Pedro Fróilaz de Traba, conde de Trastámara

Saint-Jacques-de-Compostelle, Galice, Espagne

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Pedro Fróilaz de Traba, conde de Trastámara

Spanish: Dn. Pedro Fróilaz de Traba, Conde de Trastámara, Portuguese: D. Pedro Fróilaz de Traba, Conde de Trastámara
Also Known As: "Pedro Fróilaz de Trava", "Santiago de Compostela Funeral Catedral De Santiago de Compostela"
Birthdate:
Birthplace: Laxe, A Coruña, Galicia, Spain
Death: circa May 03, 1126 (42-59)
Place of Burial: Santiago de Compostela, Corunna, Galicia, Spain
Immediate Family:

Son of Cde. Froila Vermúdez and Elvira de Faro
Husband of Urraca Fróilaz and Mayor Rodríguez
Father of Elvira Pérez de Traba; Ramiro Froilaz de Trava; Fernando Pérez de Traba, Conde de Trastámara; García Froila de Lugo; Jimena Pérez de Traba and 12 others
Brother of Visclavara Fróilaz; Ermesenda Fróilaz; Munia Fróilaz and Rodrigo Fróilaz, obispo de Mondoñedo

Occupation: Conde de Trastámara, Conde de Trava, Conde de Traba y Caamouco, Conde de Trastámara y de Trava, Ayo del Emperador don Alfonso VII y Señor de las casas de Trava, Trastámara y Monterroso., Conde de Galicia y Traba, Conde
Label: BIRTH 1086 DEATH 1126
Managed by: Eduardo C. Ferreyra Semería
Last Updated:

About Pedro Fróilaz de Traba, conde de Trastámara

Count of Ferraria (today Ferreira), and first Count of Galicia. Factotum in the medieval history of Galicia, Also, he was in charge of the education of the future king Afonso VII. See Wikipedia.


http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Froilaz

Pedro Froilaz (Laje, España; c. 1075 – 1128), conde de Traba (Trava en la ortografía de la época), fue un personaje fundamental en la historia de Galicia, principalmente, por habérsele encomendado la educación del futuro rey Alfonso VII y por su colaboración con el obispo Gelmírez en la política gallega de la época.

Sus padres fueron Froila Bermúdez (nacido alrededor de 1045) y Elvira de Faro (1050); tuvo como hermanos a Gonzalo, Rodrigo y Visclávara.[1] Se crió en la corte del rey Alfonso VI y se casó por primera vez antes de 1088 con Urraca Froilaz,[2] hija del conde Froila Arias de Traba y de Ardiu Didaci, descendiente del conde gallego Menendo González, tutor del rey Alfonso V de León, que además era nieto de Hermenegildo Gutiérrez y sobrino de San Rosendo. Los dominios de la pareja incluían un extenso territorio entre Noya y Ortigueira, básicamente, la parte de la provincia de La Coruña situada entre el río Tambre y el mar, de donde le viene el nombre de Conde de Trastámara. Hicieron numerosas donaciones a la Iglesia y a las órdenes religiosas.

Pedro Froilaz descendía de un linaje con vocación de dominio en Galicia y de enorme influencia en la corte de León. Al mismo tiempo, su esposa Urraca Froilaz pertenecía a una familia no menos importante, pero dos acontecimientos resituaron la posición hegemónica de esta familia:

Por un lado, el encarcelamiento de García de Galicia, a quien Froila Bermúdez había apoyado, por parte de Alfonso VI de León; por otro lado la derrota del conde gallego rebelde Rodrigo Ovéquiz, también por Alfonso VI de León.

Esto obligó a la familia de los Traba a recomponer su papel de influencia en el espacio político galaico. De este modo, Pedro Froilaz supo que para mantenerlo debía convertirse en hombre de confianza del conde Raimundo de Borgoña, a quien Alfonso VI había cedido el gobierno del reino de Galicia. El grado de independencia de este conde y su poder militar daba posibilidades de crecimiento social y político a los Traba, máxime cuando el ámbito de actuación de Raimundo, fuera de la propia Galicia, lo iba configurando en el más serio candidato a la sucesión de Alfonso VI.

