Bazán que valía por 10. Con tan magro remanente, luego de ambular un año "por tierra de guerra" sorteando mil peligros, encontraron los trajinantes a Núñez de Prado en el Valle Calchaquí, a la altura de la actual localidad salteña de San Carlos. Y "a los veinte días poco más o menos" de haber arribado el corto refuerzo, Nuñez de Prado estableció, en junio o julio de 1551, el precario reducto de Barco II, en aquella montañosa región. A partir de ahí - como lo consigna su probanza de méritos - Bazán "sirvió mucho a Su Magestad en las demás ciudades que se poblaron y bolbieron a despoblarse por la continua guerra de los naturales, y ser pocos los españoles". En 1553 - lo recordó Miguel de Ardiles 32 años más tarde - Bazán fué poblador "en estos llanos" (santiagueños de Barco III), "en el asiento biejo questá desta ciudad como a dos o tres tiros de arcabuz". También colaboró el antepasado de esta historia en el desmantelamiento de dicho "asiento biejo", dispuesto por su paisano Francisco de Aguirre, para emplazar el nuevo caserío que quedaría definitivo con el nombre de Santiago del Estero. Realizada esta fundación, Bazán "sirvió y travajó mucho con su persona e armas e cavallos, a su costa y minsión, hasta domesticar y traer de paz a los naturales della, que en todos los rrenquentros e batallas fué muchas vezes herido de muerte y derramó mucha sangre peleando balerosamente con los naturales, como hombre noble hijodalgo", al decir de su viuda en la probanza de sus hazañas.

Bazán queda como autoridad máxima en Santiago del Estero

Francisco de Aguirre dejó por Lugarteniente suyo en aquel enclave santiagueño al animoso Bazán, cuando el Fundador partió para Chile. Ello - según testimonio del Capitán Juan Perez Moreno - porque a Bazán "le tenían todos por cavallero e hijodalgo y hombre de mucha calidad". El acta del nombramiento respectivo, fechada en Santiago del Estero el 28-III-1554, expresa que se juntaron en Cabildo el Gobernador y Capitán General Francisco de Aguirre y los Alcaldes ordinarios Miguel de Ardiles y Diego de Villarroel, y los Regidores Francisco de Valdenebro, Rodrigo de Palos, Julián Sedeño, Alonso Diaz Caballero, Martín de Rentería, Nicolás Carrizo y Luis Gómez, y los Oficiales Reales Martín de Zavala y Blas de Rosales, (todos los escritos con mayúsculas ascendientes de mi sangre), y que Aguirre dijo que nombraba Teniente de Gobernador y Capitán de dicha ciudad a Juan Gregorio (sic), al cuál se le recibió juramento "por Dios e Santa María e por una señal de cruz", de que usaría el oficio "fiel y diligentemente, haziendo justicia a las partes que ante él truxeren pleyto". Y a continuación del juramento los señores del Cabildo recibieron a Bazán como Teniente de Gobernador, dando de ello fé el Escribano Juan Gutiérrez. En el desempeño de sus funciones nuestro hombre, dentro de la relatividad de las cosas, mantuvo aquella incipiente población tucumana en paz y justicia. Santiago del Estero - como es sabido y lo hago explícito en el capítulo dedicado a Hernán Mexía Mirabal - "padeció mucho trabajo por falta de rreligiosos, que no avía ninguno, y por el gran desasosiego de los soldados que se querían yr de la tierra"; pero Bazán "con gran industria y maña y buen gobierno sostuvo la dicha gente", hasta que despachó para Chile, en busca de socorro espiritual y material, a cinco valerosos Capitanes; Hernán Mexía Mirabal, Bartolomé Mansilla, (antepasados míos), Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres; los cuales, amén del clérigo Juan Cidrón, trajeron por primera vez a estos confines desde el otro lado de los Andes, semillas de trigo, de cebada y de algodón, plantas de viña y árboles frutales, ovejas, vacas "e otros ganados e cosas de Castilla". En los "dos años poco más o menos" que nuestro Capitán permaneció como Lugarteniente en Santiago del Estero, empeñóse a fondo en la conquista y pacificación de los naturales, y - cual atestiguó Alonso Contreras en su probanza de méritos y servicios -, Bazán "fué al alzamiento de Lasco y de Ystail y Niquendey, que estavan juntos con los chiriguanáes, y dió en ellos con veynte y tres hombres, y los desbarató, y si no los desbaratara dezían que avían de venir al rrío Salado con propósito de alzarse con toda la tierra".

