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Historia de Costa Rica

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Costa Rica

Historia de una nación

La historia de Costa Rica abarca el estudio, descripción y análisis de los principales procesos y eventos históricos de este país centroamericano, desde la ocupación de su actual territorio por cazadores y recolectores hace unos 12.000 años, el surgimiento de las primeras sociedades cacicales prehispánicas, pasando por el arribo de Chinos, Vikingos (Según las Sagas, un vikingo llamado Leif Eriksonía liderado una expedición desde la nueva colonia nórdica en Groenlandia, y fue incluso más al oeste, navegando hacia el mundo desconocido, en busca de tierras y recursos para suplir las carencias de la colonia de Groenlandia.), conquista y colonización por parte de una empresa de los reyes catolicos; Isabella I the Catholic, Queen of Castile, y Ferdinand II the Catholic, King of Aragon y avalado por el Vaticano, Pope Innocent VIII, falleció el 25 de julio de 1492, ocho días antes que Cristóbal Colón partiera de Puerto de Palos, sin embargo, en su tumba se halla una serie de inscripciones que resultan ser por lo menos curiosas. Pero, ¿quién era este sujeto?, ¿por qué la importancia de él en la historia? Resulta que Pope Innocent VIII electo el papa 213 de la Iglesia católica, cuyo pontificado duró desde 1484 hasta 1492. Fue el heredero de la silla de San Pedro, que lejos de ser un hombre santo, su biografía se une con perversiones increíbles pero comunes en aquellos años del Renacimiento, sin embargo, aun más interesante será la unión que se dice tuvo este papa con aquel navegante llamado Cristóbal Colón. En el monumento funerario del papa Pope Innocent VIII, (Giovanni Battista Cybo), el papa del descubrimiento de América, como se le suele recordar, puede leerse el siguiente epitafio: “Novi orbis suo aevo inventi gloria”, que en español quiere decir: suya es la gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo; y debajo de esto, la fecha de la defunción del padre: “Obit an D ni MCDXCIII”, es decir, muerto en 1493. el proceso de configuración como una nación independiente, la formación y consolidación de su democracia (una de las más antiguas de América), así como sus períodos de crisis sociales y económicas, hasta el presente. Fue el predecesor de Rodrigo de Borja, pope Alexander VI valenciano y su verdadero nombre era Rodrigo Borja (italianizado por Borgia).

Llegó al papado gracias a su fortuna, amasada durante sus años al frente de la cancillería vaticana, y al apoyo económico y político del reino de Nápoles, perteneciente a la corona de Aragón y gobernado por el católico rey Fernando.

Rodrigo de Borja, pope Alexander VI,, según el historiador Paul Johnson “el peor de los papas” (2), les encomendó a los reyes la conquista espiritual de las nuevas tierras. Había que imponer la monogamia, combatir la sodomía, el incesto, y la idolatría entre los salvajes.

Los reyes católicos hicieron gestiones ante el Papa para lograr esta concesión. En carta a Colón fechada el 4 de agosto de 1493, le comentan: “Ya sabéis cómo hemos enviado a Roma por una Bula sobre esto de las Islas e Tierra que habéis descubierto y estás por descubrir; agora nos es venida y vos enviamos un traslado della autorizado para que se publique allá, para que todos sepan que ninguno puede ir a aquellas partes sin nuestra licencia; y llevadla con vos, porque si a alguna tierra aportáredes la podáis mostrar luego”.

Costa Rica, se encontraba en un área intermedia que servía de límite entre dos civilizaciones, la andina, liderada a la llegada de los españoles por Atahualpa Cápac Yupanqui, XI Inca, y la mesoamericana dominada por los Aztecas, en la persona de Moctezuma I, 5th Aztec Emperor.