Los amplios dominios de Pedro, al norte del río Tambre, condado de Trastámara, garantizaban a Raimundo fidelidad de todas las villas y presuras desde el puerto de Noya hasta el golfo Ártabro.

Froilaz aparece reflejado en los documentos de Raimundo: en 1095 plasmó su firma en la concesión de un salvoconducto a los mercaderes de Santiago de Compostela. En 1096 firmó una concesión de Raimundo a favor del obispado de Mondoñedo. En 1096 apareció en una permuta de villas entre Raimundo y el monasterio de San Lorenzo de Carbonero. En 1107, participó en una escritura de donación de Raimundo a la Iglesia de Santiago. Asimismo, impartió justicia en nombre del rey incluso fuera de Galicia.

Su posición preeminente se ve demostrada en que Raimundo de Borgoña y su esposa Urraca, hija de Alfonso VI, le confiaron en 1105 la educación de su hijo Alfonso Raimúndez, futuro Alfonso VII.

Agonizante ya Raimundo, en 1107, llamó a sus leales, confirmó la tutoría de su hijo a cargo de su principal defensor, Pedro Froilaz, y recabó de todos ellos la máxima lealtad para quien debería ser el joven soberano de Galicia.

En ese momento el liderazgo en Galicia de Pedro Froilaz es total y sin intermediarios. A partir de 1107 firmaba como conde de Galicia y en 1108, realizó una donación al monasterio de Caaveiro como Principis Gallecie.[3] Urraca, fallecido también su padre, miraba ya por su destino al frente de los territorios de la corona de León y, necesitada de apoyos, se casó con Alfonso I el Batallador, rey de Navarra y Aragón. Éste se hizo dueño de Castilla y de León, provocando la inmediata reacción de Pedro Froilaz. Aglutinando a lo más granado de la nobleza gallega, proclamó como rey de Galicia a Alfonso Raimúndez, su protegido en 1109, apoyándose en el testamento de Alfonso VI. En él se garantizaba la soberanía de su nieto sobre el Reino de Galicia en el caso de que Urraca se volviera a casar, tal como había acontecido.

Tropas castellanas, leonesas y aragonesas mandadas por Alfonso el Batallador invadieron Galicia, venciendo en Monterroso al ejército gallego de Pedro Froilaz. La violencia de las tropas del aragonés le restaron apoyos en Galicia. Esto permitió a Pedro Froilaz recuperarse y, en tres meses, volverse a hacerse con el control de Galicia (abril de 1110) y expulsar a las fuerzas invasoras.

Pactó con Enrique de Borgoña, conde de Portugal, una alianza para proteger al joven soberano de León y Castilla. Inició una acción de encarcelamiento de los nobles que no reconocían a su protegido. Solamente Arias Pérez consiguió una importante libertad de movimientos, hasta el punto de raptar el rey niño y encerrarlo en Pena Corneira. Arias Pérez, sin embargo, estaba solo y tuvo que pactar la liberación del rey niño a cambio de su propia libertad.

Vistos los riesgos que se corrían, Pedro Froilaz llegó a establecer una alianza con el poderoso obispo de Santiago Diego Gelmírez, con el objetivo de coronar solemnemente a Alfonso Raimúndez y consolidar su soberanía sobre el Reino de Galicia. De hecho, el 17 de septiembre de 1111 el rey niño fue coronado con toda la honra de un joven monarca en la catedral compostelana, en presencia sumisa de todos los magnates del Reino de Galicia.

Pedro Froilaz, pasó entonces de ayo a mayordomo real; y dada la corta edad del joven monarca, a regente de los destinos de Galicia. En ese momento, entraba en crisis el matrimonio entre Urraca y Alfonso de Aragón, por lo que Pedro Froilaz se puso al frente de sus tropas para llevar a su protegido a la ciudad de León. Mas los aragoneses salieron a la altura de Astorga al encuentro de la expedición y derrotaron a las tropas gallegas en la encarnizada batalla de Viandangos. Pedro Froilaz fue hecho prisionero y tuvo que pagar un rescate por su libertad. Urraca volvería a reconciliarse con su marido, razón por la cual Gelmírez y Pedro Froilaz entendieron que era preciso un entendimiento con la reina para mantener su poder y su dominio en Galicia.