Mi pretérito abuelo colabora en la fundación de 4 ciudades y es nombrado Lugarteniente en Esteco

Al cabo de tales guazabadas, el personaje de esta biografía entrega su tenientazgo a Miguel de Ardiles; y ya a cargo del Tucumán el Gobernador Juan Pérez de Zorita, es ayudado por Bazán a establecer, en el valle catarmaqueño de Quinmivil, a mediados de 1558, la ciudad de Londres. Compartieron con él esta fundación, otros dos lejanos abuelos míos; Hernán Mexía Mirabal y Jerónimo García de la Jara; como también los acreditados Capitanes; Julián Sedeño, Gonzalo Sánchez Garzón, Rodrigo de Aguirre - primo de Bazán -, Blas Ponce, Francisco de Carvajal, Luis de Luna, Juan Berzocana, Baltasar Hernández y Baltasar de Barrionuevo. Asi mismo , cuando en agosto de 1560, en el antiguo asiento de Barco I erigióse una nueva instalación, el testigo Hernando Retamoso nos dice que entonces Bazán "fue proveído por Capitán y Justicia Mayor por el General Juan Perez de Zorita, para la ciudad de Cañete, a la cual fué con algunos amigos y criados suyos". Con posterioridad Bazán se ausenta a Chile, de donde torna a la provincia tucumana con su pariente Francisco de Aguirre. Y el 31-V-1565, si no en el mismo sitio, en la misma zona de la destruída Cañete, con la gente de Diego de Villarroel, participó Bazán "en la rehedificación de la ciudad de San Miguel de Tucumán, que estaba despoblada y se llamava antes la ciudad de Cañete", según lo declararon los testigos Juan Alvarez y Pedro Ximenez. Destituído Francisco de Aguirre y procesado por la Inquisición de Lima, su reemplazante en la gobernación tucumana, Diego Pacheco - natural de Talavera de la Reina, como Aguirre y Bazán - resuelve dirigirse desde Santiago del Estero hacia la región de Esteco, a fin de castigar a los motineros Jerónimo Holguín, Diego de Heredia y los otros derrocadores de su antecesor, quienes allá habían levantado la población de "Cáceres". (Ver la biografía de Aguirre). Sobre el terreno, el Gobernador Pacheco, el 15-VIII-1567, rebautiza dicha población con el nombre - grato y entrañable para él y para Bazán - de ciudad de Nuestra Señora de Talavera". Tres meses más tarde, el 7 de noviembre, mi antepasado es promovido a Teniente de Gobernador de esa Talavera "estequeña" por Pacheco, el cual - según el padre Lozano - "era pariente de Bazán, digno de aquel cargo y aún de otros mayores". El título respectivo, suscripto por dicho Gobernador y refrendado por el Escribano Francisco de Torres, en lo pertinente dice; "Por cuanto conviene al servicio de Dios nuestro Señor y de Su Magestad, y bien y sustento de la ciudad de Nuestra Señora de Talavera de las provincias de Esteco, nombrar persona que sea capaz y mi Lugarteniente de Governador ... e por que vos, el Capitám Juan Gregorio Bazán sois persona en quien concurren las calidades que deven tener los que an de ser proveydos en semexantes oficios y cargos ... vos nombro por Capitán e Theniente de Governador de la dicha ciudad", con facultades para nombrar "los Caudillos que os pareciere que conbiene, y de repartir encomiendas, solares, huertas, chacras, estancias y caballerías"; lo que Bazán llevó a efecto entre los primeros pobladores. Consigna el padre Lozano, que los vecinos de Talavera estaban desmoralizados por la continua guerra que les era forzaso hacer contra los bárbaros aborígenes circundantes. En tal estado, el hambre se empezó a sentir, por no poderse atender a la labranza, ni disponer comodidad de riego en las heredades, debido al profundo lecho del río Pasaje, en cuya orilla izquierda levantábase el pequeño recinto civilizado, a 40 leguas al norte de Santiago del Estero, y a 40 kilómetros al sur de la actual localidad salteña de "El Quebrachal", en el departamento de Anta (). Bazán, entonces, procuró poner remedio a dicho inconveniente, y zanjando desde el río una acequia la enderezó hasta la población. También a fin de resolver el problema amenazante de la falta de comida, hizo traer, a sus expensas, víveres de Santiago del Estero, y los fue repartiendo entre sus subordinados. Más como esos envíos no llegaban siempre a tiempo, porque los indios no cedían en su empeño de asaltar los caminos, quisieron los moradores de Talavera despoblarla y marcharse a otra parte. En tan crítica circunstancia Bazán, viendo que la cosa iba de veras, trató de disuadirlos mediante - apunta Lozano - "un breve pero eficaz razonamiento, que quiero poner con los términos con que lo expresan los testigos que lo oyeron: Señores soldados españoles - habló Bazán - servid al Rey Nuestro Señor y no hagais mudamientos, porque en su nombre sereis gratificados; y pues sois hidalgos y buenos, mirad que esta es la honra de Dios y de vuestro Rey y Señor, y aunque paseis trabajos, sufridlos por Dios; y el que más necesidad tuviere, venga a mi, que lo que yo tuviese es de vuestras mercedes". Estas razones, dichas con tanta sinceridad, bastaron para elevar la moral de aquellos españoles, y convencerlos de no desmantelar lo que todos llamaban "ciudad", acrecentando su categoría.