Época antigua

Las sociedades autóctonas en el siglo XVI A la llegada de los españoles a América, los habitantes originales de Costa Rica sumarían unas 400 000 personas diseminadas por todo el país, los cuales se encontraban organizados en cacicazgos, que tenían divisiones sociales jerárquicas con linajes de carácter hereditario, generalmente por vía matrilineal, pero que también cambiaban pasando del poder de un linaje a otro. Los cacicazgos más pequeños agrupaban unas pocas aldeas bajo la dirección de un cacique, asistido por un concejo de principales. Los más grandes, llamados "señoríos", se componían de un conjunto de diversos cacicazgos reunidos bajo la dirección de un cacique principal, cuya lealtad se garantizaba mediante relaciones de parentesco, establecimiento de pactos políticos y enlaces matrimoniales. Las sociedades cacicales se encontraban divididas en "principales", formados por las familias que detentaban el poder, y "comunes", constituidos por artesanos y agricultores. De importancia también eran los chamanes, los líderes religiosos y médicos de las poblaciones. La nobleza aborigen se atribuía facultades mágicas y religiosas con el fin de fortalecer su autoridad, y por eso tenía acceso al oro y a los esclavos, y cumplía funciones asociadas con la guerra, el comercio y los tratos con los dioses. Las diferencias entre los grupos étnicos eran visibles en áreas como la arquitectura, el paisaje lingüístico y la cosmovisión, generalmente de tipo animista. Las actividades religiosas se llevaban a cabo en templos, similares a las viviendas, pero más grandes. En dichos lugares sagrados se guardaban los enseres y utensilios rituales - instrumentos musicales, máscaras, esteras - y era donde los sacerdotes realizaban sus ceremonias y se llevaba a cabo el culto a iconos, generalmente hechos de oro. Los cultivos se realizaban utilizando el sistema de roza de tala y quema de parte del bosque, donde las cenizas garantizaban la fertilidad del suelo. Se cultivaba maíz, frijoles, curcubitáceas, mandioca, frutales y cacao. Los cacicazgos pueden ser agrupados de acuerdo a su posición geográfica. En la región del Pacífico Norte, el señorío más importante fue el de Reino de Nicoya, que también dominaba otros cacicazgos menores existentes en la zona: Nicopasaya, Nandayure, Cangel, Paro, Churuteca, Zapandí, Corobicí, Abangares, Orotiña y Chomes Nicoya se distinguía por practicar el sacrificio humano y la antropofagia ritual. En el interior del Valle Central, existían dos importantes señoríos que conglomeraban la mayoría de los cacicazgos menores de ese territorio. El Señorío de Garabito o Reino Huetar de Occidente unificaba los pueblos del Pacífico central hasta el río Virilla, y se extendía desde Esparza hasta el río San Juan, incluyendo los territorios de los botos (entre los ríos San Carlos y Sarapiquí), katapas y tises, que eran sus tributarios. El otro gran señorío del Valle Central era el Reino Huetar de Oriente, bajo el dominio de El Guarco, que dominaba el valle del mismo nombre hasta la región del Caribe central. Entre las poblaciones bajo el gobierno de Cacique Guarco, Rey de la Nación Huetar de Oriente, se encontraban Cot, Corrocí, Tucurrique, Turrialba, Ujarrás, Tayutic y Atirro, y sus límites se extenderían hasta Suerre, Pococí y Chirripó, muy cerca de Talamanca. Otros cacicazgos menores bajo el dominio del Señor del Guarco eran Aserrí y Curridabat. En el Caribe central y sur se localizaban los cacicazgos de Suerre, Pococí, Tariaca y Talamanca. Suerre y Pococí pertenecían al Guarco, mientras que Tariaca dominaba los pueblos de Minon, Turecaca, Duqueiba, Abaçara y Citará. Esta zona estaba poblada por los cabécares, los auyaques y urinamas, y los térrabas. Los siguas (de etnia mesoamericana) ocupaban un sitio de la costa llamado el Valle del Duy o Coaza, entre los ríos Sixaola y Changuinola, y eran una colonia comercial marítima proveniente de Yucatán. Los changuinola ocupaban los ríos Puan y Changuinola, y los doraces vivían en la bahía del Almirante (actual Panamá). Los guaymíes se asentaban en la cordillera de Talamanca y la región de Chiriquí, hasta el Pacífico. De todos estos grupos provienen las tradiciones de los cabécares, térrabas y bribris. En la región del Pacífico Sur, se encontraban los quepoa, los turucaca, los cotos y los brunca (o boruca). inició en 1502 y termino en 1575. La colonisasion Arribo de Cristóbal Colón (1502)

Cuarto viaje de Christopher Columbus . La tripulación fue de 144 personas. Colón seleccionó a algunos miembros de su tripulación; su hermano Bartolomeo Columbo de Fontanarrosa, (que también había sido apartado del gobierno de La Española), su hijo y de Beatriz Enríquez de Arana, Ferdinand Columbus, (de 13 años) y Diego Méndez de Segura como escribano oficial. Pero Colón no pudo elegir a sus capitanes, que fueron nombrados por sus financiadores. Los capitanes fueron Diego de Porras y Francisco de Porras, los cuales estaban a cargo de la carabela Santiago.