Urraca quiso hacer patente que Galicia seguía siendo uno de sus reinos y para esto buscó el reconocimiento a su figura, sin despertar oposición en los señores de la misma. En 1112, firmó un documento donando a Pedro Froilaz importantes posesiones al sur del Tambre (en el valle del Río Deza y en el Salnés).

Pedro Froilaz aparecía en ese momento como defensor de Urraca, en el marco de un nuevo desencuentro de ésta con su marido. Fueron las tropas gallegas las que protagonizaron el sitio de Carrión de los Condes y las que pusieron las tierras leonesas bajo el mando de la reina. Pero ésta no tardaría en reconciliarse con El Batallador, y, una vez más, Diego Gelmírez y Pedro Froilaz capitanearon un ejército que persiguió a Alfonso el Batallador en Atapuerca y lo derrotó en Burgos, en el año 1113.

En 1116, Pedro Froilaz y Diego Gelmírez tenían todo el reino de Galicia bajo la soberanía de Alfonso Raimúndez. Urraca procuró no perder posiciones, apareciendo en Santiago como defensora de los derechos de la burguesía de la ciudad. Pretendía ganar puntos en el punto más endeble de Gelmírez. Buscó apoyos en el sur de Galicia, pero ahí se encontró con la alianza entre los Traba y los Tareixa de Portugal. Las tropas de ambos la sitiaron en el castillo de Sobroso. Urraca consiguió escapar, y volvió a León dejando a Galicia nuevamente en manos de Gelmírez y los Traba, que a través de Fernando Pérez de Traba (el hijo de Pedro Froilaz) ampliaban su influencia hasta las tierras propiamente portuguesas, cada vez más alejadas políticamente de León.

Roto definitivamente el matrimonio entre la reina castellana y el rey aragonés, los Traba sabían que, para asegurar la sucesión de Alfonso Raimundez en todos los reinos de la corona leonesa, era preciso entenderse con Urraca. Trajeron nuevamente a la reina a Santiago, donde fue recibida por Gelmírez. Los burgueses se sintieron traicionados por la reina y se levantaron violentamente. Gelmírez tuvo que huir disfrazado, ascendiendo por los tejados de la sitiada catedral. Urraca fue desnudada y ultrajada en la plaza del Obradoiro. La rebelión compostelana semejaba triunfar, hasta que las tropas de Pedro Froilaz aparecieron por el Monte Pedroso, amenazando con entrar a sangre y fuego en la ciudad. Los burgueses arrepentidos pidieron clemencia.

Las consecuencias no se harían esperar: Urraca reconoció plenamente los derechos sucesorios de Alfonso Raimúndez. Pedro Froilaz lo llevó a Toledo donde, en 1117, fue reconocido como rey. En 1118, el poderoso convento de Sobrado era donado de los monjes, a Bermudo y Fernando Pérez de Traba, en clara voluntad de consolidar el apoyo del linaje de Pedro Froilaz.

En este período se produce una especie de cogobierno en Galicia entre Alfonso Raimúndez y su madre Urraca. Mas en los documentos de ambos aparece siempre como principal magnate Pedro Froilaz, figurando como Comes Gallecie o como orbem Galetiae imperante. Esta posición de supremacía seguía resultando incómoda para Urraca, que intentó un golpe encarcelando con engaño a Pedro Froilaz en 1123. El hijo de Urraca se opuso a este encarcelamiento con contundencia, hasta que consiguió su pronta liberación.

Por fin el conde de Galicia y mayordomo real del rey gallego vio a Alfonso VII coronarse también en León. La muerte de Dueña Urraca daba paso a un reinado estable donde los Traba mantendrían su preeminencia galaico-leonesa, pero fracasando en el control del espacio portugués.

Prototipo de caudillo medieval, su actividad guerrera se simultaneaba con el papel de favorecedor de la Iglesia y el monacato. Entre los conventos que se vieron favorecidos por Froilaz, se encuentran los de Xubia, Moraime, Sobrado de los Monjes, Sano Xoán de Sabardes (Noya), Santo Tomé, en la comarca de Bergantiños, Cambre y Caaveiro.