Mi antepasado descubre el río Bermejo

En enro de 1568, por mandado del Gobernador Diego Pacheco, Juan Gregorio Bazán fué en persona, al frente de 42 hombres, dejando en Talavera de Esteco "la guardia conbiniente", a la conquista de los indios comarcanos. Al cabo de dicha jornada descubrió "el rrio Bermejo, que llaman por otro nombre de Las Palmas"; del cual y sus adyacencias, con la solemnidad del caso, tomó posesión en nombre del Rey de España. La expedición habíase internado más de 80 leguas "por la parte del nacimiento del sol", y en su recorrido dió con muchos pueblos aborígenes de lenguas diferentes, a cuyos habitantes el Jefe, por intermedio del fraile franciscano Bartolomé de la Cruz, los hizo bautizar, doctrinar y casar. Algunos de esos poblachos se denominaban; "Vechi", "Peyajos", "Tine", "Olmagualamba", y "Tamaliguala". Del conjunto de aquellos 42 castellanos que comandaba Bazán, nombramos - sin identificarlos - a los siguientes expedicionarios; Hernando Retamoso, Alonso Carrión, Francisco de Carvajal, Pedro Méndez, Lorenzo Rodríguez, Juan Gutiérrez de Ojeda, Pedro Morillo, Bernabé García y un mancebo que mataron los salvajes, hijo de García Avilés. Estos hombres - al decir de Retamoso - "sirvieron a Su Magestad como buenos soldados y sus leales basallos, pasaron mucho travajo, sed, hambre, cansancio, y dieron en el dicho río (Bermejo) y estuvieron cerca del río de la Plata" (Paraná). El río "Bermexo" es - cual lo describe el Gobernador Pacheco en una Relación fechada en 1572 - "muy grande y caudaloso que ensancha y engrandece al del Plata, y se haze y toma sus aguas de muchos ríos caudalosos que nacen en el valle de Jujui, que los indios llaman Xibixibe". Bazán, con su hueste - transcribo a Pacheco - "llegó casy a la cordillera de dicho rrio; vinieron las crecientes tan grandes que faltó poco para perderse en ellas todos; y el dicho Capitán Juan Gregorio, constreñido de necesidad, y porque las crecientes no le dieron lugar, se bolbió". La probanza levantada 17 años después, en 1585, a pedido de la viuda de Bazán, expresa que dicho conquistador alcanzó y tomó posesión de las márgenes del Bermejo, muy cerca "adonde agora an poblado los Veras una ciudad" - aludiendo a Concepción del Bermejo, fundada precisamente el 14-IV-1585, por Alonso de Vera y Aragón, "Cara de Perro", a nombre de su tío el Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón. En 1574, Juan de Garay había recorrido la zona chaqueña que seis años antes, en 1568, "el Capitán Juan Gregorio Bazán descubrió desde la ziudad de Nuestra Señora de Talavera", y en un palmar, "sobre el río que llamamos Malabrigo, doze leguas del río de la Plata (Paraná), el futuro Fundador de Buenos Aires "halló un frasquillo de la gente de Juan Gregorio, y una Cruz en un algarrobo que avían hecho". En conclusión; desde el actual departamento salteño de Anta (Talavera de Esteco), Bazán, rumbiando hacia el Naciente, bordeó la frontera Norte de la ahora provinicia de Santiago del Estero, por las cercanías de las contemporáneas poblaciones de Taco Pozo, Urutaú y Monte Quemado, para internarse en las selvas y bañados chaqueños, a través del moderno partido de Río Teuco, y seguidamente del de Castelli, hasta topar con el río Bermejo, en las proximidades del Fortín Lavalle. A lo largo de la orilla Sur de dicho río, los expedicionarios bajarían hasta alcanzar la comarca donde hoy se levanta la ciudad de Roque Sáenz Peña, y es probable alargaran al exploración hacia los contornos de Makallé, distante, más o menos, 12 leguas del río Paraná, para retornar por el mismo camino a Talvera de Esteco, dando fin a la ruda e importantísima jornada del descubrimiento del Bermejo.