La Isla Uvita, frente a las costas de Limón, a donde arribó Christopher Columbus, el 25 de septiembre de 1502, marca el sitio del descubrimiento de Costa Rica por el Almirante genovés. ...yo vide en esta tierra de Veragua mayor señal de oro en dos días primeros que en La Española en cuatro años... Christopher Columbus (Carta de Jamaica). Christopher Columbus, arribó al actual territorio de Costa Rica el 25 de septiembre de 1502, en su cuarto viaje. La llamó "Veragua" en su "Carta de Jamaica", y dado que logró recoger algunos pocos objetos de oro que obtuvo de los indígenas, le sirvió para difundir la idea de que esa región era una "costa rica",[29] lo que impulsó a los aventureros a emprender otras exploraciones y sirvió de polo de atracción para los colonizadores por la existencia de esta supuesta riqueza aurífera. Tras un penoso viaje por el litoral centroamericano, que incluso significó la pérdida de una de sus naves, Colón arribó a una isleta llamada Quiribrí, que él llamó La Huerta, por ser muy frondosa, y luego, a un pueblo de tierra firme llamado Cariay (o Cariarí), que son hoy, respectivamente, la Isla Uvita y el Puerto de Limón. Christopher Columbus, no se adentró en el territorio, sino que continuó hacia Panamá, pues su objetivo era encontrar el llamado "estrecho dudoso", un supuesto estrecho marítimo que garantizaría el acceso hacia el Océano Índico para alcanzar así el Lejano Oriente. Primera fase de la Conquista (1502-1560) EditarLa primera fase de la Conquista de Costa Rica se enmarca en las exploraciones iniciales de los españoles en el Atlántico costarricense, desde el arribo de Christopher Columbus, en 1502, pasando por la fracasada expedición de Diego de Nicuesa, hasta que el descubrimiento del Océano Pacífico por parte de Vasco Núñez de Balboa, motivó las posteriores expediciones de Juan de Castañeda y sobre todo, de Gil Gonzalez de Avila y Benavides, en el litoral pacífico, que permitieron la fundación de la Villa de Bruselas, efímera primera ciudad en suelo costarricense, pero vital para la exitosa conquista de Nicoya, seguida luego de las fallidas expediciones de Hernán Sánchez de Badajoz y de Diego Gutiérrez y Toledo entre 1540 y 1544, nuevamente en el litoral atlántico. Durante esta fase y en general, las expediciones que fueron organizadas desde la ciudad de Granada (Nicaragua) y Nombre de Dios (Panamá) ingresaron al país por la costa caribeña, mientras que las venidas de la ciudad de Panamá recorrieron el litoral pacífico hasta Nicoya y Nicaragua. Exploraciones en el Caribe (1510-1544) En 1510, Diego de Nicuesa realizó una exploración del territorio, fundó la ciudad de Nombre de Dios en el Caribe panameño, pero la expedición finalmente terminó en desastre, tras lo cual la región quedó envuelta dentro de los pleitos colombinos. En 1529, Martín de Estete partió desde Granada (Nicaragua) siguiendo antiguas rutas prehispánicas, hasta llegar a las llanuras del norte de Costa Rica, en el Cacicazgo de Suerre. Alonzo Calero, descubridor, junto con Diego Machuca de Suazo, del río Desaguadero o San Juan, que hoy constituye la frontera entre Costa Rica y Nicaragua. La empresa del descubrimiento de este importantísimo río, desde el lago de Nicaragua hasta su desembocadura en el Atlántico, había demostrado serias dificultades, por los fracasos que, en ese intento, habían tenido Ruiz Díaz, Hernando de Soto, Sebastián de Belalcazar y Martín Estete. Por ello, al llegar Rodrigo de Contreras de la Hoz, Conquistador, yerno de Pedrarias Dávila, como gobernador de Nicaragua, los vecinos reclamaron la urgencia de lograr, de una vez por todas, el descubrimiento de aquella vía fluvial, que de lograrse, convertiría a la ciudad de Granada, ubicada a orillas del lago de Nicaragua, en un verdadero puerto en el Atlántico. Rodrigo de Contreras, a pesar de ser un hombre de poca iniciativa, aunque sí “cruel, avaro y falso” como su suegro, decidió escuchar el clamor de la población y, después de vencer los obstáculos que había interpuesto fray Bartolomé de las Casas, en esta empresa hizo efectivo el contrato firmado con Diego de Machuca, que fracasó rotundamente en su primer intento en 1536. Pero el 9 de septiembre de dicho año, la reina Juana emitió una real cédula por la que se ordenaba la construcción de las embarcaciones necesarias y poner al frente de ellas a una persona capaz de llevar a cabo la empresa del descubrimiento. Así, el 7 de abril de 1539, la nueva expedición zarpó de las isletas que están cerca de la ciudad de Granada, y al frente de ella, el capitán Diego Machuca, ahora asociado a Alonso Calero, personajes acaudalados, que en asocio de otras personalidades de Nicaragua, organizaron la empresa. Además de construir los barcos, los capitanes asumieron