El convento de Cins era de su propiedad. Cuando la comunidad femenina fue expulsada, debido a la política auspiciada por Roma de acabar con los conventos dúplices, se opuso con vehemencia y destituyó al abad y se dirigió a la sede papal, la que ordenó a Diego Gelmírez resolver la situación reconociendo los derechos de Pedro Froilaz y la vuelta de las mujeres.

En su testamento dejó villas, bienes y posesiones a las iglesias de Santiago y Mondoñedo.

Está enterrado en el Panteón Real de la Capilla de las Reliquias de la catedral de Santiago.


FUENTES.

-http://freepages.genealogy.rootsweb.ancestry.com/~pinofiel/haro_osorio.htm


Burial:

    Place:   Capilla de las Reliquias de Santiago de Compostela, A Coruña, Galicia, España

Individual Note: Conde de Trava. Renunció bajo su dominio las tierras que abarcaban los condados de Traba, Trastámara y Monterroso. Es el célebre ayo del emperador Don Alfonso VII y prácticamente, fue señor de Galicia entera, en la que aún mandaba en 1112, en cuyo anño Doña Urraca le hace donación del castillo ya desaparecido de Leiro , en Abegondo. Su sepulcro se conserva en la capilla de las Reliquias, de la catedral de Santiago de Compostela. Cuando conoció el matrimonio de la reina Urraca con el rey Batallor, proclamó rey a Don Alonso. Favoreció a la reina mientras ésta se distanció de su marido, pero al conocer su reconciliación con aquél, favoreció el partido de su hermana Doña Teresa. Unido a Gelmírez, reconoció a Doña Urraca sus derechos, pero bajo la condición de proclamar a Don Alonso, coronado solemnemente en la basílica compostelana, el 17 Septiembre 1111. Don Pedro y su primera esposa eran de sangre real y fueron señores poderísimos en Galicia. En tiempo de Alfonso VI, Don Pedro fue gobernador del condado de Présares y de otros, y aun de toda Galicia. Ambos cónyugues se ocuparon de la educación del mencionado emperador Don Alonso VII. Sus cenizas reposan en Santiago (Tesoro de la catedral) entre las tumbas de Don ALfnso IX y de Don Fernando II

Había dado fin a la restauración del monasterio de San Juan de Sabardes, en la entrada de la ría de Noya. "He was one of the most illustrious nobles mentioned in the Chronica Adefonsi Imperatoris. He was extremely influential in the affairs of Count Raymond of Burgundy and Queen Urraca. Count Pedor was royal tutor of Alfonso VII, and he assiduously defended Alfonso's right to succession to the crowns fo Castille and Leon relying heavily upon the support of the Galician nobility." (Lope Ferreiro, Don Alfonso VII y su ayo, pp 9-27. Primera crónica general, II, 644.)


García Froyla, señor de la tierra de Lugo, hijo segundo del conde D. Pedro Fernández de Traba y de Dª Urraca Froyla, condesa de Arlanga y de Traba, que había sido su primera esposa. Dicho conde de Traba descendía directamente de D. Ramón, conde de Monterroso, hijo natural del Rey D. Fruela I de León y Dª Ermesenda Romáriz, señora de Santa Marte de Ortigueira.


Pedro Froilaz de Trava

Pedro Froilaz de Trava (Laxe, c. 1075-1128), conde de Traba[1], foi um personagem fundamental na história da Galiza, por ter encomendada a educação do futuro rei Afonso VII e pela sua colaboração com o bispo Diego Gelmírez na política galega da época.

Foi filho de Froila Bermúdez e Elvira de Faro[2] Criou-se na corte do Rei Afonso VI e casou pela vez primeira antes de 1088[3] com Urraca Froilaz filha do conde Froila Arias de Traba e de Ardiu Didaci, descente do conde galego Menendo González, o tutor do rei Afonso V de Leão, que ademais era neto de Hermenexildo Guterrez e sobrinho de São Rosendo. Os domínios do casal incluíam um extenso território entre Noia e Ortigueira, basicamente a parte da província da Corunha entre o rio Tambre e o mar, o qual origina o nome de Conde de Trastâmara[4]. Fizeram numerosas doações à igreja e a ordens religiosas.