Bazán se reúne con su familia, y al traerla al Tucumán lo acometen los indios y muere peleando bravamente igual que su yerno Gómez de Pedraza

El 9-XI-1568 Francisco de Aguirre, absuelto de su primer proceso por la Inquisición de Lima, retoma el mando de la provincia tucumana sediento de venganza. Por haber sido Talavera fundación de Pacheco, ordena mudarla de sitio y reemplaza a su Teniente de Gobernador Juan Gregorio Bazán por Tomás González. Sin embargo el prestigio de Bazán, a esta altura de su vida, hallábase firmemente consolidado. Juan Alvarez - testigo de su probanza - nos entera que aquel "sustentava su casa como cavallero hijodalgo, teniendo siempre en su casa soldados, y dávales abastadamente lo que avían menester, en su cavalleriza buenos cavallos para su persona, buenas armas e otros pertrechos de guerra". Y Pedro Ximénez corrobora que Bazán "era persona que se dava a querer de los soldados, e le querían y resptavan mucho, e le dió siempre salir con gente, como tal Capitán, a las corredurías y asaltos que se hazían fuera desta ciudad a los naturales della", y que "nunca le bió rrecebir socorro ni otra ayuda de costa sino que era todo a su costa e mynsión, y era hombre que aunque se lo dieran no lo rrecibiera, por ser lustroso y de mucha presunción". Con relativa frecuencia le escribía Bazán a su mujer doña Catalina, que le aguardaba en la Talavera natal, instándola a venir con la familia al Tucumán, donde el marido había conquistado justo renombre y expectable posición. El esclavo negro de la señora, Francisco Congo (adquirido adolescente en Sevilla por Diego Gómez de Pedraza para su suegra), le oyó decir a su ama y a María Bazán, la hija de ella, que "el Capitán Juan Gregorio Bazán estaba en Yndias sirviendo a Su Magestad en cierta conquista, ganando de comer para ellas, e que se querían benir en su busca porque tenían carta dél para que se binieran, como binieron ... a esta Gobernación", tucumana. Y así ocurrió nomás; Catalina de Plasencia, su hija María Bazán, y el marido de ésta con los vástagos de la pareja; Juan Gregorio Bazán (nieto), Esteban de Pedraza, Juana Bazán y la recién nacida Francisca (las otras niñas mayores, Ana y María Bazán y Jerónima de Pedraza, quedaron en Talavera con María Madrigal, la abuela paterna), se embarcaron para el nuevo mundo (incluso el negrito esclavo Francisco Congo), en la armada que traía al flamante Virrey del Perú, Francisco de Toledo; el cual porque los miembros de aquella familia eran "personas principales", quiso le acompañaran en su mismo navío. Integraba también el pasaje un sobrino del difunto conquistador Pablo de Meneses; Antonio de Meneses; quien, andando el tiempo retornaría a España, donde fué Oidor en Valladolid, miembro de los Consejos de Estados Real y de Ordenes, y Comendador de Calatrava, para morir en Badajoz el 7-XI-1580. La flota conductora del Virrey Toledo soltó las velas al viento en San Lúcar de Barrameda "el primero de Cuaresma" (23-II-1569), y trás once meses de viaje, dicho Virrey pudo alcanzar la sede de su Gobierno. Había desembarcado en el "puerto viejo" de Tierra Firme, sobre el mar de las Antillas, desde donde emprendió vía a través de los actuales territorio de Colombia, Ecuador y Perú, para volver a embarcarse en Payta, sobre el Pacífico, hasta pisar el Callao, y de ahí dirigirse a Lima - "Los Reyes" -, en cuya capital entró el 26 de septiembre. Instalados asimismo en la limeña ciudad Catalina de Plasencia, su hija María Bazán, su yerno Gómez de Pedraza y sus 4 nietos, expresa el historiador Lozano que el Virrey Toledo "avisó al Gobernador del Tucumán Francisco de Aguirre hiciese que su primo Juan Gregorio Bazán pasase en persona para conducirlas (a las señoras) con la decencia correspondiente a su calidad". Aguirre - en Santiago del Estero - recibidas aquellas noticias, hízoselas saber a su pariente, con el cual, a pesar de haberlo relevado de su Tenencia en Esteco, mantenía relaciones cordiales. Bazán, en consecuencia, dispuso lo más pronto posible su viaje a Lima. Así lo recordó el vecino Gaspar Rodríguez al declarar que mi antepasado salió de Santiago "a los rreinos del Perú ... y se dezía yva por su muger y hijos que avía nueva estavan en el Perú, así el governador Francisco de Aguirre le mandó que fuese por ella"; y Rodriguez lo vió a Bazán "salir desta ciudad para el dicho efecto:. "¿Cuando llegó a Lima?" - se pregunta su biógrafo Martinez Villada - (yo presumo que por marzo o abril de 1570). "No puedo decirlo - prosigue dicho autor -, pero sí podemos afirmar, como si hoy lo viéramos, la alegría