la responsabilidad de comprar suficientes provisiones; llevaron cincuenta puercos y cuarenta caballos, y lograron conseguir el apoyo de la Iglesia con la participación de varios clérigos, así como ciento veinticinco soldados españoles y suficientes indios de servicio. El 1 de mayo, luego de atravesar el lago de Nicaragua, se inició el recorrido por el río propiamente dicho, enfrentando el primer obstáculo como eran los raudales. A la altura del río Sábalos, Calero envió a Machuca a explorar hacia el norte y él continuó por el río hasta la confluencia con el Pocosal, donde esperó a Machuca. Al no llegar éste y ante la escasez de víveres, decidió continuar la expedición hasta llegar al Atlántico, al que los indígenas consideraban otro lago; no sin antes pasar serios riesgos por una sencilla razón: Calero no sabía nadar. Después de muchas penurias, que no eran extrañas en estas expediciones, salió al Atlántico y decidió viajar al sur, hacia Nombre de Dios, en busca de comida y mejoras de condición de sus hombres. Esto lo logró a medias, pues fue perseguido por el doctor Francisco Pérez de Robles, presidente de la Audiencia de Panamá celoso de su jurisdicción. Por esto se vio obligado, junto con los pocos hombres que le quedaban, a refugiarse en un convento. Después de varias gestiones, logró solucionar el conflicto y regresar a Nicaragua, remontando el río San Juan o Desaguadero, que él había descubierto. En el trayecto encontró a Rodrigo de Contreras, que se dirigía a Costa Rica, quien considerando que la actuación de Calero había sido impropia lo tomó prisionero y mandó preso a Granada, donde estuvo recluso, injustamente, por espacio de tres años. Mal pago para quien, con sus propios recursos, había logrado el éxito en la empresa del Desaguadero en la que muchos habían fracasado, y que también fue perseguido por el doctor Robles, por no querer traicionar a Rodrigo de Contreras, que le encarceló tres años. Después de ser liberado, se perdió su rastro en la historia de la región. En 1539, Alonso Calero exploró el cauce del río San Juan, la cual sentó las bases de la "ruta del San Juan", que comunicó Granada con el mar Caribe a través de este río, y recorrió las llanuras de los ríos San Carlos y Sarapiquí. El descubrimiento del Desaguadero de la Mar Dulce de Nicaragua, hoy llamada Lago Cocibolca o de Nicaragua, ocurre en cinco etapas en que intervienen los conquistadores: Gil González de Ávila Francisco Hernández de Córdoba, Pedrarias Dávila Diego López de Salcedo, Gabriel de Rojas, Martín Estete Rodrigo de Contreras, Fray Bartolomé de las Casas Diego Machuca de Suazo y Alonso Calero Calero lo navega desde el lago hasta el mar en 1539. En 1534, Felipe Gutiérrez obtuvo permiso para conquistar la Gobernación de Veragua, expedición que fracasó por la tenaz resistencia indígena y la ausencia de víveres, lo que provocó la muerte de la mayor parte de sus hombres. En 1540, Hernán Sánchez de Badajoz se convirtió en adelantado y mariscal de Costa Rica tras un contrato que firmó con el presidente de la Audiencia de Panamá, Francisco Pérez de Robles. Sánchez de Badajoz salió de Nombre de Dios, ingresó al territorio por el río Sixaola y fundó la ciudad de Badajoz en Talamanca y el puerto de San Marcos, pero tuvo que enfrentarse a una numerosa tropa enviada por el Gobernador de Nicaragua, que no toleró la presencia de estos españoles venidos de Panamá en el territorio, la cual obligó a la rendición y sumisión a los expedicionarios. La ciudad de Badajoz fue finalmente abandonada por la escasez de alimentos y una sublevación de los indígenas. El Ducado de Veragua y la creación de Nueva Cartago y Costa Rica (1540) A consecuencia de la creación del Ducado en favor de los nietos de Cristóbal Colón, los territorios restantes de la Veragua real, separados de Castilla del Oro por el Ducado, formaron la Provincia de Nueva Cartago y Costa Rica, que se extendía desde la frontera del Ducado, en la isla de Escudo de Veraguas (actual Panamá) hasta el río Aguán (actual Honduras). Diego Gutiérrez y Toledo intentaría conquistar infructuosamente el territorio de Nueva Cartago y Costa Rica entre 1540 y 1544, cuando murió en un ataque indígena. El territorio de Nicoya formó parte de la Provincia de Nicaragua desde 1520 y hasta 1554, cuando se creó el Corregimiento de Nicoya. En 1540, un territorio de veinticinco leguas cuadradas al oeste y sur del río Belén se denominó Ducado de Veragua, y fue asignados a los herederos de Cristóbal Colón. En 1546, don Luis Colón, 2nd Duke of Veragua, hiy su hermano Francisco, hijos de Diego Columbus, 1st Duke of Veragua y María Álvarez de Toledo, virreina consorte de las Indias, nietos de Colón, organizaron en España una expedición de ciento treinta hombres. Su