Com Urraca Froilaz (1060 -?) filha de Froila Arias de Trava, conde de Trava e de Ardiu Didaci, teve:

  1. Froilán Pérez.
  2. Bermudo Pérez de Trava (1095 -?), Tenente de Trastâmara casado com Urraca Henriques, infanta de Portugal, filha de D. Henrique de Borgonha, conde de Portucale e de Teresa de Leão, condessa de Portugal.
  3. Fernán Pérez de Trava (1080 - 1155), conde de Trastâmara c. 1100 casou com Sancha González
  4. Lupa.
  5. Gimena.
  6. Froila.

Volta casar em 1105, segundo alguns com Maior Guntroda Rodríguez ou Maior Armengol de Urgel (1080 -?), filha de Armengol IV de Urgel (1056 - 1092) e de Lucie de la Marche (1060 -?), condes de Urgel, de quem teve vários filhos:

  1. Rodrigo, Garcia.
  2. Eva Pérez de Trava, (1195 -?) casada por duas vezes, a primeira com Garcia I Ordoñez, conde de Nájera e a segunda com Pedro González de Lara.
  3. Estefânia Pérez de Trava, (1100 -?) casou com D. Rodrigo Fernandez de Castro "o Calvo".
  4. Elvira Pérez de Trava (1115 -?) casou com Gomes Nunes de Pombeiro (1070 -?) filho de Nuno de Celanova (1030 -?) e de D. Sancha Gomes de Cellanova (1035 -?).
  5. Toda.
  6. Urraca
  7. Sancha.
  8. Iduaria.

in: Origem: Wikipédia, a enciclopédia livre. <http://pt.wikipedia.org/wiki/Pedro_Froilaz_de_Trava>


28. D. PEDRO FERNANDES DE TRAVA, conde, senhor e povoador da grande Casa de Trava, Trastâmara e Monterosso, e aio do imperador D. Afonso vn (I106-1157), de Leão e Castela. Foi casado com ELVIRA DE URGEL que, depois viúva, fez-se freira no Convento que fundara em São Martinho de Carrazedo, nas terras de Entre Homem e Cávado, filha de D. Armegol vn falecido em 1184, conde soberano de urgel e senhor de Valladolid.
Marriage: 12 Aug 1088 - Galicia, Spain