grande, indecible, del viejo conquistador que después de treinta años de fatigas, de combates y peligros, tornaba a ver y abrazar a los suyos; a la mujer que dejó moza y que ya entraba en la senectud; a la hija, que al venir él a América quedó chiquilla de brazos, casada ahora con un hidalgo que acarició rapaz en las calles de Talavera; a los nietos bienamados, recién conocidos". "Los bienes de España habían sido vendidos - continúa Martinez Villada - y la familia llegaba con ropas, telas, alhajas y servíala un negro que habían comprado en Sevilla poco antes de embarcarse. Los Reyes (Lima) no desvaneció seguramente el renombre de una tierra rica en oro y cosas raras, preciosas, pero el destino de la familia estaba lejos, en una ciudad pobre, en un clima tórrido, con casas cuyos muros devoraba el salitre, y a la que se llegaba después de larga y arriesgada travesía. No había allí los riquísimos minerales peruanos, sino los frutos de la tierra laboriosamente alcanzados, pero era ciudad heroica por la sangre derramada, la muy noble de Santiago del Estero". Hacia tan remoto rincón del mundo, por julio de 1570, arrancaría la dispuesta expedición. Alegre y más animoso que nunca emprendió Bazán, sin duda, el camino del regreso tucumano con su acompañamiento familiar. Viajaban también con él Juan González, Manuel de Acuña, Pedro Gómez de Balbuena, Pedro Jiménez, Sancho de Castro y otros vecinos que desde el Perú volvían a sus pagos. La caravana llevaba "más de treynta cavallos, muchos dellos cargados de armas y ajuar e bajilla de plata e otras muchas joyas e preseas de oro y plata", que todo valdría "más de diez mill pesos" - según posterior estimación de Catalina de Plasencia. "Catorce o quince cavallos cargados de ropas y mercaderías de Castilla" - calculó el esclavo Francisco Congo con mayor sobriedad; fuera de las mulas que, sumadas a la caballada, acrecentarían en bastante más de 30 las acémilas del convoy. Echaron por el camino de la cordillera - relata el padre Lozano -, "y al llegar a Siancas, en una estrechura que llaman el Maíz Gordo, vieron la novedad de estar obstruídos los caminos con palizadas de árboles muy corpulentos, y no se recobraron de la sorpresa, cuando vieron acercarse un tropel de indios enemigos ". (El río Siancas es el actual Mojotoro que cruza el departamento salteño de Campo Santo). Era "un biernes de mañana despues de Nuestra Señora de agosto" - vale decir el día 18 de ese mes, puesto que la fecha de la Asunción de Nuestra Señora, el 15 de agosto, fué, en 1570, un martes. Bazán y su gente, en aquel momento - testificó el negro Congo - "pasaban por una espesa montaña con espinos e árboles atravesados", cuando salieron los indios al camino. Inmediatamente se preparan los españoles para la lucha; más, antes que nada, el jefe ordena que su mujer doña Catalina, doña María su hija y sus pequeños nietos, acompañados del negro esclavo que sabemos, se pongan a salvo, huyendo por la parte contraria a la de los atacantes, "omaguacas y puquiles del valle de Purmamarca". Ardorosamente entáblase la refriega contra los indios, muy superiores en número, hasta que Bazán acribillado a flechazos cae de su caballo. Yéndose en sangre como estaba, algunos compañeros lo arrastran hacia el bosque cercano, donde el herido, sin soltar las armas, acosado constantemente por los salvajes, exhala peleando, el último suspiro. Manuel Acuña, testigo presencial de la matanza, nos cuenta que Bazán "estaba caydo, herido de flechas, asido de muchos yndios, en un monte muy espeso, donde peleó como muy buen soldado por defender su muger e hijos". A todo esto el yerno Gómez de Pedraza, sangrante asimismo por varias heridas, intentó - según parece - "huir con su muger, suegra e hijos por ver a la gente ya perdida y desbaratada, y a su suegro a manos de los yndios casi muerto". Entoncés Sancho Castro le dirigió este reproche; "Señor Diego Gómez de Pedraza, vuestra merced es cavallero, buelba, no huya!"; y don Diego - memora el testigo Manuel Acuña - "se apeó de su cavallo y dijo: Aquí moriré como cavallero; e queriendo defender a su suegro questaba perdido, luego le mataron los yndios". En verdad, un bel morire tutta una vita onora. "Este fué el fin desgraciado, tan honroso, de estos dos caballeros" - anota el jesuíta Lozano en su clásica Historia. Los demás españoles prosiguieron con furia el combate, hasta conseguir salvar sus vidas, aunque todos salieron mal heridos; Pedro Gómez de Balbuena perdió un ojo de un flechazo, y los bárbaros quedaron dueños de cuanto habían transportado los muertos y los sobrevivientes.