intención era someter a las poblaciones de Veragua y tomar posesión del Ducado. Al final, don Luis no viajó, pero don Francisco terminó sus días en dicho territorio, al ser sorprendido y muerto en el curso de un exitoso ataque lanzado por los indígenas al campamento español. La expedición terminó en desastre y solo sobrevivieron entre quince y veinte españoles. A causa de la creación del Ducado de Veragua, el territorio hasta entonces perteneciente a Castilla de Oro quedó dividido en dos secciones sin continuidad terrestre, por lo cual la parte occidental (desde el golfo de Nicoya hasta la frontera del Ducado) fue segregada de Castilla del Oro en 1540 y unida al territorio de la Veragua real para crear la Provincia de Nueva Cartago y Costa Rica. La expedición de Diego Gutiérrez, gobernador y capitán general de Veragua, (1540-1544) EditarEn 1540, Diego Gutiérrez, gobernador y capitán general de Veragua, fue nombrado gobernador de la recién creada Gobernación de Nueva Cartago y Costa Rica, cuyo límite sur se situaba a partir de donde terminaba el Ducado de Veragua y su límite norte en el río Aguán (actual Honduras), con excepción de los territorios encomendados a otros gobernadores. Diego Gutierrez, llegó a Granada procedente de España y enfrentó la oposición del Gobernador de Nicaragua Rodrigo Contreras, pese a lo cual organizó su expedición. Navegó el Lago de Nicaragua y el río San Juan hasta la desembocadura, luego recorrió el litoral caribeño hasta penetrar en territorio costarricense por el río Suerre (hoy río Parismina), donde fundó las poblaciones de Villa Santiago y San Francisco. Avanzó luego río arriba hasta dar con una gran ranchería- A pesar de ser bien recibido, apresó a los caciques Camaquire y Cocorí con el propósito de que le suministraran alimentos por lo que los indígenas se rebelaron, quemaron sus propios pueblos, cortaron los árboles frutales y se internaron en las montañas, llevándose las cosechas, para quitar todo medio de subsistencia a los españoles. Gutiérrez decidió perseguirles y se internó en las llanuras de Santa Clara para salir a la Cordillera Central, en las faldas orientales del volcán Turrialba, donde fue emboscado y murió (1544). Tras su muerte, no hubo más expediciones españolas a partir de la costa caribeña. En general, las expediciones españolas en el Caribe costarricense terminaron en fracaso, por el alto costo en barcos, armas, provisiones y hombres que significaron para los pobres réditos obtenidos. Tres fueron los factores que provocaron este escaso éxito:

  • el duro medio geográfico de la costa caribeña, influenciado por un clima lluvioso adverso;
  • el escaso apoyo logístico por parte de las ciudades de Granada y Nombre de Dios (de dónde salían las expediciones) que imposibilitaba un adecuado abastecimiento de los exploradores, lo que les forzó, aguijoneados por el hambre, a saquear el territorio indígena;
  • a consecuencia de lo anterior, la población indígena ofreció una alta resistencia militar que impidió su reclutamiento por parte de los conquistadores.

La conquista de Nicoya y el Pacífico norte (1519-1560) Gil González Dávila fue el primer explorador español en arribar al golfo de Nicoya y visitar el reino de Nicoya en 1522. En la costa del Pacífico, las expediciones de conquista española se iniciaron luego de la fundación de la ciudad de Panamá (1519), y en general, tuvieron mejores resultados que su contraparte caribeña, pues inclusive algunos jefes indígenas prestaron su colaboración a los españoles para su desplazamiento por este territorio costero. Así, el primer contacto entre españoles e indígenas en la zona litoral del Pacífico transcurrió sin mayores incidencias. A pesar de esto, durante el resto de la primera mitad del siglo XVI, los españoles centraron su interés en la conquista de Nicaragua y obviaron el territorio de Costa Rica, salvo la península de Nicoya. A las expediciones iniciales de Diego de Nicuesa y Alonso de Ojeda, Capitán, sobre el litoral atlántico, siguió la de Vasco Nuñez de Balboa, quien descubrió el Océano Pacífico en el 25 de septiembre de 1513 luego de atravesar el Istmo de Panamá, hecho importante para la conformación del territorio costarricense, pues ésta dependerá de la integración de la vertiente atlántica (descubierta por Colón y explorada por Diego de Nicuesa) con la vertiente del llamado Mar del Sur. En 1519, una expedición organizada por Gaspar de Espinosa y pilotada por Juan de Castañeda descubrió la Punta Burica, el Golfo Dulce y la entrada del Golfo de Nicoya (al que llamaron "estrecho dudoso", pues se creía que comunicaba el Mar del Norte con el Mar del Sur), es decir, la mayoría del litoral pacífico costarricense. En 1522, Gil González Dávila, al mando de más de cien hombres, recorrió el litoral pacífico costarricense por sus tres sectores: la banda oriental, la insular y la peninsular, desde la punta Burica hasta la península de Nicoya. La de González Dávila fue la primera expedición por tierra donde los conquistadores españoles tuvieron contacto directo con los indígenas que habitaban la costa del Pacífico, quienes entregaron parte de su tesoro y permitieron el bautizo de algunos miembros.