http://dbe.rah.es/biografias/14037/pedro-froilaz

Froilaz, Pedro. Conde de Traba. Galicia, s. t. s. XI – ?, 1126. Noble, ayo de Alfonso VII. No se tiene noticia del año de su nacimiento, pero puede colegirse que, criado en la casa del rey Alfonso y habiendo alcanzado, durante el reinado del conquistador de Toledo y tras la desaparición de Raimundo de Borgoña, el título de conde de Galicia, habría de ser niño o mozo en la década de los setenta o en la de los ochenta del siglo XI; así pues, no parece desacertado proponer los últimos años del segundo tercio de la centuria como el tiempo más probable de su venida al mundo. Se conoce, en cambio, con precisión el año de su muerte. Por documento fechado el 3 de mayo de 1126, la condesa Mayor Rodríguez, segunda esposa del noble gallego, hizo donación al monasterio de Sahagún de una heredad en Valdunquillo, por el alma de su marido, con quien, según se indica en las dos versiones que se conservan de este texto, había disfrutado de larga felicidad en esta vida. Se explican bien el recuerdo y la añoranza de la viuda, porque no hacía mucho de la muerte del conde; los dos, Pedro y Mayor, cedían, el 2 de marzo de ese mismo año, al cenobio de San Salvador de Pedroso los derechos que les correspondían en la iglesia de San Saturnino. Murió, pues, el conde de Traba en 1126, probablemente en el mes de abril. No hay lugar aquí para amplios desarrollos prosopográficos, pero sí conviene alguna referencia al pasado y al futuro familiar. Es útil, hacia atrás, recordar la generación inmediatamente anterior. Pedro Froilaz fue hijo de Froilán Bermúdez y yerno, por su primer matrimonio, de Froilán Arias. Uno de los dos Froilanes —no se puede estar del todo seguro, pero es más probable la atribución a Bermúdez— fue autor o principal instigador del asesinato de Gudesteo, que, además de su sobrino, era obispo de Iria. Ocurrió el crimen durante el reinado de García de Galicia, el protector de Gudesteo, el que lo había escogido para ocupar la silla de Santiago. El asunto, de claro trasfondo político, pues se discutía acerca de derechos sobre tierras y hombres, pone de manifiesto que los ascendientes del conde Pedro formaban parte del reducido grupo de familias entre las que se reclutaban los individuos que —laicos o eclesiásticos, prelados o guerreros— ejercían el poder, no siempre de manera pacífica, a la sombra legitimadora de los Reyes. Hacia el futuro, las cosas no fueron diferentes. Desde luego, los tres hijos y dos hijas habidos por Pedro Froilaz con su primera esposa, Urraca Froilaz, y los tres varones y siete mujeres que tuvo en su segundo matrimonio aseguraron, con un total de quince descendientes, la proyección familiar en el tiempo. No hace falta que se hable de toda la prole; basta con indicar las estrechas relaciones, no sólo políticas, de Bermudo y Fernando Pérez con Teresa de Portugal, el puesto de alférez ocupado por Rodrigo en la Corte de Alfonso VII o el matrimonio de García con Elvira, hija de la reina Urraca y de Pedro González de Lara, para caer en la cuenta de que los hijos del conde gallego supieron mantenerse en el grupo de los poderosos. Sin duda, Pedro Froilaz se aseguró bien en esa posición. Recuerda la reina Urraca, en donación concedida al conde Pedro y a la condesa Mayor, que su padre, el rey Alfonso, había criado y educado en su casa al noble gallego, de la misma manera que éste, años después, criara y educara en la suya a su propio hijo, Alfonso Raimúndez. La función de tutor del emperador Alfonso VII es, desde Rodrigo Jiménez de Rada, fuente principal del prestigio de que goza el conde de Traba en los libros de historia. No fue la única ni la más relevante de sus actividades sociales; pero esta proximidad a la Familia Real, esta integración en el selecto grupo de los más cercanos al Monarca, es primero y principal requisito en el desempeño de una actividad política destacada. La desarrolló sin duda Pedro Froilaz y quedó circunstanciadamente recogida en el registro de acontecimientos que, relativos a su sede y de manera principalísima a su propio pontificado, mandó componer el primer arzobispo de Santiago, Diego Gelmírez. La Historia compostelana es, para el siglo xii y el ámbito ibérico, un testimonio excepcional; sobre todo, si no se hace demasiado caso de lo que quiere contar y se centra la atención en lo que cuenta sin querer. De los muchos personajes de la nobleza que desfilan por sus páginas, es Pedro Froilaz aquel sobre el que se suministran más noticias. Pero no es él, claro está, el personaje central. No es su historia la que se quiere contar. Y, en ese sentido general, se cumple la condición de que se habla de él, al menos en aquellos aspectos que no son principales desde el punto de vista de los clérigos de Gelmírez, sin querer. De este modo, no es imposible trazar, adoptando un punto de vista diferente al de los cronistas, algunos de los rasgos que