El azaroso peregrinaje de la señora, la hija y los nietos de Bazán

Por su parte Catalina de Plasencia y María Bazán - que llevaba en brazos a su hijita de pechos Francisca -, "después tronco de la muy noble familia de los Bazanes que honran estas provincias" (el elogio es de Lozano) - y el negro Francisco Congo, a cargo de los niños Esteban y Juana; unas y otras igualmente desesperados por ponerse a salvo; sin la menor idea de los senderos que conducían a Esteco; erraban perdidos entre los cerros, mientras varios indios los corrían empeñados en darles alcance. Despavoridas iban las señoras - según el esclavo Francisco - "sin traer que comer ni bestir más de lo que trayan encima en solo sus cavallos y mulas", que apenas de trecho en trecho podían galopar o trotar entre vericuetos montañosos. A pié seguían corriendo los aymarás "quatro días con sus noches, sin reposar ni parar, y no lo hizieron más porque este testigo (el negro Congo) echava mano a la espada que traya, e los amenasava diciendo que no se llegasen a ellas porque los avía de matar". En tan crítico trance, vieron los fugitivos "un hombre cavallero en un cavallo blanco que no conocían quien era, e siempre entendían quera un Pedro Gómez de Balbuena, que avía escapado de dicho desbarate huyendo, que solía venir en un cavallo rucio. Dando bozes llamaban las damas al jinete: Aguarde señor Pedro Gómez, espérenos y socórranos de estos enemigos!". Pero el presunto Gómez seguíalas "como a un tiro de arcabuz", y así era difícil distinguirlo. En posterior declaración el negro Congo manifestó entender que el misterioso cabalgante "era el bienaventurado Santiago o San Antón, a quien tomó por su abogado, y le llamaba por horas y momentos que le favoreciese y ayudase, porque dicho Pedro Gómez, con los demás soldados, a toda ligera y sin parar, en muy brebe tiempo dijeron que se avían puesto en la dicha ziudad de Talavera, donde se supo que no pudo ser él, sinó uno de los que tienen dicho, a quien asimesmo se encomendaron las dichas mugeres con grandísima debosión". Durante tan angustiosa como fantástica aventura, las errabundas damas se sustentaron solo con yervas y cardones del campo, y estuvieron sin comer otra cosa más de quinze días"; y viendo los indios "una figura blanca en el aire que los espantava y amenazava", cansados de correr, abandonaron la persecución. Entretanto, por distintos atajos, fueron llegando a Talavera de Esteco Gómez de Balbuena y los otros sobrevivientes del "desbarate" de Maíz Gordo, junto con el chico de 8 años Juan Gregorio Bazán (nieto), a quien trajo un indio yanacona llamado Francisco. Ello hizo creer a toda la ciudad que - menos el dicho niño - la familia entera de Bazán había perecido a manos de los belicosos humahuacas. Refiere Lozano que la infausta nueva causó hondo dolor por el prestigio y cariño que gozaba Juan Gregorio Bazán, siendo la más afligida María de Tapia, nativa de Talavera de la Reina, en España, esposa del poblador de Esteco Andrés López, cuyos sentimientos de coterránea le provocaban un llanto sin consuelo por la muerte del famoso conquistador y de aquellas nobilísimas matronas. Antes del arribo a Esteco de Gómez de Balbuena y sus compañeros salvados del encuentro de Maíz Gordo, en momentos en que la Tapia lanzaba sus plañidos al cielo, un crío suyo ("de poco más de dos años, según algunos testimonios, niño de teta que habló milagrosamente", según otros), le dijo de sopetón a la cuitada; "No llores máma, que ahí vienen las señoras y traen una niña a quien dan leche". Recobróse la madre, y sorprendida le preguntó al chico si vivían también los hombres o si eran muertos. "Yo no lo sé - respondió la criatura -, sino que los veo boca abajo y que vienen las señoras". María Tapia corrió a la plaza y contó ese augurio a los vecinos; y ahí nomás el Teniente de Gobernador dispuso que una partida armada, al mando del Capitán Bartolomé Valero, fuese en busca de doña Catalina y de doña María y comprobara si estaban vivas o muertas. Tras una búsqueda de varios días, a la viuda, la hija y los nietos de Bazán, con el esclavo fiel, los encontraron casi muertos de hambre a 20 leguas de Esteco. Conducidos a esta población, costó mucho hacerlas recobrar a las señoras; ellas - acota Lozano -, "que poco antes se miraban poderosas, habíanse convertido de repente en casi mendigas, puesto que todo el caudal que Bazán traía del Perú sirvió de botín para los infieles".

Hallazgo de los restos de Bazán y de su yerno; honores fúnebres y ulterior probanza de sus méritos y servicios