[42] Tras esto, la expedición se adentró en la Provincia de Chorotega, donde recorrieron varios cacicazgos que les tributaron oro, hasta que finalmente llegaron al Reino de Nicoya donde, constatando el poder del cacique de esta población sobre el resto, permaneció allí diez días, para luego recorrer los cacicazgos de Zapandí, Corobicí, Diriá, Namiapí, Orosí y Papagayo, y logró llegar hasta Quehuacapolca, donde fue obsequiado ricamente por el cacique Nicarao, descubriendo, de paso, el lago Ayagualo o Cocibolca, al que bautizaron como Mar Dulce. Fundación de Villa de Bruselas (1524) Las riquezas encontradas por González Dávila hicieron que el gobernador de Castilla del Oro, Pedrarias Dávila, enviara una misión al mando de Francisco Hernández de Córdoba, quien bordeó el litoral pacífico, desembarcó en el río Grande de Tárcoles y fundó Villa de Bruselas en 1524, cerca de la actual ciudad de Puntarenas. Villa de Bruselas fue la primera población colonial en territorio costarricense. En 1524, Nicoya surgió como entidad política, administrativa y jurídica supeditada a Villa de Bruselas, configurando la región de la península de Nicoya, las islas y la banda costera del golfo como un espacio socieconómico, institucionalizándose la encomienda sobre los chorotegas de Nicoya y la isla de Chira, y los huetares occidentales del litoral oriental. Villa Bruselas fue despoblada por orden de Pedro o Pedrarias Arias de Ávila, conquistador de Panamá y Nicaragua, en 1527, una vez consolidada la Provincia de Nicaragua, que pasó a controlar Nicoya hasta 1554, año en que se creó el Corregimiento de la provincia de Nicoya, puertos de Chira y Paro.[46] Tras la emisión de las Leyes Nuevas en 1542 por parte de la Corona Española y la creación de la Audiencia de Guatemala en 1545, la Corona prohibió en 1549 la realización de nuevas conquistas en sus tierras de ultramar, prohibición que se mantuvo hasta 1556. Segunda fase de la conquista (1560-1573) Para el año 1556, la Corona española autorizó nuevamente la realización de campañas de conquista en América. Para ese momento, se habían fundado las principales ciudades hispánicas en Guatemala, Nicaragua y Panamá, y el dominio español se había implantado en México y gran parte de Sudamérica. El territorio costarricense no obstante, a excepción de Nicoya, se encontraba en su mayor parte ajeno a la conquista española. La mayoría de los líderes expedicionarios en esta fase provenían de la América Septentrional ( León, Granada, San Salvador, Guatemala, Mérida, Antequera, Ciudad Real o México). Algunos como, Juan de Cavallón, fiscal de la Real Audiencia de México, Juan de Estrada Rávago y Añez, Juan Vázquez de Coronado, Alonso Anguciana de Gamboa y Perafán de Rivera, descendían de poderosas familias o habían desempeñado cargos importantes en estas ciudades. La conquista de Costa Rica fue una continuación de la conquista y ocupación de Mesoamérica. Expediciones de Juan de Cavallón y Juan Estrada Rávago (1560-1562) En 1560, una primera expedición de Juan de Estrada Rávago y Añez navegó la ruta del Lago de Nicaragua y el río San Juan para recorrer el litoral costarricense hasta Panamá, donde fundó, en Bocas del Toro, la ciudad de Castillo de Austria, que finalmente tuvo un destino parecido a otros intentos de fundación realizados años antes. En enero de 1561, Juan de Cavallón salió de Granada (Nicaragua) por tierra, rumbo a Nicoya, recorrió la provincia de Guanacaste, hasta Chomes, donde dejó una columna que en lo sucesivo sería la vanguardia española para el ingreso de tropas al país, y estableció un campamento llamado "Real de la Ceniza" en la confluencia de los ríos Machuca y Jesús María. Una primera columna de soldados españoles se adentró en el territorio de las llanuras de San Mateo, en el llamado "Valle de Garabito", donde por primera vez encontraron resistencia por parte de los huetares súbditos de este cacique, por lo que tuvieron que replegarse. Otra columna entró en Orotina, donde fue capturado el cacique Coyoche. Posteriormente, Cavallón, siguiendo el río Grande de Tárcoles, entró en el Valle Central, donde, en marzo de ese año, fundó Castillo de Garcimuñoz (llamada así en honor a su ciudad natal), la primera población del Valle Central. A Juan de Cavallón se le considera como el primer conquistador de Costa Rica, dado que fue el primero en traer cultivos europeos y ganado vacuno, porcino y caballar, si bien no pudo ejercer un control absoluto de la población indígena y se vio envuelto en una lucha contra el cacique Garabito, rey de los huetares, para poder adquirir víveres.