caracterizan al personaje y a la clase a la que pertenece. Comenzando por el final, la Historia compostelana no dice cuándo murió Pedro Froilaz; pero cuenta cómo. Sucedió en Compostela, donde se hallaba el conde cuando cayó gravemente enfermo. Con tiempo suficiente para hacer testamento, que es la razón por la que, en la medida en que la iglesia de Santiago está entre los beneficiarios, interesa el acontecimiento. Ese interés permite conocer, a través de los bienes legados en herencia y de sus flujos de procedencia y destino, algunas características del sistema de parentesco y de la base patrimonial de esta familia de aristócratas. Debe decirse a este propósito que, a la altura del siglo xii, las cosas vienen de atrás y miran aún hacia atrás. La estructura de parentesco socialmente operativa no es aún la del linaje. Es la del grupo de padres e hijos, de hermanos y hermanas, como base para el establecimiento de alianzas y para la circulación de bienes. No se ve aún aquí al jefe de la casa que decide en solitario y organiza el relevo sobre la base de la entrega del testigo al hijo primogénito; las decisiones testamentarias, tomadas en el lecho de muerte y en presencia del arzobispo confesor, son expresamente autorizadas por la esposa y los hijos, también presentes. Y hay, en otros pasajes de la crónica, claros testimonios de la distribución equilibrada entre hijos e hijas de los bienes del grupo, integrados distintamente por los de la esposa y los del esposo. También las características de la base fundiaria miran hacia atrás. En el registro de Gelmírez, interesa solamente la parte del testamento que transfiere bienes a la iglesia. No se recogen en el texto las donaciones, “para evitar una desmedida extensión”. Su anotación detallada se guarda en el archivo. Son partes de villae, heredades, iglesias y monasterios, dispersos en un territorio muy amplio. Lo que, en vida, donó a la iglesia el conde Pedro, sus hermanas y hermanos y sus hijos confirma la misma estructura; la que es propia de los patrimonios aristocráticos durante el período altomedieval. Sin duda, Pedro Froilaz era rico. Además, fue hombre muy poderoso. La base de ese poder era, en primer lugar, la fuerza. En las primeras referencias a él, de la Crónica compostelana ya destaca este rasgo. Hacia 1109-1110, Pedro Froilaz atraía la atención nada menos que del Papa. Pascual II se ocupó de él en una bula que contiene una destemplada reprimenda, porque el conde había expulsado “por la fuerza” al abad del monasterio de Cines. En contra de los deseos de los clérigos reformistas, se empeñaba el de Traba en mantener allí una comunidad de monjas. Y recurrió a la fuerza. Inmediatamente antes de la escena de la muerte del conde, la información cronística acerca de él se cierra con la narración de otro acto violento: a la misma puerta del altar de Santiago, se dice, no tuvo Pedro empacho en golpear con sus manos a su colega el conde Alfonso. Dos demostraciones de fuerza enmarcan, pues, lo que la crónica gelmiriana dice de Pedro Froilaz. Pero no basta la fuerza bruta para el ascenso y el mantenimiento en la jerarquía feudal; la violencia ha de ser legítima. Se buscaba la legitimación. La buscó en los dos casos mencionados Pedro Froilaz. Hubo otra bula de Pascual II sobre el monasterio de Cines, de tono muy diferente a la anterior, en la que el Pontífice venía a acceder, por los menos en parte, a los deseos del noble. Entre las dos bulas, tuvo lugar un viaje. El conde galaico deseaba legitimarse y sabía cómo hacerlo. Claro que viajar a ultrapuertos y, pergaminos en mano, presentarse ante el Papa no estaba al alcance de cualquiera; hacían falta fuerza para llegar y medios para convencer. Y el conde de Traba llegó y convenció. Los golpes al conde Alfonso en la catedral encontraron, si no legitimación, por lo menos perdón más cercano; lo alcanzó el aristócrata de Diego Gelmírez, no sin la correspondiente penitencia y la donación al arzobispo del monasterio de Cospindo. Pero más que esta violencia física ejercida individualmente y legitimada por la vía de la religión, importa la violencia colectiva, la que los nobles ejercen como grupo; en este sentido, la violencia de clase; legitimada por la vía política. Hay, en este sentido, una violencia de legitimación fácil, automática, porque está asentada centralmente en la mentalidad colectiva. Es la que se despliega en la guerra contra los enemigos exteriores, contra los infieles. Es la guerra en la que, desde luego, participan los nobles, la guerra para la que se preparan y de la que se benefician. Acompañando a Raimundo de Borgoña en el cerco de Lisboa o formando parte del ejército de Urraca en el castillo de Berlanga, la Historia compostelana presenta a Pedro Froilaz integrado en la lucha con los almorávides, desempeñando su función de bellator. Pero se cuentan con los dedos de la mano las ocasiones en que puede verse al conde gallego