Mientras se desarrollaban los sucesos referidos, el Virrey Toledo resolvió enviar al Tucumán al Capitán Pedro de Arana, con encargo de prender a Francisco de Aguirre y llevarlo bien asegurado a Lima, donde el Santo Oficio había incoado un nuevo proceso contra ese Gobernador. Arana cumplió la desagradable misión; y entre el grupo de soldados que desde Santiago del Estero le acompañaron hasta el valle de Jujuy, iba Gaspar Rodríguez. Este y otros camaradas, al llegar al dicho punto - en tanto Arana continuaba la marcha hacia el Perú con su ilustre preso -, se volvieron a Talavera de Esteco; y al pasar por las proximidades del río Siancas, como a dos leguas antes, vieron el lugar del "desbarate del dicho Capitán Juan Gregorio Bazán, e vieron dos cuerpos muertos, y el uno dellos conoció este testigo (Rodríguez) ser el de dicho Capitán Gregorio Bazán, por su cavallo e silla e sayo e parte de su persona, e el otro cuerpo muerto no supo este testigo quien era, porque nunca lo avía visto". Después, en Talavera, identificaron el cadáver de Gómez de Pedraza, "y lo supo este testigo de las dichas doña Catalina de Plasencia y doña María Bazán". Alrededor de esos restos humanos, encontró Rodríguez "mucha cantidad de hazienda, de la que los susodichos trayan; como era herraje, jabón, especias, papel, hierro y frenos y sarçaparrilla y otras cosas que los indios que los mataron avían dejado echadas por ay". Y cuando años más tarde el mismo Rodríguez penetró en las misma comarcas con el Gobernador Abreu, "vió en poder de los yndios muchas mantas tejidas de lana y listas de seda, que le parece serían del dicho desbarate". En cuanto a los despojos mortales de Bazán y de Gómez de Pedraza, Gaspar Rodríguez fue uno de los que, por orden del Teniente de Gobernador Nicolás Carrizo, volvió con el Capitán Bartolomé Valero al sitio donde se encontraban, y los trajo desde Siancas (en cercanías del río Mojotoro) hasta Santiago del Estero, en cuya Iglesia Matriz fueron sepultados a principios de 1571. Por lo demás, en Santiago, el vecino Juan Cano declaró haberlas visto a Catalina de Plasencia y a María Bazán, con los niños, "muy enlutadas y muy llorosas por la muerte de su padre y marido de la hija, e oyó (relatar) a Manuel de Acuña, que venía en su compañía, y a Pedro Gomez de Balbuena, vecino de Talavera, que se hallaron con ellas quando los mataron (a Bazán y a su yerno) e quebraron un ojo en la guaçavara al dicho Pedro Gómez" En 1585, Catalina de Plasencia expuso por escrito que ella y sus nietos "con aver servido tanto mi marido e pasado tantos