[50] El reino de Garabito se extendía desde el río Virilla hasta las costas del Pacífico (Jacó y Tilarán) y desde la cordillera Volcánica Central hasta el río San Juan, y su influencia en el país era enorme, aún entre sus enemigos los chorotegas, que controlaban Guanacaste. Garabito, símbolo de la resistencia huetar, no se enfrentó abiertamente a los españoles, sino que usó tácticas de guerrilla, con emboscadas e incursiones rápidas en los campamentos y las poblaciones españolas. Cavallón abandonó Costa Rica poco después, dejando Garcimuñoz al mando de Juan Estrada Rávago (que había ingresado posteriormente por el lado del Pacífico), el cual gobernó la provincia por diez meses mientras se nombraba un nuevo gobernador.[52] Expediciones de Juan Antonio Vazquez de Coronado y Anaya, (1562-1564) y fundación de Cartago (1563) Trace una ciudad en el valle, en un asiento junto a dos ríos. Tiene el valle tres leguas y media en largo y legua y media en ancho; tiene muchas tierras para trigo y maíz; tiene el temple de Valladolid, buen suelo y cielo. Nombré a esta ciudad Cartago, por llamarse esta provincia deste nombre." Juan Antonio Vazquez de Coronado y Anaya, (1563). A Juan Antonio Vazquez de Coronado y Anaya, se le reconoce como el verdadero conquistador de Costa Rica por el papel pacificador que desempeñó al lado de los indígenas, ganándose su confianza y adhesión, empleando el diálogo en lugar de la violencia y entablando amistad entre españoles y aborígenes, además de que fue el que tuvo un mayor conocimiento del territorio costarricense.En todas sus empresas, Vázquez de Coronado prohibió a sus hombres el saqueo de los poblados indígenas, lo que le valió el apoyo de los jefes aborígenes. En 1562, Juan Antonio Vazquez de Coronado y Anaya, alcalde mayor de Nicaragua, fue nombrado alcalde mayor de Costa Rica y Nueva Cartago.[55] En su primera expedición, partió de León el 18 de agosto, llegando a Nicoya el 6 de septiembre, donde sostuvo una reunión con los caciques de los bagaces, cotanes y zapandíes, sujetos a la autoridad del Corregidor de Nicoya, para asegurarse provisiones para el ingreso al Valle Central. Desembarcó luego en la desembocadura del río Tivives, desde donde se dirigió a la villa de Los Reyes, un campamento dejado por Cavallón, para luego marchar por tierra hasta Garcimuñoz. Su primera tarea fue intentar sofocar la rebelión del cacique Garabito, pero no pudo dar con su paradero. Entonces, convocó a los otros caciques del valle, de los cuales el primero en presentarse fue Accerrí, cacique de Aserrí, vasallo del Señor del Guarco, de los huetares orientales, quien fue bien recibido por Juan Antonio Vazquez de Coronado y Anaya. Aliándose con Accerrí y con los caciques de Yurustí y Turrubara, viajó al territorio de los quepoa, donde fue bien recibido y se le obsequió con objetos de oro. En Quepos, territorio de la mítica Dulcehe (La Biriteca) Princesa Quepo, los españoles quedaron impresionados por la riqueza agrícola de la zona, por lo que se instalaron y se lanzaron a la exploración del Pacífico sur del país. Allí enfrentaron la oposición de los cotos, que finalmente acabó en una tregua. Luego, regresó a Garcimuñoz.[56] Mientras organizaba una segunda expedición, tuvo que enfrentar una rebelión de los huetares del Valle del Guarco, pero mientras iba al encuentro de los rebeldes, se concertó una reunión con el cacique Quitao, enviado por Corrohore Correque, (heredero del Señor del Guarco) para celebrar la paz. Diversos jefes indígenas se presentaron en Garcimuñoz (entre ellos, los caciques de Atirro, Turrialba, Orosi, Puririsí, Quircó, Abux y el mismo Correque, Señor del Guarco),[57] y decidieron someterse al dominio español. Fue de esta manera que Vázquez de Coronado logró tomar posesión del reino oriental de los huetares (el Valle del Guarco), aunque aún tuvo que enfrentar a los rebeldes huetares occidentales bajo la dirección del rey Garabito, y del príncipe Quizarco, hermano de Coquiba, cacique de Pacacua. Tras la sumisión de los huetares orientales, el centro de dominio español se trasladó al Valle del Guarco, de mejor clima y gran belleza natural. Allí, Vázquez de Coronado fundó la ciudad de Cartago entre los ríos Coris y Purires, la cual poco después trasladó a otro sitio del valle ya que su primer asentamiento era una zona de frecuentes inundaciones. Afianzado en Cartago, Juan Antonio Vazquez de Coronado y Anaya, envió una segunda expedición al Pacífico Sur (que enfrentó una