participando en la reconquista. Por el contrario, las páginas de la crónica de Compostela están llenas de las inacabables batallas de la guerra interior. Como todas las crónicas, es ésta una historia política, dedicada a la narración de la constante lucha por el poder en el interior del reino. La participación en esa guerra interna de Pedro Froilaz, como la de los demás nobles, es constante, es una permanencia. Y su legitimación es menos automática. El grupo es ahora la noción fundamental, el instrumento indispensable en el acceso al poder. La Historia compostelana presenta a Pedro Froilaz y a una parte de los nobles de Galicia enfrentados a otras asociaciones nobiliares. Por ejemplo, y con frecuencia, la que encabeza Arias Pérez. Son asociaciones juradas, en las que el juramento se usa para reforzar la coherencia de estos grupos que, no exentos de verticalidad, son ante todo horizontales. Bien que con indudables peculiaridades, a la muerte de Alfonso VI vuelve a abrirse la posibilidad de la existencia de varios reyes en el regnum leonés, como había ya ocurrido en más de una ocasión en los siglos x y xi. Y es en este fértil medio en el que ha de entenderse ahora la legitimación del poder aristocrático. En la Historia compostelana se tiene un rico cuadro de las diferentes posibilidades que se ofrecían. Arias Pérez y su grupo buscaron la imposición de su dominio al amparo de Alfonso el Batallador. Pedro Froilaz y los suyos estuvieron del lado de la reina Urraca; pero sobre la base de su estrecha asociación con el hijo que había tenido con Raimundo de Borgoña. El conde gallego, nutritus en la Corte de Alfonso VI, se encargó de la crianza de su nieto, a cuya educación destinó específicamente al ayo Ordoño. Siempre se ha subrayado la protección constante y la fidelidad permanente del conde hacia el futuro Alfonso VII. De momento es, ciertamente, la fuente de su legitimidad. Subrayada hasta el punto de promover la unción y coronación del niño Alfonso Raimúndez en la catedral de Santiago. No como rey de Galicia sino de León; con el consentimiento de su madre. Luego, camino de la sede regia para refrendar lo ocurrido en Compostela, vino el encuentro con el Batallador y la derrota de Viadangos. Son las posiciones en el punto de partida. En absoluto inamovibles. La reina Urraca, con el apoyo de la aristocracia leonesa y castellana, pudo, tras derrotar al rey de Aragón, consolidar finalmente su posición en el trono. Cambia entonces la relación con los nobles gallegos. Arias Pérez intriga en la Corte contra Pedro Froilaz y su grupo. Pedro Froilaz sigue amparándose en Alfonso Raimúndez, pero ahora, después de que comenzara gran discordia entre la Reina y su hijo, queriendo convertirlo en rey de Galicia. Estaban abiertas otras posibilidades. Por ejemplo, la que pudo verse en el castillo de Sobroso, donde la reina Urraca era sitiada por el conde Pedro y la infanta Teresa, “hermana de la reina y señora de todo Portugal”. La crónica de Gelmírez presenta en una segunda ocasión a Pedro Froilaz y a Teresa, designada ahora como reina de Portugal, formando parte de un grupo —en el que por cierto está también Arias Pérez— enfrentado a la reina de León. La última vez que en la compostelana el conde Pedro aparece en su búsqueda de legitimación política está en prisiones, encarcelado por la Reina y por su hijo Alfonso, por entonces definitivamente unidos. La imposición social de los grupos aristocráticos, es decir, de los fuertes y los ricos, tiene en el reconocimiento por parte de la Monarquía un elemento sustentador esencial. Y al revés: sólo mediante la aceptación y la colaboración de los nobles pueden los reyes hacerse presentes en el territorio: reclutar el ejército, percibir tributos, administrar justicia. En ese juego político todavía muy abierto, resultado directo de la dinámica social, tienen lugar las sumisiones y las rebeliones de los nobles, las uniones, los repartos y la creación de los reinos. Es en ese marco en el que cobra su pleno sentido una figura como la de Pedro Froilaz.


Bibl.: A. López Ferreiro, Don Alfonso VII, rey de Galicia, y su ayo el conde de Traba, Santiago de Compostela, Seminario Conciliar, 1885; Anónima, Historia Compostelana, o sea, Hechos de D. Diego Gelmírez, primer Arzobispo de Santiago, trad. de fray Manuel Suárez, intr. y notas de fray José Campelo, Santiago de Compostela, Ediciones Porto, 1950; E. Portela y M.ª C. Pallares, “Aristocracia y sistema de parentesco en la Galicia de los siglos centrales de la Edad Media: el grupo de los Traba”, en Hispania, 53 (1993), págs. 823-840; S. Barton, The aristocracy in twelfth-century León and Castile, Cambrige, Cambridge University Press, 1997; M. Torres Sevilla-Quiñones de León, Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos ixxiii), Valladolid, Consejería de Educación y Cultura, 1999.

àcerca (Português (Portugal))

Conde de Trava. Tutor de Afonso VII.