travajos, quedamos muy proves y necesitados"; por eso "quiero hazer ynformación, porque los testigos que lo saven son muy biejos y están enfermos y se podrían morir en breve, e yo soy muger bieja e prove, e no puedo yr ni embiar a la rreal Audiencia de la Plata, por ser de más de ochenta años". En consecuencia la señora, representada por Alonso de Tula Cervín - marido de su nieta Francisca -, consiguió del Teniente de Gobernador Alonso de Cepeda (otro remoto abuelo mío) la orden de llevar a cabo, ante el Escribano Gerónimo Vallejo, la probanza de los méritos y servicios de Juan Gregorio Bazán, en cuyos autos prestaron declaración estos famosos conquistadores veteranos; Juan Rodriguez Xuarez, Gonzalo Sanchez Garzón, Alonso Abad (mi antepasado), Francisco de Carvajal, Juan Cano, Santos Blasquez, Alonso Contreras, Pedro Ximénez, Manuel de Acuña, Miguel de Ardiles, Juan Pérez Moreno, Hernando Retamoso, Antonio Alvarez, Alonso de Carrión, Gaspar Rodriguez, Garcí Sanchez y Luis de Luna; además del negro Francisco Congo, a la sazón "horro y libre". Por su parte el Cabildo santiagueño, el 10-I-1586, presidido por Alonso de Cepeda y con asistencia de los Alcaldes Alonso de Contreras y Santos Blasquez, y los Regidores Juan Pérez Moreno, Gonzalo Sánchez Garzón, Pedro Ximénez, Gerónimo Rodríguez Macedo y Pedro de Godoy, ante el Notario Vallejo, aprobó y ratificó aquellos servicios de Bazán, diciendo; "que sirvió mucho a Su Magestad a su costa y minsión, con mucho lustre y nobleza, como hijodalgo notorio que era". Y el Ayuntamiento suplicaba al Rey, a su Consejo de Indias, a sus Audiencias, Virreyes y Gobernadores, le otorgaran mercedes a la viuda y nietos del benemérito conquistador, "para que se sustenten noblemente, como hijodalgos que son, y salgan de las nescesidades en que están". Un año más tarde, en otra información que mandó levantar el Gobernador Ramírez de Velasco (6-VII-1587) acerca de los méritos de Bazán, declararon como testigos mi antepasado Hernán Mexía Mirabal, y Pedro de Villareal, Francisco de Carvajal y Pedro Núñez Roldán. Catalina de Plasenciac ya venerable anciana con ochentitantos años encima por aquellas fechas, no prolongaría su existencia muchos años más." Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito), Tomo VI, Los Bazán

view all

Juan Gregorio Bazán, conquistador español's Timeline

1510
1510
Talavera de la Reina, Toledo, Castilla-La Mancha, España
1536
1536
Age 26
Talavera de La Reina, España
1570
August 18, 1570
Age 60
San Salvador de Jujuy, Doctor Manuel Belgrano, Jujuy Province, Argentina
????