nueva resistencia de los cotos), para luego regresar a Nicaragua, de donde volvió con más hombres y provisiones, con los que partió desde Cartago hacia la cordillera de Talamanca, en busca de la reputada Provincia de Ara, en la cuenca del río Tarire, famosa por ser la más rica en yacimientos auríferos del país. Una vez en Ara, en la región del Caribe, pactó con los indígenas locales para que no le atacaran, luego de lo cual regresó siguiendo la ruta del río Reventazón, hasta Cartago, donde enfrentó una nueva rebelión indígena, tras lo cual decidió que necesitaba el apoyo de la Corona y viajó entonces a España, donde obtuvo el título de gobernador, adelantado, capitán general y alguacil mayor de la Provincia de Costa Rica, pero murió en un naufragio en 1565 en la barra de Guadalquivir, a la salida de San Lúcar de Barrameda, océano Atlántico. Con su ausencia, los soldados españoles iniciaron la represión de los indígenas, que se alzaron bajo el mando del cacique Turichiquí de Ujarrás, y sitiaron Cartago en 1566. Perafán de Rivera y el reparto de encomiendas (1565-1573) EditarCon la trágica muerte de Vázquez de Coronado, muchos españoles optaron por abandonar el territorio costarricense, por lo que se nombró a un nuevo gobernador en 1566, Perafán de Rivera, cargo que asumió hasta 1568. Una de sus primeras decisiones fue la de fundar un asentamiento en la costa oriental del golfo de Nicoya, al que llamó Aranjuez, y un puerto, La Ribera, cerca de la desembocadura del río Barranca, con el propósito de controlar a los huetares occidentales de ese litoral que aún eran leales al indómito Garabito. Perafán de Rivera también introdujo el primer hato de ganado vacuno (traído desde Honduras) que dio origen a la producción ganadera del país en el siglo XVI.[63] En 1569, Perafán de Rivera sometió a encomienda a los indígenas y repartió la tierra entre los colonos españoles de Cartago y Aranjuez, iniciando de este modo el periodo colonial. El reparto hecho por Perafán de Rivera fue, de hecho, ilegal según las Leyes Nuevas promulgadas en 1542 (no podían entregarse encomiendas a particulares, sino solo a la Corona en la forma de su Tesorería Real, y ésta era la encargada de distribuir los tributos a cada poblador), sin embargo, fue la única forma de resolver el problema de la inestabilidad de los colonos, que entraban y salían del país con cada nuevo conquistador, lo que finalmente abrió el camino para el desarrollo de la colonización española en el Valle Central. Sin embargo, al ser la expedición de Perafán la más reciente en ingresar al país, le fue otorgada la tierra que pertenecía aún a indígenas sin someter, por lo que su hueste se vio obligada a partir rumbo al Valle de la Estrella en busca de un nuevo territorio para fundar nuevas poblaciones. La expedición al Valle de la Estrella fue un fracaso por la gran oposición indígena (de todos los conquistadores, solo Vázquez de Coronado había logrado evitar ser atacado por los naturales de la costa atlántica), por lo que decidió atravesar la Cordillera de Talamanca y buscar la costa del Pacífico, adentrándose en el territorio de los buricas, donde fundó la ciudad de Nombre de Jesús a orillas del río Grande de Térraba. Esta fundación fue efímera debido a la larga peregrinación por selvas vírgenes, la lucha incesante contra el hambre, los obstáculos de una naturaleza terrible y la tenaz resistencia de los indígenas, además de que no existía voluntad de la Corona ni de los conquistadores para sufragar los requerimientos mínimos de una tercera ciudad. Tras la muerte de su esposa e hijo, más trece soldados, en Nombre de Jesús, Perafán de Rivera regresó a Cartago en 1572, y ese mismo año, trasladó la ciudad al sitio de Mata Redonda, en el oeste del actual San José. Nombre de Jesús fue abandonada y, finalmente, Perafán se fue del país en 1573. Balance de la conquista en la década de 1570 Para mediados de la década de 1570, los españoles habían logrado, por un lado, la colonización efectiva del Valle Central al repartir a los indígenas del Valle del Guarco en buenas encomiendas (aunque la misma ciudad de Cartago no era más que un campamento con cuarenta soldados), y por el otro, la fundación de un poblado más o menos permanente en Aranjuez, cerca del actual puerto de Caldera. Nicoya, no obstante, estaba en su poder desde 1520, durante la primera etapa de la conquista.[68] Al final del periodo de la conquista, por otro lado, en el sur y en las llanuras del norte del país, los pobladores autóctonos lograron evitar la dominación española y conservar su modo de vida apegado a sus tradiciones y creencias, por lo que tales zonas se constituyeron en zonas de refugio y resistencia para los indígenas que lograron sustraerse al dominio hispano.